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Cuando la ley está enferma

Antonio García Gómez
Publicada el 25/11/2018 a las 06:00
Cuando resulta que una mujer violada ha de demostrar que su resistencia fue numantina y que sobrevivió ¿de puro milagro?

Cuando la inocencia de los violadores es dada por presunta y se convierte en factor determinante a tumbar por razones de resistencia inhumana, insufrible, de la víctima que, tal vez, haya cometido el lamentable error, la culpa insalvable… de no haber evitado la violación.

Y sobrevolará sobre el violador la duda salvífica porque los hechos sobre la víctima son claros y rotundos: fue violada. Y ahora llega el escarnio: ¿pudo evitar la víctima la violación, gritó o no gritó un “no” desgarrador, arañó, pateó, golpeó… al violador?

Porque es terrible la consecución de la situación: ¿Tal vez creyó el violador que la víctima estaba consintiendo de alguna manera?

Soy incapaz de imaginármelo, pero cuando lo intento y trato de vivir una escena de intromisión indeseada en mi esfera corporal, el malestar ya me paraliza, me hace no comprender bien lo que está sucediendo.

Por eso puedo y quiero entender que el trauma de haberse sentido “intimidada mediante una violación” ya debería suponer una dedicación máxima a recuperar a esa persona para una vida normal.

Y, sin embargo, la sociedad regresa al violador y escudriña a la víctima, regaña al violador y espera que la víctima se recupere con mesura y modestia, sin alharacas.

Cuando la ley está enferma algunos jueces y juezas se parapetan tras la “letra” de la ley y se ponen exquisitos, ante el agresor, seguramente porque confían en que la víctima se recuperará y además porque bebió demasiado, porque provocó malas interpretaciones, porque se detuvo con quien no debía, porque no gritó hasta el desgarro. Y pataleó. Y golpeó. Y arañó… y disuadió a su agresor de su intención.

Cuando la ley está enferma es que se basa en interpretaciones de parte, porque no condena el deseo indeseable de quien sabe perfectamente que está “agrediendo, violando” a un ser humano, a una mujer.

Cuando la coartada del agresor, del violador es que la víctima no dejó claro su rechazo… por ¿parálisis, por sumisión, por aceptación … de lo inevitable?, es que la ley está muy enferma y tantos y tantas, también, extraordinariamente enfermos y peligrosos.

Cuando la culpa se matiza y se recorta hasta la explicación de los hechos que son claros es que algo no va muy bien, al contrario, va fatal.

Y dijeron que cambiarían la ley, pero parece que no hay mucha prisa, y esto también es una señal alarmante de que las mujeres continúan indefensas.
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Antonio García Gómez es socio de infoLibre
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1 Comentarios
  • M.T M.T 25/11/18 09:38

    Letra y espíritu de la ley, junto a letra y espíritu de quienes interpretan esas leyes y juzgan desde intenciones. En todo caso gracias por este artículo y por su solidaridad y reconocimiento hacia las víctimas de violación.

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