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Los Verdes alemanes no descartan una coalición de Gobierno con Merkel

Angela Merkel, en una imagen de archivo.

La posibilidad de que una coalición integrada por los conservadores y los ecologistas (coalición verdinegra) gobierne Alemania se ha incrementado notablemente desde el miércoles. Ese día, el partido ecologista Bündnis 90/Die Grünen daba a conocer el resultado de las primarias en las que se elegían a los dos candidatos que encabezarán la lista de las legislativas del 24 de septiembre.

Los 61.000 afiliados (la tasa de participación fue del 59%) podían elegir entre tres hombres y una mujer. La única mujer, y por tanto elegida conforme a los estatutos del partido, la copresidenta del grupo parlamentario federal Katrin Göring-Eckardt obtuvo, como era de prever, un buen resultado (para este partido): el 70,6% de los sufragios. Entre los hombres, por el contrario, el copresidente del partido Cem Özdemir (35,9 %) sólo logró 75 papeletas más que el outsider Robert Habeck (35,7 %), líder de Los Verdes del land de Schleswig-Holstein y ministro regional de Medio Ambiente. El último candidato y único representante del ala izquierda del partido, el otro copresidente del grupo parlamentario Anton Hofreiter, fue el gran perdedor al obtener sólo el 26,19% de los votos.

Las bases han elegido a una realista y a un superrealista. No se puede descartar una coalición verdinegra". Natural de Turingia (RDA), la teóloga Göring-Eckardt (50 años), muy comprometida con la Iglesia protestante, comenzó su carrera política en los mismos movimientos de protesta del este de Alemania que Angela Merkel (Demokratischer Aufbruch). Sin embargo, por su vinculación con el movimiento ecologista, no formó parte de la generación que integró el Gobierno de Gerhard Schröder. Más preocupada por las cuestiones sociales, familiares y de educación que por el medio ambiente, apoyó no obstante sin reservas las reformas liberales de la Agenda 2010.

Por su parte, el hijo de inmigrantes turcos Cem Özdemir (51 años) se ha convertido en un ejemplo de integración en Alemania. Fue el primer diputado federal alemán hijo de la inmigración turca en llegar al Bundestag (1994). Empezó su carrera cerca de Stuttgart, de ahí su fuerte acento suevo. Al igual que su compañera de lista, este hombre polivalente no procede del movimiento ecologista del partido; se ha centrado en la inmigración y en la integración, en la educación, en Europa y en el régimen turco actual, que condena sin paliativos y que considera un traidor.

En la rueda de prensa de los candidatos, Katrin Göring-Eckardt y Cem Özdemir explicaron que su principal objetivo era volver al Gobierno. Los ecologistas –en el poder de 1998 a 2005 como socio menor del SPD de Schröder– han logrado adelantar a los liberales del FDP, hace 30 años tercera fuerza política alemana. También han conseguido cambiar la República Federal con la salida de lo nuclear en 2001 o con la modificación del Código de la nacionalidad. Pero el poder también les ha cambiado. Pese a que durante mucho tiempo los Grünen han bebida del pacifismo y de la ecología, la decisión de su carismático líder Joschka Fischer (entonces ministro de Asuntos Extranjeros) de apoyar la intervención de la OTAN en la guerra de Kosovo y enviar por primera vez desde 1945 un soldado alemán a la guerra, desencadenó entonces una ola de salidas del partido (en mayo de 1999, Fischer fue bombardeado con pintura en el congreso de Bielefeld).

Buena parte de los ecologistas, que se adaptan perfectamente al modelo alemán de economía social de mercado, ha apoyado las reformas brutales del mercado de trabajo de Schröder (Agenda 2010). Por último, el electorado del partido también ha cambiado. En el momento de su fundación, en 1980, el 80% del electorado ecologista tenía menos de 35 años, frente al 10% actual. Por otro lado, varios estudios ponen de relieve que los electores verdes, junto con los votantes del partido liberal, tienen un sueldo medio bastante superior al salario medio del votante de otros partidos.

Tras los malos resultados del SPD en 2005, los Verdes se vieron en la oposición pero habiendo aprendido a gobernar y con la esperanza de no perpetuarse. Sin embargo, la incapacidad de los socialdemócratas para cerrar la herida interna abierta por la Agenda 2010 y también a la hora de alcanzar una coalición con Die Linke, impidieron una unión de izquierdas en 2009 y después en 2013. Y para los Verdes, la legislatura que termina ha sido la más agotadora. En efecto, con el partido de la izquierda radical Die Linke, se han encontrado desempeñando el papel de oposición parlamentaria con menos del 25% (Verdes y Die Linke) de los escaños, umbral por debajo del cual los partidos no tienen derecho a pedir la apertura de una comisión de investigación parlamentaria. No obstante, la omnipotente gran coalición CDU-SPD, deseosa de preservar una apariencia de democracia, les concedió excepcionalmente ese derecho –y algunos más– hasta las próximas elecciones. Hoy, se encuentra con un partido ecologista que tiene hambre de poder y ve cómo los demás partidos sólo sueñan con poner punto y final al reinado de la gran coalición.

