Crisis en la eurozona

Los líderes europeos imponen a Tsipras una rendición sin condiciones

En la imagen, Angela Merkel dialoga con Martin Schulz mientras, al fondo, conversan Alexis Tsipras, François Hollande y Jean-Claude Juncker.

El Consejo Europeo es una caja negra. Las negociaciones de los jefes de Estado y de Gobierno son un ritual secreto, que se lleva a cabo al abrigo de miradas indiscretas. Apenas se permite que algunos fotógrafos seleccionados tomen imágenes, al inicio de cada cumbre, para dar una idea del ambiente que reina en la gran sala del Justus Lipsius (el edificio que alberga el Consejo). Durante estos minutos, los dirigentes siguen el juego: todo el mundo sonríe lo más que puede.

La cumbre de la eurozona, que concluyó tras 17 horas de negociaciones y que se cerró el lunes por la mañana con un principio de acuerdo frágil, lo que permite que Grecia permanezca en la zona euro, no ha sido muy distinta. Entre las fotos oficiales distribuidas por el Consejo destaca está:

En primer plano, a la izquierda, una pareja alemana habla. Se trata de Angela Merkel, la canciller (CDU-CSU), y Martin Schulz, el presidente del Parlamento de Estrasburgo (miembro del SPD, en coalición con la CDU-CSU). Ambos hablaban probablemente del grexit “provisional”, considerado una opción plausible por Berlín, según un documento datado el 10 de julio. En segundo plano, a la derecha, aparecen cuatro hombres trajeados, el belga Charles Michel, de espalda (liberal), al lado de François Hollande y de Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, que toca la espalda de Alexis Tsipras.

Eran aproximadamente las 17 horas cuando se tomó la fotografía y el primer ministro griego todavía sonreía. Un gesto de camaradería con Juncker. El psicodrama del referéndum del 5 de julio (Tsipras hizo campaña por el no, cuando Juncker pidió el voto por el sí) parecía lejano. Sin embargo, la sonrisa es forzada. Se advierte la puesta en escena. Alexis Tsipras había tenido conocimiento, horas antes, de la batería de nuevas medidas fijadas por los líderes europeos, a cambio del eventual megapréstamo, dirigido a evitar la bancarrota de Atenas. Algunas de dichas medidas van muy lejos. Implican nuevas pérdidas de soberanía para Grecia durante los próximos años.

En este preciso momento del folletín griego, nadie sabía todavía cómo va a reaccionar Tsipras frente a lo que parece una nueva humillación infringida a su país. Un participante en las conversaciones reconocía el domingo por la noche: “Va a tener que asumir el trabajo realizado y ver si tiene base política”. A esas horas, Tsipras ya era consciente de la magnitud del dilema que tendrá que dirimir por la noche.

O acepta, reniega de buena parte de sus promesas y se pone en peligro políticamente, en cuyo caso corre el riesgo de provocar una nueva crisis política en Atenas esta semana, pero al menos evita el grexit, al menos de momento. O se opone, da un portazo a la cumbre y el sistema bancario griego se ve amenazado desde el lunes por el riesgo de hundimiento, en ausencia de una señal política por parte de los dirigentes de la eurozona, necesaria para el desbloqueo del nuevo plan de ayuda.

No obstante, lo que Tsipras aún no sabía es que empezaba una negociación fuera de lo común, de la que había de salir agotado y vencido. Fueron necesarias 17 horas de conversaciones, interrumpidas en tres ocasiones en el transcurso de la noche para celebrar reuniones, en versión reducida con cuatro integrantes (Donald Tusk, el presidente del Consejo, Tsipras, Merkel y Hollande) para elaborar varios compromiso aunque frágiles, que a continuación serían validados por los 19. A esto hay que añadirle las 12 horas de la reunión del eurogrupo, por parte de los ministros de Finanzas de la zona euro, que se inició el sábado al mediodía y que se prolongó hasta el domingo por la tarde. Sin olvidar, y sobre todo, los cinco meses de intensas negociaciones, llevadas a cabo desde febrero de 2015, a las que se unieron una decena de reuniones del eurogrupo e incluso un referéndum del pueblo griego, el 5 de julio. El lunes por la mañana, la inmensa sala de prensa del Consejo Europeo se parecía más bien a un campo de batalla. Había grupos de periodistas echados en el suelo o repantingados en sillas, que aguardaban, adormecidos, la fumata blanca que debía salir del Consejo, unas plantas más arriba.

