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23 de febrero

Mario Martín Lucas
Publicada el 24/02/2015 a las 17:57 Actualizada el 24/02/2015 a las 17:58
La tarde era soleada para el mes de febrero en San Sebastián, hacia media hora que yo había salido del cuartel de Loyola, donde estaba haciendo la mili, aun no me había terminado de cambiar el uniforme militar, por mi ropa de paisano, cuando miembros de la policía militar nos recomendaron volver a entrar al acuartelamiento, ¿por qué?, ¿qué pasa?... En pocos minutos estábamos formados, de nuevo en el patio, el silencio se podía cortar, caras muy serias, de mucha preocupación, se veían en los mandos. El oficial de guardia empezó a informarnos de lo que sucedía: “no hay certezas absolutas, … faltan confirmaciones, pero ha habido disparos en el interior del Congreso de los Diputados, parece que todo ello tiene que ver con algún acto del diputado vasco Juan Mari Bandrés, de Euskadiko Ezquerra…”. ¡Pero no puede ser!, ¿alguien tiene una radio?

A los pocos minutos, mientras limpiábamos nuestros “cetmes” –fusiles de asalto del ejército-, las noticias que llegaban confirmaban que un teniente coronel de la guardia civil había entrado en el Congreso, pero nada se hablaba de Bandrés, había sido una especie de maniobra de despiste para justificar no se sabe qué…

La noche transcurre pesadamente, nadie duerme, estamos en situación de alerta, tumbados sobre las literas, pero vestidos. Las ventanas dejan ver muchas luces encendidas, destaca la de la lámpara de araña de la oficina del coronel; se dice que el sargento del polvorín ha desaparecido del cuartel para no verse en la tesitura de tener que entregar la llave del arsenal a ningún mando. La radio dice que el capitán general de Valencia apoya el golpe, pero ¿y nuestros mandos?, ¿quiénes lo apoyan aquí?, mi compañero Iñaki me confiesa que si recibimos órdenes de salir a la calle, el saltará al rio Urumea y huirá; como ruido de fondo se oyen los motores de los camiones, arrancados, preparados…

Se empiezan a ver las primeras luces del alba, una emisora de radio donostiarra calcula en millares las personas que han podido abandonar la ciudad camino de Francia, pero el golpe parece haber fracasado con la perdida de apoyos, tras lo dicho por el rey por televisión.

Han pasado 34 años de aquel día, pero los recuerdos permanecen frescos.

Mario Martín Lucas es socio de infoLibre


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