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Librepensadores

¿Está Podemos derrochando la energía del 15M?

Amador Ramos Martos Publicada 08/02/2017 a las 17:26 Actualizada 08/02/2017 a las 17:27    
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Hace más de 2 años, exactamente el 30 de octubre de 2014, me publicaron en El País –no interpreten el hecho como narcisismo- una carta al Director, “El discurso de Podemos”, en la que defendía que independientemente del rebaño político y de la ideología de cada uno, todo ciudadano que se considerara demócrata honesto y sincero, debería reconocer el papel catártico que la aparición de Podemos supuso para la degradada política española y estar agradecido por ello.

Lo escribí en su momento, y me he reiterado en lo escrito a lo la largo del tiempo transcurrido desde entonces. En más de una ocasión si mi memoria no me falla –que me va fallando- he planteado en algún otro artículo en  infoLibre sobre la coyuntura política actual española una pregunta retórica: ¿Cuál sería el panorama político actual en España si Podemos no hubiera aparecido en el escenario?

Cada cual es libre de pensar y opinar sobre el asunto lo que le parezca, pero tengo la íntima convicción, de que la aparición de Podemos nos ha traído bajo el brazo no pocos beneficios políticos y democráticos que han beneficiado al conjunto del país. Por lo pronto, nuestra “singularidad española” en la respuesta ante la crisis económica, social y democrática que padecemos a nivel planetario, contrasta con lo que está ocurriendo en el resto de Europa y EEUU donde se vislumbran posiciones ideológicas y discursos políticos que rozan –si no han traspasado ya- los límites siempre amenazadores del fascismo.

Podemos ha alumbrado un discurso distinto, un mensaje renovado y posibilista en cuanto a nuevas formas de ejercer la actividad política. Lo que no es poco teniendo en cuenta el grado de degradación que la “democracia” convertida en un sucedáneo de la misma como consecuencia de las líneas doradas marcadas por los poderes fácticos a aquella. La plutocracia, imponiendo sus límites e intereses espurios, ha sometido a la democracia.

La aparición de Podemos –un seísmo político que no hubiera cuajado sin la sinergia del malestar ciudadano aglutinado en torno al Movimiento 15M- ha aportado ya beneficios evidentes a un sistema bipartidista, que democráticamente, venía “haciendo aguas” instalado como estaba en su confortable duopolio alternante y arropado por los celosos vigilantes del orden establecido: los poderes mediático y económicos. Una catarsis que constituye solo por ello un mérito atribuible en exclusiva a Podemos que supo leer el malestar ciudadano de una “nueva ciudadanía” aglutinada en torno al 15M.

Un revulsivo que ha provocado –a pesar del poliédrico Ciutadans- una imposible mayoría conservadora en el Parlamento, un poder legislativo antes fuera de control parlamentario ahora embridado por la necesidad de pactos y un ejecutivo menos insolente en su relación con el resto de partidos pero sobre todo con sus ciudadanos.
Conscientes de la pérdida de credibilidad social y de su relativa pérdida de poder, los partidos tradicionales PP y PSOE tratan ahora con urgencia, de forma poco creíble y determinado por las inesperadas circunstancias, paliar los efectos derivados de sus actitudes previas y recomponerse. Para ello, recurren por una parte a reubicar sus discursos en terrenos más tibio y dialogante –no le queda más remedio- en el caso del PP, y más concordante con el modelo socialdemócrata –causa de su hundimiento- abandonado por el PSOE hace tiempo.

Simultáneamente y bajo la presión –reconocida explícitamente por Pedro Sánchez en su entrevista con Jordi Évole- de los poderes fácticos, PP y PSOE mantienen un entendimiento mutuo de mínimos, casi subliminal, que les permita en un manejo perverso de los tiempos políticos, rehacer su cuota de credibilidad ideológica y de poder político dificultando el acceso de Podemos –que ya ha accedido en coalición o con el apoyo de otras fuerzas en instituciones hasta el nivel autonómico- a cualquier de las instituciones de poder real.

La entrada de Podemos en el juego político que culminó con su entrada contundente en el Parlamento, inicialmente demandada con vehemencia por el sistema que le reclamaba su salida del extrarradio y su contribución a hacer política institucional, ha marcado el punto de inflexión “emocional” de los vigilantes del mismo.
El partido neonato, tal como se le exigió inicialmente con sarcasmo, saltó desde la calle (15M) al Parlamento; hecho que inquietó sobremanera– se acabó el sarcasmo y comenzó la inquietud- a los poderes fácticos. Pero ha sido el acceso de Podemos a instituciones de poder real que de momento siguen funcionando, lo que ha transmutado la inquietud de aquellos en un temor que está siendo utilizado para retroalimentarlo en los ciudadanos.

Todos o casi todos –tenemos derecho a hacerlo- nos hemos quejado en algún momento de la situación de degradación social y política que venimos sufriendo desde el inicio de la crisis. Pero la corrupción del sistema, el abuso del poder ejecutivo fruto del monopolio excluyente del legislativo y de la colonización del poder judicial por aquellos, los recortes en derechos sociales básicos, la falta de respuesta por su dejadez de los que debieron haberlo hecho ante la avalancha neoliberal que esta asolando al planeta, la pérdida de confianza en un sistema que vende como orden justo y legítimo un “desorden establecido”... nunca, nunca podrá ser achacada a un partido Podemos recién alumbrado en el mundo político.

La explotación del temor a Podemos por el viejo sistema bipartidista que nunca ha hecho un reconocimiento categórico de su responsabilidad en el fracaso del mismo y de la crisis, no debiera constituir motivo de temor si no de esperanza. Lo que provoca temor en los poderes fácticos es que si Podemos va “tocando poder”, lo haga con eficacia, honestidad, compromiso con los ciudadanos y dentro de márgenes éticos mínimos infranqueables.

Lo peor en mi opinión –lo que más debería inquietar a los demócratas, a mi me inquieta- sería un cierre en falso, o un fracaso en la salida de la crisis desencadenada en Podemos a consecuencia de la lectura no concordante de sus dirigentes de la realidad política y de la estrategia para hacer viable el proyecto futuro del partido.
Un Podemos inviable por la desavenencia de sus líderes, sería un injusto regalo democrático, un fraude a muchos ciudadanos (cinco millones de momento) que hartos, desengañados y resistiendo ante la desesperanza, desde la calle, les cedieron en las urnas su enorme poder democrático para ser representados por el partido en las instituciones. Un derroche de dignidad ciudadana y de democracia que solo beneficiaria paradojicamente a los causantes del deterioro de las mismas.

Animo a reflexionar a los líderes de Podemos, Vistalegre no puede nunca devenir en Vistatriste. Solo la viabilidad de un proyecto transversal -no monolítico ni excluyente, pragmático cuando se precise, más justo y solidario, que no renuncie a la utopía inalcanzable, ético y aplicable en la vida real- que contribuyera a mejorar el bienestar social y los derechos de sus ciudadanos traería como consecuencia directa el aumento progresivo –desactivando el temor ciudadano- de su prestigio, que es lo que causa verdadero terror a los poderes establecidos.

Como ciudadano y como demócrata mi reconocimiento y agradecimiento al Movimiento 15M y esperando que no defraude a “la gente”... también a Podemos, que con su discurso original, permitió vislumbrar la posibilidad de un oasis arropado por mucha gente que desde el desierto político clamó que lo imposible era factible que... ¡sí se puede!
 



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