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Millás, uno y trino

El escritor y periodista Juan José Millás.

A Juan José Millás de las sequías creativas le brotan novelas. Novelas que él firma, él narra y él protagoniza. Cual Santísima Trinidad literaria. Novelas “no convencionales” en las que hibrida con mimbres meditadamente flexibles realidad y ficción, periodismo y literatura. Novelas que se miran en las entrañas para comprenderse en su carcasa, que piensan en las palabras para –desde ellas- pensar en el pensamiento. Novelas como La mujer loca (Seix Barral), que presentó ayer explicando, antes de nada, que no son fáciles de explicar.

“No es que yo me propusiera hacer una rareza”, aclara el autor, “sino que nace de la imposibilidad de escribir una novela, en un momento de cansancio de la ficción, un momento en que empiezo a preguntarme si tiene sentido seguir trabajando en la ficción, habida cuenta que también soy periodista, y que las diferencias entre un buen reportaje y una buena novela son pocas. Las fronteras están casi borradas, porque el modo en que selecciones los materiales para un artículo es idéntico al de un relato”.

A través de una casualidad que lleva a Millás a la casa de una mujer enferma que busca recurrir a la eutanasia, el escritor/periodista conoce allí a otra habitante del piso, Julia, una mujer loca “en la medida que tiene alucinaciones, porque decir loca es colocar a esta persona al otro lado de una raya en la que ya no tiene sentido lo que dice, pero los locos dicen cosas cuerdas muchas veces, es más, dicen cosas supercuerdas que no queremos escuchar”.

Obsesionada con la gramática y las palabras -con su capacidad autorreferencial, su arbitrariedad y su convencionalidad- la chica pone en una extraña tesitura a Millás, ese Millás personaje/hombre que ya había escrito un texto periodístico sobre la eutanasia. “Ella dice cosas que desconciertan a Millás, que se encuentra con que la enferma y la loca representan dos cosas diferentes: la posibilidad de un reportaje y la posibilidad de una novela”, apunta. “Y a medida que la relación va avanzando, se da cuenta de que los límites no son tan claros”.

La reflexión sobre la escritura y el proceso mental que conlleva se convierte así en uno de los pilares del libro. “Me interesa el asunto del narrador: es lícito preguntarnos quién nos cuenta esto y por qué nos lo cuenta. Al contarnos lo que pasa, esa voz inevitablemente nos cuenta muchas cosas de sí mismo, como una novela dentro de una novela”, explica el autor, para abundar en su reflexión sobre la función las palabras como ladrillos del edificio de la realidad que cada cual construye en su cabeza, una cuestión que ya abordó en su obra teatral La lengua madre. “La ventaja de dominar el idioma es ser culto pero no en el sentido de acumular conocimiento, sino en el de ser libre. El problema es que la cultura ha desaparecido como objeto aspiracional”.

Desdoblado en escritor, narrador y personaje, el Millás múltiple del libro visita en paralelo a sus particulares loca y enferma a su psiquiatra, la que podría ser -puestos a jugar con las palabras- la enfermera de su locura. “El psicoanálisis representa el espacio de reflexión”, avanza. “Y además esto coincide con el momento en que se hace mayor, y escribe un diario de vejez. Es un mosaico con materiales que van engarzándose, un híbrido de novela y reportaje y también de autobiografía”.

Abrumado dentro de las páginas del libro por ese interés ambivalente en la literatura y el periodismo, Millás piensa en escribir una “novela falsa”, que sería a una novela verdadera lo que la metadona es a la heroína. De ahí emana otro de los muchos temas tratados en el libro: el del original frente a la copia. Y no es el único: la casualidad, por ejemplo, también se erige en otro de los protagonistas de la historia, quizá en su principal a la vez que inopinado motor. “Somos productos del azar desde el nacimiento”, concede Millás. “Pero como es insoportable vivir con esa idea, hemos construido una realidad que es falsa”.

Lee las primeras páginas de 'La mujer loca' [PDF]

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