La famosa jirafa Sofía, una mentira 'Made in China'

Pierre Jequier-Zalc (Mediapart)

Todo un símbolo francés. Un orgullo patrio. Una “magdalena de Proust” colectiva. Dieciocho centímetros, una carita de mejillas sonrosadas y un sonido inconfundible al morderla o apretarla. La jirafa Sofía es el juguete imprescindible en el ajuar de todo recién nacido. Hasta tal punto que Vulli, la empresa francesa que la comercializa, se jacta de vender tantas como nacimientos hay cada año en Francia: entre 700.000 y 800.000 ejemplares. Y varios cientos de miles más de jirafas vendidas en el resto del mundo. Desde su creación, en 1961, se habrían vendido 70 millones de ejemplares en 85 países.

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¿Una historia de éxito del Made in France? Ese es el relato que construyen Vulli y su director general, Alain Thirion, en torno a su producto estrella. ¿Un gran engaño? Según la información de Mediapart, hace años —al menos desde 2013— que un gran número de jirafas Sofía viene de fábricas chinas. Y, según numerosos relatos y documentos, desde al menos 2019, la producción realizada en Francia es insignificante, y sirve de escaparate para ocultar la realidad.

Sin embargo, a mediados de 2025, cuando la Dirección General de Competencia, Consumo y Represión del Fraude (DGCCRF) inspeccionó la empresa, descubrió que las jirafas Sofía seguían empaquetadas con la etiqueta Made in France. Lo mismo ocurre en numerosas webs de comercio electrónico, que presentan el producto como fabricado en Francia. Un argumento comercial esgrimido durante muchos años.

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Se está llevando a cabo una investigación, en particular por prácticas comerciales engañosas. Recientemente, el lugar de producción ha desaparecido de los envases, dejando paso, discretamente, a la mención “Nacida en París”. En Amazon, a 30 de abril de 2026 todavía se puede leer que “la famosa jirafa […] se fabrica a mano en Rumilly, Francia, mediante un proceso que incluye 14 operaciones manuales”.

Tras contactar con ellos en varias ocasiones para que respondieran con precisión a las preguntas de Mediapart, ni la empresa ni su director general han querido responder. Al indicar que no estaba “a [nuestras] órdenes”, Alain Thirion consideró que las preguntas de este medio estaban “orientadas por mentiras” y eran “noticias falsas”. Acusó a Mediapart de difundir las declaraciones de “unas pocas personas” que quieren “perjudicar a Vulli a toda costa”.

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Sin embargo, en un correo interno de mediados de 2025 al que este medio ha tenido acceso, el director general reconoce que “se ha detenido toda la producción de la jirafa Sofía en [la] sede histórica [de la empresa]”. Subraya que esta parada, sin precisar desde cuándo, debía ser “solo temporal”. De hecho, la empresa invirtió en una nueva planta de producción ya en 2016 en Los Vosgos, en Saint-Nabord. Pero esa fábrica nunca logró producir, a escala industrial, el juguete estrella.

“Típicamente frenchy

Durante años, Vulli ha contado la historia de un éxito francés, ampliamente difundida en los medios de comunicación y la sociedad. “La empresa Delacoste, ‘mamá’ de Sofía, fue adquirida en 1982 por la sociedad saboyana Vulli, que unos años más tarde trasladó la producción a su fábrica de Rumilly, cerca de Annecy, y convirtió a la jirafa Sofía en una estrella mundial del juguete francés”, escribía, por ejemplo, BFM Business en febrero de 2021, con motivo del 60º aniversario del juguete.

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Ese mismo año, la jirafa Sofía entró en el museo Grévin, símbolo de su éxito, mientras que numerosas estrellas estadounidenses convirtieron el juguete en el estandarte de un “arte de vivir típicamente frenchy, por retomar los elementos del discurso de la empresa.

Tras la adquisición de Delacoste por parte de Vulli, la producción de la jirafa Sofía se instaló en Rumilly, en Alta Saboya. A principios de la década de 2000, llega un nuevo director general, Serge Jacquemier. Según el testimonio de muchos empleados (actuales y antiguos) que han trabajado con él, “comprendió rápidamente el potencial de Sofía”.

Para impulsar la empresa, Jacquemier decide desarrollar la marca, especialmente a nivel internacional, con el fin de convertir este juguete en el emblema de “la creación y el saber hacer francés”, según Éric Rossi, quien asumió la dirección general tras la salida de Serge Jacquemier en 2018. Ninguno de los dos exresponsables ha respondido a las preguntas de Mediapart.

