VIOLENCIA MACHISTA

Las cifras de la violencia machista siguen dejando víctimas a la sombra de las estadísticas

Manifestación por el 8M en Valladolid.

Agosto de 1998. Fuencisla Espinosa tenía sólo 23 años cuando su expareja, Marcos Antonio Armas Rodríguez, terminó con su vida tras propinarle seis puñaladas. Tenían un hijo de apenas dos años. Ella ocupó titulares, fue objeto de minutos de silencio y su nombre quedó archivado en la memoria de las hemerotecas. Pero su crimen nunca fue una cifra oficial. Fueron muchos los feminicidios que se perdieron en el tiempo, mucho antes de que las autoridades entendieran la raíz estructural de aquellos crímenes, a pesar del grito de las feministas que se dejaban la piel clamando por políticas públicas para, al menos, ponerle nombre y números a la barbarie. La estadística llegó un lustro después, pero con el paso de los años emerge una pregunta: ¿sigue habiendo víctimas que se quedan fuera?

En el año 2003 se puso en marcha la estadística oficial, basada en la definición de violencia de género que un año después quedaría contenida en una ley integral: "La violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre estas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad".

Aquel recuento oficial no habría sido posible sin el trabajo de las organizaciones que se erigían como vanguardia en la lucha contra la violencia de género. La Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas mantenía su propio archivo desde 1997, la única aproximación capaz de dimensionar el peso de la violencia machista y sus efectos. Las instituciones y los partidos tomaron nota.

Han pasado más de dos décadas desde entonces y a la estadística oficial se han ido sumando otras. En 2013, arrancó el recuento de hijos e hijas menores que eran también víctimas mortales de la violencia machista contra sus madres y en 2022 quedó incorporada otra específica que ponía cifras a aquellas mujeres que eran asesinadas por hombres con los que no tenían un vínculo de pareja. Pero ¿permiten hoy día las estadísticas trazar una fotografía exacta de la violencia de género o todavía hay víctimas de segunda?

¿Qué es un feminicidio?

Toda respuesta a las preguntas planteadas exige primero entender cuál es el procedimiento para confirmar la naturaleza machista de un crimen. En el caso de las víctimas asesinadas por sus parejas o exparejas, las fuerzas y cuerpos de seguridad son los encargados de comunicar la información a las unidades de coordinación y violencia sobre la mujer, cuyos profesionales recopilan la información disponible y la envían a la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. La Delegación comunica, a efectos estadísticos, la existencia de una posible víctima de violencia machista y envía un correo interno al personal del Ministerio de Igualdad.

En paralelo, las citadas unidades de violencia cubren los formularios específicos sobre víctimas mortales, mediante una aplicación informática específica con acceso restringido, y de nuevo la Delegación del Gobierno valora y confirma el crimen. Una vez existe la certeza de que se trata de un feminicidio, la unidad actualiza los datos en el Sistema de Seguimiento Integral (VioGen) del Ministerio del Interior.

El mecanismo, explican fuentes del Ministerio de Igualdad, suele activarse de manera inmediata y la confirmación tiende a ser rápida, porque "normalmente se sabe quién es el agresor y los motivos están más claros". En el caso de los feminicidios fuera de la pareja, la cosa cambia. Ahí las estadísticas se actualizan cada seis meses, porque no todo asesinato contra una mujer tiene necesariamente un móvil machista.

Lo saben bien las organizaciones de mujeres que todavía hoy, como sucedía en la década de los noventa, se esfuerzan en hacer de la estadística un archivo riguroso y completo. Hoy es la web Feminicidio.net quien toma la delantera. Lo hace desde que en el año 2010 decidió publicar su propia contabilización, tanto de los feminicidios íntimos como de aquellos que se quedaban fuera. "El ejercicio de la violencia por parte de los hombres, deliberada o no, preserva la supremacía masculina. Feminicidio es un concepto político que muestra la posición de subordinación, desigualdad, marginalidad y riesgo en la que se encuentran las mujeres por el simple hecho de ser mujeres", definían las fundadoras de la web hace casi quince años.

Feminicidios invisibles

Existen diferencias sustanciales entre los datos del Ministerio de Igualdad y aquellos recopilados por Feminicidio.net. Se explican por varias razones. En primer lugar, la web incluye una amplia variedad de tipologías que van más allá de donde llegan las instituciones. Se trata de categorías que no son estancas y que por tanto pueden cambiar en función de las circunstancias de cada año. Ha habido ejercicios en los que la base de datos ha incluido feminicidios racistas, feminicidios por prostitución o feminicidios infantiles. 

También se tienen en cuenta aquellas muertes violentas, a veces calificadas como suicidio, en las que se infiere la posibilidad de un asesinato o feminicidio inducido. Esto último es especialmente relevante: las víctimas de violencia machista que terminan quitándose la vida no están en ninguna estadística. Y no se trata de algo insólito: es relativamente frecuente en algunos tipos de violencia como la digital y, según la Macroencuesta de violencia contra las mujeres, la probabilidad de haber tenido intentos de suicidio es seis veces mayor entre las mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia por parte de su pareja y casi once veces más entre las que han padecido violencia física o sexual.