Donald Tusk, el presidente del Consejo, había adelantado el color el domingo por la mañana al informar que se anulaba la cumbre europea de los 28 (inicialmente anunciada para el domingo por la noche). El polaco precisó: “La cumbre de la eurozona [de los 19] durará hasta que las conversaciones sobre Grecia concluyan”. Tusk optó por encerrar a los dirigentes hasta que “algo” saliese de la sala.

Desde que dieron comienzo las negociaciones en febrero, la gestión del tiempo se reveló fundamental. “Los europeos más inflexibles quieren perder tiempo” y no dejan de retrasar la toma de decisiones, de una cumbre a otra. Abogan por el deterioro de una situación que fuerce a Grecia a abandonar la zona euro por sí misma. Desde este punto de vista, la elección de Tusk de mantener las negociaciones abieras durante toda la noche, para contrarrestar a los halcones sentados en la mesa, se ha revelado provechosa.

El que se ve de espaldas en la foto es Charles Michel, el primer ministro belga, fue el encargado de anunciar el primer acuerdo a las 8:57 de la mañana en Twitter. “Tenemos un agreekment”, señaló Tusk (contracción de la palabra inglesa agreement, acuerdo, y greek). ¿Un acuerdo? ¿Un compromiso? ¿Una derrota?

Si bien parece que Tsipras dio la batalla toda la noche, el texto final está lejos, muy lejos, de sus promesas de campaña (que incluían nada menos que el fin de la troika y de los memorandos). En una noche, el hombre que resultó elegido con el 36% de los sufragios en enero pasado), que se vio reforzado por la victoria del no en el referéndum (61% de los votos) en julio, debió aceptar nuevas concesiones, mayores, bajo la presión del grexit. Tsipras había prometido a los ciudadanos griegos que un no en el referéndum le reforzaría en la negociación ante Bruselas. Pero ha sucedido lo contrario. Los acreedores finalmente han llegado a definir el contenido de una ley y han fijado el día que deberá adoptarla el Parlamento.

Al término de las negociaciones, Alexis Tsipras apuntó que se había tratado de un “acuerdo difíicil”: “Conseguimos que la renegociación de la deuda se ponga sobre la mesa. El grexit es cosa del pasado. Luchamos mucho y muy duro para conseguir la mejor solución posible”, declaró. En medio de la noche de negociaciones, una fuente griega citada por la Agencia France Presse apuntaba cuáles eran los desacuerdos sobre la mesa y resumía bien el ambiente reinante: “El resto de las propuestas se han admitido, aunque no es estrictamente así... Digamos que con una pistola en la sien, cualquiera diría también que sí a todo...”.

Un calendario muy preciso

Si entramos en los detalles, el compromiso alcanzado en la noche del domingo al lunes pone en marcha un proceso, con poco margen, que tendrá que llevarse a cabo de aquí al fin de semana. Primera fecha clave: los griegos se comprometen a adoptar, de aquí al miércoles, un texto legislativo que contiene algunas “acciones prioritarias” impuestas por los acreedores. Entre las disposiciones, la nivelación de los sistemas de IVA (incluso el aumento del IVA para las islas, a priori) y una reforma del sistema de jubilación. Es decir dos de los dos aspectos más sensibles y por los que encallaban las negociaciones desde hace cinco meses.

También se reclaman más garantías relativas a la independencia de la autoridad de estadística griega o la aplicación “plena” del Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobenanza en la Unión Económica y Monetaria, el minitratado presupuestario impuesto por Angela Merkel a finales de 2011, y en particular la “introducción de los recortes de gastos casis automáticos en el caso de desviaciones con respecto a los ambiciosos objetivos de superávit primarios”. (El texto completo del acuerdo puede consultarse aquí:) 

Esto no es todo. De aquí al 20 de julio, los griegos también deben hacer diversas propuestas para reformar y “despolitizar” la Administración pública en Grecia, con ayuda de la Comisión. También deben trasponer, el 22 de julio como fecha tope, otro texto que prevé la reforma del sistema de justicia civil para “acelerar de manera significativa los procesos judiciales y reducir los costes”. De forma paralela, algunos Parlamentos Nacionales de la zona euro serán consultados, en el caso del Bundestag, sin duda antes del fin de semana, sobre la nueva ayuda.

