Repsol aspira a que Venezuela sea su principal pozo de petróleo con la ayuda de Trump

Repsol aspira a escalar masivamente su presencia en Venezuela tras la operación de cambio de régimen ejecutada por Estados Unidos. El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, asistió este viernes en la Casa Blanca a una reunión organizada por Donald Trump para hablar con los grandes de la industria sobre cómo podrían repartirse el subsuelo de esta nación, y el directivo español anunció que su compañía podría triplicar su producción de crudo en dos o tres años "si usted nos lo permite, por supuesto", dijo directamente a Trump. Según añadió, Repsol extrae ahora 45.000 barriles diarios de crudo en Venezuela, de manera que podría llegar a 135.000 barriles con el apoyo de Estados Unidos.

Esto situaría a Venezuela como uno de los mejores pozos del mundo para Repsol, si no el mejor. En el tercer trimestre de 2025, la energética extrajo cada día 192.000 barriles de petróleo en todo el planeta, y Venezuela –con 45.000– supuso el 23% del total. De materializarse la nueva propuesta, la española alcanzaría una producción diaria de 290.000 barriles de aquí a tres años, y solo Venezuela aportaría casi el 50% de ese combustible.

Sin embargo, hará falta mucho dinero. El mensaje principal de Donald Trump fue que el país necesita una inversión de 100.000 millones de dólares para incrementar la producción de combustible y justificar así su intervención en la nación por la fuerza, pero ninguna de las compañías asistentes se comprometió a poner dinero por ahora.

La mesa estuvo monopolizada por empresas estadounidenses, en consonancia con la visión "América Primero" de Trump, aunque hubo hueco para la española Repsol, que dijo estar preparada "para invertir más" en Venezuela, donde lleva tres décadas. También fueron invitadas la italiana Eni y la británica Shell, pero Trump ha dejado claro que él coordinará la venta de crudo venezolano y el dinero que reporte la actividad se ingresará en cuentas del Gobierno de Estados Unidos antes de repartirse. Marco Rubio, secretario de Estado, añadió este viernes que incluso el dinero que se queden los venezolanos acabará en su país. "Todo lo que compren con el dinero del petroleo será hecho en Estados Unidos. Eso incluye el equipamiento petrolero, la comida o las medicinas".

Antes de la reunión a puerta cerrada, los empresarios agradecieron uno a uno el "trabajo" de Trump en Venezuela y aseguraron que quieren aterrizar en el país, pero varios de los más grandes no disimularon "los desafíos" que tiene dar ese paso y dejaron para más adelante el compromiso de gastarse miles de millones. La más sonada fue la intervención del director de Exxon, la mayor petrolera de Estados Unidos, que dijo que "Venezuela es hoy no invertible" por sus problemas legales y de seguridad.

Otras empresas sí se volcaron con el plan de la Casa Blanca y compartieron el entusiasmo de Trump, quien además desveló que ya tenía en mente desde mediados de 2025 algún tipo de maniobra política en esta nación. Dirigiéndose este viernes a un directivo de Chevron, la principal compañía estadounidense presente en Venezuela, afirmó: "Hace seis meses te dije que te quedases [en Venezuela], que te ibas a alegrar. Aunque no sabíamos que sería tan rapido". "Si no lo hubieramos hecho nosotros, lo habría hecho China o Rusia", añadió.

Repsol, preparada para triplicar su producción

Repsol fue una de las empresas que más claro habló en esa reunión de aumentar su presencia en Venezuela, "invirtiendo fuertemente en el país". Sería el siguiente paso de la empresa petrolera más grande de España, que lleva tres décadas en Venezuela, con mejores y peores momentos. Allí descubrió la mayor bolsa de gas de Latinoamérica, se enfrentó a la nacionalización parcial de sus pozos y vio cómo Estados Unidos le retiraba de un día para otro el permiso para exportar el crudo.

