Radiografía de la economía española

España recupera el PIB de 2008, pero con menos inversión, más paro y menores salarios

El ministro de Economía, Luis de Guindos, en una ponencia esta semana sobre 'Los retos de la economía actual'.

España recuperará este año el Producto Interior Bruto (PIB) de 2008, los 1,116 billones de euros con que se cerraba la década prodigiosa que duplicó la riqueza nacional. En 2016 la economía se quedó a sólo 2.356 millones de la ansiada cifra y el 2,5% de crecimiento previsto por el Gobierno para el ejercicio en curso permite aventurar que incluso la superará. Eso sí, a España le ha costado nueve años recuperar el vigor económico anterior a la crisis, a menos a tenor de los datos de la Contabilidad Nacional. En ese intervalo el PIB cayó casi un 9% y el PIB per cápita más, el 12%, una destrucción de riqueza sólo superada por Grecia entre los países de la UE. Y de ese pozo tan hondo la economía y la sociedad salen ahora con heridas y una nueva cara.

La radiografía del PIB revela una economía que depende menos de la demanda nacional y disfruta de un sector exportador boyante. En 2008 las ventas al exterior equivalían al 25,3% del PIB, hoy superan el 33%. Javier Ferri, profesor de Análisis Económico de la Universidad de Valencia e investigador de Fedea, celebra que la balanza por cuenta corriente haya pasado de seis puntos negativos del PIB a cuatro positivos ocho años más tarde. “La crisis afectó a las empresas menos productivas, pero han sobrevivido las más rentables y con mayor capacidad para exportar”, explica, “apoyadas en tasas de inflación negativas”.

Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, apunta no obstante que el sector exportador español lleva ya “15 años evolucionando muy bien”, no es un descubrimiento de la crisis. “Sólo España y Alemania han mantenido en Europa la cuota global frente al duro golpe que supuso la competencia de los países emergentes”, destaca. La devaluación salarial ha ayudado, reconoce también, a hacer más competitiva la economía española, pero el impulso ya venía de atrás. En la misma dirección señala también Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef y director de Estudios Financieros de Funcas: “España siempre ha sido una economía muy diversificada, que no sólo depende del turismo, sino que también exporta manufacturas de todo tipo, desde coches –somos el séptimo productor– hasta ingeniería, productos agrícolas elaborados e incluso software”.

De hecho, tras derrumbarse el ladrillo, la economía española ha dejado de depender de la construcción y ha ganado con el cambio, coinciden los expertos consultados. La construcción aportaba un 10,1% a la riqueza nacional en 2008. El pinchazo de la burbuja ha reducido esa contribución a la mitad, quizá un poco por debajo, matiza Manuel Hidalgo, de la contribución considerada idónea, un 6% o 7%.

Menos inversión, más gasto público

El desmoronamiento de la construcción ha repercutido también en la caída de las inversiones, cuya aportación al PIB se ha reducido 10 puntos desde 2008las inversiones. Entonces, la inversión inmobiliaria equivalía a un 19,5% de la riqueza nacional, más del doble que la inversión en bienes de equipo. Ocho años después, los fondos destinados a la vivienda equivalen sólo al 9,9% del PIB, casi tres puntos más que la inversión productiva. Entre ambas fechas, la inversión total se desplomó –casi a la mitad– arrastrada por la inmobiliaria, que se hundió en un 54,24% en 2013. A día de hoy, el dinero dedicado a la construcción aún es un 49% inferior a los tiempos precrisis.

El consumo privado, otro de los pilares clásicos de la economía española, se ha recuperado tanto en cifras absolutas como en su aportación porcentual al PIB, después de haberse contraído un 5,6% en el año de mayor tasa de paro, 2013. En 2016 contribuyó un 56,7% a la riqueza nacional, un punto más que en 2008.

Pese a los recortes presupuestarios para reducir el déficit público, también ha crecido el gasto de las administraciones públicas. “Desde 2007 la contribución del sector público al PIB ha aumentado casi tres puntos por las políticas fiscales expansivas de los primeros años de la crisis”, asegura Javier Ferri: en 2009 y 2011, el gasto público subió casi un 6%. Pero en 2013 descendió al nivel más bajo de la crisis, con un recorte del 3,6% respecto a 2008. Y desde 2015 no ha dejado de crecer, hasta aportar un 18,8% al PIB.