Aunque se ha dado luz verde a todas estas cuestiones, todavía deben llevarse a cabo las verdaderas negociaciones para fijar los términos del “memorando”, que será el tercero desde el inicio de la crisis griega. Ya se ha establecido una lista de reformas. El montante global de las necesidades financieras se ha establecido entre los 82.000 y los 86.000 millones de euros, que deberán desbloquearse en tres años, hasta 2018.

Inicialmente, los griegos cifraron sus necesidades en 53.500 millones de euros, pero las instituciones europeas estiman que hay que fijar un colchón, para el sector financiero griego, de entre 10.000 y 25.000 millones de euros. Sea como fuere, las instituciones de la extroika están invitadas a “reducir la dotación financiera apostando por un enfoque presupuestario distinto o por mayores medidas de privatización”, según se lee en las conclusiones. En resumen, aconsejan endurecer un poco más las medidas de ahorro presupuestario.

Las conversaciones sobre el memorando todavía pueden prolongarse durante algunas semanas. De ahí la necesidad, mientras se espera el primer desbloqueo de dinero para otoño, de efectuar un préstamo puente (brige financing, en el argot), dotado de al menos 12.000 millones de euros, para hacer frente a los vencimientos del verano (sobre todo el del 20 de julio con el BCE). La financiación de este préstamo puente todavía está por determinar. Se trata de un asunto delicado, una vez más, para los alemanes. Los ministros de Finanzas de la zona euro deben abordar la cuestión no mucho más tarde de este... lunes por la tarde, en una nueva reunión del Eurogrupo, también en Bruselas.

Si la noche ha sido larga, es porque Tsipras ha dado la batalla hasta el final para no dar la impresión de rendirse in extremis. Por ejemplo, logró eliminar de las conclusiones las dos líneas que mencionaban, en el proyecto de acuerdo negociado previamente por los ministros de Finanzas, el domingo, el escenario de un grexit “provisional” y que heló el ambiente el sábado. En parte también consiguió desinflar una de las propuestas de última hora de Berlín, a la que Alemania atribuye una gran importancia, la de un fondo independiente, supervisado por los líderes europeos desde Luxemburgo, para gestionar las privatizaciones en curso en Grecia...

Inicialmente, Berlín había concebido la creación de un fondo al que se transferirían 50.000 euros de activos públicos de Grecia y cuyos ingresos procedentes de las privatizaciones se dedicarían a pagar la deuda. Ideado sobre el modelo de una entidad griega desconocida, con base en Luxemburgo, la institución para el crecimiento, que trabaja desde 2012 sobre todo con el Banco Europeo de Inversiones (también con sede en Luxemburgo).

Para los alemanes, se trataba de pasar la página de la TAIPED, la agencia griega destinada a supervisar las privatizaciones deseadas por la troika, cuya gestión es muy discutida y que nunca ha dado verdaderos resultados. También era una manera de garantizar la devolución del dinero, a largo plazo.

Pero Tsipras quiso que este fondo se localizase en Grecia, y sobre todo que una parte del dinero obtenido de las privatizaciones se dedique, no al reembolso de la deuda, sino a la inversión. En torno a 2.000 millones de euros del total de 50.000, según anunció Angela Merkel en su rueda de prensa del lunes por la mañana. Según las conclusiones alcanzadas en la cumbre, la mitad de los ingresos tendrán que servir para reembolsar el programa de recapitalización de los bancos griegos puesto en marcha por el BCE.

La opción valiente de Tsipras, según Hollande

Las negociaciones también encallaron a la hora de abordar el papel del FMI en el futuro tercer plan de ayuda. Sobre este punto, Tsipras no logró ninguna concesión. Los líderes europeos hicieron de la implicación de la institución con sede en Washington una condición previa a cualquier compromiso, mientras que Atenas hubiese preferido prescindir de ella y contentarse con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (con la Comisión y el BCE). “Los líderes europeos han preferido que el FMI esté a bordo, algo que no ha sido fácil para Tsipras”, reconocía François Hollande al término de las negociaciones.

