Arte

Claves para el futuro del coleccionismo español

El tríptico de Francis Bacon 'Tres estudios de Lucian Freud', vendido en subasta por 142,2 millones de euros.

Posiblemente pocos se sorprendan cuando sepan que la conclusión es que el panorama no se presenta demasiado halagüeño. En esta ocasión, de lo que hablamos es del estado del coleccionismo de arte en España y sus perspectivas a corto y medio plazo. El lado positivo, que haberlo haylo, es que existen posibles soluciones que podrían ayudar a fomentar y afianzar la labor, indispensable para construir un tejido cultural sólido y expansible. A saber, una Ley de Mecenazgo, incentivos fiscales y la bajada del IVA cultural, ahora al 21%. Pero también “educación, sensibilidad social y conciencia del papel del coleccionismo”.

Los datos los aportó ayer la Fundación Arte y Mecenazgo, perteneciente a La Caixa, la primera en redactar un informe abarcador e histórico sobre la materia. La firmante, la profesora de Historia del Arte de la Universidad Complutense María Dolores Jiménez Blanco, compareció ayer en rueda de prensa junto al presidente de la institución, Leopoldo Rodés, y su directora general, Mercedes Basso para explicar los pormenores de su estudio, que pretende sentar de manera informada las bases para el futuro desarrollo del coleccionismo nacional, tanto público como privado.

La crisis que afecta a todos los ámbitos, pero también los precios estratosféricos que alcanzan ciertas obras en el mercado de las subastas (véanse dos ejemplos de esta misma semana, en la que se han pagado 142 por un bacon y 78 por un warhol) no son óbice para incrementar el coleccionismo, aseguraron los expertos, que quisieron subrayar como uno de los principales problemas la falta de tradición nacional en la materia. Reorganización, replanteamiento del cómo y el dónde se adquiere el arte –las galerías ahora cuentan con una poderosa herramienta para el cambio, Internet- y una formación cívica que comience tan pronto como en los niveles “de primaria y secundaria”, podrían desviar en un futuro la senda que recorre hoy el sector, de menor envergadura y trascendencia que otros países europeos con economías de tamaños similares.

De izquierda a dercha, Mercedes Basso, Leopoldo Rodés y María Dolores Jiménez Blanco.

Dividido en tres apartados que se corresponden con la historia del coleccionismo en España, la relación entre su vertiente pública y privada y el actual estado de cosas, el documento, disponible en Internet, aporta de manera paralela “una visión panorámica de lo que ha ocurrido en otras esferas de la vida pública, como son el desarrollo cultural, social y político del país”, en palabras de Jiménez Blanco. “Sirve para ver cómo ha sido valorada la cultura en el contexto contemporáneo”. 

“El coleccionismo de arte tiene una estrecha relación con la historia y con estatus político, cultural y económico del país en que se produce”, señala el informe, que cita a Javier Portús, jefe del departamento de pintura española hasta 1700 del Museo del Prado. De ahí que naciones históricamente fuertes como el Reino Unido cuenten con un igualmente potente coleccionismo, una tradición asentada y mejorada a lo largo de los siglos, mientras que en España, con sus altos y sus bajos, se encuentre en una situación renqueante

Empezando por Felipe IV, el relato cronológico del documento plantea un giro radical en el siglo XIX, cuando la aristocracia, hasta entonces dueña del arte, pierde su poder adquisitivo y el coleccionismo prácticamente se abandona, una situación a la que se suma el expolio de obras con destino al extranjero. A partir de ahí comienza, poco a poco, la creación de grandes colecciones públicas, la primera precisamente la que provenía de la monarquía, atesorada desde 1819 en el Prado.

Desde la Transición, colecciones contemporáneas como la del Reina Sofía primero y posteriormente las de la miríada de museos de arte contemporáneo que se han ido levantando en todo el territorio del Estado, especialmente durante los años noventa y dos mil, se han conjugado con la institucionalización de importantes colecciones privadas, con el estandarte del museo Thyssen, nacido en los ochenta.  “En esa época hay un entusiasmo que da lugar a muchas actividades por parte de las administraciones, así como las corporaciones y las fundaciones, que en un segundo paso empiezan a hacer sus propias colecciones”. De aquel momento, en el que también proliferaron las ferias, con Arco a la cabeza, queda el hecho de que se “contribuyó a la normalización de la presencia del arte contemporáneo en el país”.

A día de hoy, el mundo del arte y del coleccionismo se encuentra, como tantos otros sectores, repensándose a sí mismo. Primero, porque las motivaciones sobre las que se levantó su frágil entramado se revelan hoy equivocadas. También porque a pesar de los esfuerzos anteriores, aún queda “muchísimo por hacer”. En este proceso de transición, en el que el paradigma del coleccionista está cambiando desde el perfil del “profesional liberal de clase media-alta, conectado a la cultura local” al del ciudadano con un menor poder adquisitivo que debe enfrentar los retos de la mayor profesionalización del sector, debe conjugarse el “apoyo político” en forma de incentivos fiscales y regulación con la motivación ciudadana y el reconocimiento social a la figura del coleccionista. “Hace falta que el coleccionismo se considere como algo esencial en la cultura de un país”, concluyó Jiménez Blanco. “Pero esto no puede ser de hoy para mañana, sino que tendrá que dar sus frutos en el futuro”.

Más sobre este tema
stats