Librepensadores

Postdemocracia

José Marco Ojer

Cuando en la época moderna se implanta el sistema democrático, los partidos políticos surgen como instrumentos de organización en unas sociedades complejas y muy numerosas en los que una democracia directa sería inviable. Su función consiste en recoger y organizar las ideas de la sociedad y crear una estructura con la aspiración de alcanzar el gobierno y llevar a la práctica sus ideas.

Originalmente, el concepto de partido era el de una estructura que se levantaba desde militantes y simpatizantes, personas normales y corrientes que como tales estaban presentes en todos los ámbitos de la vida social y que como tales vivían y recogían las inquietudes de obreros, comerciantes, maestros, administrativos, pequeños comerciantes... De forma similar a la estructura de una planta, como pequeños filamentos de sus raíces estaban presentes en la base de la sociedad y trasmitían sus inquietudes y demandas a través de asambleas y corporaciones al tronco: los órganos de gobierno, formado a su vez por las personas que se han mostrado más capaces en este proceso ascendente.

De forma inversa, una vez alcanzado el gobierno, los responsables daban cuenta ante los militantes de cómo gestionaban la solución a los problemas que las bases habían puesto en sus manos.

Sin embargo este concepto inicial se modifica. Los órganos de gobierno cortan su dependencia con las bases, los encargados de gestionar el partido se profesionalizan permaneciendo décadas en sus puestos y nombrando a su antojo responsables y sucesores entre afines, amigos y sobrinos; los representantes de algunas circunscripciones apenas las visitan cada cuatro años para dar un par de mítines, desaparece el debate interno y la discrepancia se paga con la exclusión de las listas.

Pero esta profesionalización, esta ruptura con los que estaban inmersos en la vida y en la problemática cotidiana, supone también una ruptura con la realidad.

Las estadísticas y las cifras macroeconómicas son ahora en el mejor de los casos "la realidad". Pero, como se puso de manifiesto en aquel famoso programa, no saben cuanto cuesta un café. Ni un café, ni el transporte para ir a trabajar, ni el gas para la calefacción, ni los libros del colegio... No saben si se puede vivir con el salario mínimo, ni lo que supone para muchos estudiantes subir las tasas universitarias y reducir las becas, no saben lo que supone para muchas familias no dar ayudas para el comedor escolar. Las decisiones se toman como quien juega al monopoli: compro una calle, paga más por tener una casa, con esta tarjeta te quedas sin cobrar... recojo el tablero y a otra cosa.

En este proceso de cambio, la democracia evoluciona a lo que Harvey C. Couch llama "posdemocracia". En este nuevo estado "el aburrimiento, la frustración y la desilusión han logrado arraigar tras un momento democrático, y los poderosos intereses de una minoría cuentan mucho más que los del conjunto de las personas corrientes a la hora de hacer que el sistema político las tenga en cuenta..."

En esta nueva situación la participación en las elecciones es baja, las prioridades de los gobiernos son marcadas por élites políticas y económicas, se manipula a la ciudadanía a través de campañas publicitarias, los partidos políticos están bajo la presión de los poderes económicos, la mayoría de los ciudadanos desempeñan un papel pasivo en la vida política, el debate electoral es un puro espectáculo, el sistema es cada vez menos redistributivo...

"Democracia" es un concepto confuso. Tomado en contraposición a tiranía siempre mantiene una valoración positiva. Pero si las decisiones se toman al margen de la sociedad civil, si no existen movimientos sociales en torno a los temas fundamentales, si la globalización económica desborda y condiciona a las instituciones estatales... de democracia nos va quedando sólo el nombre.

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José Marco Ojer es socio de infoLibre

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