Calle libre

El libro pasa hambre

"Te llaman para vender libros porque necesitan comer". Así resume Juanjo, encargado de la librería madrileña La Tarde libros, la situación por la que está pasando el sector desde el inicio de la crisis. Unas mesas con publicaciones de segunda mano a dos euros invitan a entrar al establecimiento. "¡Cuanto libro!", dice un lector. Libros hay muchos, ¡lo que falta son clientes!", comenta uno de los compradores habituales de La Tarde.

"Ahora algunas de las llamadas que recibo son de personas que venden libros porque se encuentran en situaciones económicas muy penosas. Antes se moría el abuelo y no sabían qué hacer con los libros pero ahora es una cuestión de necesidad", explica Juanjo, que ya pertenece a la segunda generación de libreros.

Dos calles más atrás se encuentra la librería Antonio Machado, popular en el Madrid de los 70 por albergar mítines clandestinos de personajes antifranquistas de la época, tal y como recuerda Marta Velasco. "Hay empleados que trabajan aquí que vivieron esa época. Nos pintaban los escaparates de rojo porque al lado había una sede de Fuerza Nueva y fueron momentos difíciles", explica.

Ahora la situación también es difícil por la coyuntura económica, ya que según cuenta Velasco, las bibliotecas públicas ya no hacen grandes pedidos como los de antes. "Si en otros tiempos pedían cuatro hojas con diecisiete libros cada una, ahora piden sólo una página con diez libros", cuenta esta comerciante que aún así da gracias porque todavía conserva "una clientela fija de muchos años".

Revela algún secreto como símbolo de que en los libros también conviven personalidades de ideas opuestas. La librería es visitada por Cándido Méndez, de UGT, o por algunos exministros del PSOE, pero también por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón.

"Sí que hemos notado mucho la crisis a nivel institucional y a la hora de facturar. En colegios y bibliotecas sí que hemos notado el recorte. Antes nos pedían colecciones enteras cuando abría algún Instituto Cervantes, como la de clásicos de Gredos, y ahora los pedidos se hacen con cuentagotas", explica Marta Velasco y comenta con Mari Fé, otra las libreras, la última obra de Julio Llamazares Lágrimas de San Lorenzo

"Esto no ha sido nunca una profesión para hacer dinero, sino para sobrevivir. Es una forma de vida", cuenta Juanjo, de la Tarde de Libros. Algo que comparte Pepe Olona, de la librería Arrebato, que se encuentra a pocos metros de la madrileña plaza del 2 de Mayo. "Entiendo que si la crisis da un palo a una librería que lleva cuarenta años, lo dejen. Pero también está siendo una oportunidad para que surjan nuevas librerías con tendencias rompedoras", sostiene Olana, que además es editor y organizador de un festival con autores provenientes de Iberoamérica.

Las bibliotecas públicas compran menos libros nuevos por los recortes que han sufrido, y los jóvenes, según comenta Juanjo, no aparecen mucho por allí, pero no se resigna y se atrinchera en el amor al viejo oficio: "Esta profesión no está pensada para hacer dinero, sino que es un estilo de vida". 

El e-book irrumpe como alternativa al olor del papel y plantea vaciar las estanterías de ejemplares antiguos. La crisis amenaza con tragarse a algunos lectores pero Juanjo arroja un poco de luz: "No desaparecerá nunca porque el ser humano no ha creado un objeto más perfecto que la rueda y el libro, y se extinguirá el día que lo hagamos nosotros".

Liber ante el espejo

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