Europa

La crisis de refugiados y el letargo del Partido Socialista Europeo

La crisis de refugiados y el letargo del Partido Socialista Europeo

La construcción de una valla antiinmigrantes en la frontera de Hungría con Serbia ha reabierto una vieja polémica en Bruselas, ¿cómo puede admitir en sus filas el PPE, el partido de la derecha europea –que aglutina al PP español y a Los Republicanos de Nicolas Sarkozy– al Fidesz, el partido húngaro del autoritario Viktor Orbán? La cuestión, que se planteó ya en 2010 cuando resultó elegido Orbán por vez primera, causa división en las filas del PPE. Mientras, al otro lado, el Partido Socialista Europeo (PSE) no se molesta, aunque podría, en posicionarse en una cuestión tan sensible.

Sin embargo, también el PSE parece más dividido que nunca en un momento en que la crisis de los refugiados golpea Europa. En lo que concierne a los asuntos migratorios, no es fácil adivinar la línea que mantiene esta federación de partidos, en la que se integra el PSOE, que reagrupa a los socialdemócratas de toda Europa. Entre el italiano Matteo Renzi, partidario del sistema de cuotas de refugiados que propone la Comisión Europea, y el eslovaco Robert Fico, que teme despertarse “un día con [...] 100.000 personas procedentes del mundo árabe”, dispuestas a “construir mezquitas”, la brecha se antoja inmensa.

En la República Checa, otro país que se opone con vehemencia al sistema de cuotas sugerido por Bruselas y Berlín, también está en el poder desde el año pasado un Gobierno de centroizquierda. Bohuslav Sobotka, el jefe del Gobierno checo, manifestó en agosto su voluntad de poder “elegir” entre los refugiados, mientras que otros responsables políticos hablan abiertamente de privilegiar a los “cristianos”.

En Bruselas, algunos se han tomado en serio la cuestión. El líder de los eurodiputados socialdemócratas ha llegado incluso a amenazar a Robert Fico, el primer ministro eslovaco, con expulsar a su partido del PSE: “La falta de voluntad sostenida a la hora de asumir las responsabilidades que se imponen y mostrarse solidario [...] contrasta con nuestros valores y nuestras convicciones políticas. No se puede presentar sólo como un progresista. Debe demostrarlo, en su discurso y en sus actos”, le ha advertido el italiano Gianni Pittella, próximo a Renzi.

La reacción ha surtido efecto. Robert Fico, conocido por sus manifestaciones en contra de Tsipras durante las negociaciones mantenidas con Grecia la pasada primavera, se sintió obligado el pasado 28 de septiembre a responder mediante una carta, a la que ha tenido acceso Mediapart. El eslovaco explicaba en la misiva a sus colegas de Bruselas que el Gobierno que preside “no ha tomado ninguna decisión que pueda ser percibida como discriminatoria para con los migrantes” y que “no es responsable de la desinformación que alimentan los medios de comunicación”. 

Por su parte, el líder del Partido Socialista Europeo, el búlgaro Serguei Stanishev, terminó por seguir los pasos de Pittella. Asegura estar “muy preocupado [por las declaraciones] contrarias a nuestros valores fundamentales”. Pero la expulsión del partido eslovaco no deja de ser más que una hipótesis, que se abordará en una próxima reunión de la dirección del PSE. Estos tiras y afloja en el seno del PSE, que apenas se impone en asuntos de mayor calado, no son sino claras evidencias de que se trata de un partido agotado.

Desde su derrota en las elecciones europeas celebradas en mayo de 2014, esta federación parece estar prácticamente paralizada. En una entrevista publica en el diario belga Le Soir el pasado 3 de octubre, John Crombez, dirigente del PS de Flandes, en Bélgica, dice sin rodeos: “No sucede nada en el PSE”. El ejemplo más reciente de este mutismo se produjo tras la victoria de Jeremy Corbyn en el Laborismo. Tuvieron que pasar 48 horas para que Stanishev se dignase a publicar tres líneas de felicitaciones en su... blog

La salud de este partido, poco conocido entre el gran público, que da trabajo a 42 personas en su sede de Bruselas, es sin lugar a dudas algo anecdótico, cuando la UE se ve confrontada a una serie de crisis estructurales (euro, refugiados, clima, Ucrania). Pero el malestar interno en esta federación integrada por medio centenar de miembros (y que aglutina a los partidos “asociados” de fuera de la UE) también revela, a su nivel, las grietas y las fisuras de un proyecto europeo falto de ideas. En apenas dos años, casi un tercio de los trabajadores del partido se han marchado, según fuentes conocedoras de la situación de la formación.

