Violencia sexual en zonas de conflicto

Las labores de prevención en el Ejército francés son inadecuadas

Acción reivindicativa de Zero Impunity en la fachada de la Asamblea Nacional francesa.

El 3 de enero de 2017, Zero Impunity publicaba Les exactions impunies de l'opération Sangaris en Centrafrique (El ADN de 'Sangaris': las tropas francesas en misión humanitaria en la República Centroafricana, investigadas por abusos sexuales), una investigación de Leïla Minano y Justine Brabant, que ponía de relieve los fallos judiciales que permiten la perpetuación y la impunidad de los crímenes sexuales cometidos mientras se llevan a cabo operaciones militares en el exterior. La investigación incluía una petición, lanzada en Change.org, que en pocas semanas recabó el apoyo de decenas de miles de personas.

Los responsables del proyecto (los documentalistas Marion Guth, Nicolas Blies y Stéphane Hueber-Blies) remitieron numerosos correos al Ministerio de Defensa (actual Ministerio de las Fuerzas Armadas), solicitando una entrevista con el gabinete del entonces ministro Le Drian, durante la presidencia de François Hollande. No se dio curso a ninguna solicitud de entrevista. En un vídeo, difundido el 29 de junio de 2017, que ya cuenta con 120.000 visualizaciones, el colectivo cambiaba su estrategia para interpelar al nuevo presidente electo, Emmanuel Macron, ante las carencias formativas y preventivas del Ejército francés en materia de violencia sexual en zonas de conflicto.

Fue necesario esperar a octubre de 2017 para conseguir una entrevista con Sylvain Mattuicci, asesor social de la ministra, y Erick Dal, entonces al frente de la célula Themis. Dicha unidad nació en 2014 tras la publicación del libro La Guerre invisible, révélations sur les violences sexuelles dans l'armée français (La guerra invisible, revelaciones sobre las violencias sexuales en el Ejército francés) de Leïla Minano y Julia Pascual, que supuso un electroshock, en palabras del general Ducateau, encargado de la gestión de dicha célula en sus dos primeros años de vida (2014-2016). El libro despertó sensibilidades ante la cruel falta de apoyo a las víctimas de acoso y de violencia sexual en las Fuerzas Armadas y por el castigo que reciben los autores. Después se pondrían en marcha varias medidas, conforme al plan del entonces ministro Le Drian, entre ellas una unidad de atención y asistencia a las víctimas, así como un plan de formación para todos los miembros del Ejército (todavía en vías de aplicación).

Durante casi dos horas, la conversación ministerial giró en torno al trabajo realizado por la unidad, presentado como estandarte de la lucha contra la violencia sexual en el Ejército. “Cuando intentamos decirles que su discurso era, en algunos aspectos, confuso, y que Themis no daba respuesta a nuestra problemática, fingieron mostrarse sorprendidos”, apunta Stéphane Hueber-Blies en un artículo publicado en el blog de Mediapart (socio editorial de infoLibre) y que lleva por título Comment le ministère des Armées esquive le sujet des violences sexuelles en conflit armé (en francés).

Sin embargo, Themis no aspira a tener competencias para abordar este tipo de casos. El general Ducateau, entrevistado en el verano de 2018, así lo confirmaba: “No se abordaron estos asuntos de violación en la República Centroafricana porque había soldados involucrados y personal civil. No podemos ocuparnos de ello, como no podemos hacerlo de la violencia doméstica. Para que el caso se trate, debe ocurrir en un recinto militar. De lo contrario, podemos elaborar un informe, pero no abrir una investigación”.

Según las propias palabras de Sylvain Mattuicci, en otra entrevista mantenida el 13 de septiembre de 2018, y contrariamente a lo que había argumentado un año antes: “La célula se ocupa de ciudadanos civiles y militares [del Ministerio de las Fuerzas Armadas], de lo contrario no daríamos abasto. La República Centroafricana no recurre a la célula Themis. Si tiene algo que decir, se dirigirá a la gendarmería [encargada de las investigaciones en el Ejército]. Y de inmediato se abrirá una vía penal”. En lo que respecta a la prevención, según el Ministerio, la formación ya existente en materia de ética y de deontología profesionales se considera suficiente para garantizar la “ejemplaridad de los soldados franceses” y responder con ello a las necesidades específicas de la violencia sexual en las zonas de conflicto. El texto de referencia para el Ejército de Tierra es el llamado Código del soldado, redactado por el general Bachelet. Estaba prevista su revisión para incluir la prohibición de la violencia sexual, de acuerdo con el plan del ministro Le Drian. Todavía no se ha hecho.