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Pero para exportar hay que producir más. Mucho más. Y la línea de producción de Rumilly, pequeña y artesanal, no puede hacer frente a tal ambición. “No teníamos los medios, así que nos dirigimos a China”, cuenta un exdirectivo. Más sencillo, más barato. Según nuestra información, producir una Sofía china cuesta entre cuatro y cinco veces menos que en Francia.

Poco a poco, la producción se subcontrató, con la mayor confidencialidad. Unas fotos que Mediapart ha conseguido, de 2013, ya muestran talleres chinos funcionando a pleno rendimiento. En las imágenes, se observa que los equipos de seguridad de los trabajadores y trabajadoras son, por su parte, casi inexistentes.

Un pueblo de Potemkin en Alta Saboya

Costes más bajos y capacidades de producción multiplicadas por diez. Lógicamente, la facturación se dispara. En 2020, supera los 30 millones de euros. Sobre todo porque, con su estandarte Made in France, Vulli se permite vender a precio de oro la jirafa Sofía, en particular en Estados Unidos, donde el juguete supera holgadamente los 20 dólares (17 euros al tipo de cambio actual). En Francia, hoy cuesta unos 15 euros.

“Es un lujo accesible”, se jacta Éric Rossi en 2021, en las ondas de la radio pública. Cuando se le pregunta por su margen, elude la pregunta: “El margen no se puede medir por unidad, lo que se recompensa es el saber hacer, el dominio de la herramienta tecnológica”.

En el momento en que Éric Rossi da esa respuesta, “la herramienta tecnológica” de Rumilly está parada, o casi. Las Sofías llegan a la Alta Saboya a granel, en grandes cajas apiladas en contenedores procedentes de China. A continuación, se empaquetan y se distribuyen por Francia y por todo el mundo.

Colocaban a cuatro o cinco personas en el taller, la materia prima estaba caducada. Todo era falso

Pero, oficialmente, Sofía se sigue fabricando en Francia. Algo que cada vez suscita más dudas entre los empleados. “No nos decían nada. Pero mi oficina daba al taller. Y veía claramente que allí no trabajaba nadie. Nunca vi las máquinas en marcha”, cuenta una empleada que luego dejó la empresa.

Un taller vacío, pero una línea de producción que permanece, como un escaparate. Según numerosos testimonios coincidentes de empleados y exdirectivos, esta línea solo funciona durante las “visitas externas”. Cuando un periodista o unos clientes se desplazan a Rumilly, la maquinaria de producción se pone de repente en marcha.

“Era un poco teatral presenciar aquello”, confiesa Lucie*, una exempleada. “La fábrica se había convertido en una herramienta de demostración para los clientes o las inspecciones”, añade otro exempleado. Un directivo cuenta: “Colocaban a cuatro o cinco personas en el taller, la materia prima estaba caducada. Todo era falso”.

La ayuda del BPI para... exportar a China

La empresa no ha dado ninguna respuesta a las preguntas de Mediapart sobre estos hechos. Pero en Vulli, la mentira se ha institucionalizado. Hasta el punto de que se producen situaciones de lo más chuscas. Como cuando, a mediados de la década de 2010, la empresa quiso exportar su producto estrella a China.

Para ello, debía obtener una certificación china. Miembros de la administración del gigante asiático, encargados de la inspección de productos, se desplazaron entonces a Francia para analizar la conformidad de la jirafa Sofía. Se pusieron a disposición de los inspectores algunos ejemplares franceses. Y listo. El primer certificado se obtuvo a principios de la década de 2010 y luego se renovó periódicamente con, siempre, la misma mención: “Taller de fabricación: Rumilly, Francia”.

A pesar del engaño, a Sofía le cuesta hacerse un hueco en el mercado chino. Pero Vulli persiste y vuelve a intentarlo en 2020. Esta vez, con la ayuda de las autoridades públicas francesas. El banco público de inversiones Bpifrance concede así a la empresa un “seguro de prospección para la financiación de un fondo dedicado” a la implantación en el mercado chino. “Tener a Bpifrance a nuestro lado nos supone una ayuda inestimable”, destaca entonces la responsable de exportación de Vulli en un publirreportaje de Bpifrance publicado en La Tribune. Un artículo que ensalza los méritos de la jirafa Sofía como un “éxito del Made in France en la exportación”.

En el embalaje se indica que es 'Made in France'. Sin embargo, este producto no es de fabricación francesa, sino china

Al ser preguntado por Mediapart sobre esta ayuda, Bpifrance se niega a comunicar la cantidad concedida a Vulli, amparándose en el “secreto bancario”. Subraya que “para beneficiarse de un seguro de prospección, la empresa debe acreditar una parte francesa superior al 20%”, asegurando que “ese era precisamente el caso de Vulli”.

