Consumir vida

Cómo guardar ceniza en el pecho

Miren Agur Meabe (Premio Nacional de Poesía 2021)

Bartleby Editores

Madrid (2021)

Escritora en euskera y autotraductora de sus entregas más recientes, Miren Agur Meabe (Lekeitio, Bizkaia, 1962) deja en los pasillos de noviembre dos novedades editoriales, la colección de relatos Quema de huesos y Cómo guardar ceniza en el pecho, entrega poética que ha logrado el Premio Nacional de Poesía, concedido por primera vez a un libro escrito originalmente en euskera. Aunque la obra de Miren Agur Meabe está emplazada en sitio visible en el mapa de voces esenciales de las letras vascas, con una perspectiva de diversidad que engloba poesía, narrativa, literatura infantil y juvenil y traducción, el premio ha causado notable sorpresa en los círculos literarios. Consolida una propuesta personal que fortalece la raíz originaria y el sentimiento de pertenencia a una tradición minorista, que pugna por sobrevivir frente a la gran marea uniformadora de la globalización y a su empeño de disolución identitaria.

Desde la íntima cartografía de la memoria impregnada de significado sentimental, Cómo guardar ceniza en el pecho muestra una acompasada sensibilidad que dialoga con la introspección, en un sondeo cómplice y enriquecedor. Sobre esta escritura reflexiva, la autora aborda una intensa meditación en la que se superponen “acciones y deseos, memoria y sueño”. Cabe también la realidad visible del entorno familiar, ese contexto siempre proclive a la creación especulativa de espejismos. El largo poema El método, con cita inicial de Eloy Sánchez Rosillo, sintetiza el carácter interrogativo de esta poética y su naturaleza: “Cómo guardar ceniza en el pecho? / No existe método. / Tan solo resistir en el lindero / sin pensar en lo que se añora. / Aceptar que la vida no dispone ningún plan para nosotros”.

Las secuencias iniciales de Álbum trasmiten un tono de recuperación afectiva, como si los estratos del pasado cercano hubiesen adquirido una dimensión expandida, que convierte a los elementos domésticos en ventanas de descubrimientos, trazos de lo contingente y escenarios de mutaciones por la adusta rozadura del tiempo. El tiempo del sujeto y su discurrir, en un ámbito de aprendizaje y crecimiento, comporta la adopción de una serie de ritos y costumbres que se van asumiendo como parte de una forma de ser y existir. Crecer obliga a cultivar una encarnadura de aspiraciones. El verbo evocativo es disposición que enlaza con la renovación del propio rol personal. Quien enuncia asume la voz femenina, como si continuara una lucha común en el tiempo de reivindicación y libertad, pero también muestra los claroscuros del devenir vital, cuando percibe que alrededor la materia es inestable, y que la propia historia es un relato fragmentario y con frecuencia de escaso sentido.

El tramo Fósforos emplea el poema en prosa; los textos mantienen un desarrollo enunciativo que acerca su cauce al relato. Así confluyen realidad e imaginación, un onirismo desplegado en el tiempo que enlaza con elementos culturales del cine, la tradición narrativa y los recuerdos personales. Las presencias del poema adquieren una identidad atemporal, a veces caricaturesca, que reinventa el retrato con nuevos tonos. Como advierte, en uno de sus textos sobre Casandra, la misma autora: “El objetivo era escoger un personaje mitológico y aplicarlo en una situación nueva: proponer una actualización del mito, dicho de una forma rimbombante”, estableciendo paralelismos temporales y equivalencias biográficas.

La meditación de Viaje de invierno sobre las secuencias diarias despliega un intimismo confidencial que aborda el devenir como una encrucijada de indefiniciones. Alrededor las formas despliegan apariencia y mensaje, una presencia lenta y habitable, que busca expandir significados en los poemas. Respiran cerca los lugares amados, esos escenarios atemporales que ahora son patrimonio de la memoria.

El poemario contiene un alto número de composiciones, lo que da pie al fortalecimiento autónomo de distintos momentos que muestran su tendencia asociativa. Así, el apartado Tempo giusto cambia el paso y busca en sus hechuras el legado mitológico desde distintos ángulos: su aporte ético, la consideración sociológica desde la ironía y la reivindicación continua de la presencia femenina en el fluir cultural. Mientras, la sección Esa puerta apuesta por la diversidad y yuxtapone recuerdos de viajes, fragmentos oníricos, instantes emotivos de la memoria u homenajes a las sombras diluidas en el tiempo.

Sirve de cierre al poemario El estigma accidental, con cita clarificadora de Ada Salas que asocia ese estigma al quehacer de leer, escribir y borrar. De esa patología nacen las palabras como definición de identidad y sentido existencial, como insistencia en un propósito extraño e indefinible que busca concordar idea y forma, “ácaros y damas de noche”; restituir una memoria fragmentada y sus posibilidades infinitas, como quien busca el equilibrio justo a un inventario.

En la extensa compilación poética de Miren Agur Meabe, Cómo guardar la ceniza en el pecho resalta la exploración formal. El trayecto ofrece un balance de recursos expresivos que intercalan el poema en prosa, las canciones de procedencia oral, los prosemas enunciativos o los haikus encadenados; así mismo hay un balance amplio de usos lingüísticos con palabras del euskera, expresiones clásicas o neologismos. Quien escribe sabe que el lenguaje es protagonista principal y es portador de un colmado equipaje de variaciones léxicas. Al cabo, en la consumación de lo cotidiano se cumple la certeza de que la materia verbal mantiene una naturaleza cambiante, donde cada poema persigue el ideal de su lugar exacto.

* José Luis Morante es poeta y crítico, autor del libro de aforismos Planos cortos (Trea, 2021).

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