Librepensadores

Xi Xinping y Putin en Perú

Juan José Torres Núñez

El año 1532 Francisco Pizarro desembarcó cerca de Tumbes, una ciudad del norte de Perú fronteriza con Ecuador. Con 168 hombres y 37 caballos se dirigió al territorio de los incas y allí fueron recibidos con amabilidad. Los incas creyeron que eran dioses. El día que se entrevistaron con el rey Atahualpa, el capellán español, con la cruz en la mano, le pidió que aceptara dos cosas: ser bautizado y la autoridad del Rey de España, Carlos I. Atahualpa no sabía lo que era el bautismo y mucho menos dónde estaba España. El capellán le ofreció una biblia y Atahualpa, después de ojearla, la tiró al suelo. Los españoles interpretaron esta acción como una blasfemia y Pizarro abrió fuego. En ese momento, el 16 de noviembre de 1532, con una cruz y una biblia empezaron las matanzas de la conquista del Perú. Como escribió el cura católico Bartolomé de las Casas, esas tierras fueron destruidas por los cristianos, “subyugando a las mujeres y niños y estableciendo un sistema de esclavitud con las llamadas encomiendas”. Como recompensa a todos los crímenes cometidos, Pizarro recibió del Rey de España el título de “marqués”.

Pizarro tomó prisionero al Rey Atahualpa, le enseñó español para que le dijera dónde se podía encontrar oro y él le propuso a Pizarro llenar de oro la habitación donde se encontraba, a cambio de su libertad. Tras llenarla con 84 toneladas de oro y 164 de plata, Pizarro ordenó su ejecución. Y para mostrar su magnanimidad como cristiano le propuso dos opciones: una, ser quemado vivo y otra, morir estrangulado –después de haberse convertido al cristianismo y haber sido bautizado, claro-. Atahualpa pidió que lo estrangularan. El gran conquistador de Perú, el “marqués”, al final murió como consecuencia de una estocada en el cuello. La última palabra que pronunció fue Cristo.

En la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en sus siglas en inglés, que ha tenido lugar en Lima, Perú, los días 19 y 20 del pasado mes de noviembre, Xi Xinping y Putin han desembarcado también en el territorio peruano, 484 años más tarde, pero esta vez sin espadas, sin caballos y sin ganas de conquistar el país, a pesar de la ironía del título de este artículo. En visitas de Estado a Perú, Ecuador y Chile, cuando Xi Xinping se entrevistó con el presidente de Ecuador, Rafael Correa, éste describió la visita del mandatario chino como “el acontecimiento más grande de toda la historia de Ecuador”. El presidente Correa ha tenido más suerte que el rey Atahualpa.

Lejos de ir a estrangular la economía de esos países, como ha ocurrido en la historia de Iberoamérica, y como hoy ocurre, por ejemplo en Grecia, en donde el 45% de los griegos vive por debajo del umbral de la pobreza –y estarán endeudados con el FMI durante muchos años, como los demás países de la UE, con la política de austeridad de la Troica-, Xi Xinping y Putin han ido a la cumbre de la APEC para ofrecer un programa basado en la cooperación para el desarrollo, que en el Nuevo Camino de Seda se conoce como win-win (gana-gana). Esta cumbre de la APEC, como ha subrayado la fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouge, “es una continuación de la cumbre del G-20 en Hangzhou, China”, que ya vimos con “Una franja, una ruta”. Para ella, “las élites transatlánticas no pueden entender que su modelo de globalización y de distribución neoliberal ha fracasado”. Sin embargo, Barack Obama y Angela Merkel siguen recetando este modelo, que con palabras de Joaquín Estefanía: “No ha sabido recortar las desigualdades, sino incrementarlas”. Estefanía contesta a la política de EEUU diciendo que “construye su bienestar sobre la desestabilización del resto del mundo, ignorando los intereses de otros pueblos, profundizando el abismo entre ricos y pobres”. América habla mucho de democracia, libertad y derechos humanos, pero silencia su guerra de “drones”, el cambio de régimen de los países soberanos y las consecuencias de las políticas de austeridad, al mismo tiempo que prepara una confrontación con Rusia y China.

No es de extrañar que la Asociación de Economistas Peruanos, en una declaración conjunta para responder a la conferencia que dio Helga Zepp en la sesión de apertura del XXIII Congreso Nacional, dijera que comparten su visión sobre el desarrollo económico en el mundo. Resaltan la importancia del nuevo modelo “win-win”, basado en el desarrollo de la economía física, por medio de la cooperación y la soberanía de los países, de forma que todos ganen. El apartado siete de esta declaración es taxativo: “Tenemos que cambiar el modelo neoliberal por un modelo de desarrollo de la transformación productiva con equidad”. Piden que el gobierno de Perú apruebe las propuestas hechas por China para construir un ferrocarril transcontinental que una los puertos de Santos en Brasil y Bayóvar en Perú: el Corredor Ferroviario Bioceánico. Hay otra serie de proyectos sobre agricultura, pesca, construcción de puertos, energía nuclear, creación de nuevas ciudades inteligentes, etc., que con el desarrollo tecnológico crearán miles de puestos de trabajo.

El presidente Correa estaba exultante de alegría con todos los proyectos de infraestructura sobre carreteras, astilleros, escuelas, y la construcción de una ciudad de la ciencia con una universidad dedicada a la investigación tecnológica para crear una generación de ingenieros y científicos que “cambie el concepto de conocimiento limitado por un nuevo concepto de conocimiento compartido que pueda traer la cooperación de toda la gente sobre todas las fronteras del conocimiento humano”. El ministro de asuntos exteriores de Ecuador anunció que Rusia va a invertir 30 millones de dólares para construir en su país una planta para la producción de vacunas y suero para el consumo nacional y regional. Todos estos proyectos crearán muchos puestos de trabajo.

Pensando en todos estos proyectos de futuro, no es difícil imaginar que dentro de poco tiempo los españoles, viendo a España estancada en la austeridad, las sanciones, los recortes, el neoliberalismo, la precariedad laboral y el nivel de pobreza, quizá tengan que volver a esos países latinoamericanos, no a esclavizar y subyugar a su gente –como ya hicieron los conquistadores en 1492 para traerse llenos los cofres de oro para los Reyes de España-, sino para pedir un trabajo. __________________________

Juan José Torres Núñez es socio de infoLibre

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