Fue el caso de Yolanda. En agosto del año pasado, la víctima perdió la vida tras precipitarse por la ventana. Lo hizo después de permanecer secuestrada por su propia pareja, quien ejerció contra ella malos tratos y violencia sexual durante doce días. Su muerte no forma parte de las cifras oficiales.

Pero además, los criterios que utilizan quienes están al frente de Feminicidio.net tienen la habilidad de adaptarse al contexto social. Lo explica Graciela Atencio, cofundadora de la web. Un ejemplo claro está en los feminicidios íntimos, aquellos cometidos en el ámbito de la pareja. La web contabiliza los confirmados oficialmente, pero recoge también los que no son oficiales –el año pasado fueron cinco y en toda la serie histórica ascienden a ochenta y dos–. Estos últimos, ha detectado la periodista e investigadora, tienen que ver con "relaciones afectivo sexuales que no equivalen al modelo tradicional". 

Si no hay una relación de pareja o expareja, entonces no se trata de violencia machista. ¿Pero cómo definir hoy qué es exactamente una relación de pareja? "Nosotras consideramos que estamos ante un feminicidio íntimo siempre que haya una relación heterosexual, pero muchas veces hay casos que se quedan en el limbo y marcan una pequeña diferencia respecto a las cifras oficiales", asiente Atencio. Casos que además obligan a revisar los criterios oficiales para adaptarse a la evolución en la forma de relacionarse: "Son relaciones más líquidas o abiertas y hacen que esté mutando el feminicidio íntimo y la forma en que se manifiesta, pero es importante tenerlo en cuenta para el sumatorio de casos".

La web contabiliza, además de los feminicidios estrictamente hablando, otros asesinatos de mujeres. "En un contexto patriarcal, los hombres son los que asesinan, pero no todos lo hacen por razones de sexo y género", expone la periodista. "Si registramos a todas las mujeres asesinadas por hombres, sin diferenciar, no estamos delimitando bien el concepto de feminicidio, pero nos parece pertinente registrar también los otros asesinatos cometidos por hombres", fundamentalmente porque pueden existir también matices de género. "Aunque el móvil principal sea otro –como por ejemplo, el robo–, en muchos crímenes hay un componente de género", reflexiona.

Violencia machista más allá de las mujeres

Un varón dispara su escopeta contra su mujer, el hombre con el que ella mantenía una relación y un amigo de este último. Posteriormente, se suicida. La noticia se publicó en los años ochenta y hablaba de crimen pasional. En octubre del año pasado, un hombre mató a su expareja, a su nuevo novio y después se quitó la vida. Ese mismo año, otro hombre asesinó al hijo de su pareja, después de que el joven de veinte años tratara de interponerse para impedir una agresión machista contra su madre. Estas víctimas mortales no tienen una estadística propia.

Pese a ello, no pasan desapercibidos a ojos de las instituciones. Según la última memoria de la Fiscalía General del Estado, en 2024 se registraron catorce feminicidios ampliados y otras víctimas colaterales. Las víctimas fueron en nueve ocasiones hijos o hijas menores de edad del propio agresor; un hijo mayor de edad; dos madres de las parejas del agresor; un padre y un conocido de la víctima.

El feminismo sale a la calle el 8M para plantar cara a la reacción ultra y a la escalada belicista internacional

El feminismo sale a la calle el 8M para plantar cara a la reacción ultra y a la escalada belicista internacional

Aunque no pueden tratarse de feminicidios –en un sentido etimológico– sí son crímenes machistas, subraya Atencio. Su proyecto trató de hacer un seguimiento de este tipo de casos, pero desistió porque "no siempre aparecen en los medios" y la web se nutre de las publicaciones periodísticas para confeccionar su base de datos. "Es terrorismo machista, en el que siempre hay víctimas mal llamadas colaterales", abunda la experta, quien es partidaria de trabajar sobre una definición de violencia machista ampliada. "Sabemos que existen hijos, padres, amigos o incluso hombres que circunstancialmente fueron asesinados por el maltratador sin que tuvieran vínculo con la víctima". 

Y los hombres que cometen estos crímenes son agresores machistas. Así lo sostiene también el exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género Miguel Lorente. En un origen, cuando se empezó a trabajar sobre violencia de género en el marco de la ley, las organizaciones fueron especialmente cautelosas e insistieron en poner el foco exclusivamente en las mujeres. El contexto es importante: en aquel momento apenas se hablaba de violencia machista y era necesario incidir con especial vehemencia en la raíz de género de los crímenes. "Había reticencias y miedos a que si se hablaba de alguna otra persona desapareciera el foco de las mujeres", recalca el también médico forense.

La gravedad de la violencia machista, añade el exdelegado, se basa también en "el impacto que tiene tanto en víctimas directas como en cualquiera que interfiera en la voluntad del agresor". Tras más de veinte años de políticas públicas, es momento de plantear las preguntas acertadas: "¿Por qué mató este hombre? ¿Cuál era el objetivo que perseguía?". Si de las respuestas es posible deducir un contexto machista, las víctimas no deberían quedar al margen.

Más sobre este tema
stats