Sin los empleos ni los salarios de antes de la crisis

Si el foco se sitúa sobre la contribución sectorial a la riqueza nacional, además del desplome de la construcción llama la atención cómo ha resistido la industria durante estos ocho años. “Sufrió mucho”, advierte Manuel Hidalgo, "pero ya ha recuperado parte de lo que perdió”, y vuelve a superar el 16% del PIB, en parte gracias a las exportaciones. La industria española, subraya por su parte Santiago Carbó, no ha perdido cuota de mercado internacional. Pero son los servicios los que tiran de la creación de empleo. Si en 2008 eran los responsables del 63% de la riqueza nacional, ahora son 4,2 puntos más. El sector ha crecido un 6,5% desde antes de la crisis. La industria, donde la productividad es mayor, los puestos de trabajo son más estables y de mayor calidad, y los salarios más altos, no empuja el empleo. En 2008, empleaba a 2,84 millones de personas; ocho años después, ha perdido 886.000 trabajadores. Los servicios, en cambio, ocupan ahora a 13,45 millones de personas, el 77,47% de los trabajadores. Son 656.600 más que antes de la crisis. Al tiempo, han desaparecido 1,3 millones de empleos en el sector de la construcción.

Sumando las cifras, se desvela una de las heridas que no ha curado aún la recuperación del PIB. Antes de la crisis España contaba con 19 millones de ocupados; 2016 terminó con 17,36 millones: por el camino se han perdido 1,6 millones de empleos. “Todavía estamos 10 puntos por debajo de la ocupación anterior a la crisis, aunque llegamos a hundirnos 19 puntos”, resalta Javier Ferri.

El otro golpe del que se resiente España son los salarios. La remuneración de los asalariados representaba en 2008 el 50,1% de la renta nacional; en 2016 se había reducido al 47,4%. “Ahora estamos como en 2004”, apunta Javier Ferri. Manuel Hidalgo asegura que la pérdida de peso de los salarios en la distribución de las rentas es una tendencia global, no la sufre sólo España. El profesor de la Universidad de Valencia cita un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) donde se desvela el aumento de la desigualdad en las rentas sufrido por España durante la crisis por culpa del aumento del paro. En cambio, los salarios de quienes conservaron sus empleos se han igualado… a la baja. Aunque su evolución desde 2008 fue desigual: primero subieron, luego se derrumbaron. Durante los primeros años de la crisis, los sueldos crecieron en los convenios colectivos e impulsados por el llamado “efecto composición”; los recortes de plantilla se cebaron entonces en los trabajadores temporales de las empresas, por lo que desaparecieron de la estadística los sueldos más bajos.

Por contra, la aportación al PIB del excedente de explotación bruto –que incluye los beneficios empresariales, el pago de préstamos, alquileres, intereses…– ha crecido un 1,7% desde 2008 y un 7,4% desde que tocó fondo en 2013.

También se resiente aún el número de horas trabajadas. En 2008 se trabajaron 33.380,92 millones de horas, 1.671,34 millones más que en 2016. Es decir, la cifra se ha recortado un 5%. Sólo en la industria han caído un 19%. Según Javier Ferri, es la prueba de que la economía española aún no ha alcanzado el 100% de su potencial. “Todavía hay muchos recursos desempleados, como demuestra la tasa de paro del 18,6%”, indica, “lo que quiere decir también que aún hay margen para seguir creciendo”. Y cuando termine de recuperarse la construcción, también aumentarán las horas trabajadas, introduce Santiago Carbó.

Sin estrategia para mejorar la productividad

Ferri no duda de que España sale de la crisis siendo más competitiva. Dice que es la primera vez que crece la economía, se crea empleo y la balanza por cuenta corriente “no se derrumba”. “Además, somos más eficientes en el uso de la energía”, resalta. Si antes de la recesión hacían falta 4,7 unidades de energía para producir 100 euros del PIB, ahora basta con 3,7 millones. Pero también, advierten Hidalgo y Carbó, es necesario recuperar ya los salarios perdidos. Y mejorar la productividad. El hecho de que se esté creando empleo al mismo ritmo que crece la economía indica que la productividad es mínima. Es el resultado de que los servicios, en especial el turismo, copen los nuevos puestos de trabajo.

“Tenemos un reto de productividad”, advierte Santiago Carbó, “pero no veo que haya una estrategia para afrontarlo”. A su juicio, hace falta más inversión, sobre todo en “actividades económicas con un uso más intensivo de tecnología”, y apostar más por la Agenda Digital y por la formación. Javier Ferri sostiene que la falta de productividad es un problema estructural en España y que para resolverlo hay que actuar sobre el capital humano, “que es la base del crecimiento económico”. Pero sin cambios institucionales, en el sistema educativo y la universidad, y sin mayor inversión en I+D, no se superará esa histórica lacra, concluye.

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