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TVE rejuvenece y dispara su audiencia con 'OT' y 'Masterchef Junior'

Alfred y Amaia, escogidos por el público de 'Operación Triunfo' para representar a España en Eurovisión.

Mediodía de este martes. A pesar de que la jornada viene cargada de noticias políticas e institucionales, decenas de periodistas se agolpan en los estudios de TVE en Sant Cugat para escuchar las impresiones de Amaia y Alfred, que pocas horas antes han sido elegidos para representar a TVE en el Festival de Eurovisión. Son finalistas –y previsibles ganadores– de Operación Triunfo, aunque el nombre en estos tiempos de ahorrar caracteres ha sido fagocitado por el acrónimo OT. Así es denominado en redes sociales, donde lleva horas encabezando las tendencias con millones de impactos y cientos de miles de tuits. El departamento de comunicación de RTVE se había encargado, a primera hora de la mañana, de difundir los datos: "Audiencias. La 1 de TVE lidera el lunes con nuevo record de @OT_Oficial: casi 3,1 millones y 23,6 vieron la gala de Eurovisión".

 

Hay que remontarse a 2004 para encontrar una preselección para Eurovisión que reuniera tal porcentaje de espectadores. De hecho, la cadena pública va a terminar enero con el 11,5 por ciento, cifra que no alcanzaba desde octubre de 2012, más de un punto por encima del mismo mes del año pasado y casi tres desde que tocara suelo en julio de 2014, con un 8,9, que consagraba su fracaso ante Telecinco y Antena 3.

¿Qué ha pasado para que La 1 obtenga una recuperación tan llamativa? La respuesta es, inevitablemente, compleja, y debe incluir deméritos de la competencia, como el desplome del Gran Hermano de Telecinco, o los titubeos en el esquema de programación de Antena 3. Pero la razón principal hay que buscarla en la llegada a la cadena del público infantil y juvenil, y la consecuente entrada y triunfo en las denominadas audiencias sociales, ambas circunstancias gracias a tan solo dos programas: OT y Masterchef Junior.

En efecto, tras el asentamiento de las principales cadenas comerciales, TVE ha ido, paulatinamente primero, de manera muy acusada en los últimos cinco años, quedando reducida a una audiencia envejecida, y en su mayor parte confinada en la España rural. Al margen del canal Clan, favorito entre los más pequeños, La 1 aletargada por la estrechez presupuestaría –no conviene olvidar que, bajo el Gobierno del PP, la asignación quedaba reducida en 250 millones de euros por año– renunciaba a las tan costosas como atractivas emisiones de fútbol, se dejaba arrebatar las exitosas novelas de la sobremesa, o el espacio de Bertín Osborne, sometía a una emisión caótica y guadianesca series como El Ministerio del Tiempo, con la consiguiente desafección de espectadores, cortaba de raíz la prolongación de éxitos como Águila Roja, o para redondear los disparates mantiene en un cajón –"por razones presupuestarias", dice la dirección– películas y series sobre la II República y la Guerra Civil, pese a que sus antecesoras obtuvieran gran audiencia. Masterchef y las sucesivas entregas de Cuéntame, con protagonistas de todas las edades y ambientada en el inmediato pasado, eran los únicos productos que permitían a la cadena pública competir –durante los meses de exhibición, y algún día a la semana– en el horario de máxima acumulación de espectadores. En lógica correlación con la programación y el tipo de espectadores, la presencia de las emisiones de La 1 en redes sociales era, en la práctica, inexistente.

La apuesta por 'OT' y 'Masterchef Junior'

A día de hoy, resulta muy llamativo que el éxito actual se haya producido volviendo la vista a espacios del pasado, más o menos lejano. Los concursos basados en la cocina o en el descubrimiento de nuevos talentos musicales, además de estar presentes en las televisiones de todo el mundo, formaban parte de los aciertos de programación de TVE. En el caso de Masterchef, tan solo consistía en adaptar para niños la formula que triunfaba con concursantes adultos. Más complicado resultaba revivir Operación Triunfo, éxito imponente en la ya muy lejana primera edición, que había ido languideciendo en las sucesivas entregas, cada vez con menos espectadores y repercusión.

