EL FUTURO DE VENEZUELA
Más allá del petróleo: el subsuelo de Venezuela es una mina de oro, coltán y otros minerales estratégicos
Donald Trump lleva desde el sábado repitiendo que su intervención en Venezuela gira en torno al petróleo pero, bajo tierra, este país tiene muchas otras riquezas infraexplotadas. Las grandes mineras estadounidenses podrían aterrizar en los próximos meses en busca de minerales imprescindibles. Venezuela tiene la cuarta mayor reserva de carbón de Sudamérica, posee en el subsuelo grandes cantidades de coltán y otras tierras y metales críticos, y tiene uno de los mayores depósitos de oro del planeta, que lleva una década intentando explotar sin éxito.
El Plan Minero 2019-2025 de Venezuela se ha centrado en 13 minerales: oro, diamante, hierro, carbón, coltán, níquel, sílice, fosfato, feldespato, bauxita, mármol, granito y caliza. Algunos sirven simplemente para la construcción, pero otros son clave para fabricar baterías, placas solares y todo tipo de aparatos electrónicos.
Ester Boixereu, experta en Recursos Minerales del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), afirma que la riqueza subterránea de Venezuela es inmensa, aunque no es comparable a la petrolífera, ya que cuenta con las mayores reservas mundiales de crudo. "No creo que nadie invada Venezuela por su bauxita o por el oro, es por el petróleo. Pero sí es cierto que tiene unas reservas inmensas y poco aprovechadas, con una oportunidad de explotación tremenda", subraya. De hecho, la experta compara el país a grandes polos extractivos del mundo como Brasil o Sudáfrica.
Hasta ahora el oro había sido el principal exponente de la minería venezolana, aunque con poco éxito. El país nacionalizó en 2011 sus exploraciones de oro bajo el Gobierno de Hugo Chávez y la única compañía que podía explotarlo era Minervén. Sin embargo, la mala gestión de la empresa y los bajísimos precios del petróleo llevaron a Nicolás Maduro a expandir radicalmente la minería en 2016 mediante el plan estratégico Arco Minero del Orinoco. Esta zona de extracción, con una superficie superior a Suiza, facilitaba la entrada de empresas extranjeras mediante bonificaciones fiscales para obtener oro, hierro, coltán, bauxita, cobre y otras tierras raras y minerales estratégicos claves para la economía global.
Sin embargo, la corrupción administrativa, la inestabilidad política y la presencia de grupos armados en las selvas impidieron que el plan se desarrollase según lo imaginado, y todavía hoy no hay siquiera una imagen clara de cuáles son las reservas minerales de Venezuela y cuál es el potencial de explotación. El último catálogo minero del Gobierno afirma que la nación tiene 1.400 toneladas de oro en el subsuelo, situándose en el top 20 países con mayores depósitos, con algo más del 2% de las reservas mundiales.
No obstante, la capacidad de Venezuela para exprimir esas minas es extremadamente limitada. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) calcula que en 2019, como en años anteriores, solo se extrajeron 450 kilos de oro, mientras que países con reservas similares como Tanzania, Colombia o México, sacan cada año entre 70 y 130 toneladas. También es cierto que el tamaño real de la minería de oro en Venezuela es desconocido porque una cantidad ingente de este metal sale de manera ilegal.
La ONG Global Initiative publicó en 2016 un informe que estimaba que entre el 80% y el 90% del oro venezolano se produce ilegalmente, aunque en países vecinos como Ecuador o Colombia la cifra también ronda el 80%. Un reportaje reciente de The Guardian explica que el río Orinoco es la vía proferida de salida para estas materias primas y que las minas han sido tomadas por guerrillas como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y tienen a indígenas trabajando en ellas bajo coacción.
La agencia estadounidense USGS también publicó en 2019 un informe sobre el estado general de la industria minera venezolana, advirtiendo de que se encontraba en la ruina: en cinco años la producción de acero, hierro, carbón y oro se había desplomado alrededor del 90% "debido a la tensión financiera causada por la inestabilidad política de Venezuela y la debilidad de su economía, agravadas por el embargo económico" estadounidense.
Gas y petróleo
El único sector que sobrevivió mal que bien a esos años fue la extracción de gas, donde Estados Unidos también podría poner sus ojos en los próximos meses. La nación cuenta con el 73% de las reservas de gas de Sudamérica, aunque continúan ampliamente "infrautilizadas", según la Agencia de la Energía de Estados Unidos, debido a que no tiene la infraestructura para licuefacerlo y exportarlo en barcos.
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El petróleo, por su parte, es la joya de la corona venezolana, aunque también es un sector enormemente infrautilizado. En sus mejores años –la década de los 70 y de los 2000–, el país llegó a extraer entre tres y cuatro millones de barriles diarios de crudo, una cifra que permitiría al país entrar hoy en el top 10 productores del mundo. Sin embargo, la falta total de inversiones en la compañía ha llevado al país a producir un millón de barriles diarios, y solo mediante el trabajo de compañías extranjeras como Chevron, Eni o Repsol.
Melissa García, exingeniera de PDVSA y actual investigadora del IGME en España, confirma que la industria petrolera venezolana ha sido abandonada a su suerte: no tiene las inversiones necesarias para modernizarse ni los gastos de mantenimiento básicos para conservar lo que ya hay. "Cuando dejas de hacer esos mantenimientos, la infraestructura se deteriora, y ya habrá activos que son incluso irrecuperables. También hemos sufrido una importante fuga de cerebros que ha perjudicado al país", añade.
La consultora energética Rystad calcula que solo para mantener la producción actual de crudo en 1,1 millones de barriles diarios, haría falta invertir unos 53.000 millones de dólares en el país. Y en el mejor de los casos, solo se podría lograr incrementar la extracción en 300.000 bariles diarios en los próximos dos o tres años, por lo que el cambio de régimen del país no garantiza en ningún caso que la nación vaya a convertirse en una potencia petrolera. Para llegar a los tres millones diarios, como en sus mejores años, habría que esperar a 2040, según Rystad.