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Librepensadores

Son de otra pasta

Jesús Pichel Martín Publicada 08/09/2017 a las 06:00 Actualizada 07/09/2017 a las 14:39    
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Saben perfectamente que nos están llevando al desastre, pero no les importa. Saben que ya no pueden dar marcha atrás, aunque nos lleven al desastre; que por encima de todo está la defensa de su quimérica patria, aunque nos lleve a todos al desastre, porque se viven como la encarnación del pueblo soberano. Claro que lo saben. Como saben que ninguno quiere pasar a la historia como el perdedor de este disparate. La culpa siempre es del otro.

Lo saben y no les importa porque son de otra pasta. Hay que ser de otra pasta para querer ser gobierno, para aceptar ese poder, a sabiendas de que hay que estar dispuesto a poner en peligro la vida y la libertad de otros si es necesario; que no puede temblarles la mano al empuñar la pluma o el botón, aunque arrastren a todos al desastre.

Lo explicó bien Max Weber, en El político y el científico (1919): “Quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno solo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando”. El poder y la violencia.

Casi cuatrocientos años antes, lo describió perfectamente Maquiavelo en El Príncipe (1532), ese manual de realismo político: “Hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe [léase, quien tiene el poder] debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre”.

Lo saben y se aplauden entre ellos porque saben que contarán con incondicionales dispuestos a dejarse la piel para entrar en el martirologio nacionalista, con bienintencionados ciudadanos convencidos de estar haciendo lo correcto sacando pecho y banderas, y con algunos más incautos arrastrados por esa cuesta abajo por donde a veces nos lleva la historia.



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2 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 08/09/17 11:08

    Sería verdad lo que usted dice si hubiera simetría en los fanáticos incondicionales de uno y otro bando, si hubiera un nacionalismo español opuesto al independentismo catalán, pero yo no veo dónde está el primero. Antes de explicar por qué, me apresuro a decir que me alegro de que no exista o sea muy débil ese nacionalismo español excluyente, pero no por eso dejo de constatar que no lo hay, y no ahora, sino desde el 77. Unos ejemplos:

    a) En el País Vasco nunca hubo un terrorismo civil opuesto al de ETA (el Batallón Vasco Español o los GAL eran ramas clandestinas de la policía). Lo que pasó en el País Vasco es totalmente opuesto al caso irlandés, que los etarras solían asimilar cínicamente al caso vasco. En Irlanda había dos comunidades enfrentadas, dos organizaciones armadas que se asesinaban mutuamente. Había financiación clandestina por ambos bandos. En el País Vasco solo mataban los de un lado y no hubo un solo millonario dispuesto a financiar una fuerza que se opusiera a ETA ni un nacionalista español dispuesto a integrarse en ella. Se evitaron así muchas muertes, pero es una prueba obvia de que no existía en la sociedad española nada parecido al nacionalismo irlandés.

    b) El hipotético nacionalismo español, ya sea de dentro o de fuera de Cataluña, ha sido incapaz, por ejemplo, de hacer cumplir al separatismo las reiteradas sentencias en contra de la enseñanza monolingüe sin alternativa, pese a la gravedad del caso.

    c) Sabemos de bastantes "famosos" catalanes que se declaran independentistas a las claras (Puigcorbé, Llach, Sergi López, etc) pero no recuerdo uno solo que se haya situado en el lado contrario. Eso contrasta, por ejemplo, con la toma pública de posiciones durante el Brexit, y puede demostrar que no hay famosos que no sean independentistas o, más probablemente, que dan por hecho que la fuerza está del lado de los secesionistas y no se quieren "significar".

    d) Ni dentro ni fuera de Cataluña el "nacionalismo español" es capaz de reunir contramanifestaciones que se parezcan en asistencia y ostentación de símbolos a las del secesionismo.

    ¿No son indicios suficientes de que no existe la simetría que supone el artículo?

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    • JesúsPM JesúsPM 08/09/17 12:40

      Gracias, jorgeplaza por su amable comentario. Yo sí creo que hay un nacionalismo español bien arraigado en las instituciones y en muchos ciudadanos, pero no pretendía ser ese el tema del artículo. A cuento del reto secesionista actual pretendía hablar no tanto del nacionalismo como del empecinamiento de quien tiene el poder y de sus consecuencias. En cualquier caso, gracias de nuevo por su comentario.

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