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Fernando Pérez Martínez

La actualidad, en cualquier país moderno, se compone de noticias heterogéneas de diferente sesgo, sucesos lamentables, acontecimientos felices y una miríada de eventualidades cuyo matiz dependerá de la redacción con que se presente a la opinión pública.

Veinticuatro horas en la vida de cuarenta y seis millones de personas dan para docenas y docenas de hechos, casos cuyo conocimiento por parte de la población genera estados de ánimo aprovechables políticamente, rentables comercialmente o útiles desde la perspectiva de la industria del espectáculo. Del entretenimiento en el escenario que los medios de comunicación improvisan cada vez que presentan accidentes y peripecias privadas, íntimas, a la vista pública, convenientemente infiltradas de opinión doctrinaria, política y moral.

Todos los días suceden hechos susceptibles de ser alumbrados a través de los medios de comunicación en la cotidianeidad familiar de manera fraudulenta, magnificando una desgracia al azar hasta transformarla en un duelo nacional. Se trata de crear un tema de conversación y prolongarlo en el tiempo lo que los dueños de los medios estimen o calculen rentable en términos económicos y de influencia política. Los millones de destinatarios de estas operaciones no son conscientes de la manipulación de que son objeto, secundan sin querer el estímulo que tan certera como subrepticiamente les remiten. Sucumben a la grosera provocación que les preparan y que aceptan como fruto de su albedrío.

Esto sucede bajo la supervisión de las instituciones públicas cuya razón de ser es denunciar e impedir estos enjuagues en los medios públicos y privados. Con la participación por acción u omisión de las autoridades democráticamente elegidas que han jurado o prometido defender el interés público recogido en las leyes

Durante las últimas semanas hemos asistido a título de comparsas a la ceremonia de la confusión organizada y apurada, montada sobre la desventura de una familia convertida en objeto de entretenimiento de sus conciudadanos improvisando ocurrentes estados de ánimo, sentimentales puntos de vista y épicos perfiles sobre el amor, temor, intriga, desarrollo tecnológico…, exhibidos y puestos al servicio de la emotividad de rifa de feriantes en que transformaron lo que no daba más que para un suelto en páginas interiores.

A lo largo de días se han prodigado los reportajes técnico forenses, policiacos, especulativos, humanos, dramáticos… que han generado horas y más horas de producciones de ficción, basada en hechos reales con la que han abierto los noticieros reiteradamente. Este país ha sido sometido a un bombardero despiadado de crónicas encarnizadas sin límite que han ocasionado estados de ánimo colectivos de predecibles resultados individuales a cambio de un sabroso rédito económico sin otro interés conocido que hacer caja. Todos lo hemos podido ver y la mayoría consentido. Durante las últimas interminables jornadas se ha jugado con los sentimientos de niños, adultos y ancianos, generando expectativas, erigiendo héroes, alabando la generosa destrucción de un paraje con todos los medios técnicos que están al alcance de nuestras autoridades por la sencilla razón de que podían hacerlo y les interesó montar la carpa circense sobre el dolor de una familia, exponiendo el drama que es la pérdida de la vida de una criatura. Transformada en producto audiovisual, sepultada en la catarata de intereses mediáticos. ________________

Fernando Pérez Martínez es socio de infoLibre

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