"Cambian los contextos, no los que mandan": Andrés Villena narra cómo son las redes que sostienen el poder

“En España el poder ni se crea ni se destruye: se transmite, se negocia y se protege”, o eso considera el economista y sociólogo Andrés Villena (Elche, 46 años), que acaba de publicar el libro Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 (Libros del KO, 2026). El texto de Villena está lleno de nombres y de senderos que conectan núcleos de poder, pero se vertebra sobre la hipótesis de la continuidad, de un sistema que no depura, sino que integra, los intereses de aquellos que tienen poder para hacerlos valer. Durante la dictadura primero, por la fuerza; después, mediante el poder del dinero; y, finalmente, apoyándose en el discurso. 

“Se hace también necesario el consenso, convencer y persuadir a los dominados”, lanza en la introducción, donde advierte al tiempo del papel que juega aquí “el ruido” de las redes sociales y, cómo no, el de los medios tradicionales como la prensa escrita y la televisión, a cuya “guerra de licencias” y filiaciones políticas dedica un capítulo al final del libro. 

Villena explica a infoLibre que la complejidad para abordar una reforma que corte con estas dinámicas endogámicas requiere de “un debate regeneracionista” sostenido en el tiempo. “El libro es un intento de mostrar la importancia de un debate que parta de lo que tenemos y que muestre lo difícil que es cambiarlo”.

Como anécdota, el libro iba a ser publicado por la editorial Ariel, perteneciente al Grupo Planeta, pero un cambio de opinión de última hora hizo que acabara siendo editado en Libros de KO. “La experiencia con la editorial fue muy buena porque trabajé con un corrector y una editora que estaban entusiasmados con el proyecto, pero de la noche a la mañana se acabó todo y la editorial nos hizo saber que el libro no podía publicarse durante 2026”, señala Villena. “Iba a ser uno de los lanzamientos estrella de la editorial Ariel y estaba respaldado por un informe legal que decía que los datos y nombres que se ofrecen no suponían ningún riesgo de vulneración del derecho al honor”.

Se me ofreció la posibilidad de firmar una indemnización de 2.000 euros, siempre sujeta a una cláusula de confidencialidad que hubiera hecho imposible esta conversación

Aún así, afirma el autor, la publicación se canceló “de manera unilateral”, incluso tras haber eliminado fragmentos en los que se citaba al grupo. “Se me ofreció la posibilidad de firmar una indemnización de 2.000 euros, siempre sujeta a una cláusula de confidencialidad que hubiera hecho imposible esta conversación”, remata. Finalmente, el trabajo terminó cambiando de editorial con la plena colaboración de Planeta, que cedió todo el trabajo de edición que habían hecho. “La razón de fondo la desconozco y aventurar algo sería especular”, sentencia.

En el libro se tocan cuatro estamentos: el capital, con apellidos recurrentes en la banca española; las empresas, repasando la genealogía de las grandes compañías del Ibex; la Iglesia y el Estado. Esos son los cuatro escenarios en los que se mueve este trabajo que discurre por el último medio siglo. “Del aperturismo tecnócrata del franquismo a la reconversión industrial; de las privatizaciones del PP y del PSOE a las crisis de la burbuja inmobiliaria. Cambian los contextos, no los que mandan”.

Dice al comienzo del libro que “nos queda poco tiempo para olvidar a nuestros enemigos y preguntarnos por qué la democracia parece fracasada”. ¿Qué diagnóstico hace de la democracia en el marco de estas relaciones de poder? 

Conectándolo con la actualidad más inmediata, ha habido un acto reciente de Rufián y Emilio Delgado en el que se preguntan qué nos pasa o qué puede hacer la izquierda para evitar que crezca Vox. Es un plan ambicioso, pero que al mismo tiempo lucha en un ámbito estrecho como es el de conseguir ese escaño que sobra. Mi aportación, lo que intento mostrar, es cómo opera una estructura de poder que funciona de manera dinámica desde 1939 y cómo dificulta los cambios.

