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Los agujeros de seguridad de la lucha contra el terrorismo en Egipto

Exterior de la iglesia copta de Tanta, donde se produjo la primera de las explosiones el pasado 9 de abril.

“Ustedes nos prohíben entrar mientras que un terrorista ha podido acceder sin problema”. A las puertas de la iglesia San Jorge de Tanta, en el delta del Nilo egipcio, un grupo de fieles se impacienta ante los controles policiales y los controles de los jóvenes voluntarios del lugar de culto ahora de luto.

El pasado 9 de abril, domingo de Ramos, fecha que marca el comienzo de la semana de ayuno que precede a la Pascua, dos ataques kamikazescausaban al menos 45 muertos y más de un centenar de heridos. La primera explosión se produjo por la mañana, en el interior de la iglesia de San Jorge, en Tanta; la segunda tuvo lugar en las inmediaciones de San Marcos de Alejandría, poco después de que el papa copto ortodoxo Tawadros II hubiese abandonado el lugar.

En la iglesia de San Jorge de Tanta, donde el asaltante pudo acceder hasta la sala de oración, el olor a muerte se funde con el del detergente. A los fieles, llegados para orar, les asalta la misma duda: ¿cómo pudo acceder un individuo con explosivos? “¿Dónde está el Gobierno?”, se pregunta Magda, situada junto a un grupo de mujeres vestidas de negro como ella. “¿Qué hace la Policía? ¿Qué hace el Ejército?”. Numerosos cristianos presentes en el lugar denuncian que cada vez se sienten menos protegidos por un Estado policial que, a su entender, no se preocupa de ellos.

Más que después del atentado perpetrado contra la iglesia de San Pedro y San Pablo del Cairo –que causó 29 muertos el 11 de diciembre de 2016– o que tras la violencia homicida del Estado Islámico en el norte del Sinaí –que llevó al exilio a cientos de familias coptas el mes pasado–, las autoridades egipcias han querido exhibir músculo para mostrar que se toman muy en serio la amenaza de la organización, que ha reivindicado estos ataques.

Al término de un Consejo Nacional de Defensa extraordinario convocado el mismo 9 de abril por la tarde, el presidente Abdel Fattah al-Sissi anunciaba la ampliación a todo el territorio nacional del estado de emergenciaestado de emergencia, que desde 2014 estaba limitado a la región del Sinaí, donde las fuerzas armadas combaten directamente a los militantes de Provincia del Sinaí, la rama egipcia del Estado Islámico. El jefe del Estado también anunció la creación de un Consejo Supremo para la lucha contra el terrorismo y el extremismo. El responsable de seguridad de Gharbiya, donde se encuentra la ciudad de Tanta, fue inmediatamente destituido, mientras que en Assiout, al sur del país, donde vive una importante minoría cristiana, las fuerzas del orden mataron el lunes a siete personas, sospechosas de formar parte del Estado Islámico, reunidas, según el Ministerio del Interior, para preparar un atentado contra objetivos cristianos.

Una vez pasado el shock de los atentados, lo que parecía que era el reconocimiento de los fallos de seguridad se atenuó rápidamente. El lunes 10 de abril, el Parlamento anuló su decisión de hacer comparecer a los ministros del Interior y de Justicia, quienes teóricamente debían dar explicaciones públicas por los fracasos de las políticas de seguridad nacional. Además, las autoridades suspendían la publicación, que se había hecho viral, de la portada del diario Al Bawada, próximo al Gobierno, donde se apuntaba directamente al Ministerio del Interior y a los fracasos de las políticas de seguridad.

Las debilidades de las fuerzas de seguridad

El general Shaden Nosair, miembro de la academia de Policía donde se forman las fuerzas de seguridad, aunque insiste en precisar que “la situación está bajo control”, reconoce la necesidad de renovar las políticas de seguridad. “Nuestras fuerzas armadas están acostumbradas a la guerra tradicional frente a un enemigo muy concreto y que actúa en una dirección única. Ahora es absolutamente necesario reforzar los entrenamientos y mejorar la formación para que la Policía pueda hacer frente eficazmente a este tipo de enemigos”, explica.

No es la única debilidad. Los servicios de seguridad egipcios todavía son reacios a poner en marcha una verdadera cooperación internacional. “Combatimos el terrorismo desde hace más de 20 años, como mínimo, pero todavía tenemos problemas para admitir que frente a crímenes de naturaleza transnacional, es indispensable comprender la importancia de las políticas de seguridad que traspasen nuestras fronteras, también en el ámbito de la inteligencia y del intercambio de información”, insiste Mohamed Sadeq, asistente en el Ministerio del Interior de 2002 a 2008.

Más allá de la formación y de las estrategias, la selección del personal también es objeto de debate. “En el día a día, de la seguridad de los ciudadanos se ocupan, fundamentalmente, jóvenes efectivos que se ven obligados a vestir el uniforme en cumplimiento del servicio militar obligatorio”, lamenta un diplomático. “Este personal, mal pagado, mal formado y con pocos jefes, barato y que no está cualificado, es el encargado de vigilar los edificios administrativos, los yacimientos arqueológicos y los lugares de culto. Esta omnipresencia policial tiene como fin tranquilizar a la población, pero en realidad es una masificación ilusoria, dada la mala calidad de los agentes desplegados”.

Pese a todo, la mayoría de los observadores de las políticas de seguridad de Egipto no esperan que se produzca un cambio inmediato. “Las escuelas de Policía están particularmente obsoletas y nunca se han reformado verdaderamente desde la llegada al poder del Ejército en 1952”, lamenta Mohamed Mahfouz, investigador especializado en cuestiones de seguridad. “Durante la revolución de 2011, se debatió la idea de una Policía diferente, sobre todo en lo que se refiere a la filosofía de seguridad que la inspiraría. Sin embargo, dada la situación que hay en Egipto, no parece que se lleven a cabo los cambios necesarios en las instituciones centrales. Aunque la sucesión de estos dramas pone de manifiesto el fracaso de las políticas de seguridad”.

La importancia de una evolución de la enseñanza y de una mejora de las políticas de desarrollo, percibidas como herramientas de prevención del terrorismo, no se toman suficientemente en cuenta, lamentan numerosos analistas. “Las políticas de seguridad, como las que acaba de anunciar el presidente, en un primer momento van a utilizarse en contra de las libertades individuales”, alerta Sherif Mohy Eddin, encargado de las cuestiones relativas a la lucha contra el terrorismo en la ONG Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales. “Sin embargo, sabemos que el autoritarismo y el rechazo a cualquier oposición son terreno fértil para el terrorismo”. _____________

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

Al menos dos turistas muertos por un ataque a cuchilladas en la localidad egipcia de Hurghada

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