Música

Joaquín Sabina, sin nubes y con ‘bises’

Joaquín Sabina, en su actuación de este martes.

A. León

Se jugaba mucho este martes. Y salió a ganar, con humildad y compromiso. “Desafiando los malos presagios, queremos dar el mejor concierto de nuestras vidas”, proclamó Joaquín Sabina en su propio nombre y en el de sus músicos de siempre, tras entonar su segundo tema. Cumplió, cumplieron, sobradamente. Las casi 15.000 sabineras y sabineros que llenaban el Palacio de los Deportes de Madrid demostraron a su vez la misma entrega, con toda la complicidad que exige su poesía.

Quienes tuvieron la suerte de asistir al segundo concierto en Madrid de la gira 500 noches para una crisis lo hacían con la emoción contenida de no saber si Sabina habría superado por completo el susto del pasado sábado, cuando se le vio sufrir en el escenario después de reconocer que el miedo escénico le había atenazado. “Me ha dado un Pastora Soler”, dijo, sin ningún deje de humor sino con el gesto roto y la mirada profundamente triste. Aun así aguantó más de hora y media, y cantó el repertorio del disco que hace ahora quince años arrasó, con su 19 días y 500 noches, con su Magdalena y un Yo me bajo en Atocha que, sin pertenecer al disco, quería homenajear a Madrid y a ese público al que tanto respeta y ante el que siempre ha reconocido que le tiemblan las piernas. Como también estrenó una versión propia de su referente Bob Dylan, un seguro éxito futuro con un estribillo que, a la segunda, todo el estadio coreaba: “No, no, ese no soy yo”.

El sábado Joaquín Sabina pidio perdón a su público por no tener fuerzas ni ánimo para cantar los bises que había preparado minuciosamente y que traía entrenados después de una gira de éxito por varios países de Latinoamérica. Con lágrimas en los ojos, hizo mutis por el foro seguido por Pancho Varona, Antonio García de Diego, Jaime Asúa, Mara Barros y el resto de una banda que es parte de su familia, o viceversa.

“En una noche como hoy, comprenderán ustedes que decir gracias es muy poco”, dijo el cantante después de entonar su Ahora en el arranque del concierto de este martes. No debe de ser fácil acostumbrarse a asistir reiteradamente al propio “entierro”, más o menos figurado. Algún signo de eso debió de revivir Joaquín estos últimos días. Quienes mejor lo conocen, saben que sus mayores tropiezos sólo son consecuencia de su honestidad. Si el sábado no hubiera reconocido la angustia que estaba sufriendo (esa “pájara” tan bien descrita por su amigo Luis García Montero), y hubiera simulado sentir una canción más, o un par de bises, quizás no tantos hubieran distinguido el buen estado de su voz y el mal tono de su alma. Pero tenía que decir, como siempre, la verdad, su verdad.

Esta segunda noche añadió algunos regalos: Mater España, Y sin embargo... Se propuso esquivar la “nube negra” y ha vuelto a conseguirlo. Si algunos miden el talento o el éxito por los bises, este martes no faltaron los bises. Ni su (nuestra) Princesa.

Las siguientes citas de Sabina y sus 500 noches para una crisis le llevan a Barcelona, los próximos días 22 y 23 de diciembre. Aforo completo. Sin nubes.

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