Faraón de la copla, pero exiliado por republicano y gay: "Miguel de Molina era la Rosalía de los años 30"

El bailaor Antonio de Verónica como Miguel de Molina en 'Entre dos orillas'.

La figura de Miguel de Molina (Málaga, 1908 - Buenos Aires, 1993) es más que un símbolo de libertad, es un estandarte contra la represión, el odio y la vileza de la violencia. Gran figura en el Madrid de los años treinta del siglo XX, abiertamente republicano y homosexual, pasó a ser perseguido, torturado y literalmente apaleado por la dictadura franquista, que le condenó obligatoriamente al exilio en México y Argentina como única vía de escape para salvar su vida. En América pudo volver a probar el sabor del éxito, antes de retirarse en los sesenta, y en 1992 el Gobierno español lo nombró, poco antes de morir, caballero de la Orden de Isabel la Católica, pero siempre llevó dentro la herida de la barbarie.

Molesto para muchos por ser un fenómeno de masas, de izquierdas y abiertamente homosexual, antes de que la Guerra Civil cambiara dramáticamente y destruyera para siempre las vidas de tantos, renovó profundamente el género de la copla. No solo porque fue el primer intérprete masculino de un género musical hasta entonces reservado a las mujeres, sino también porque, influenciado por grandes nombres de la cultura de la época (Rafael de León, Antonia Mercé, Manuel de Falla o Federico García Lorca), concibió representaciones tan vanguardistas que siguen fascinando por su audacia y modernidad. Él representaba en aquellos años republicanos la mejor fusión entre vanguardia y tradición, de la misma manera que hoy lo hacen otros y otras con gran fama internacional, sin que apenas nadie recuerde a los que lo hicieron antes.

"Miguel de Molina en los años 30 ya era una Rosalía, porque rompió todos los cánones", recalca a infoLibre Antonio de Verónica, bailaor y coreógrafo que, al frente de su compañía junto a Saray Cortés, protagoniza este domingo en el Teatro Circo Price de Madrid un hermoso homenaje a este "pedazo de artista" que hace casi un siglo sonaba "en todas partes" y rompía moldes también por su forma de bailar y un cuidado y originalísimo vestuario confeccionado por él mismo. Un creador sin fronteras que se convirtió actuación a actuación en el 'faraón de la copla' gracias a sus interpretaciones de estándares del género como El día que nací yo, Triniá, Te lo juro yo, La bien pagá y Ojos verdes. 

Este montaje, titulado Entre dos orillas, una vida bailada y enmarcado dentro de la programación del Festival de las Estrellas 2026, propone un recorrido escénico por la vida y el legado de Miguel de Molina a través del flamenco, la música en directo y una puesta en escena que combina danza, teatro y poesía. Desde una perspectiva contemporánea y profundamente flamenca, Antonio de Verónica encarna al propio protagonista en una recreación escénica que recupera su universo artístico, mientras Saray Cortés interpreta a personajes clave de su trayectoria, entre ellos la legendaria cupletista Concha Piquer, además de protagonizar distintos pasajes coreográficos inspirados en el legado del artista.

"Es muy complicado que el público entienda en una obra bailada lo que él vivió, la tristeza, la alegría, pero hay mucho esfuerzo artístico también por parte de la dramaturgia", apunta Saray Cortés, quien recuerda a infoLibre la "amistad" entre Miguel de Molina y Concha Piquer, pero también el "conflicto" surgido a raíz del clásico Ojos verdes, ya que el cantaor "lo tenía como suyo", pero Rafael de León, poeta de la Generación del 27 y autor de letras para copla, faceta esta última en la que se hizo famoso por formar parte del trío Quintero, León y Quiroga, "se la dio a ella, que fue la primera en llevarla a escena". 

