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Venga, confluyan, aquí no ha pasado nada

Alejandro Hernández Oñate

¿Saben qué? Que me alegro de que no haya confluencia de partidos de izquierda o como lo quieran llamar. No la quería. Nadie la quería. Pero queda muy bonito de cara a la galería apelar a la unidad de las fuerzas sociales para hacer un frente contra este PP, forja de presuntos delincuentes. Lo malo es todo lo que subyace debajo, que demuestra que hay una masa de población que compite con su estulticia contra la podredumbre moral de aquéllos.

Menos mal que no ha salido. Hay medios que han informado hasta la saciedad y hasta el vómito para hacer confluir a todas las fuerzas progresistas y miren cómo va el proceso: tú a Boston yo a Mondoñedo, todos hablando de su libro, peleas de suricatas, cuñados/cuñadas que no se pueden ni ver en Nochebuena con la abuela. Todo junto y a la vez, todo... confluente en odio. Asómense a los comentarios en las noticias de cualquiera de esos medios, y escojan de los siguientes qué sustantivo no se aplica: odio, inquina, desprecio, floripondios, ignorancia, pobreza. Si esas son las bases, si esos son los militantes de a pie, si ellos son el reflejo social, si son quienes se baten el cobre e intentan atraer a otros hacia su opción...

Ah, las bases... Las de las formaciones más rimbombantes se odian, si se juntasen en un local acabarían como los hinchas del Betis contra los del Sevilla en los peores momentos de la era Lopera-Del Nido, mientras que los que se intentan acercar o hacer de pegamento son, en principio, bienvenidos, pero cuando se alejan de uno de los polos son tachados como el nombre del puerco. Una formación fue hacia uno de esos inventos, vio el percal, no le gustó y se fue a otra; pasó de ser ignorada y medio despreciada a ser reconocida y aplaudida, y al poco tiempo se convirtió en un hatajo de traidores. Y recientemente un rebotado ex de uno de los responsables de tener la piel de toro como está durante varios años ha pasado de ser un mindundi renegado al que no conocía ni dios a ser un digno compañero de viaje. El otro bando tiene un bardo que cada vez enerva más a los otros e incluso a los suyos, e internamente se le ponen zancadillas.

Los cuadros dirigentes no andan muy lejos de semejante despliegue. Creo que no queda nadie en estos pagos que no haya empleado los mismos adjetivos hacia unos u otros.

Entre medias, queda una amalgama de gente que sintetiza el sentir entre las peleonas y argumentonas bases y esas élites gobernantes de sus formaciones que juegan a dirigir los destinos del país. Los podrán encontrar en las tertulias habituales de los medios habituales, argumentando contra el vacío argumental de gente vacía puesta adrede para ello. Es decir, gente elevada a cero.

Resultado: confluencia al carajo. Me alegro. Mejor para todos. Así dejaremos de perder el tiempo con quimeras. Qué digo quimeras, digo zarandajas. A ver si dejamos ya de leer unos y de escribir los otros sobre tonterías y nos dedicamos más a curar las heridas de estas disputas estúpidas, que tenemos la humanidad hecha unos zorros, para alegría de los que mandan. Les ha salido la jugada perfecta, ya que les bastó alimentar algo que callase a la facción social siempre más contraria para sus intereses, relegándoles sin esfuerzo a la inanición. Después, cargar un poquito contra alguno de ellos, poner la maquinaria en marcha hasta que la propia idiocia de la población hizo el resto alimentando esa máquina con su credulidad. Encima, para acabar de reirse, bastaba con que se alimentase un poco la posible opción de que fuesen juntos para pasarse de risas ese rato entre brunch y partida de golf. ¿A que les salió bien? Pues eso es lo que hay. Venga, confluyan, aquí no ha pasado nada.

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Alejandro Hernández Oñate es socio de infoLibre.

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