Sin embargo, ya en el final de la temporada, los responsables de TVE decidieron hacer de este espacio una "apuesta de cadena", a imitación de la realizada por Mediaset con pasadas ediciones de Gran Hermano. Ya desde las primeras selecciones de aspirantes se hace visible la dedicación, con presencia de cada episodio en múltiples espacios de La 1, incluidos los Telediarios, en donde se destaca en titulares de apertura cualquier paso del programa, por nimio que este fuera. Se crea un canal específico que muestra ensayos y vida cotidiana en la denominada Academia, y se lleva a los participantes a la calle en presentaciones –cuidadosamente preparadas y publicitadas–, firmas de discos, etcétera, al tiempo que se trae al programa a personajes populares y consagrados del mundo musical.

 

Con todo, la principal apuesta es el volcado del espacio televisivo al ámbito multimedia. Se diseñan programas y avatares de los concursantes para que sean consumidos en cualquier momento y sea cual sea el dispositivo técnico. Se trata de convertir lo que nació como un programa más en un fenómeno viral. Importa, sí, la emisión por televisión en día y hora concreta, pero se busca a los jóvenes –potencialmente espectadores primordiales– allí donde consumen, esto es, en las redes sociales. Y es en ellas donde el éxito es más espectacular. Los datos de la última semana son abrumadores: OT figura en primera, segunda y quinta posición entre los más nombrados; el ganador absoluto lo hace con más de 68 millones de menciones y casi medio millón de tuits; pero es que la segunda posición, ni siquiera es el programa, sino el chat que emite a continuación, con más 76.000 tuits, triplicando al siguiente destacado. La culminación del triunfo del equipo responsable se produce cuando una parte de los usuarios de redes sociales interactúan en ellas mientras contemplan en las diversas pantallas OT; ahora son al tiempo espectadores y propagandistas del fenómeno. Se puede afirmar con propiedad que los jóvenes, o al menos una parte sustantiva de ellos, han vuelto a TVE, que ha vuelto a la Edad de Oro.

Las sombras del éxito

Como siempre, los triunfos, por más incontestables que sean, no están exentos de sombras que, en el caso de OT y Masterchef Junior, tienen una compartida: las horas de comienzo y final de las emisiones. La lucha para vencer a la competencia hace que el inicio sea justamente cuando se produce el momento de máximo consumo de televisión. A partir de ahí, se programa una duración descabellada que lleva el final hasta bien entrada la madrugada. Que un medio público realice esta práctica solo se puede calificar de disparate, que llega al paroxismo en el caso del concurso de cocina con niños y para niños, que han de sustraer horas al descanso, fundamental para su actividad diaria. Ningún directivo de televisión de la Europa actual se podría permitir ese dislate horario sin ser inmediatamente descalificado.

Ambos espacios coinciden en otra sombra, que en el caso de OT se produce de manera especialmente abusiva: la omnipresencia en los telediarios, que pervierte de manera alevosa el servicio público de la información. Incluir espacios de entretenimiento en noticias y hasta en titulares lleva a los informativos de TVE, que ya han perdido más de la mitad de su credibilidad en una etapa presidida por la manipulación y censura –denunciada por los órganos profesionales internos y externos–, a un trastoque de su esencia. Como ha recordado recientemente el Consejo de Informativos, introducir las promociones de programación dentro de los informativos contribuye a la banalización de los contenidos y hurta a los ciudadanos de un espacio que debe estar reservado a la información plural, veraz y jerarquizada por criterios exclusivamente periodísticos.

En el caso de Masterchef Junior, psicólogos infantiles y educadores se unen a quejas de padres y madres de que no se ha adaptado convenientemente el concurso a la edad de los participantes: no se fomenta el aprendizaje, la imaginación o el compañerismo. Se les hace avanzar demasiado rápido por un carrusel de emociones –miedo al fracaso, disgustos que bloquean una reacción rápida, o regalos inadecuados– y se convive con momentos que pueden herir la sensibilidad de los más pequeños. Están muy recientes las quejas al Defensor del Espectador por obligar a uno de los aspirantes a cocinar una anguila viva. Aunque la responsable de este tipo de programas afirmó que "no era la intención herir la sensibilidad de nadie", Ángel Nodal sancionó ante las cámaras lo siguiente: "Es evidente que este tipo de imágenes hieren la sensibilidad de nuestra audiencia, por lo que confío en que los responsables del programa tengan en cuenta lesa petición.  En primer lugar porque para la realización de esta prueba no era imprescindible mostrar a la anguila viva. Y, en segundo, porque al hacerlo se alimenta innecesariamente la polémica sobre si se utilizó al animal como parte del espectáculo".

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