Tras la era del danés Poul Nyrup Rasmussen, presidente entre 2004 y 2011, un dúo se reparte el PSE. Stanishev, ex primer ministro búlgaro, ocupa la Presidencia, mientras que el alemán Martin Schulz fue nombrado el jefe de filas del partido (Spitzenkandidat) de la campaña del PSE para las europeas, frente a Jean-Claude Juncker. Más tarde, Schultz y el PSE perderían las europeas y Jean-Claude Juncker se puso al frente de la Comisión Europea. Pero los malabarismos siguen siendo más o menos los mismos en el PSE. Ambos fueron ratificados en el congreso celebrado en Budapest en junio, un cónclave ignorado prácticamente por todos los periodistas que siguen la actualidad de la UE (entonces más preocupados por la crisis griega) y del que un asistente, visiblemente enfadado, dice: “En ese congreso no se debatió sobre nada y no se decidió nada”.

Primer problema surgido durante el congreso: el PSE se negó a reconocer la derrota electoral de 2014. Para Martin Schultz, presidente del Parlamento, los socialdemócratas no habían perdido, porque habían obtenido puestos importantes, gracias a la gran coalición alcanzada con el PPE –empezando por la diplomacia europea, encarnada en la figura de la italiana Federica Mogherini, o por el propio Schultz. “Es difícil hacer entender la idea de una derrota en el seno del PSE”, reconoce el francés Pierre Kanuty. “Se constata un desacuerdo de fondo entre los que dicen –como los franceses– 'hemos perdido' y los que dicen 'no lo hemos conseguido, pero pese a todo estamos en la gran coalición de gobierno”. De modo que el congreso se prohibió sacar lecciones de la derrota, de cara a 2019.

La sombra de Martin Schultz

Y lo que es peor, no se hizo mención a los problemas de Stanishev con la Justicia. No obstante, no se trata de algo anecdótico. En marzo, el Parlamento Europeo levantó la inmunidad de Stanishev, quien además de ocupar la Presidencia del PSE es eurodiputado. Se le acusa de haber hecho desaparecer, mientras era primer ministro (2005-2009), documentos confidenciales y comprometedores para algunos responsables del régimen y quizás también para él mismo. Stanishev declinó responder a las preguntas de Mediapart pero, desde su gabinete de prensa, mantienen que dicha investigación “se inició por razones estrictamente políticas [...] para desacreditar [Stanishev] como jefe de la oposición”. El eurodiputado búlgaro también quiere hacer constar que pidió que se levantara su inmunidad parlamentaria, para quedar exculpado lo antes posible, mantiene, por la Justicia de su país.

La cuestión podría haber acabado muy mal y no es el único caso. Simultáneamente, otro socialdemócrata, el primer ministro rumano Victor Ponta, también estaba en el punto de mira de la Justicia (en la actualidad, tiene abierto un proceso por corrupción). Sin embargo, esto no impidió a Stanishev resultar reelegido para un segundo mandato al frente del partido. En la sesión inaugural del congreso, el español Enrique Barón Crespo, que aspiraba a hacerse con el puesto, se retiró finalmente pocas horas antes de la votación, asestando un golpe letal al congreso en sí mismo. Stanishev fue reelegido con el 66% de los votos (frente al 91% obtenido en 2012), un resultado muy ajustado habida cuenta de que solo había un aspirante y que evidencia la existencia de contestación interna.

Durante los días que duró el congreso, tampoco se dijo nada sobre las alianzas políticas contra natura alcanzadas, como el pacto de socialdemócratas y extrema derecha en el Burgenland austriaco, a principios de año. Desde el PS francés aseguran: “Quisimos que en el congreso al menos se abordase la cuestión. No se pueden alcanzar este tipo de alianzas por un lado y luchar contra el FN por el otro. Pero no pasó nada. El PSE funciona tanto con alianzas políticas como por solidaridad geográfica”, opina Pierre Kanuty.

A día de hoy, ¿qué queda de aquel congreso? Cuatro documentos imprecisos, una hoja de ruta para 2019 y tres textos temáticos, sobre empleo, democracia y paz en el mundo... Pero, sobre las cuestiones más espinosas y que dividen a la familia socialdemócrata (Grecia, migrantes, TAFTA, etc.), en el congreso se evitó tomar posiciones. “El PSE es una plataforma donde resulta difícil que se produzcan verdaderos debates políticos”, constata Laura Slimani, presidenta de las Juventudes Socialistas Europeas. “Por ejemplo, durante el congreso, introdujimos una enmienda sobre el fin del dumping social, en el proyecto de resolución. Pero nos pidieron que la retiráramos. Los suecos explicaron que esto podría debilitar a su primer ministro...”. Para esta socialista francesa, “el congreso confirmó la existencia de dos bandos, el de los que defienden reformas de izquierdas en asuntos sociales, un poco de estímulo y una coalición con la derecha. Y los que dicen que todo esto no funciona, que no basta”.