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Antonio de Verónica

Más allá de esta refriega entre dos astros de la canción de la época, lamenta Cortés que no se le haya "dado ni el nombre ni la posición que merece" a Miguel de Molina, a pesar de que fue un "artista innovador en todos los aspectos", pues bailaba, cantaba y se hacía su propia ropa. "Yo tengo 44 años y creo que la generación anterior sí le conoce, pero la mía y los más jóvenes no. Por eso, es importante que esto no se pierda, que vengan al teatro sobre todo para conocerle, para que no quede en el olvido su figura tan importante, con toda esa libertad que tenía en una época tan difícil".

Como no podría ser de otra manera, el espectáculo revisita algunas de las coplas más emblemáticas asociadas al artista reinterpretadas y adaptadas a distintos palos flamencos. La obra también incorpora referencias a figuras fundamentales de su entorno cultural, como García Lorca, cuya poesía se integra en algunos momentos de la dramaturgia. "Tenía devoción por Lorca, le admiraba muchísimo", apunta De Verónica.

"Lorca fue a verle en alguna ocasión y a él también le invitaron a ver alguna cosa de Federico. De hecho, éste le regaló un dibujo a mano y cuando tuvo que exiliarse, ya cuando se marchaba porque se había enterado de que habían matado a Lorca, me contaron que con una cuchilla de afeitar tuvo que borrar toda su firma por si le pillaban, para que no le relacionaran con él y no le mataran", relata el bailaor, antes de comentar que también forma parte del montaje escénico la tristemente famosa paliza que tres hombres le propinaron en 1941 después de actuar en el Teatro Pavón de Madrid.

Así lo cuenta De Verónica: "Me hubiera encantado actuar en el Teatro Pavón, lo hemos intentado, pues allí le engañaron y se lo llevó gente del régimen a un campo para pegarle esa brutal paliza. Yo interpreto eso y, de hecho, uno de los momentos más duros es cuando le arrancan el pelo y se lo llevan de trofeo para que lo vea la gente. Allí él se despertó en mitad del campo por el dolor del frío que le caía en los dientes. Como pudo se fue y al día siguiente tuvo que actuar en el Teatro Pavón con peluca. Eso hizo".

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Entre dos orillas, una vida bailada no puede en esta ocasión tomar el escenario del Pavón, pero sí el del Teatro Circo Price, donde Miguel de Molina cantó por primera vez Ojos verdes, tal y como recuerdan los directores de la compañía Antonio de Verónica y Saray Cortés, "muy contentos" de poder traer este montaje a Madrid, ciudad en la que junto a Valencia vivió sus más importantes noches de gloria. "Vamos a darle vida a través de nuestro baile. Vamos a dar vida a sus camisas, a sus zapatos, porque también era un artista muy personal a la hora de vestir que luchó mucho por la libertad y la diversidad", señala De Verónica, remarcando que precisamente por eso tuvo que marcharse del país con la llegada del franquismo en blanco y negro.

A partir de ese momento "le hicieron la vida imposible en España con ese acoso y esa persecución". "Y aún yéndose a Argentina continuó igual, por lo que como nos contó Alejandro Salade, su sobrino-nieto, vivió toda la vida ya con esa persecución interior que nunca se le quitó del cuerpo", asegura Cortés, poniendo en valor, además, la "vida tan dura" de Miguel de Molina, un artista al que "no se le ha dado el sitio y el homenaje que se le tendría que haber dado". Porque, no en vano, es uno de nuestros principales iconos de la diversidad y referente histórico del colectivo LGTBIQ+.

"Lo que tenemos hoy en día es porque otros lo han luchado. Artistas como Miguel de Molina lucharon por esa libertad y diversidad", insiste De Verónica, antes de rematar: "Porque el mundo es libre. En el flamenco, en la copla, en la vida personal no hay fronteras, cada uno sentimos como nacemos. Cada uno tiene que sentirse libre siempre respetando al prójimo. El arte es libre y la copla es la primera marca España que tuvimos. Los jóvenes tienen que saber de dónde venimos, porque se han dejado la vida artistas grandiosos, ya sean poetas, bailaores o cantantes, para que nosotros sigamos abriendo esos muros. No puede haber un muro en el arco, tiene que estar abierto". 

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