En el texto explica que desde el franquismo hay apellidos que se repiten en el poder. ¿Por qué ese poder es tan impermeable a los cambios? 

Si articulas el poder como una malla más densa, con distintas dimensiones —ya hemos visto lo que está pasando con los jueces, con las tramas del ministerio del Interior o con el poder bancario— ves que es una cultura mucho más compleja, que tiene mucha capacidad de adaptarse a los cambios. No estamos hablando de un poder aislado, estamos hablando de un Estado complejo relacionado con las grandes empresas y que lleva siglos funcionando.

Existe además un mecanismo de promoción mediante el cual personas que quieren desafiar al sistema, a medida que van subiendo, también van contribuyendo a mantenerlo, de manera que ese sistema va realimentando su legitimidad y se mantiene como una estructura muy rígida y muy difícil de modificar. Sin necesidad de planificar o de conspirar activamente, todas esas dinámicas de cambio son absorbidas.

Esa estructura de poder compleja de la que habla está llena de pequeños detalles: amistades, padrinos de bodas, compañeros de clase… ¿Qué señalan estos matices y anécdotas personales que tendemos a desdeñar?

El papel de las relaciones personales en el estudio de las relaciones de poder parece, a priori, que debería ser secundario, pero yo no he dejado de ver en mi investigación historias que me han parecido relevantes. Por ejemplo, todas estas reuniones que se producen en los años 60 y 70 en la finca la Dehesilla, donde se crean conexiones y amistades que luego influirán en la realidad política, como la relación de la UCD y el PSOE.

Son amistades que se convierten en un capital social, que se cimentan sobre posiciones sociales y aspiracionales parecidas

¿Es un capital que va más allá del color político?

Estas relaciones personales llevaban a que las carreras de muchas personas corrieran paralelas. El testigo de la boda de Miguel Boyer (ministro de Economía con Felipe González) e Isabel Preysler era José María Amusátegui, que fue un hombre del franquismo que acabó presidiendo el Banco Central Hispano. Son amistades que se convierten en un capital social, que se cimentan sobre posiciones sociales y aspiracionales parecidas.

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Claudio Boada, por ejemplo, fue presidente del Instituto Nacional de Industria; luego Felipe González lo recupera para el Instituto Nacional de Hidrocarburos —que terminará llamándose Repsol— y después la élite socialista lo pone al frente del Banco Hispano Americano. Pues bien, hoy el hijo de Claudio Boada es el presidente de Blackstone. La capacidad de adaptarse y de persistir es enorme y, si tú eres diplomático o tienes un puesto de poder y puedes dar a tus hijos una educación, ellos luego pueden aspirar a un puesto de ese rango. Es el capital social.

Termina el libro con una llamada a la respuesta ciudadana cívica y responsable, pero en este marco de relaciones de poder, ¿qué margen hay para el cambio?

Había un diputado de Podemos que decía algo así como que los miembros del sistema saben muchísimo y tendríamos que estudiar 12 o 14 horas para enfrentarnos a ellos si queremos cambiar algo. Es una pelea con la maquinaria del Estado, que es milenaria, pero eso no quiere decir que el intento sea inútil; es un primer paso para cambiar las cosas.

“En España el poder ni se crea ni se destruye: se transmite, se negocia y se protege”, o eso considera el economista y sociólogo Andrés Villena (Elche, 46 años), que acaba de publicar el libro Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 (Libros del KO, 2026). El texto de Villena está lleno de nombres y de senderos que conectan núcleos de poder, pero se vertebra sobre la hipótesis de la continuidad, de un sistema que no depura, sino que integra, los intereses de aquellos que tienen poder para hacerlos valer. Durante la dictadura primero, por la fuerza; después, mediante el poder del dinero; y, finalmente, apoyándose en el discurso. 

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