Trump minimiza los efectos de la guerra de Irán pese a una inflación por las nubes y la gasolina disparada

Ante unos precios de la gasolina disparados, empresas alertando de que están vendiendo significativamente menos de lo esperado y una guerra que la mayoría de los estadounidenses rechazan desde su inicio, el presidente estadounidense ha optado por minimizar los efectos del conflicto.

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Donald Trump está quitándole importancia a la guerra en Irán llamándolo “excursión” y recalcando que (por el momento) es mucho más corta que la de Afganistán, la de Irak, la de Vietnam o la Segunda Guerra Mundial. También sigue manteniendo que la economía está “en pleno auge” y que los precios del gas y de la gasolina van a bajar muy pronto, pese a que los expertos mantienen que aunque el conflicto terminase hoy el mercado tardaría meses en volver a la normalidad.

“La gasolina bajará tan pronto como se acabe la guerra. Caerá como una roca. Hay muchísima. Está por todas partes, por debajo de los océanos del mundo, y bajará”, afirmó el presidente la semana pasada en la Casa Blanca. En otras intervenciones, ha culpado al gobierno anterior de los altos precios: “Los demócratas gritan ‘¡asequibilidad!’, ‘¡asequibilidad!’, cuando son ellos quienes crearon el problema”.

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Mientras, el comisario europeo de Energía, Dan Jorgensen, ha alertado esta semana de que el mundo podría enfrentarse a “la crisis energética más grave de la historia” si el conflicto continúa.

El efecto en la economía de EEUU

A día de hoy, la gasolina en EEUU es un 52% más cara de lo que lo era antes de que comenzase la guerra, según la web del Servicio de información de precios del petróleo (AAA). El galón de gasolina (equivalente a 3,78 litros) está por encima del precio que registraba en mayo de 2022, y ya alcanza los 4,55 dólares de media

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La razón principal es que la guerra ha dejado varados grandes buques petroleros que debían recorrer el Estrecho de Ormuz, ese paso por el que circula una quinta parte del petróleo mundial, para llegar a su destino. Esta escasez mundial provoca que satisfacer la demanda sea imposible, y que los precios suban.

Pero más allá de la gasolina, el resto de precios también están subiendo en Estados Unidos. La inflación alcanzó su nivel más alto en cinco años en marzo (3%), de acuerdo con el último dato disponible del PCE de la Reserva Federal. De un mes a otro, la subida fue la mayor en cinco años, de 0,7 puntos porcentuales, y ya hay previsiones que sitúan el IPC de mayo cerca del 4,5%, dos puntos por encima del dato de febrero. Si se alcanza, supondría el dato de inflación más alto desde los años 80, si no tenemos en cuenta los años de la pandemia.

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La guerra también está afectando ya a las empresas. El combustible de avión ha subido un 90% desde que empezó la guerra, llevando a la quiebra a la aerolínea estadounidense Spirit Airlines, cuyas cuentas ya se encontraban en un estado delicado. Del lado de la restauración, varias importantes cadenas de comida rápida como Domino’s (pizzas) o Wingstop (alitas de pollo) han anunciado que sus ventas cayeron en el primer trimestre, y otros como McDonald’s, Shake Shack (hamburguesas), y Papa John's (pizzas) han vendido menos de lo que esperaban. Todas ellas creen que el aumento en los precios de la gasolina ha sido el factor que ha llevado a sus clientes a recortar su gasto, porque este tipo de cadenas tienen como principales clientes a personas de bajos ingresos, que son las más afectadas por la inflación. Asimismo, los analistas del sector están recortando sus previsiones, al creer que otras grandes cadenas también registrarán resultados peores de los esperadas, según Reuters.

Vender la realidad como un éxito

A lo largo de los últimos días, la Administración Trump ha reforzado su campaña de minimizar los efectos económicos de la guerra, vendiéndolos como un éxito, pese a que ya una parte importante de sus votantes los estén acusando de estar demasiado centrados en la política exterior y poco en los asuntos que afectan a su bolsillo.

¿Puede imaginarse cómo estarían los precios del petróleo hoy día si Joe Biden estuviese en el cargo y el Estrecho de Ormuz estuviese cerrado por Irán? Ahora somos independientes energéticamente, pero bajo su mandato éramos dependientes energéticamente, así que el mundo sería mucho peor si Joe Biden y los demócratas estuviesen en el poder”, decía esta semana en la cadena de televisión Fox el congresista republicano Carlos Gimenez

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“Esta Administración está centrada en bajar los precios de la energía y está registrando un récord increíblemente exitoso haciéndolo”, ha dicho este jueves en la misma cadena el secretario de energía, Chris Wright, en respuesta a una pregunta sobre los altos precios de la gasolina. Mientras hablaba, la cadena mostraba un cartel de gasolinera donde se ve la fuerte escalada de los precios de la gasolina a lo largo de los últimos meses, del último año y también a lo largo de los últimos días.

