Pedro Cruz Villalón, sin límites adverbiales

Felipe Domingo Casas

Leer los artículos publicados por algún expresidente siempre produce curiosidad y, a veces, no poca sorpresa. Nos ha ocurrido a Ignacio Sánchez-Cuenca y a mí con el último artículo de Pedro Cruz Villalón, ex del Tribunal Constitucional, titulado “Miseria del Parlamento”. Sánchez-Cuenca le ha respondido ya en su artículo “La invasión de los ladrones de mentes", ahora lo hago yo, por los motivos que expongo.

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Cruz Villalón, como jurista, ha planteado una posible responsabilidad penal del presidente del Gobierno, no por corrupción de fondos públicos, sino como primer ministro del Gobierno al que alcanzaría también la misma responsabilidad penal. Su argumento principal es que el Gobierno está mutando de un régimen político de Monarquía “parlamentaria” (art.1.3 CE), que encarna el monarca y sus sucesores por razón de sangre y limpios de polvo y paja (se sobreentiende, aunque no lo expresa), porque “reina pero no gobierna”, a un régimen presidencialista. Deduce Cruz Villalón que la Constitución otorga una cualificación superior a la monarquía parlamentaria, con respecto a la “simplemente representativa”, que encarnan el Ejecutivo y el Parlamento.

“De estos tres elementos del régimen parlamentario, el único que, por desgracia, en la situación actual se cumple es el de Monarquía parlamentaria”. Pueden prever ya los lectores de estas afirmaciones, de la práctica política del Gobierno, y también de la “impudicia” del Congreso, hasta dónde llega su objetivo finalista. Abunda Cruz Villalón en las críticas que le hacen las derechas y ultraderechas a Pedro Sánchez con epítetos criminales e insultos por todos conocidos, con el agravante de que lo hace un expresidente del Tribunal Constitucional.

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Como Sánchez-Cuenca ha analizado con suficiente rigor los argumentos en los que se basa Cruz Villalón para llegar a la conclusión de la proximidad de la responsabilidad penal del presidente del Gobierno, yo voy a vincular su argumentación con su estilo gramatical y la sintaxis, sorprendido por el abuso que hace de los adverbios terminados en “mente”. En un artículo de 9 párrafos, separados por punto y aparte, y 1.200 palabras aproximadas, emplea nada menos que 16 adverbios de esta categoría. Por si dudan, se los indico: simplemente, enteramente, ingenuamente, expresamente, consecuentemente, alternativamente, interinamente, puntualmente, impúdicamente ( sí, sí, ), sucesivamente, ciertamente, indefectiblemente, verdaderamente, artificiosamente, espuriamente e indeseablemente. Y añade al referirse al art 134 de la Constitución el adverbio automáticamente, que emplea dicho artículo.

La nueva gramática de la lengua española, que aprobó la Asociación de las 22 Academias de la lengua, editada con hermosura y delicadeza por Espasa de los Libros en papel biblia en 2009, escribe: “Piensan algunos gramáticos contemporáneos que la gran versatilidad sintáctica del adverbio y la considerable heterogeneidad que presentan sus variedades no constituyen una propiedad que lo caracterice positivamente, sino más bien un posible defecto de la distribución de las clases de palabras heredadas de la tradición”. De la tradición del latín del que todas las lenguas romances proceden y que, para no ser del todo hiriente con Cruz Villalón, su conocimiento del latín, que no dudo, ha incidido en su léxico. Y para rebajar un poco más su delito gramatical, y su pereza mental, con otra atenuante, afirma la Gramática que “la serie más numerosa de adverbios del español se ajusta a la pauta “adjetivo+-mente”.

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Olvida Cruz Villalón que este Gobierno, que ha tenido que hacer frente a crisis anuales, bien se merece que Europa nos haya compensado por su buena gestión

Yendo a un lingüista prestigioso, miembro reciente de la RAE, dice Álex Grijelmo, al que felicito por sus méritos, que “las lenguas romances construyen los adverbios mediante un adjetivo acompañado del sustantivo “mentem” (para la mente). El adverbio tiene como trabajo principal adjetivar al verbo, ejercer de adjetivo del verbo. Por eso se llama ad-verbum “junto al verbo”. Es un adyacente circunstancial al papel primario que ejerce el verbo y, por tanto, ”la relación que tienen con el núcleo verbal es laxa", señala Emilio Alarcos en su Gramática de la Lengua Española, "lo cual permite su eliminación sin que la estructura del enunciado varíe en esencia”.

