Energía nuclear

Seguridad Nuclear frena el plan de la australiana Berkeley para extraer uranio en Salamanca

Enresa duplicará la capacidad de residuos radiactivos de El Cabril

En la zona de Retortillo (244 habitantes) y Villavieja de Yeltes (899), provincia de Salamanca, hay uranio. Se sabe desde siempre y se extrajo durante décadas (1976-2000). Desde 2009 la empresa Berkeley Minera España, filial de la australiana Berkeley Resources, está empeñada en volver a extraer mineral para convertirlo en dinero.

El plan se ha complicado. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha rechazado la documentación presentada por Berkeley porque tiene "carencias significativas que deberán ser subsanadas" antes de dar el permiso para que comience la extracción del mineral de uranio, fundamental para el funcionamiento de las centrales nucleares.

El rechazo del CSN a los planes de la compañía minera, que se presenta a sí misma como "el mayor explorador privado de uranio en España, con permisos de investigación en diversos municipios de Salamanca, Cáceres y Badajoz" se debe a un hecho curioso. La empresa considera que los residuos generados por la extracción deben ser almacenados como residuos con radiación natural (al fin y al cabo, la radiación en la zona es más elevada que la media) y no como residuos nucleares.

Almacenamiento a largo plazo

El CSN no ha aceptado las tesis de la empresa. Muy al contrario, el organismo sostiene que el proyecto "debe incluir explícitamente las estructuras o depósitos del hueco de mina para el almacenamiento a largo plazo de los residuos radiactivos generados por la planta".

Para Berkeley es un contratiempo importante. El proyecto inicial preveía el comienzo de la actividad en 2012. Berkeley Minera dice haber invertido hasta la fecha cerca de 50 millones de euros en el proyecto. La inversión total puede superar los 364 millones de euros durante la vida de la explotación, entre inversión inicial, gastos operativos y cantidades destinadas a la restauración de la zona de explotación.

En la oficina de la empresa en Retortillo trabajan ya unas 30 personas. El plan prevé que, una vez que los yacimientos entren en producción, el empleo directo y permanente ascenderá a 196 personas. A esos puestos de trabajo, explican fuentes de la compañía, habrá que sumar los indirectos que, según recientes estudios de la Universidad de Salamanca para este tipo de proyectos, suponen un ratio indirecto/directo de 5,2 a 1. Eso supone que algo más de 1.000 personas estarán directa o indirectamente empleadas en el proyecto.

Empleo

La cuestión del empleo es una baza a favor de la empresa. Las solicitudes recibidas, sostiene Berkeley, son más de 14.500. La mayoría son de vecinos de pueblos de la comarca, incluso vecinos de Ciudad Rodrigo (Salamanca) que estuvieron trabajando en las minas cuando eran propiedad de la estatal Empresa Nacional del Uranio, Enusa. Esta compañía vendió los derechos sobre reservas a Berkeley en julio de 2012. 

La empresa australiana ha trabajado desde 2009 para convencer al mercado de que el proyecto de Salamanca es viable y rentable. Incluso llegó a aliarse con el líder mundial del negocio, la francesa Areva, para impulsar sus planes en la Península, aunque Areva vendió su participación de en torno al 3% en 2010.

El de Areva no ha sido el único movimiento en torno a Berkeley, lo que ha dado pie a sus críticos a destacar que la compañía australiana actúa más en clave financiera que en clave industrial. En el verano de 2010, la empresa anunció la firma de un protocolo de intenciones con la coreana Kepco sobre la producción futura de Salamanca involucrada en garantías y en octubre del mismo año se barajó la posibilidad de una opa sobre la compañía de la rusa Severstal.

Desastre de Fukushima

De momento, no hay avances. El desastre de Fukushima (Japón) no ha hecho sino aumentar la incertidumbre en torno al uranio salmantino. Es una cuestión de precio. Entre 2004 y 2007, el uranio subió mucho y llegó a 120 dólares la libra (453 gramos). La causa estaba en la demanda de países emergentes como China o India y en la extensión de la vida útil de las nucleares estadounidenses (de 40 a 60 años).

Fukushima provocó el desplome, y hoy, el precio del uranio en el mercado de largo plazo, que cubre el 98% del consumo del mineral, se sitúa en torno a los 55 dólares por libra. 

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