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¿Presentar candidatos al Senado?

Hemiciclo del Senado.

J. L. Carpintero Avellaneda

Una estrategia política recurrente en la izquierda gira sobre si hay que hacer entrismo o no en las instituciones. ¿Se podrían democratizar?, o ¿ hay que olvidar los entrismos y denunciar directamente las instituciones?

Esta diferente visión la hemos tenido en el seno de Ahora en común en Málaga, frente a unas candidaturas para optar al sillón de senador, surge una que plantea que su objetivo no es ser candidato, sino anticandidato al Senado ya que no considera que en el momento actual se deba plantear el ocupar escaños, que la estrategia más correcta es desocuparlos, dejarlos vacíos hasta que el Senado se suprima definitivamente.

La anticandidatura no intenta ser sino uno de los flecos de la labor de propaganda y educación que hay quedesarrollar con el objetivo de:

1- Luchar por la abolición de una institución corrupta y gastosa, cementerio de políticos

2- Denunciar el gasto y prebendas de los políticos,

3- Denunciar su falta de transparencia (recordar los viajes sin justificar)

4- Luchar por el aumento de la democracia y control de las instituciones y sobre todo

5- Educar, propagar la idea de cambio radical institucional.

Se justifica la candidatura en tanto que el Senado además de ser una Cámara inútil, nos cuesta dinero a todos los españoles , tanto por derroches absurdos como la traducción simultánea para que muchos políticos puedan decir que hablan el idioma de su autonomía , como por que principal su finalidad principal es servir de club de retiro lujoso, con piscina, sauna y bebidas subvencionadas, para la distracción en sus estancias en Madrid de muchos políticos “inconvenientes” o que han pasado a segunda fila en los partidos, a los que se les “compensa” con el sueldo senatorial al que se adjuntan diversas prebendas como la de los viajes pagados sin necesidad de justificar y que siguen gozando de falta de transparencia pública.

La inutilidad política del Senado se plantea en cuanto es una Cámara que no es sino una duplicación del Congreso al que está subordinado, su objetivo teórico es poder introducir enmiendas legislativas, pero no cumple ni puede cumplir esa función en cuanto las enmiendas que progresan son consensuadas por los partidos políticos al margen de los senadores, hecho avalado porque los políticos parlamentarios no votan atendiendo a un criterio personal, sino según las directrices que les marcan las ejecutivas de sus partidos, y tanto el Congreso como el Senado están controlados por los mismos partidos.

Teóricamente el Senado podría vetar las leyes si no fuesen aceptadas sus enmiendas, algo que nunca ocurrirá por la disciplina de partido a que se someten los respectivos parlamentarios, pero para evitar esa posibilidad, el reglamento parlamentario consagra que el Congreso tiene la capacidad para retirar el veto.

La inutilidad de los políticos senatoriales queda patente, ya que si están obligados a votar lo que dice el partido ¿para qué sirve el Senado? Y en el caso de que se opusiesen a lo planteado por el Congreso, los diputados del Congreso pueden anular su veto.

Algunos partidos plantean que se debería transformar en Cámara de representación territorial, sin tener en cuenta que el artículo 69.1 plantea el Senado como Cámara de representación territorial. La consideración de una segunda Cámara parlamentaria como Cámara de representación territorial, ha sido debatida en diversos países y de resultas de ese debate países como Noruega, Dinamarca, Suecia y Croacia lo han eliminado al considerar que en una democracia de partidos no pasa de ser una quimera.

Otros partidos partidos hablan de suprimirlo, pero incongruentemente presentan candidatos a ocupar esos sillones, aunque por la ley electoral es prácticamente imposible que logren ningún cargo de senador.

Atendiendo a esos supuestos la candidatura propone que es precisa una orientación inequívoca, para empezar a vaciarlo hasta que se suprima definitivamente. La estrategia consistiría en que cada candidato elegido al Senado, no tomaría posesión del escaño parlamentario, que debería quedar durante toda la legislatura sin ocupar, lo que supondría un ahorro en sueldos, pues al no tomar posesión del cargo de senador, se continuaría siendo un ciudadano normal sin sueldo ni prebendas de senador.

Este proceder permite amplificar en la campaña electoral la denuncia del derroche en mantener esa Cámara, derroche olvidado en críticas a las políticas de austeridad antisocial que estamos sufriendo.

Esta candidatura ha sido desestimada para las primarias de Ahora en Común de Málaga por el Comité electoral de dicha agrupación, basándose en que no se contempla en el reglamento de primarias.

Surge así el debate: ¿Es adecuada o no la orientación de desestimar candidatos que planteen su campaña en la denuncia y rechazo de instituciones caducas e inútiles? ¿Debería haberse permitido la exposición de argumentos a esta candidatura, para que fueran los miembros censados en Ahora en común los que decidiesen democráticamente si había lugar a que se presentase esa opción en sus listas? ¿Es o no incoherente que se ensalce la pluralidad, pero se rechace someter a votación una visión diferente?  y, finalmente un planteamiento de tipo práctico: ¿No es tácticamente más diferenciador y rompedor el llevar en su lista electoral una opción de este tipo, que por su novedad puede atraer más la atención de colectivos que rechazan la política tradicional e incitarlos a participar de otra forma que mediante la abstención, voto blanco o nulo?

J. L. Carpintero Avellaneda es socio de infoLibre

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