“Cualquier formación de Gobierno será difícil”

Así las cosas, ambos candidatos han negado, aunque con tibieza, que la alianza con el partido conservador de Angela Merkel sea una opción importante de su estrategia. “Queremos entrar en el Gobierno para poder aplicar nuestras políticas, en la medida de nuestras posibilidades. Veremos si somos lo bastante fuertes como para imponernos en una coalición; con quién no es lo importante. Lo que cuenta es que haya mucho verde dentro”, precisaba Göring-Eckardt. El hecho de que la dirigente de un partido de izquierdas, que dirigió durante ochos años el país al lado del SPD, muestre tanta indiferencia con relación a su eventual socio político es un mensaje claro, confirmado momentos después por Özdemir. Preguntado sobre si una coalición de izquierdas es factible todavía, respondió que “incluso el mayor optimista dirá que el SPD no lo tiene fácil”, en alusión a los resultados que los sondeos arrojan para los socialdemócratas, que sólo pueden elegir entre volver a la oposición o ser una fuerza supletoria de la CDU en una nueva gran coalición.

La debilidad de sus aliados de ayer y la ruptura de los equilibrios políticos provocado por la llegada del partido populista y xenófobo Alternativa para Alemania (AfD) no son las únicas razones que llevan a Bündnis 90/Die Grünen a contemplar una alianza con la CDU de Merkel. Con el paso de los años, los dos partidos se han acercado mucho y los últimos grandes obstáculos ideológicos acabaron en 2011 con la salida de lo nuclear decretada por Merkel y después en 2015 con la política inflexible de la canciller a favor de la acogida de refugiados.

En el plano económico y social, las diferencias irreconciliables también han desaparecido. La CDU de Merkel ha evolucionado mucho en lo que se refiere a la cuestión sobre la condición femenina, los inmigrantes, la educación y el medio ambiente. En cuanto a los ecologistas, deseosos de “hacer más verde la economía”, infiltraron un mundo de la empresa que les ha cambiado tanto como han cambiado ellos. Baste como ejemplo la elección rotunda del ecologista Winfried Kretschmann, que comienza su segundo mandato como ministro presidente del Estado federado de Baden-Wurtemberg, bastión conservador durante 58 años y corazón industrial de Alemania. En noviembre, el tercer hombre de los ecologistas no pudo ser más claro. Se pronunció a favor de Angela Merkel como candidata a la Cancillería. “No sé quién podría hacer mejor ese trabajo”, declaró entonces.

Un día después de la reelección de Kretschmann, Özdemir planteó tres condiciones mínimas para poder “comenzar a imaginar” una alianza verdinegra: Alemania debe dejar atrás el carbón, el Gobierno federal debe luchar en el plano europeo por un plan Marshall para Áfricaplan Marshall y lanzar una reforma del sistema educativo donde no se plantee la cuestión de los orígenes y de la renta. Cuando ni los defensores más acérrimos del carbón le dan ya mucho tiempo de vida en Alemania y el ministro conservador de Desarrollo, Gerd Müller, propuso el miércoles lanzar… un plan Marshall para África, cabe imaginar que la tercera condición no va a plantear problemas. Por supuesto, antes de que arranque una campaña que Cem Özdemir prevé dura y apasionante, los Verdes tienen otras reivindicaciones, sobre todo quieren la reintroducción de un impuesto sobre las fortunas y una fiscalidad más verde y más social. Pero todo se negocia.

A pesar de las apariencias y de la derrota del ala izquierda del partido, pese a todo, no hace falta ir demasiado rápido. Ambos candidatos han prometido en varias ocasiones tener en cuenta a todas las sensibilidades del partido y la justa victoria de Özdemir puede ser garante de esa promesa. Por otro lado, Göring-Eckardt explicó con razón que “toda formación de Gobierno sería difícil”. En efecto, aliarse con la CDU, es también aliarse con su hermana pequeña bávara, la CSU, que ha situado la seguridad y la limitación del número de refugiados en el centro de su programa.

Por último, materializar una unión supone alcanzar un acuerdo con las posiciones de Die Linke en política extranjera (Die Linke quiere salir de la OTAN) o alcanzar un acuerdo con Sarah Wagenknecht, cojefa del grupo parlamentario Die Linke, acusada por algunos de practicar un populismo de izquierdas xenófobo para recuperar a los electores perdidos de extrema derecha. A fin de cuentas, serán los votos de los electores los que decidan el color de la futura coalición. Y, de momento, los Verdes tienen problemas para despegar de su base electoral, de entre el 9 y el 11%, mientras que la CDU oscila entre el 32% y el 38%, un movimiento pendular que sólo permite creer de vez en cuando en una mayoría verdinegra. _________

El SPD inicia negociaciones con Merkel para una eventual coalición

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Traducción: Mariola Moreno

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