Como reconoció Imaz, Venezuela es un lugar estratégico para Repsol, por lo que podría llegar a ser si explota todo su potencial. En el subsuelo de esa nación tiene el 15% de sus reservas globales de gas y crudo, valoradas en más de 13.000 millones de euros si consiguiese extraerlo todo, además de unos 300 millones de euros en activos. Sin embargo, lleva desde mayo sin sacar del país ni una gota de petróleo porque Estados Unidos le ha retirado la licencia, y en este momento parece ser que el gigante estadounidense Chevron es el único que tiene permiso para exportar.

Repsol llegó a Venezuela en 1993, durante el periodo conocido como la Apertura Petrolera, con el que la nación quería reimpulsar pozos abandonados en los años 80 por falta de tecnología, y desarrollar las famosas bolsas de crudo pesado –y caro de extraer– de la Faja del Orinoco, donde ahora se encuentra el 90% del petróleo del país. El aterrizaje de estas empresas occidentales llevó a Venezuela a producir 3,3 millones de barriles diarios en 1997, cerca del récord de 1970. 

En la siguiente década Repsol desarrolló seis proyectos de explotación que todavía hoy continúan –Quiriquire, Mene Grande, Barúa Motatán, La Ceiba, Tomoporo y Carabobo–, pero la situación cambió drásticamente cuando Hugo Chávez ganó las elecciones en 1998.  Aunque prometió respetar los contratos energéticos de los años de la Apertura, en 2006 obligó a todas las petroleras extranjeras a fusionarse con Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), la compañía nacionalizada en 1976, y formar empresas mixtas donde la mayoría del accionariado recayese sobre el Estado venezolano.

Once de las trece compañías extranjeras que trabajaban en el país aceptaron las condiciones, entre ellas Chevron (Estados Unidos), ENI (Italia), Repsol (España), BP (Reino Unido), Statoil (Noruega) y Total (Francia). Las gigantes estadounidenses ExxonMobil y ConocoPhillips rechazaron la oferta y fueron expropiadas por Chávez, y todavía hoy siguen reclamando decenas de miles de millones de dólares a Venezuela por aquella nacionalización.

De hecho, estas dos últimas estuvieron este viernes en la reunión de la Casa Blanca, y Trump aspira a que regresen a Venezuela para recuperar aquella deuda histórica. En realidad, Venezuela pagó a Exxon y a ConocoPhillips por la expropiación de sus instalaciones, pero una cantidad muy inferior a su valor real, y años después ha tenido que compensar una parte de la deuda tras perder diferentes laudos contra estas energéticas.

Este conflicto es precisamente una de las excusas que Trump ha utilizado para justificar la invasión del país y para tomar ahora el control de su petróleo. "Fue el mayor robo de la historia de Estados Unidos. Nadie nos ha robado nunca como ellos lo hicieron. Nos quitaron nuestro petróleo. Nos quitaron las infraestructuras, que ahora están podridas y deterioradas, y las compañías petroleras van a entrar y reconstruirlas", dijo el presidente de EEUU esta semana.

La etapa de Chávez

Las compañías que se quedaron a partir de 2006 tenían bajo sus pies la mayor reserva de crudo del mundo, a repartir entre unas pocas petroleras europeas y americanas, además de las rusas y asiáticas que llegaron en la etapa de Chávez. Paralelamente, PDVSA comenzó también una profunda reconstrucción interna con la salida de más de 20.000 empleados en 2002, lo que los críticos consideran una extrema politización de la compañía.

Carlos Giraldo, consultor petrolero afincado en España, fue uno de los miles que abandonó PDVSA en aquella reestructuración, y sitúa en esos años el comienzo del ocaso del crudo venezolano. "PDVSA era considerada una de las mejores empresas estatales del mundo en los años 90, pero en 2002 comenzó la politización. Incluso militares que no tenían idea del petróleo entraron en la cúpula", afirma. Giraldo, como otros, tuvo que abandonar Venezuela tras el despido porque el Gobierno le prohibió además trabajar en compañías privadas de su país.

Como consecuencia de las fusiones forzadas de 2006, Repsol tuvo que entregar el 60% del yacimiento de Quiriquire a PDVSA –su pozo más importante en la actualidad– y el 60% de Mene Grande, además del 100% de Guárico Occidental y de Quiamare-La Ceiba. Aun así, Venezuela siguió siendo clave para la española porque en 2004 suponía alrededor de 100.000 barriles de crudo y gas al día, el 10% de su producción global.

