Videojuegos

The Game Awards: los controvertidos premios que deciden el videojuego del año se enfrentan a su primera gala virtual

Los seis videojuegos nominados a GOTY (Game of the Year) en The Game Awards.

Tres secuelas, un remake y dos propuestas originales compiten por convertirse en el videojuego del año. En la madrugada del jueves 10 al viernes 11 de diciembre –¿qué sería de una gala de premios estadounidense sin mantener al público español despierto en horas intempestivas?– conoceremos quién sucede a Sekiro: Shadows Die Twice como GOTY (Game of the Year) en The Game Awards.

Será una ceremonia atípica, como no podía ser de otra manera en 2020. El Microsoft Theatre de Los Ángeles, escenario de los premios desde 2015, será sustituido por un evento online con tres sedes. A la ciudad californiana se unirán Londres y Tokio en una retransmisión a través de la plataforma Twitch. Algo, eso sí, se mantiene inamovible: la presencia del omnipresente Geoff Keighley. Se trata del creador, productor y presentador de estos galardones, los más mediáticos del sector.

Pero antes de seguir desgranando los entresijos de una gala imprevisible, toca hablar de lo más importante: los nominados. The Game Awards cuentan con hasta 31 categorías, divididas en dos bloques principales. La inmensa mayoría incluyen a los grandes lanzamientos del año, de los cuales se reconocen aspectos como la dirección, la narrativa, el diseño de sonido, la música o las interpretaciones –en el caso de aquellos juegos cuya animación se basa en la captura de movimiento a actores–. Otras seis categorías premian lo más reseñable en el ámbito de los eSports eSportso deportes electrónicos.

Los aspirantes a GOTY

No obstante, ningún galardón es tan preciado como el GOTY. A él aspiran seis videojuegos. Animal Crossing: New Horizons es la baza de Nintendo, un fenómeno que ha servido de refugio para millones de personas en todo el mundo durante el confinamiento. Doom Eternal ha seguido revitalizando una serie pionera en los juegos de disparos en primera persona. Final Fantasy VII Remake ha satisfecho las ansias nostálgicas de la entrega más querida de la mítica saga, a la par que ha introducido elementos renovadores y sorprendentes también en su historia. Ghost of Tsushima es para muchos la inclusión más polémica, una propuesta que cumple como entretenimiento, pero patina en su construcción narrativa.

Hades y The Last of Us Parte II parten como los grandes favoritos. El primero de ellos, el videojuego más independiente de entre los que optan al GOTY, ha sorprendido a propios y extraños con una propuesta de acción mitológica en la que el hijo de Hades trata de escapar del Inframundo al que su padre le ha condenado. Su objetivo es nada menos que alcanzar el Olimpo. Desarrollado por Supergiant Games, ya ha sido reconocido como el mejor videojuego del año para la revista Time.

El juego que ocupa la tercera plaza en esa misma lista aspira sin embargo a auparse como el gran vencedor del año en The Game Awards. The Last of Us Parte II se enfrentaba a las altísimas expectativas generadas por una primera entrega ampliamente considerada como cima de los videojuegos. Por suerte, frente a las campañas reaccionarias impulsadas por jugadores LGTBófobos, el lanzamiento estrella de la desarrolladora Naughty Dog ha apabullado con una excelencia gráfica inaudita. Lidera las nominaciones con once menciones.

“Es uno de esos proyectos monumentales que de alguna manera parecen validar la categoría del videojuego como arte, pero creo que puede haber sorpresas”. Así opina Víctor Martínez (@chiconuclear), director de contenidos en AnaitGames. Para Martínez el mayor enemigo de la secuela es la controversia generada por las deplorables condiciones de trabajo de los empleados en el desarrollo del videojuego –terrible lacra que en el sector recibe el nombre de crunch–crunch. “No creo que deban descalificarlo automáticamente, pero sería problemático no tenerlo presente, sobre todo por cómo la propia Naughty Dog pone la humanidad y el trato inhumano en el centro de su historia”, explica.

The Game Awards y su “naturaleza masturbatoria”

Pero más allá de los favoritos, ha despertado suspicacias la falta de audacia de las nominaciones. Según Martínez, “muchos de los títulos que están en la categoría de Juego del Año dan una imagen equivocada o muy limitada de lo que ha sido 2020 en lo que a videojuegos se refiere”. “A pesar de que la selección viene de un grupo grande de medios de todo el mundo, algunos juegos parecen puestos por compromiso, o elegidos por descarte más que por méritos o convicción reales: si este tipo de premios puede servir para algo es para darle visibilidad a juegos que, aun siendo definitorios de lo que es el videojuego actual, quizá no tengan el alcance que merecen”, dice.

El periodista es tajante a este respecto: “Otros años se ha maquillado mejor la naturaleza masturbatoria de los Game Awards. Que ni siquiera el gran público, el que consume el tipo de videojuego mainstream que producen las compañías que financian los Game Awards, parezca convencido de la seriedad de estos premios dice mucho sobre su posición y su rumbo”. Half-Life: Alyx, Ori and the Will of the Wisps, Flight Simulator o Spelunky 2 son algunas ausencias destacadas en la categoría reina. Pero especialmente preocupante es el caso de dos pequeñas obras laureadas por todo aquel que se ha acercado a ellas: Kentucky Route Zero y Spiritfarer.