No obstante, este tipo de comportamientos sólo afecta supuestamente a una minoría de soldados. Una afirmación que no se puede corroborar, ya que el Ministerio no cuenta con un sistema que permita hacer seguimiento de las sanciones militares. “¡Habría que incluir en un sistema informático a todos los investigados! En Francia contamos con tres tipos de sanciones, de la más leve, la advertencia, hasta la inhabilitación. Cuando un coronel realiza una advertencia, no presenta denuncia, sólo queda constancia en el expediente del soldado. Así que no existe”, admite Christian Giner.

En el Ejército, son pocos los que consideran estos asuntos una prioridad. El general Benoît Royal, autor de L’éthique du soldat français (La ética del soldado francés) constituye una excepción cuando dice, en una entrevista concedida en el verano de 2018: “Todo lo que pueda ayudar a hacer avanzar las cosas y a clarificarlas me parece oportuno”.

Formación de los militares, ¿otros tiempos, otras costumbres?

Las relaciones sexuales, a cambio de dinero, entre los soldados y la población local, no son nuevas, pero están prohibidas. Se trata de una de las formas que puede adoptar la violencia sexual en las zonas de conflicto, lo que constituye una violación del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos. Francia tiene una larga historia de explotación sexual, particularmente con la introducción de los BMC (burdeles militares de campaña), que acompañaron a las unidades del Ejército durante el siglo XX.

Patrick Clervoy era un joven médico en 1986 cuando aterrizó en la República Centroafricana, donde tenía como misión atender a las anfitrionas. En un artículo publicado en la revista Inflexion (n°38), habla de “la promesa de un encuentro sin tabúes en países lejanos” y del objetivo de “paliar una cierta miseria sexual” con los BMC. “Para el millar de hombres, en la zona había unas cien mujeres” y “nunca se pronunció la palabra prostitución”. Y añade que era necesario “preservar el potencial operativo de las tropas, limitando con ello la incidencia de enfermedades venéreas”. La aparición del SIDA llevó al cierre de los BMC un mes después. El de Calvi (Córcega), el último en territorio francés, cerró en 1978. Patrick Clervoy se pregunta en su artículo: “¿Fue respetuoso para estas mujeres mantener estas condiciones de vida con nuestro apoyo logístico? ¿Fue respetuoso para estos soldados, con la apertura de estos locales, invitarlos a estas prácticas? Claramente eran degradantes para ambas partes. Nadie salió crecido de ellas, ni los soldados, ni el mando, ni los médicos”.

En 2009, un estudio publicado en los Annales de Dermatologie et de Vénéréologie, titulado Expositions sexuelles au VIH dans les armées françaises de 2005 à 2007 (Exposición sexual al VIH en los Ejércitos franceses de 2005 a 2007), se daban las siguientes cifras: “En total, entre 2005 y 2007 se registraron 2.241 ESAR (exposiciones sexuales de riesgo). La tasa de incidencia anual fue de 214,3 por cada 100.000 habitantes. La edad media de los pacientes era de 26 años. Las ESAR se referían a hombres en el 99,2% de los casos y se habían producido fuera de la Francia metropolitana en el 92,9% de los casos. La pareja sexual era una prostituta en el 66,7% de los casos. En el 15,5% de los casos, todo o parte del acto sexual se realizó sin preservativo”.

Según varios testimonios de militares, en activo o en la reserva, la explotación sexual a la que soldados franceses –en particular en misiones en países africanos– someten a la población local no es cosa del pasado. Un lugarteniente del Ejército del Aire, que desea mantener su identidad en el anonimato, ha participado en numerosas operaciones en Oriente Medio y en África: “En Yibuti, vi el peor lado del ser humano, hombres que se permitían abusar de mujeres menores de edad. Era vox pópuli. Tenían apodos, las naï. En Chad, las golottes”.

