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¿Traiciona el PSOE al feminismo?

Pilar Laura Mateo

Desde los años 60 del pasado siglo el género como construcción social, que no biológica, se viene refiriendo a las tres principales orientaciones sexuales: lesbiana, gay, bisexual, (LGB). El transexual, en cambio, no se define por una práctica sexual, sino por un cambio de sexo. En este caso, Mister Bisturí está en el horizonte, pues hablamos de una posible transformación del propio cuerpo y organismo.

Actualmente, ha irrumpido en nuestras sociedades el término “género fluido o transgenerismo”, un concepto que vertebra y justifica la ley trans podemita. Para ser del “género fluido” no se requiere más que hacer una verbalización que no compromete a nada. Una especie de Alicia en el país de las maravillas, pues cada cual puede autodeterminarse del sexo que quiera y cambiar cuantas veces lo desee. Estas transiciones tan cómodas es lo que el filósofo Éric Marty llama el sexo de los modernos, en el estupendo libro que lleva ese título. Su obra deja claro que en los países que han implantado estas leyes (no tan permisivas como la que propone Unidas Podemos) se ha desatado una verdadera moda entre adolescentes, que piensan que así resolverán sus problemas de inseguridad, inestabilidad emocional, etc… El problema es que muchos de ellos/as se encuentran con que luego no es tan fácil “destransicionar” como creían. Por eso, los defensores de “lo genérico” frente al sexo, prefieren hablar de “transgénero” o “trans” a secas, ocultando la realidad y dejando de lado al verdadero transexual.

Lo que debería quedar claro, siguiendo los dictados de la ciencia, que lo ha expresado por activa y por pasiva, es que “género” no es sinónimo de “sexo”. Es más, para el feminismo, el género es el constructo sociocultural sobre el que se basa la opresión de las mujeres. Por tanto, en la agenda feminista, la posibilidad de construir una igualdad real pasa por deshacer el género, hacer que ese constructo cultural que apela a los estereotipos y a roles diferenciados para mujeres y hombres, desaparezca. Sin embargo, lo que plantea la ley trans es justo lo contrario, un reforzamiento de las diferencias genéricas, una reivindicación de los roles y las formas de expresión atribuidas al género (a las niñas les gusta el rosa, a los niños el azul, y si a un niño le gusta el rosa es porque es una niña, le oí decir por radio a Irene Montero hace ya un año). O sea, que con esta Ley se reivindica como algo apetecible la base de la opresión de las mujeres, denominada, eso sí, con el eufemismo “identidad de género”.

Jamás el feminismo ha estado en contra de los derechos de cualquier orientación sexual ni por supuesto de las personas transexuales

Este es pues un debate de fondo que atañe a los fundamentos mismos de la Teoría Feminista y que el actual Ministerio de Igualdad, con la inanidad intelectual que le caracteriza, ha resumido en que los trans sufren mucho y que hay que respetar sus derechos. Algo que, por cierto, nadie niega. Jamás el feminismo ha estado en contra de los derechos de cualquier orientación sexual ni por supuesto de las personas transexuales. Todo lo contrario, si algo ha distinguido desde siempre al movimiento feminista es su lucha y su apoyo a esos colectivos. Soy feminista y defensora de los derechos humanos y, por eso mismo, la autodeterminación de género a la que, en los términos contemplados por esta Ley, puede acceder cualquiera, me parece una tremenda banalización de la penosa situación que sufren muchos de los transexuales. Pero parece ser que aquí no se trata de eso, sino, como se ha dicho, de proporcionar unas prerrogativas inusuales a los movimientos transgeneristas, prerrogativas que van en detrimento de los derechos de las mujeres, los menores y de los propios transexuales.

Es ahí donde un PSOE dividido y, en su mayor parte, convencido de que esta retrógrada Ley Trans nace cuestionada y “muerta”, al final va a apostar cobardemente por no modificar la “autodeterminación genérica”, presionados, eso sí, por la intransigencia de sus socios de gobierno, que amenazan con romper la coalición “si mueven una coma” (palabras de Irene Montero).

Por si quedara alguna duda, transcribo lo que el mismo Ferraz y el Ejecutivo han declarado en el periódico El País:

“Fuentes de Ferraz y de la Moncloa resaltan que la posición de Unidas Podemos es tajante y que no admitirán enmiendas del PSOE en lo relativo a la autodeterminación. El riesgo de que la Ley no se aprobara antes de final de año abriría una crisis muy peligrosa para la estabilidad del ejecutivo. “La Ley es de todo el Gobierno, y si tocamos la autodeterminación de género perdemos a Unidas Podemos y eso implica que no partiríamos de 153 escaños, sino de 120”, subrayan en el ejecutivo.” (El País, 21, octubre, 2022)

Queda ahora por dilucidar en qué y cómo afectará esto a los votos de las muchas mujeres que en este país votan socialista desde hace muchos años, convencidas de que es un partido que defiende los derechos de las mujeres, y por supuesto, cómo afectará esta Ley a los principales sujetos de la norma, los adolescentes para los que ya empieza a ser moda lo de cambiarse de sexo.

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Pilar Laura Mateo es integrante de la asociación FeMes, escritora (su última novela es Toda esa luz, ed. Mira) y socia de infoLibre.

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