Chávez también aprovechó las ganancias del crudo para aumentar los impuestos a las compañías y financiar con ellos el incremento de las ayudas sociales, al mismo tiempo que disparó el número de trabajadores de PDVSA para dar empleo a los afines. También es cierto que lo que hizo Venezuela no fue muy diferente de lo que ocurrió en otros países. Según un estudio del Baker Institute (Texas), en 2011 Venezuela se quedaba con el 70% de los ingresos del petróleo a través de los impuestos, mientras que Estados Unidos recibía el 65% o Canadá el 60%.

La corrupción de la compañía y los problemas políticos castigaron en los siguientes años las inversiones en los pozos y la producción de crudo cayó poco a poco hasta los 2,3 millones de barriles en 2010. Desde entonces la situación solo se ha agravado. Aunque empresas como Chevron, Repsol o Eni continúan allí, muchas otras terminaron abandonando, como BP (Reino Unido, en 2010), Petronas (Malasia, 2013), Lukoil (Rusia, 2014) o Petrobras (Brasil, 2016).

Repsol siguió expandiéndose en el país y en 2009, en colaboración con la italiana ENI, descubrió La Perla, la mayor reserva de gas de Latinoamérica, con 17 billones de pies cúbicos de gas, equivalentes a 18 veces la demanda anual de gas de España, o a 3.000 millones de barriles de crudo. Ese mismo año, Chávez se encontró con Antonio Brufau, presidente de Repsol, y el venezolano le dijo: "Brufau, ¿qué vamos a hacer con tanto gas?". Y este respondió: "Alguna utilidad le encontraremos", según publicó entonces El País.

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El problema, según describe Carlos Giraldo, es que los recursos que las energéticas encuentran y explotan en Venezuela pertenecen al Gobierno –algo habitual en otros países–, y el de Venezuela decidió vender el gas de La Perla y de otros campos a su pueblo a precios extremadamente bajos. Esto provocó que la nación acumulase enormes deudas millonarias con Repsol y Eni, que todavía hoy siguen vigentes.

Según las cuentas de Repsol, en junio de 2024 la petrolera tenía en este país una exposición patrimonial de 330 millones de euros, donde se incluyen la financiación otorgada a sus empresas filiales venezolanas, la inversión en Cardón IV (el campo de gas que explota el yacimiento de La Perla) y las deudas que tiene por cobrar con PDVSA. La cifra ha bajado drásticamente desde los 504 millones a cierre de 2024.

Esto es en realidad la punta del iceberg de lo que Repsol se juega en Venezuela. A cierre de 2023, la empresa declaró tener allí el equivalente a 256 millones de barriles equivalentes de petróleo (principalmente en forma de gas natural, y solo 31 millones en forma de crudo) en proyectos compartidos, el 16% de los 1.747 millones de bariles equivalentes que tiene en reservas de todo el mundo. A precio de mercado, este almacén por explotar en Venezuela equivale a algo más de 13.000 millones de euros, pero solo si consigue extraerlo. El gas será sin duda parte del futuro de la compañía en este país, aunque en este momento todo lo que extrae es para consumo interno de Venezuela. El consejero delegado de Repsol reveló también que ese gas, que se quema en centrales de ciclo combinado y que comparte con la italiana Eni, sirve para generar la mitad de la electricidad del país.

Repsol aspira a escalar masivamente su presencia en Venezuela tras la operación de cambio de régimen ejecutada por Estados Unidos. El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, asistió este viernes en la Casa Blanca a una reunión organizada por Donald Trump para hablar con los grandes de la industria sobre cómo podrían repartirse el subsuelo de esta nación, y el directivo español anunció que su compañía podría triplicar su producción de crudo en dos o tres años "si usted nos lo permite, por supuesto", dijo directamente a Trump. Según añadió, Repsol extrae ahora 45.000 barriles diarios de crudo en Venezuela, de manera que podría llegar a 135.000 barriles con el apoyo de Estados Unidos.

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