“El gasto con tarjetas de crédito está disparado, están gastando más en gasolina pero también en todo lo demás. De cara al mercado laboral el resto del año, es difícil creer que el desempleo vaya a subir, probablemente va a caer un poco aunque ya está cerca del pleno empleo”, ha dicho con satisfacción y también en televisión el director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett. Varios estudios, como este de la Reserva Federal estadounidense, muestran que los hogares estadounidenses están gastando comparativamente más sobre todo por el aumento del precio de la gasolina.

¿Van a seguir subiendo los precios? 

Según la Agencia Internacional de la Energía, el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado la mayor interrupción del suministro de petróleo de toda la historia. También contribuyó a que subieran los precios la decisión de EEUU de bloquear los puertos iraníes para impedir que el país exportase petróleo, una medida que tenía el objetivo de castigar a Irán, pero a la vez añadió presión a los precios.

El problema de esta escalada es que incluso aunque la guerra se acabase hoy, los precios de la gasolina tardarían meses en volver al nivel en el que estaban antes de que comenzase, o, según algunos expertos, incluso más que eso. Y si bien Estados Unidos tiene petróleo y exporta más del que importa (es el principal ingrediente de la gasolina), el problema del país es que el petróleo se comercializa a nivel internacional… y la mayoría de las refinerías estadounidenses no están preparadas para procesar gran parte del que se produce a nivel nacional.

Mientras, los republicanos en el Congreso se están poniendo nerviosos. Quedan seis meses para las elecciones de medio mandato y el partido se arriesga a perder el control de ambas cámaras. La semana pasada, algunos congresistas del partido votaron por primera vez con los demócratas a favor de parar la guerra, argumentando que no solo está siendo cara y muy impopular, sino que no tiene un final claro. Otros amenazaron con forzar una votación en las próximas semanas que restrinja el poder del presidente y le obligue a definir cómo salir de Irán.

La guerra de Irán ha costado a EEUU, por el momento, 25.000 millones de dólares, según una primera estimación del Pentágono. En términos de vidas humanas, ya se ha cobrado las de 3.600 iraníes y las de 13 estadounidenses. De momento, ha durado dos meses y Estados Unidos ha conseguido matar a importantes líderes iraníes, como el líder supremo Ali Jamenei, pero su obierno sigue intacto. Trump sigue repitiendo que atacar a Irán era imprescindible para asegurarse de que nunca se haga con un arma nuclear, pero hace tiempo que quedaron atrás sus promesas sobre que sería un conflicto muy corto con consecuencias mínimas.

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A la vez, el presidente estadounidense da mensajes confusos. En diferentes ocasiones ha dicho que Irán ha cedido a sus peticiones y que el fin de la guerra está cerca, pero no ha pasado. También ha dicho que Irán quería llegar a un acuerdo, y, a la vez, que el liderazgo del país estaba tan desarticulado que era imposible llegar a uno. Este jueves, después de advertir de que podría reanudar pronto los ataques, ha vuelto a atacar objetivos militares en Irán.

Asimismo, la semana pasada Trump rechazó pedir al Congreso su aprobación para continuar adelante con la guerra, como marca la ley. El plazo para hacerlo terminó el pasado viernes, bajo el argumento de que con el alto el fuego no necesita ese permiso. Para el presidente, la última palabra la sigue teniendo la bolsa, como ya sucedió con otras decisiones importantes, de los aranceles a las amenazas de hacerse con Groenlandia. Y la bolsa está registrando cifras récord.

“Pensaron que la bolsa caería al menos un 25%. Y yo estaba preparado para eso, porque merecía la pena, porque Irán no puede tener un arma nuclear. Así que las predicciones de todo el mundo fueron erróneas, salvo la mías”, ha dicho el presidente esta semana a la cadena PBS. “Cuando la guerra se acabe esto va a ser una fiebre del petróleo”.

Ante unos precios de la gasolina disparados, empresas alertando de que están vendiendo significativamente menos de lo esperado y una guerra que la mayoría de los estadounidenses rechazan desde su inicio, el presidente estadounidense ha optado por minimizar los efectos del conflicto.

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