Israel sigue bloqueando el paso de Rafah, en el sur de la Franja de Gaza, a pesar de la supuesta reapertura
Una vez más, una esperanza cautelosa, pero inmensa. Una vez más, en vista de los hechos, una decepción brutal, aunque poco sorprendente, dado el escaso respeto que se tiene por los acuerdos en la región. Los palestinos de la Franja de Gaza esperaban con impaciencia la apertura del paso fronterizo de Rafah, el único que da acceso a Egipto y no a Israel. A falta de aeropuerto, destruido en 2001, y de puerto con calado suficiente para ofrecer conexiones marítimas, previsto en los acuerdos de Oslo pero nunca realizado debido al bloqueo israelí, el paso fronterizo de Rafah es la única salida para los gazatíes.
Por eso supuso una verdadera tragedia para la población su toma por parte del ejército israelí en mayo de 2024 y la destrucción de sus infraestructuras. Todos, ricos y pobres, enfermos y sanos, quedaron encerrados en una gran prisión. Hubo un breve periodo de apertura durante la tregua del invierno de 2025, entre el 1 de febrero y el 18 de marzo, cuando Israel rompió unilateralmente el alto el fuego.
El plan general de Donald Trump en veinte puntos, anunciado en octubre de 2025 y respaldado por la ONU con la resolución 2803 del Consejo de Seguridad, preveía la reapertura del paso fronterizo en ambos sentidos para los pasajeros y la ayuda humanitaria bloqueada en Egipto.
Hubo varios retrasos que empañaron la esperanza, tras el alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre de 2025 y antes de la apertura efectiva el 2 de febrero de 2026. Las autoridades israelíes anunciaron inicialmente que solo se permitirían las salidas del territorio palestino hacia Egipto, y no los retornos. Egipto se negó rotundamente, reacio a parecer cómplice de una limpieza étnica en la Franja de Gaza. Tel Aviv condicionó entonces la apertura a la devolución del último rehén retenido por Hamás, o más bien de sus restos mortales. Una vez exhumados por el ejército israelí, el 26 de enero, resultaba difícil retrasarlo de nuevo.
Ahora bien, las condiciones son drásticas: solo se admiten peatones, lo que prohíbe la entrada de mercancías a través de Egipto —en particular, materiales de construcción y casas móviles— y reduce considerablemente la entrada de alimentos y medicamentos, que dependen exclusivamente de los pasos fronterizos israelíes.
Y, además, un número limitado de peatones. Hacia Egipto, 50 personas que necesitan atención médica diaria, cada una de las cuales puede ir acompañada de dos familiares. Hacia Gaza, 50 personas al día. Solo aquellas que salieron del enclave devastado después del inicio de la guerra genocida pueden esperar obtener autorización israelí para regresar.
“La parte israelí afirma que esto se ajusta a las condiciones negociadas para la tregua de enero de 2025. Sin embargo, esto no es aceptable”, afirma Mkhaimar Abou Saada, profesor de ciencias políticas en la Universidad Al-Azhar de Gaza, desplazado a El Cairo. “La Organización Mundial de la Salud ha recordado que hay 18.500 personas que necesitan cuidados que no pueden recibir en Gaza y que, por lo tanto, deben salir de allí”.
El profesor añade: “Por otra parte, ¿qué pasa con los estudiantes que quieren continuar legítimamente sus estudios en el extranjero? ¿Y los binacionales? ¿Y en sentido contrario? Según la embajada de Palestina en Egipto, se han inscrito más de 70.000 personas para regresar a Gaza. Porque aquí, muchos de los que han venido a recibir tratamiento no tienen nada, ni dinero, ni trabajo, ni familia. Quieren volver a casa, aunque estén condenados a vivir en tiendas de campaña”.
Incumplimiento del acuerdo alcanzado
Según un portavoz de la Unión Europea, entre el 2 y el 16 de febrero han cruzado el paso fronterizo 838 personas, de ellas 422 saliendo de la Franja de Gaza y 416 entrando en ella.
Esto supone solo el 28% del número total previsto (3.000 personas) si se hubieran respetado las condiciones establecidas.
“Los horarios de apertura son aleatorios, a discreción de las autoridades israelíes”, informa una fuente diplomática. “La primera semana, cerraron la terminal el viernes y el sábado. Además, no dejan entrar a algunas personas, a pesar de que han recibido los permisos egipcios e israelíes. Hacen el trayecto desde El Cairo o Al-Arish hasta el paso fronterizo y luego son rechazadas. Sin explicación alguna.”
Si bien salir de la Franja de Gaza es bastante fácil, entrar es toda una odisea. Tras recibir la doble aprobación egipcia e israelí, las personas que desean regresar al enclave llegan al paso fronterizo y a veces esperan durante horas. Deben pasar por cuatro niveles de control: los guardias fronterizos egipcios, luego, al otro lado de la frontera, los funcionarios de fronteras y aduanas de la Autoridad Palestina, con el apoyo de la misión europea Eubam Rafah (Misión de Asistencia Fronteriza de la Unión Europea para el Punto de Paso de Rafah), y finalmente el ejército israelí.
Eubam Rafah forma parte de las misiones de asistencia de la Unión Europea en las fronteras. Creada en 2005 para servir de amortiguador entre Israel y la Autoridad Palestina, se retiró en junio de 2007 tras la toma del control del enclave por Hamás. Los oficiales israelíes observaban el puesto fronterizo desde el paso fronterizo de Kerem Shalom, en el lado israelí, gracias a unas cámaras, tras la firma de un acuerdo con Egipto que establecía la desmilitarización del “Corredor Filadelfia”, la zona que bordea la frontera con Egipto, dentro del territorio palestino.
