La V República entra en una nueva era con un Macron fuerte y una ultraderecha que ha echado raíces

Un hombre camina junto a carteles de Emmanuel Macron y Marine Le Pen, en París.

Fabien Escalona | Donatien Huet (Mediapart)

Hace cinco años, por primera vez en la V República, un candidato del centro autónomo accedió al Elíseo, en detrimento de los dos grandes partidos del gobierno (Los Republicanos y el Partido Socialista). Su reelección, lograda ahora en medio de un juego democrático sin aliento, a pesar de dos grandes crisis (los chalecos amarillos y la pandemia), demuestra que no se trataba de un accidente, sino de la entrada en una nueva era del sistema partidista francés.

En 2022, los resultados de las elecciones presidenciales habrán consolidado de hecho el equilibrio de poder resultante del “seísmo” político de 2017, cuya magnitud ha resultado ser mucho mayor que el del 21 de abril de 2002. En ese momento, la extrema derecha ya había pasado a la segunda vuelta con los trazos de Jean-Marie Le Pen, y el electorado de izquierdas fue invitado a “bloquearlo” en favor de un adversario que había ocupado el cargo

Sin embargo, la clásica alternancia derecha/izquierda para lograr el poder nacional no se ha visto alterada. Después, en dos elecciones presidenciales consecutivas, el Frente Nacional (ahora Reagrupación Nacional) no pasó la primera vuelta y quedó por debajo del 20% de los votos emitidos. Entre 2017 y 2022, todo cambió.

El 10 de abril, la primera vuelta confirmó la liquidación de republicanos y socialistas como pilares del aparato de poder establecido hace décadas. Y el domingo por la noche, igual que hace cinco años, Emmanuel Macron ofreció una clara victoria frente a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen. Si bien se esperaba una reducción de la brecha entre ambos, ésta se mantiene contenida ante el rechazo de la izquierda al presidente saliente y la impopularidad de sus proyectos conocidos, como el de elevar la edad legal de jubilación a los 65 años.

Es cierto que Emmanuel Macron ha perdido 7,6 puntos de los votos emitidos y 5,1 puntos entre el electorado registrado. Sin embargo, los daños son limitados. El presidente saliente le debe mucho al satisfactorio arrastre de los votantes de izquierdas, aunque hayan optado más por la “no elección” que hace cinco años. La lógica del “frente republicano” sigue funcionando, aunque de forma menos potente que antaño. En otras palabras, el país aún no está preparado para entregarse a la extrema derecha, pero cada vez está menos inclinado a apoyar al candidato que se enfrenta a ella.

Aunque la lógica del bloqueo ha funcionado, no se debe prácticamente a los esfuerzos de Emmanuel Macron y de su mayoría. Estos últimos habrán prestado el mínimo servicio de denunciar el carácter antirrepublicano del RN, cuando no contribuyeron a imponer sus temas y a debilitar a sus opositores más decididos. Esto dice mucho de la resistencia que persiste hacia Marine Le Pen en la población, y de la cortapisa sociológica en la que sigue encerrada su coalición electoral.

La candidata del RN, que obtuvo 17 puntos menos que su rival, aún no ha logrado que su familia política supere el 30% de los votantes registrados. Según la encuesta de Ipsos, realizada del 21 al 23 de abril entre 4.000 personas, sólo está por delante de Emmanuel Macron en un grupo de edad, el de 50 a 59 años. Sobre todo, se queda muy atrás entre los pensionistas, los ejecutivos y las personas con titulaciones medias o superiores, que forman grupos electorales demográficamente importantes e incluso crecientes, cuya participación es superior a la media.

Marine Le Pen sólo domina claramente al presidente saliente entre los encuestados que se posicionan “a la derecha” (71%) o “muy a la derecha” (98%). Por otro lado, Emmanuel Macron la supera, en proporciones variables, desde los que se posicionan “muy a la izquierda” hasta los que se posicionan “más bien a la derecha”. Las únicas transferencias masivas de las que se beneficia el candidato de RN provienen del electorado de Éric Zemmour. Pero incluso estas transferencias no son abrumadoras, en la medida en que no superan el 75%.

Teniendo en cuenta la progresión del bloque de extrema derecha ya registrada en la primera vuelta, podríamos considerar por tanto que el resultado de Marine Le Pen no es ni sorprendente ni espectacular, y que confirma su escasa capacidad para aparecer como candidata alternativa creíble.

Sin embargo, su derrota no debe enmascarar los umbrales cruzados desde las últimas elecciones presidenciales. De los 35.000 municipios franceses, Marine Le Pen salió airosa en más de 18.000 de ellos, frente a la mitad de 2017. Y lo que es más significativo, superó el 50% de los votos emitidos en más de una de cada cuatro circunscripciones legislativas (158 de 577). Hace cinco años, lo consiguió en sólo 45. Por último, ha obtenido la mayoría absoluta en 30 departamentos (de 107), frente a solo dos en 2017, y en 8 regiones (de 18), frente a cero la última vez.  

Mientras que sus resultados más impresionantes se obtuvieron en sus bastiones tradicionales del norte, el este y el sureste del país, los aumentos más fuertes se registraron en zonas históricamente menos favorables, como el Macizo Central o el interior de Bretaña. Algunos de ellos se refieren a municipios con un fuerte pasado conmemorativo, como Izieu (Ain), donde tuvo lugar una terrible redada de la Gestapo en 1944: Marine Le Pen obtuvo allí el 51,5% de los votos, frente al 38% de 2017.