Ambos juegos sí optan al premio Games for Impact (Juegos de mayor impacto). La categoría reconoce la trascendencia de videojuegos independientes, pero al mismo tiempo los recluye en un nicho propio frente a los trasatlánticos del sector que colman el resto de categorías. Algo similar a lo que sucede en los Oscars con los galardones a mejor película de animación o mejor película internacional.

La mecánica de unos premios en los que los premios no importan tanto

El mecanismo de elección de los premiados tampoco contenta a todo el mundo. Las nominaciones se anunciaron el pasado 18 de noviembre. Sin embargo, optan a ellas videojuegos lanzados hasta el día 20 del mismo mes. Se encargó de esta labor un panel compuesto por 95 miembros, pertenecientes a medios especializados de distintas partes del planeta.

Los ganadores son elegidos conjuntamente por un jurado y la audiencia. Aunque esto tiene trampa: el voto del público representa tan solo un 10%, por lo que las decisiones de millones de personas tienen un efecto reducido. La opinión de los usuarios es determinante al 100% en un único reconocimiento, el de juego más esperado del año. Una categoría como mínimo poco valiosa, ya que se votan obras que todavía prácticamente nadie ha podido testar.

Curiosamente, y a diferencia de lo que sucede con galardones de mayor trayectoria histórica, en The Game Awards los premios son parcialmente eclipsados por otro contenido de la ceremonia: los avances y anuncios sobre las grandes novedades del sector de cara al próximo año, y más allá. Para más inri, en 2020 no se celebró el E3 –la gran exposición anual de videojuegos-, por lo que las expectativas en torno al material que pueda mostrar la gala son muy altas.

Víctor Martínez las rebaja: “Es un buen momento tanto para captar nuevos jugadores como para apuntalar la confianza de los que ya han comprado alguna consola nueva, pero está siendo un año lleno de problemas (algunos públicos y otros no desvelados) y no pondría la mano en el fuego porque muchas compañías estén preparadas para enseñar tanto como les gustaría, o tanto como nos gustaría”. “Tengo la sensación de que va a ser un evento más tibio de lo que la emoción de la nueva generación podría invitar a esperar, pero con estas cosas a veces es mejor no esperar nada: así cada sorpresa tiene mayor impacto”, añade.

Un crecimiento meteórico y dos obstáculos para mantenerlo

Estos premios nacieron en 2014. Su gran impulsor fue Geoff Keighley, que había trabajado en eventos similares desde 1994. Pese a las críticas, Keighley –un tipo peculiar y megalómano– ha conseguido su gran objetivo de construir una cita anual que sirve para celebrar todo un año de videojuegos y avanzar lo que se aproxima. Sus contactos con los grandes tótems del sector (Sony, Microsoft y Nintendo), así como su facilidad para conseguir patrocinadores, han permitido crecer a un evento que se emite de manera totalmente abierta y gratuita. Hasta el momento, cada una de sus seis ediciones ha mejorado la audiencia de la anterior. La ceremonia de 2020 alcanzó la cifra récord de 45,2 millones de espectadores.

Para continuar con este crecimiento, la gala del próximo 10 de diciembre –la ceremonia está prevista entre las 1:00 y las 5:00 de la madrugada del ya 11 de diciembre, hora española– debe superar diversos contratiempos. El primero, por supuesto, tiene que ver con el covid-19. Las circunstancias han obligado a la organización del evento a diseñar un acto enteramente virtual. “Ya hemos visto ensayos, porque el Opening Night Live de la Gamescom tampoco fue presencial, pero en cualquier caso creo que se perdonan las flaquezas en casos como este”, apunta Víctor Martínez.

El director de contenidos de AnaitGames parece opinar como la Academia de Hollywood: “Nada puede estar a la altura de una gran gala presencial, y este 2020 nos ha servido de demostración. No digo que las galas presenciales no sean cuestionables, esperpénticas o ridículas, pero tienen algo que, como espectador, me resulta mucho más atractivo”. Frente al auge de presentaciones online, normalmente elaboradas de manera individual por cada compañía, muchos y muchas especialistas apuestan por acontecimientos conjuntos como el E3 o, con sus errores, The Game Awards. “Tengo la sensación de que hay ganas, en general, de que vuelvan los grandes eventos”, cree Martínez.

El segundo escollo es nada menos que la coincidencia con el lanzamiento más esperado del año. Tras varios retrasos que han causado la desesperación de millones de jugadores, Cyberpunk 2077 llega por fin el 10 de diciembre. Solo unas horas después, arrancarán The Game Awards. El día se presenta frenético para los amantes de los videojuegos. La joya de la corona de CD Projekt no ha conseguido llegar a tiempo para competir este año, así que lo hará en los galardones de 2021. Aun así, @chiconuclear descarta que este hecho reste legitimidad a los premiados. “El año ha sido largo”, afirma. Es difícil no estar de acuerdo.

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