Se deberían aplicar las mismas modalidades. De hecho, la Eubam garantiza la “presencia de un tercero neutral”: “La misión no tiene mandato ejecutivo y no gestiona el paso fronterizo”, asegura a Mediapart un portavoz de la UE.
Una vez superados los controles egipcios, los viajeros que se dirigen a Gaza ven cómo los guardias palestinos examinan sus pasaportes y su equipaje, bajo la supervisión de los europeos. Solo se permite una maleta por persona, que debe contener únicamente ropa y documentos administrativos personales, pero no alimentos ni medicamentos. Está prohibido llevar más de 550 euros y más de un teléfono móvil.
Se trata de restricciones difíciles de aceptar, como declara Houda Abou Abed al diario Al-Araby Al-Jadid: “La misión [Eubam Rafah] lo controlaba todo. Sus miembros confiscaron mis perfumes, mis cremas, mis regalos, mis juguetes y los teléfonos que habíamos traído para nuestros familiares, así como mis medicamentos para tratar mi enfermedad cardíaca y mis problemas de cartílago, y mis gotas para los ojos.”
Esos palestinos armados esposaron y vendaron los ojos a los repatriados, los registraron, los amenazaron e intimidaron, y les robaron
Una vez pasado el control de pasaportes —y a veces la confiscación de equipaje—, el proceso se endurece hasta el punto de constituir un “acoso”, afirman en particular las organizaciones de defensa de los derechos humanos israelo-palestinas Gisha y Adalah, que, en un comunicado de prensa publicado el 16 de febrero de 2026, exigen que las autoridades israelíes pongan fin a esa situación.
Porque, una vez pasado el puesto fronterizo propiamente dicho, según indican los testimonios recopilados por la ONU y por medios de comunicación de todo el mundo, como Middle East Eye, Haaretz o Le Monde, los autobuses que llevan a los palestinos que regresan son “escoltados” por la milicia Abu Shabab, auxiliar del ejército israelí, primero hasta una de sus bases y luego hasta un puesto militar israelí recién instalado, llamado Regavim.
Milicia auxiliar del ejército israelí
Un reportaje del medio de comunicación israelí Kan TV muestra al nuevo jefe de este grupo armado, Ghassan al-Dihani, con sus hombres, en el lado palestino del paso fronterizo. Kan TV afirma que la milicia espera que se autorice su presencia de forma permanente.
“Testimonios coincidentes indican que algunos de esos palestinos armados [la milicia Abu Shabab, ndr] esposaron y vendaron los ojos a los repatriados, los registraron, los amenazaron e intimidaron, y les robaron efectos personales y dinero”, indica un comunicado de la agencia de la ONU para los derechos humanos en los territorios palestinos.
La UE no va a protestar, al menos públicamente, porque quiere desempeñar un papel político a toda costa
Contactada por Mediapart, la Unión Europea, de la que depende la misión Eubam, declara que no puede “confirmar ni comentar las informaciones relativas a grupos armados o actividades específicas fuera de la zona del paso fronterizo”, ya que “el mandato y la presencia física de Eubam Rafah se limitan al complejo del paso fronterizo de Rafah, donde no hay milicias presentes ni visibles”.
Una fuente diplomática se muestra severa con la misión: "La UE no va a protestar, al menos públicamente, porque quiere desempeñar un papel político a toda costa. Considera el paso fronterizo de Rafah como su criatura, debido a los acuerdos de 2005. Por lo tanto, quiere mantenerlo vivo por todos los medios, quiere seguir presente, con la esperanza de que la situación mejore en el futuro, una vez que los israelíes se hayan retirado, por ejemplo, en la tercera fase. Teme que los israelíes exijan la salida de la Eubam si protesta”.
Pero, según la información obtenida de fuentes locales, parece ser que la milicia Abu Shabab ha sido apartada y que la Eubam escolta a los pasajeros y pasajeras desde el paso fronterizo hasta el puesto militar israelí de Regavim. Eso lleva, de hecho, a la UE a ratificar la presencia militar israelí en una zona en la que, según el acuerdo de 2005, no debería estar. Y a aceptar que los soldados israelíes, lejos de supervisar a distancia, realicen registros e interrogatorios.
Mediapart no ha podido verificar de primera mano esta información, ya que las autoridades israelíes siguen prohibiendo la entrada de la prensa internacional en el enclave.
De hecho, algunas personas, tras pasar por Abu Shabab, fueron interrogadas duramente por los soldados israelíes. También en Al-Araby Al-Jadid, Rana al-Loh, de 43 años, que viaja con su hermana herida, cuenta su paso por Regavim antes de poder llegar al hospital Nasser de Jan Younis: “El interrogador me gritaba y me decía que era inconcebible que no conociera a ningún miembro de la resistencia. Que por qué no me había quedado en Egipto para que vinieran mi marido y mis hijos. Le dije que quería volver, entonces me amenazó diciendo que todo el mundo iba a abandonar Gaza y que la guerra no había terminado.”
Contactado por Mediapart, el ejército israelí respondió el 16 de febrero de 2026: “No se tiene constancia de ningún incidente de conducta inapropiada, malos tratos, detención o confiscación de bienes por parte de las fuerzas de seguridad israelíes”.
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Por su parte, las ONG Gisha y Adalah recuerdan que “el derecho de los residentes a regresar a su patria es absoluto. Impedir el regreso de los residentes, imponerles condiciones previas y someterles a actos de acoso y amenazas puede constituir el delito de traslado forzoso de población, prohibido por los convenios de Ginebra y considerado un crimen de guerra. Además, tales actos pueden equipararse a crímenes contra la humanidad”.
Traducción de Miguel López