Energía

Rusia y China agitan el mercado mundial del gas con el 'fracking' de fondo

Obama y Putin durante el primer día de la cumbre del G-8.

El conflicto abierto en el Este de Europa, con la anexión de Crimea por parte de Rusia, ha agitado el mercado del gas. Gazprom y China National Petroleum Corporation (CNPC) han sellado un acuerdo por el que la compañía estatal rusa suministrará gas al gigante asiático durante 30 años a partir de la entrada en vigor del contrato en 2018. El valor del acuerdo, negociado durante una década y acelerado por las disputas en torno a Ucrania, ronda los 300.000 millones de euros. Pero más allá del valor económico, el acuerdo es todo un mensaje del presidente ruso, Vladimir Putin, hacia Europa y hacia EEUU.

La clave, sostienen fuentes del sector gasista en España, no es tanto que Rusia haya movido pieza por el conficto en Ucrania y las disputas con la Unión Europea, como la amenaza que supone para el gas ruso la posibilidad de que EE UU  empiece a exportar gas a partir de 2016 hacia Europa, lo que restará capacidad de presión a Rusia en el Viejo Continente.

EE UU está ahíto de gas por el éxito del fracking, la polémica técnica de extracción de hidrocarburos basada en la quiebra de rocas con agua a presiòn. En 2012, EE UU alcanzó el nivel de producción de petróleo más alto en 15 años, la de gas natural llegó a su récord histórico y la dependencia de las importaciones energéticas llegó a su punto más bajo en dos décadas, según datos de la Casa Blanca recogidos por la BBC. 

Nueva diplomacia de la energía

Esa abundancia es lo que el diario The New York Times calificó de "nueva era de la diplomacia energética estadounidense". Ese, sostienen fuentes del sector gasista en España, es el temor de Rusia, que construye plantas de licuefacción de gas (conversión de gas en líquido a gran presión para su transporte por barco) para preparar nuevas vías a la exportación ante el temor de que UE deje de ser un cliente cautivo. Un 30% del gas que consume Europa procede de Rusia y países como Estonia, Lituania o Finlandia son totalmente dependientes.

La exsecretaria de Estado, Hillary Clinton creó en 2011 una oficina en el Departamento de Estado para coordinar el papel de la energía en la política exterior. Fue un movimiento significativo. EE UU ha sobrepasado ya a Rusia como productor de gas, pero todavía no exporta. Los permisos para exportar gas a partir de 2015 van lentos, lo que desespera a los republicanos que quieren acelerarlos para plantar cara, precisamente, a Vladimir Putin.

En este contexto, uno de los términos esenciales del acuerdo ruso-chino es la construcción de un gasoducto que comunicará los dos países, con una capacidad de 38.000 millones de metros cúbicos de gas al año, según detalla Javier Santacruz, analista e investigador en la Universidad de Essex.

China y el frackingfracking

Ese flujo complementará la extracción acelerada de recursos hasta ahora inaccesibles. China, como EE UU, confía en la controvertida técnica del fracking para avanzar en la independencia energética. China Petroleum (Sinopec) ha elevado sus expectativas de generación de energía en forma de gas pizarra (shale gas o gas no convencional) hasta los 10.000 millones de metros cúbicosshale gas o ) en 2017. Y los datos de la Agencia de la Energía de EE UU apuntan a la existencia de unas reservas que podrían alcanzar los 31,6 billones de metros cúbicos.

El fracking aparece como telón de fondo en los más significativos movimientos en el mercado energético. Los cambios ya se dejaron notar hace dos años. En un primer efecto, el carbón que no consumía EEUU buscó otros mercados. En 2012 las exportaciones de carbón de Estados Unidos hacia Europa aumentaron un 23%, hasta 66,4 millones de toneladas, según datos del Departamento de Energía recogidos por The Wall Street Journal. Y en países como Reino Unido, la proporción de electricidad generada con carbón alcanzó el mayor nivel en 17 años. Ese desplazamiento afectó en Europa a las plantas generadoras de electricidad con gas, prácticamente paradas.

Ahora, los movimientos en los mercados continúan. Es una partida crucial donde se entrecruza la economía, la política y la geografía. Con una enorme polémica. En la UE, países como Polonia o Reino Unido apuestan claramente por la explotación del gas no convencional pese a las protestas de las organizacione ciudadanas y ecologistas. Francia, por su parte, ha decidido prohibir el fracking mientras Alemania parece apostar por las energías renovables.

Presión en España

En España, la presión de los partidarios de extraer gas no convencional a toda costa aumenta. En cinco años, según los datos del Ministerio de Industria que manejan las empresas, el número de permisos de investigación solicitados en España ha crecido un 80%. Hay 70 permisos de exploración concedidos y 75 en espera.

En la UE, la polémica crece. En enero, 300 organizaciones de 22 países advirtieron a la Comisión Europea de que "el funcionamiento de la industria extractiva implica un enorme sistema de tuberías, instalaciones reguladoras de presión y centros de transporte. Esto supone inevitablemente fugas de metano, estimadas por diferentes estudios entre un 4% y un 11% del total del volumen de metano producido. En un plazo de 20 años, el metano es 86 veces más potente como gas invernadero que el CO2".

Expertos como el exdirector del IDAE Javier García Breva creen que la posibilidad de que Europa copie a EEUU el sistema de explotación de gas no convencional es remota. "Imposible en una sociedad urbanita como la europea" apunta García Breva. Incluso las proyecciones más optimistas de la Comision Europea, señala el especialista, indican que si se utilizaran al máximo las reservas de gas no convencional de Europa, la dependencia del exterior en materia energética todavía sería del 60%.

300 organizaciones acusan a la UE de tolerar el ‘fracking’ por intereses económicos

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