En ese sentido, Sylvain Mattuicci se muestra muy molesto: “¡Sí, pasa [soldados que tienen sexo con prostitutas mientras se encuentran destacados en el exterior], por supuesto! Está mal robar, pero hay ladrones. Lo que quiero decir es que estamos en el ámbito de la prevención, en el curativo y en el represivo. Por supuesto, siempre habrá alguien que ha traspasado los límites. Es la condición humana. No voy a hacer un discurso fatalista. Nuestro objetivo es asegurarnos de que quien traspase los límites no se extralimite en exceso. De hecho, cuando yo estaba en activo, este sistema preventivo que estamos poniendo en marcha y luego la formación antes de dejar el país, no existía. Se trata de algo realmente novedoso y se está aplicando. En Francia, se dice a todas horas que la prostitución es mala, pero sigue existiendo”.  Y, como para tranquilizarse, Sylvain Mattuicci continúa: “Lo prohibí hasta tal punto que en Yugoslavia la gente acudía a mí para saber si yo era de un batallón de homosexuales. ¿Por qué? Porque había prohibido todas las relaciones sexuales. La gente se sorprendió porque el comercio no funcionaba en mi zona”.

Cuando el asesor social de la ministra francesa de las Fuerzas Armadas habla de “formación previa a la salida”, se refiere a las sesiones informativas dirigidas a los soldados destinados en operaciones en el exterior. Además de una presentación sobre la situación geopolítica del país de destino, reciben algunas indicaciones culturales y explicaciones sobre la propia misión y las relaciones con la población local. Esta será la única vez, en sus carreras, que los soldados escuchen algo sobre asuntos concretos relacionados con la violencia sexual en las zonas de conflicto.

Yoann Yvinec es formador intercultural, especialista en África en el Emsome. La Escuela de Especialización Militar en el Extranjero y en el Extranjero gestiona todos los destacamentos en el extranjero y en los territorios de ultramar y, en especial, forma a las tropas en comisión de servicio. La preparación operativa implica muchos ámbitos y dura varias semanas. “Antes de partir, nos dirigimos a los regimientos, donde ofrecemos sesiones informativas sobre el entorno humano, la geografía, la historia del país, los conflictos en curso. También damos consejos prácticos sobre qué hacer y qué no hacer”. Se revisan las reglas básicas para “evitar que la mala praxis pueda comprometer la misión sobre el terreno”.

Yoann Yvinec ha formado a soldados destinados recientemente a la República Centroafricana. “Les explico cómo comportarse con los niños que piden dinero: que no les den dinero, ni agua ni comida, de lo contrario volverán. Se les puede dar, pero a cambio de realizar un trabajo, vigilar el campamento o traer agua. En la carretera, al cruzar la población, no se debe conducir demasiado rápido, de lo contrario el polvo puede molestar a los residentes. Hay que evitar señalar con el dedo, así como hacer fotografías sin permiso”. En resumen, una presentación en power point de 50 diapositivas con el objetivo de integrar al soldado.

¿La violencia sexual también se aborda en una diapositiva? “Sinceramente, no forma parte de la presentación. El soldado debe ser ejemplar tanto en las operaciones en el exterior como en los cuarteles. Siempre se realizan recordatorios relacionados con la salud, con los riesgos de VIH y la higiene personal. Además del riesgo de sanciones, recordamos lo que dice la ley. La cosa está muy clara, está estrictamente prohibido tener relaciones con la población local”.

Yoann Yvinec ha sido formador durante dos años, una continuación lógica a su carrera, después de haber sido jefe de sección y tener a su mando una unidad. Su experiencia la ha adquirido en el terreno y en las misiones en el extranjero. Recurre a ella para advertir a los soldados. “Le digo a los presentes: allí sois todos Brad Pitt, se trata de prostitución de supervivencia porque no hay otra opción, es dinero fácil. Lo decimos. Somos conscientes”.