“Algunos productos se fabrican hoy en día en Asia, pero otros gozan de la denominación Made in France y siguen fabricándose en los talleres de origen”, declara el banco, sin dar más detalles sobre los productos en cuestión. En realidad, ya casi no se produce ninguna jirafa Sofía en “los talleres de origen”. Pero en las cajas destinadas al mercado chino que Mediapart ha conseguido sigue apareciendo la mención Origine France.

Malestar entre los empleados

Ante una mentira que se convierte en norma, empiezan a soltarse algunas lenguas. A finales de 2020 aparece una denuncia anónima en la plataforma SignalConso. Según la información consultada por este medio, procede de un colaborador de la empresa. “En el embalaje se indica que es Made in France. Pero este producto no es de fabricación francesa, sino china”, se lee en la denuncia a la que Mediapart ha tenido acceso.

Dos meses más tarde, Vulli responde a la denuncia: “El contenido de las declaraciones recogidas no refleja en absoluto la realidad del trabajo diario de todos nuestros empleados que diseñan y producen nuestras creaciones marca jirafa Sofía […] en Rumilly.” En aquel momento, la denuncia no tuvo más repercusión. La empresa se benefició entonces plenamente del efecto covid. El crecimiento de su facturación es espectacular, superando los 35 millones de euros en 2022.

Pero a nivel interno, la tensión empieza a hacerse palpable. Sobre todo tras un comienzo de año 2023 menos bueno de lo esperado. Alain Thirion busca reducir costes. En el departamento encargado de los envíos, el accionista único decide, por ejemplo, dejar de recurrir a personal temporal, con consecuencias inmediatas. “La plantilla es demasiado reducida, estamos al límite cada semana. […] Ahora el departamento funciona peor que nunca”, se lee en un correo interno redactado por los trabajadores del departamento. Respuesta de la dirección al comité de empresa: “Las primeras señales de alerta no han hecho cambiar de opinión al Sr. Thirion.”

El ambiente se tensa, varias bajas no se cubren y, al volver de las vacaciones de verano de 2023, el comité de empresa emite una alerta “por atentar contra la salud y la seguridad de varios trabajadores”. Esto enfurece a Alain Thirion, que decide entonces, de la noche a la mañana, cambiar las condiciones laborales de los servicios administrativos, especialmente en lo que respecta a horarios y teletrabajo. Las actas del comité de empresa posteriores a esta decisión dan cuenta de un clima social tóxico: “La Dirección deja que el comité ‘retome su letanía, llena de tonterías’. El comité se siente ofendido por estas palabras, el Sr. Thirion reitera y afirma que el comité solo dice tonterías”.

Tras una reunión con el conjunto de trabajadores, descrita por numerosos testigos como especialmente violenta, varias personas se dan de baja por enfermedad y, unos meses más tarde, son despedidas por incapacidad. A nivel interno, muchos describen al jefe como partidario de un tono brutal, fácilmente acusador y, a veces, contradictorio.

A principios de 2024, el director general, Éric Rossi, también abandona su cargo. Se acabó la época dorada de Vulli. La facturación se reduce en 10 millones de euros en tres años. No queda más que engaño. Para varias personas, en un contexto social así, seguir mintiendo es ya imposible. Se envían alertas a la DGCCRF, que abre una investigación. Se llevan a cabo varias inspecciones, la última de ellas hace solo unas semanas.

Según la información recabada, podrían iniciarse acciones judiciales por prácticas comerciales engañosas. Esto supondría para Vulli una multa que podría ascender al 80% “de los gastos incurridos para la realización […] de la práctica que constituye este delito”.

Dada la importancia de las ventas de la jirafa Sofía en la facturación de Vulli, esto supondría varios millones de euros. ¿Siente Alain Thirion que el viento está cambiando? A pesar de que 2024 y 2025 son los dos peores años de Vulli desde hace al menos cinco años, Thirion, accionista único, decidió pagarse 1,5 millones de euros en dividendos el 26 de junio de 2025. Apenas un mes después de la inspección de la DGCCRF.

¿Se ha fabricado tu jirafa en China?

Es muy fácil comprobar dónde se ha fabricado el ejemplar de la jirafa Sofía que tienes en casa o que piensas regalar a un ser querido. Cada juguete tiene un número de lote, discretamente grabado en el interior de una de sus patas. Este número consta de seis dígitos. Los dos primeros indican el fabricante. Si el número de lote de tu Sofía empieza por 30, se ha fabricado en Francia. Si su número empieza por 32 o 33, se ha fabricado en uno de los talleres chinos de los subcontratistas de Vulli.

* Nombre ficticio. Los numerosos trabajadores de Vulli, actuales o antiguos, que testifican en este artículo han deseado mantener el anonimato.

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Traducción de Miguel López

 

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