Otro punto difícil de asumir para Atenas, aparentemente conseguido gracias al primer ministro neerlandés, Mark Rutter, muy ofensivo toda la noche con el asunto: el Ejecutivo griego se compromete a “reexaminar, a fin de enmendar, las leyes” que él mismo ha aprobado desde que llegó al poder. En efecto, Tsipras decidió, tras ser elegido, anular en todo o en parte ciertas medidas impuestas, en los últimos años por la troika (el rollback en el argot de Bruselas, es decir la vuelta a atrás). Así ocurrió con reapertura de la televisión pública griega, por ejemplo. Tsipras se ha comprometido a revisar algunos asuntos, a excepción, según se recoge en las conclusiones, del programa de ayuda humanitaria adoptado a principios de febrero.

En lo que respecta a la deuda, los griegos, que defienden desde el principio su reestructuración (representa el 180% del PIB), parecen haber conseguido muy poco. Cualquier reducción parcial de la deuda griega (un haircut) queda excluida de forma explícita, como deseaba Berlín. La puerta está abierta a los posibles aplazamientos de la deuda, pero el calendario está indefinido: “Tales medidas estarán condiciones a la plena aplicación de las medidas que habrán de convenirse en un nuevo posible programa con Grecia y se tomarán en consideración una vez finalizado satisfactoriamente la primera “revisión” del programa”, puede leerse en las conclusiones.

La enumeración de las renuncias puede dar vértigo. En una entrevista concedida a Mediapart en enero pasado, el profesor universitario griego Gerassimos Moschonas avisaba: “Syriza va a probar la flexibilidad de Europa”. Ahora la respuesta se ha concretado: la Europa conservadora se muestra más inflexible que nunca, dispuesta a todo, parece, para impedir cualquier alternativa de existir en el continente. Además, a medida que la cumbre de la zona euro avanzaba en la noche, las reacciones, en las redes sociales se multiplicaban.

“Lo que hemos aprendido, estas últimas semanas, es que ser miembro de la zona euro significa que los acreedores pueden destruir la economía si te sales del redil”, escribía el economista Paul Krugman en su blog. El comunicado difundido por el eurogrupo, antes de la cumbre de la zona euro, escrito en un estilo especialmente técnico “quedará como uno de los procesos democráticos más brutales de la historia de la Unión Europea, un bloque construido para favorecer la paz y la armonía y que amenaza públicamente uno de sus miembros de ruinas, si no se rinde”, escribe un editorialista de The Wall Street Journal.

Es la dictadura de una ideología”, decía el eurodiputado Philipple Lamberts, el domingo, antes de alcanzarse el acuerdo. Señalaba que Europa está poniendo “la democracia griega bajo tutela como podrían hacerlo los peores regímenes coloniales”. Mientras, a lo largo de la noche, en Twitter, la etiqueta This is a coup (es un golpe de Estado) se convirtió en tendencia. Algunos líderes políticos como Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, o Pablo Iglesias denunciaban ese “golpe”:

También algunos funcionarios de primer nivel reaccionaron en las redes sociales, como el excomisario europeo para el Empleo (con José Manuel Durão Barroso) Laszlo Andor, que manifestó su indignación sin rodeos, al hablar de la “arrogancia, el cinismo y la incompetencia” de los que se refieren al Grexit provisional (es decir, Berlín):

Preguntado por la humillación sufrida por los griegos en esta cumbre, François Hoollande respondió en rueda de prensa el lunes: “Nada habría peor que querer humillar a Grecia. Solicitaba un programa de rescate, no asistencia ni caridad. Reclamaba los principios de solidaridad”. Y el jefe de Estado francés recordaba la “solidaridad monetaria” (que se concreta en las ayudas del BCE al sistema bancario griego) o el plan de dinamización de 35.000 millones de euros anunciado por Juncker, el presidente de al Comisión (que lo único que hace es reagrupar los fondos estructurales ya presupuestados por Atenas para el periodo 2014-200 y acelerar su desbloqueo).

¿Bastarán estos compromisos para convencer a los diputados griegos para que adopten esta batería de medidas? Es difícil de prever cuáles van a ser las consecuencias de este acuerdo sobre la vida política griega. Parece casi seguro que habrá cambios políticos en Atenas en esta semana. François Hollande, que sale fortalecido, en Europa, de esta cumbre, donde ha desempeñado el papel de equilibrista entre Angela Merkel y Alexis Tsipras, saludó el lunes la “decisión valiente” de Tsipras. queda por ver cómo van a recibir los griegos el “valor” de su primer ministro.

Traducción: Mariola Moreno

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