La evolución más espectacular se produjo en los departamentos de ultramar, donde el equilibrio de poder se invirtió drásticamente. En las Antillas, en particular, Emmanuel Macron tiene un resultado muy inferior, mientras que en 2017 había logrado un resultado mejor que su propia media nacional, y Jean-Luc Mélenchon obtuvo allí más del 50% de los votos el 10 de abril. 

La gestión de la crisis social, y especialmente de la crisis sanitaria, obviamente ha influido. Pero, de manera más estructural, Florent Gougou señaló en el plató de À l'air libre el domingo por la noche, las líneas de conflicto que determinan el comportamiento electoral en los territorios de ultramar están desconectadas de las que prevalecen en la Francia metropolitana.

En total, los avances de la candidata del RN no perdonan casi ningún territorio. “Está avanzando en casi todas partes, incluso en los departamentos y territorios de ultramar, en los suburbios, pero también en las grandes ciudades”, que son tierras de misión para ella, observa Antoine Jardin, ingeniero de investigación del CNRS. “Hay un verdadero arraigo del RN en Francia, muy duradero y dinámico”, concluye el politólogo contactado por Mediapart (socio editorial de infoLibre).

Aunque el partido no se ve completamente trivializado, Emmanuel Macron solo moviliza contra él sólo el 38,52% de los votantes registrados. Es una proporción equivalente, e incluso ligeramente inferior, a la movilizada por François Hollande en 2012 o Jacques Chirac en 1995, en duelos más clásicos entre la derecha y la izquierda.

Estas tendencias son preocupantes de cara al futuro, sobre todo si tenemos en cuenta los hogares que probablemente serán los perdedores sociales o políticos de un segundo quinquenio de Macron. La gente que moviliza Marine Le Pen no sólo se moviliza sobre una base comunitaria y alterofóbica (lo que se llama “nativismo”), sino que tiene una verdadera dimensión plebeya.

Llama la atención la correlación entre los ingresos medios de referencia fiscal de un municipio y el candidato que ha salido mejor parado en la segunda vuelta. Cuanto menor sea la renta, mayor es la propensión a votar a la candidata del RN.

Este índice es congruente con los de la encuesta de Ipsos publicada el domingo pasado; recoge que Marine Le Pen se situaba por delante de Emmanuel Macron solo entre los hogares con ingresos netos mensuales inferiores a 1.250 euros: cuanto más aumentan estos ingresos, más fuerte es el presidente saliente. También parece que, cuanto más satisfechos están los encuestados con su vida, más votan a Macron. Lo contrario ocurre a favor de Marine Le Pen.

Sin embargo, es muy probable que la agenda neoliberal seguida sistemáticamente por el presidente de la República desde 2017 agrave las dificultades de los hogares con mayor propensión a votar a Marine Le Pen. Esta agenda también funcionará en contra de aquellos que siguen estructurados por una preferencia política de izquierda, y entre los cuales el voto de Macron en la segunda ronda está claramente sobrerrepresentado.

Dicho de otro modo, los ingredientes para una nueva reducción de la brecha con la RN siguen presentes, como atestiguan las primeras reacciones del entorno del presidente reelegido. Si la gran coalición de Emmanuel Macron es la ganadora de las elecciones, se beneficia de una mayoría adquirida con fórceps frente a una fuerza antirrepublicana, y parece seguir queriendo bailar sobre un volcán.

Más allá de la segunda vuelta de este año, la reorganización del panorama electoral en torno a tres bloques electorales de tamaño similar no está exenta de dificultades democráticas. Nuestro sistema político está canibalizado por las elecciones presidenciales, de las que las legislativas son una pálida amplificación desde 2002. Estas elecciones uninominales a dos vueltas tienden a crear un “tercer partido excluido”. Sea cual sea, éste ve cómo sus expectativas desaparecen en la segunda vuelta.

En este caso, desde 2017, es la izquierda la que se encuentra en el papel de “tercero excluido”, además de estar sumida en una gran desorganización interna. El peligro para ella es seguir siendo la espectadora de un juego político centrado en una oposición binaria entre partidarios y opositores de la globalización cultural y económica.

Y como la candidata del RN y sus tropas son cada vez derrotadas, es el mismo tercer partido socialmente “hiperintegrado” el que se encuentra “hiperrepresentado” por la mayoría macronista. Además, llama la atención que la proporción acumulada de abstenciones y de votos en blanco y nulos haya sido equivalente tanto en las segundas vueltas de 2017 como en las de 2022, y en claro aumento respecto a las elecciones anteriores.

En resumen, las instituciones y el nuevo equilibrio electoral del poder tienen suficiente con alimentar el malestar democrático que acompaña a la envejecida V República. Emmanuel Macron ha tomado el relevo del PS y de LR como garante de las orientaciones políticas tomadas desde los años 80, entre el neoliberalismo y la integración europea, cuyos contornos y aplicación está adaptando en función de las crisis vividas desde los años 2010. El problema, para la considerable cantidad de ciudadanos que no se encuentran en esta situación, es encontrar la manera de que sus expectativas se transmitan adecuadamente dentro del sistema político.

Traducción: Mariola Moreno

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