Si el PSE parece estar dividido, la culpa es de sus miembros. Por un lado, el SPD alemán controla el partido. El secretario general del PSE, Achim Post, diputado en el Bundestag, ocupa desde 2012 el cargo y sucede al francés Philip Cordery (que se convirtió en diputado en la Asamblea Nacional). A decir de la gran mayoría, casi nunca está en Bruselas –lo que no le impide ser, gracias a la acumulación de cargos, el décimo diputado del Bundestag mejor pagado en 2014. Paralelamente, el SPD, seguido por las formaciones de Europa del Norte y del Este, confirmaron Stanishev en la Presidencia. Estamos ante un segundo espada de la política europea, a la espera del eventual aterrizaje de Schulz, en caso de que éste deje la Presidencia del Parlamento Europeo en 2017. “Schulz quiere neutralizar el PSE para presentarse en 2019”, resume una fuente europea.

Hasta entonces, el objetivo del PSE es el de –ante todo– no causar problemas y acompañar las grandes orientaciones de las figuras de la socialdemocracia en Bruselas, las que juegan el juego de la coalición con la derecha, como Martin Schulz, pero también el ministro de Finanzas neerlandés Jeroen Djisselbloem (presidente del Eurogrupo), el número dos de la Comisión Europea, Frans Timmermans, otro neerlandés o Pierre Moscovici (comisario de asuntos económicos).

Por otro lado, algunos partidos (el PS francés o el PD italiano) reclaman mayor contundencia en algunas cuestiones fundamentales. Por ejemplo, en las negociaciones de libre comercio con Estados Unidos o en la gestión de la crisis griega. Jean- Christophe Cambadélis, número dos del PSE tras el congreso de Budapest, se situó, en este debate, en el “ala izquierda” del PSE. “Hay que generar división para ser identificado. Y, por otro lado, no hay razones en sí mismas para que sea más fácil alcanzar un acuerdo con la derecha que con una parte de la izquierda (GUE, Verdes). Existen convergencias, hay que dirigirse en ese sentido”, juzga Pierre Kanuty. Pero este hombre próximo a Cambadélis olvida decir que los franceses también llegaron muy poco preparados a Budapest, facilitando de este modo el trabajo al SPD a la hora de imponerse. “Los franceses tenían la posibilidad de reequilibrar las cosas con los alemanes, durante el congreso, pero se despertaron demasiado tarde”, señala un asistente al congreso, que ve en ello la enésima prueba de la influencia alemana en Bruselas.

El PSE todavía no está aletargado. Para Gerassimos Moschonas, profesor en la universidad Panteón de Atenas, el PSE incluso logró salir del anonimato y desempeñar un verdadero papel en el debate de ideas de izquierdas, poco después del estallido de la crisis financiera. En su opinión, la gravedad de la crisis de 2008, la personalidad de los dirigentes de (la pareja Rasmussen/Cordery) y el hecho de que los principales de los partidos socialdemócratas se encontraban entonces en la oposición han permitido al PSE “reforzar su organización y su visibilidad”, según recoge en un artículo que está a punto de publicar. Fue el PSE de los primeros en abogar por una agencia europea de rating (que nunca llegó a ver la la luz) o un mecanismo europeo de estabilidad financiera (que se creó después), pero no ha sabido sacar verdadero rédito político sobre el terreno.

“Tras la marcha del danés Rasmussen [en 2011], asistimos a una forma de dependencia alemana del PSE”, juzga por su parte Fabien Escalona. Sin embargo, el PSE se encuentra confrontado a un problema que le supera, el de las federaciones de partidos en la UE. Su papel no es muy significativo, disponen de pocos poderes coercitivos sobre sus propios miembros y poca influencia, en general, en la política europea”. Algunos van incluso más lejos en el seno del PSE: los partidos de los Estados miembros, con el PS y el SPD a la cabeza, hacen todo lo posible por no tener un PSE demasiado fuerte que correría el riesgo de dictarles cuáles deben ser sus orientaciones y, a veces, una línea demasiado favorable a la integración europea. Visto así, no hay duda de que lo han conseguido.

Tampoco hay que olvidar que el PSE –con un presupuesto en 2014 de 2,2 millones de euros– se financia fundamentalmente con las aportaciones de sus partidos miembros. El Parlamento Europeo cada año subvenciona a los partidos europeos como el PSE con la esperanza de hacer emerger un “espacio público europeo”. En los presupuestos para 2016, muy ajustados en tiempos de austeridad, la partida asignada a los partidos y fundaciones europeas aumenta y pasa de 28 a 31 millones de euros. Eso sí, de ahí a pensar que Martin Schulz, al frente del Parlamento, aumenta los presupuestos del PSE esperando hacerse con la Presidencia en dos años... Consultado por Mediapart, el gabinete de Schulz se ha limitado a responder que el presidente del Parlamento no quiere “hacer ningún comentario” sobre el PSE.

Para la elaboración de este artículo, me he entrevistado en Bruselas, desde junio, con una decena de personas, pero muy pocas de ellas han querido que su nombre apareciese reflejado en el texto.

Traducción: Mariola Moreno

Un total de 710.000 personas han llegado a la UE este año, 350.000 a través de Grecia

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