Cynthia Petrigh trabajó 25 años en el sector humanitario antes de fundar la ONG Beyond Peace, una de cuyas misiones es entrenar a las fuerzas militares en derechos humanos y violencia sexual. En un artículo titulado “La violencia sexual en los conflictos armados: ¿qué papel deben desempeñar los militares?”, publicado en 2018, escribe para referirse al Ejército francés: “Según nuestras observaciones, la aplicación y la interpretación [de la prohibición de la explotación sexual] varía mucho según los mandos; la prohibición puede aplicarse de forma estricta (como la autora presenció en 2013, cuando un soldado francés que infringió las normas tomó de inmediato el avión de vuelta a casa); en otros casos, puede dar lugar a una ambigüedad intencional, que puede significar: “Sé discreto, nada de historias”; también hay casos en que esta permisividad supone un estímulo para el abuso, como observó la autora en África Central en 2017 (después del caso Sangaris), cuando el gendarme de la misión, entrevistado de manera oficiosa pero explícita sobre su papel frente a diversos comportamientos (relaciones sexuales remuneradas o no, con menores o no, etc.), simplemente respondió: “Si no les pillamos…”. También escribe, más adelante en el mismo artículo: “¿Se puede hablar del respeto a la mujer y a las normas de buena conducta en  presentaciones breves, del mismo modo que se presenta el contexto general de la operación? ¿Por qué no desarrollar módulos detallados y sistemáticos, igual que se enseñan otras disciplinas (tácticas) que se consideran importantes?”.

Ejemplaridad de los jefes

En varias ocasiones, la garantía de la buena conducta del soldado francés se presenta como una correlación a la ejemplaridad de los jefes. En el contexto particular de las operaciones exteriores, que llevan a hombres y mujeres a situaciones extraordinarias de violencia extrema, la pérdida de referentes es habitual. La salvaguarda, según el general Bachelet, es por lo tanto “la apropiación colectiva de principios éticos fuertes”. El cumplimiento de estos principios debe quedar garantizado por el mando.

Nathalie Desplanque-Guillet es capellana en el Ejército francés. Ha participado en seis misiones en el extranjero. En el número 38 de la revista Inflexion, dedicada a la sexualidad, después de haber recordado que “está prohibido en todos los teatros de operaciones exteriores tener relaciones sexuales con la población local”, detalla algunas medidas preventivas aplicadas por los jefes en una de sus seis operaciones exteriores para evitar tales “excesos”: “obligación de salir y regresar en grupo (integrado por al menos dos o tres personas); hora límite de regreso obligatorio al campamento; distritos de la ciudad e instalaciones autorizadas cuidadosamente delimitados; amplia información sobre enfermedades de transmisión sexual, que a menudo facilita el propio médico jefe, a su llegada; consumo de alcohol, uno de los principales desinhibidores a la hora de mantener relaciones sexuales sin protección, altamente regulado”.

Pero, escribe, “a pesar de todas estas medidas, pueden darse excesos. En ese caso, los soldados acuden preocupados al servicio médico, se les prescribe tratamiento preventivo de emergencia, un día después de una noche de borrachera en un bar con chicas. A veces hay mujeres que se dirigen a las autoridades del campamento para contar que el padre del niño que llevan es un soldado francés. ¿Cierto o no? El responsable jurídico y los gendarmes franceses presentes en el campo investigar serán los encargados de investigar”.

La responsabilidad de Francia

Si bien Nathalie Desplanque-Guillet está convencida de que “la mejor prevención se basa en una mejor cohesión”, hace la siguiente observación: “Desafortunadamente, su presencia [de soldados franceses] también tenderá a fortalecer las redes locales de proxenetismo. Sin embargo, cuanto más pobre es el país en cuestión desde el punto de vista económico, más cuestionable es preguntarse por la libertad de las mujeres, que trabajan en los bares a los que se permite ir a los soldados; mujeres jóvenes, a veces muy jóvenes. ¿Cuál es el grado de responsabilidad de Francia, incluso indirecta, para con estas pobres mujeres, a veces menores de edad, empleadas como prostitutas?”.