¿Es más preciso Cruz Villalón al abusar de los adverbios empleados y le sirven para argumentar con más claridad la ideología con la que reviste su artículo? La misma gramática de la lengua responde. Existen muchos criterios para clasificar los adverbios pero uno fundamental es su “incidencia sintáctica”, volviendo a incidir en que “la mayoría de los adverbios no son argumentales sino adjuntos sobre los predicados verbales”.

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Veamos algunos ejemplos del artículo de Cruz Villalón del modo que yo entiendo: La Constitución afirma que España es una monarquía parlamentaria, y no simplemente representativa. Al dejar no desarrollada esta afirmación, el texto constitucional no es enteramente consecuente con esa proclamación de partida. En los dos casos a los adverbios en “mente” les antecede con el adverbio de negación “no”, con lo que Cruz Villalón no puede negar el carácter representativo del texto constitucional, pero, al mismo tiempo, critica que sea inconsecuente. Reduce el valor que la Constitución otorga a la representación política que ejercen los españoles en las elecciones.

Tanto se han metido de lleno la ética y la moral en la política, que ambas han sustituido la finalidad más noble y principal de la política para resolver la vida de los ciudadanos

El párrafo tercero, no extenso, es el que contiene más adverbios, ya que, en la no aprobación de los Presupuestos anuales encuentra Cruz Villalón la vía para convertir a Pedro Sánchez en un presidente presidencialista. Autoritario y caudillista, como desde la política se le ha llamado repetidamente. “La Constitución, quizá ingenuamente... ha considerado que no era necesario hacer constar expresamente que un Gobierno que no consiga el voto de sus presupuestos anuales se ve en la incapacidad fáctica de gobernar: o dimite o alternativamente disuelve el Parlamento. Ha sido y es la gran batalla de estos últimos años. ¿Cuántos Gobiernos autonómicos y Ayuntamientos se han aprovechado, igual que el Gobierno, para emprender reformas y soluciones a problemas viejos o enquistados con los fondos Next Generation? Imnumerables. Olvida Cruz Villalón que este Gobierno, que ha tenido que hacer frente a crisis anuales, bien se merece que Europa nos haya compensado por su buena gestión.

“Pero la principal y en todo caso última responsabilidad del presente estado de cosas reside en el Parlamento. A partir del anterior esquema constitucional, la práctica del actual Gobierno, impúdicamente consentida por el Congreso de los Diputados…”. Recurre Cruz Villalón a la ética y la moral, como han recurrido muchos diputados en esta legislatura a ellas. Tanto se han metido de lleno la ética y la moral en la política, que ambas han sustituido la finalidad más noble y principal de la política para resolver la vida de los ciudadanos y paliar las desigualdades. Los jueces no van a solucionar la convivencia entre los españoles y los que han venido a convivir con nosotros por muy savoranolas que sean. Cruz Villalón recurre a las acepciones más moralistas del sustantivo impudicia en su forma adverbial: indecencia, inmoralidad, obscenidad.

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Dejo, para no alargarme, sus observaciones sobre la moción de confianza y de censura. Sin que sea, pues, el objetivo de los adverbios su uso argumental, al abusar de ellos, Cruz Villalón pretende escarnecer parte de la propia Constitución y al Congreso de los Diputados, con el objetivo finalista de zaherir al Ejecutivo y proclamar, al tirar la piedra y no esconder la mano, “la responsabilidad criminal del presidente del Gobierno y de los demás miembros del Gobierno” (art. 102 CE). Debe ser el virus infeccioso de los eméritos.

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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre.

Leer los artículos publicados por algún expresidente siempre produce curiosidad y, a veces, no poca sorpresa. Nos ha ocurrido a Ignacio Sánchez-Cuenca y a mí con el último artículo de Pedro Cruz Villalón, ex del Tribunal Constitucional, titulado “Miseria del Parlamento”. Sánchez-Cuenca le ha respondido ya en su artículo “La invasión de los ladrones de mentes", ahora lo hago yo, por los motivos que expongo.

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