En 2017, la OTAN recordaba la responsabilidad de sus Fuerzas Armadas en la lucha contra la violencia sexual en los conflictos: “Hay que destacar el papel y las responsabilidades del personal militar en la prevención de la violencia sexual vinculada a los conflictos y la respuesta que se debe dar”, escribía en un comunicado datado el 26 de octubre. [...] En el momento en que muchos actores adaptan sus programas de formación para la protección de los civiles, puede ser útil de cara al futuro desarrollar una formación conjunta e integrada destinada a las fuerzas militares, a las fuerzas de Policía y a los responsables civiles, a fin de garantizar que comprendan el contexto, que respondan eficazmente a los problemas y eviten hacer más mal que bien en situaciones ya de por sí dramáticas”.

Cynthia Petrigh ha demostrado una y otra vez la eficacia de tener un objetivo tan concreto. Ella misma ha desarrollado un método que no distingue entre derechos humanos y violencia sexual. Intervino con las fuerzas malienses en 2013, desplegadas por la Unión Europea y por Gran Bretaña: “Se constató un progreso claro en asuntos de violencia sexual, comportamiento con la población civil o de cooperación con los actores humanitarios. El mismo soldado que en la 1ª semana había dicho que ‘la violación es la belleza de la guerra’, dijo al término de la formación que trataría ‘a las mujeres como a (su) madre y a (su) hermana”. Cynthia Petrigh adapta el contenido según los informes de las ONG, los etnólogos, las relaciones de poder cooperativas y competitivas, la educación inicial de los militares a los que se enfrenta, etc. También se adapta al terreno y a las poblaciones a las que se destina. Este tipo de formación sigue siendo poco frecuente y no sistemática. Como señala la experta, la psicotraumatología y la victimología no se abordan en los módulos destinados a los Ejércitos franceses.

Si bien se recuerda a los soldados que es peligroso para ellos (en términos de salud o de derechos) o para el regimiento (a nivel operativo), en ningún momento las formaciones mencionan el punto de vista de la población afectada, que ya han padecido la violencia y que se encuentran en situación de supervivencia. Muriel Salmona, psiquiatra y fundadora, en 2009, de la asociación Mémoire tratique et victimologie, recuerda la necesidad de tener en cuenta estos factores. Insiste en la relación entre la violencia sufrida y el considerable impacto en la salud mental y física a largo plazo de las víctimas, así como la génesis de ciertos síntomas psíquicos o psiquiátricos. Para ello, utiliza la noción de trastorno por estrés postraumático, disociación y memoria traumática, cuyo desconocimiento socava gravemente la protección y el reconocimiento de las víctimas.

  infoLibre se suma al proyecto internacional Zero Impunity (zeroimpunity.com), que combina un documental con impacto social, investigación y activismo. Este proyecto transmedia documenta y denuncia la impunidad que protege a los autores de violencia sexual en los conflictos armados. Se trata de una iniciativa de Nicolas Blies y Stéphane Hueber-Blies, “documentalistas activistas”. La entrevista de una víctima y de la productora del proyecto Marion Guth (a_BAHN) está en el origen del proyecto, un testimonio conmovedor. “Si me permito hablarles hoy, y por tanto descubrirme, es preciso que tenga la certeza de que mis palabras serán escuchadas”, escucha entonces. La frase resonó en ellos como un detonador. Las agresiones sexuales en zonas de conflictos armados están detrás de las condiciones de su propia impunidad. Zero Impunity destapa los juegos del poder, las relaciones de fuerzas y las deficiencias judiciales existentes el seno de las grandes instituciones y de los Estados. Zero Impunity aspira a replantearse la noción de activismo on line movilizando a los lectores gracias a testimonios firmes y a investigaciones concluyentes.

Como proyecto de acción ciudadana, proyecto activista que reagrupa a 400.000 ciudadanos firmantes de diferentes peticiones, ejerce una presión sobre los Estados e instituciones internacionales para obtener cambios concretos y así dejar oír las voces de las víctimas para conseguir más Justicia.

En colaboración con un consorcio de medios de comunicación internacionales, infoLibre publica las investigaciones exclusivas del proyecto que desentrañan las mecánicas de la impunidad en el seno de las instituciones públicas, de las organizaciones internacionales e, incluso, de los Ejércitos.

  Traducción: Mariola Moreno

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