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Ética oportunista y trilerismo político

Amador Ramos Martos
Publicada el 25/06/2019 a las 06:00

“Mediocre y trepador se llega a todo”, Pierre Beaumarchais
“Los pactos políticos entre facciones adversas son siempre de mala fe, aunque sean convenientes”, John Cooke


Si no fuese por la muy mejorable calidad de la degradada actividad política española, tengo que reconocer que la situación (donde campan a sus anchas los trileros) no deja de tener, cuando revisas las hemerotecas, su vis cómica. O, para ser mas precisos, tragicómica y vergonzante. Lo que no me deja opción al chiste fácil ni a la ácida gracieta.

Los políticos no sólo renuncian al ejercicio de la ética de la convicción, sino que también denigran con su recurso abusivo el valor pragmático de la socorrida y a veces obligada (tapándose la nariz) ética de la responsabilidad. En ocasiones, sólo disfrazan la impotencia de la democracia ante las presiones de poderes no democráticos.

Tras el reciente festival electoral, asistimos a la entronización política de la “ética de la oportunidad”. Para entendernos: un modelo de uso y abuso democrático al que recurren algunos trileros en este carrusel de intereses partidistas y personales entrecruzados, donde se pacta con el diablo si es preciso para asegurar asiento (poder) a tanto ambicioso culo político.

Con el modelo bipartidista PP-PSOE en proceso de desguace y la amenaza de Podemos, el  “sistema” decidió apuntalar preventivamente el espectro político de la derecha de cara a un futuro, que aunque siempre previsible, dejaba una ventana de oportunidad a lo imprevisto. El instrumento elegido para ello fue Ciudadanos.

Un pequeño partido de ámbito catalán, de marcado nacionalismo español y liderado desde sus inicios por un entonces juvenil (casi adolescente) Albert Rivera, quien vio en la oferta la oportunidad de ensanchar el partido a nivel nacional y alimentar su legítima ambición política. El discurso anticatalanista (pieza clave de su ideario) y neoliberal económico encajaban como anillo al dedo con el discurso del añejo nacionalismo españolista y el poder financiero.

Un comodín que el “sistema” se sacó de la manga marcando al aprendiz de tahúr Rivera un cuádruple objetivo: asegurar electoralmente una “marca blanca” alternativa al PP (deslegitimado política y éticamente por la corrupción excepto para su religiosa parroquia). Anclar al PSOE, en riesgo de fractura por las luchas internas de poder entre Díaz y Sánchez, al proyecto de un pacto a tres junto al PP. Un acuerdo bendecido de antemano por el poder mediático y económico que, ya de paso, exorcizaba la tentación de su confluencia con Podemos. Y el fundamental, apoyar la paralización preventiva mediante la vía jurídica iniciada por el PP  (renunciando a la via política) de cualquier intento de solución política al conflicto territorial con Cataluña. Para ello se destruyeron los imprescindibles puentes y con los escombros, cada nacionalismo en Cataluña levantó sus murallas. Hoy por hoy excluyentes e insalvables.

Un tripartito, PSOE, Cs y PP, al que hace tres años consideré, como ahora, imposible, de alto riesgo y nada recomendable para el PSOE, pero al que no le faltaron altavoces mediáticos. Por ejemplo, el del efervescente exdirector entonces de El País, Antonio Caño, quien, (usar tono de coña) en un mesurado y respetuoso editorial, Salvar al PSOE, cuyo destinatario era Pedro Sánchez, acertó de pleno en su análisis y predicciones, como los hechos, a posteriori, fueron demostrando. 

Afirmó entonces Caño en el editorial con una saña que deslegitimaba su credibilidad periodística e impropia de su cargo: “El enrocamiento del que hizo gala Sánchez al negarse a aceptar su cese por la pérdida de confianza por parte de la mayoría de su ejecutiva y su pretensión de seguir adelante con la convocatoria de un congreso aboca al PSOE a un proceso de destrucción a la vista de todo el mundo. Su empecinamiento en seguir con esa hoja de ruta insensata es el que de verdad refuerza al PP y a Podemos, debilita al PSOE y aleja a su partido de cualquier posibilidad de gobernar en un futuro próximo”.

A la luz de lo acontecido, huelgan más comentarios acerca del olfato periodístico y político de El País y de Caño. Una presunta evidencia de las servidumbres a veces insoslayables para mejorar la cuenta de resultados de Prisa. Un error imperdonable para un medio considerado desde su aparición como el “oráculo de Delfos” de la prensa española. Y que ante la airada baja de suscriptores a raíz del “efervescente” (inflamable sería mas exacto) editorial, le costó (perdido su prestigio profesional y a pesar de sus injustificables justificaciones) la dirección de El País a Caño.

Pero el problema es que el elegido por el sistema, Rivera, cobró vida propia. Aquel inmaculado, impecable y siempre sonriente “ciborg” ideológico que haría las delicias de cualquier suegra; el regenerador de la ética política; el apuntalador garante del orden y transparencia del sistema, al que este amamantó engordando su ya rollizo ego ante la expectativa de ser elevado al olimpo de la Moncloa.

Creyéndose los cantos de sirena de sus patrocinadores, se erigió, impaciente y soberbio sin serlo (cuestión de actitud), en el opositor de la derecha. Engreído de sí mismo decidió ir por libre e intentar su soñado sorpasso al PP. Eso le encumbraría al liderazgo de la derecha española y desde allí desafiaría en duelo político a su bestia negra: su envidiado y odiado Pedro Sánchez. Pero los resultados electorales rebajaron su ego y redujeron su papel al de secundario del PP en el seno de la derecha.

¿Los motivos de su devaluación? Quizás varios, pero el fundamental (visto el fracaso de lo planificado estratégicamente por el sistema), la llamada a toque de corneta por parte de este para reagrupar a la descompuesta derecha nacional, aterrorizada tras el resultado del 26M (usar tono de coña) ante la posible “gulagización” de España por los bolcheviques y bolivarianos de la radical y temible izquierda española.

Pero “lo más principal”, como decía aquel, abortar cualquier intento de abrir la puerta al diálogo por parte de un plausible gobierno del PSOE con el catalanismo, no todo él, sinónimo de independentismo. Una concatenación temporal de azares ha sincronizado el recién cerrado carrusel electoral con el final del juicio del procés y el inicio de las deliberaciones del Tribunal Supremo sobre (tono de coña) los terribles sucesos y trágicas consecuencias que la violencia inusitada del 1-O provocaron en Cataluña.

Una versión hiperbólica, cuando no mezquina, de unos hechos puesta en solfa por muchos miembros de la judicatura, amplificada mediáticamente hasta la extenuación y que desacredita la credibilidad de algunos hasta ayer paranoicos constitucionalistas, encamados hoy sin ningún pudor democrático con Vox (partido tardofranquista, anticonstitucional y de alta toxicidad para la democracia) en una obscena cama redonda. Una promiscuidad ideológica que Rivera intenta farisaicamente justificar recurriendo a vergonzantes eufemismos.

Algunos de los entonces responsables (entre ellos Francesc de Carreras) del alumbramiento político nacional de este vocero de la transparencia democrática, sintiéndose estafados por la indecente deriva ultraderechista de Rivera enrocado en su “no es no” a la investidura de Pedro Sánchez, lo exhortan ahora con cierta dosis de cabreo y sentimiento del ridículo para que recapacite, reconsidere su actitud y vuelva al redil marcado por la ortodoxia.

Pero a estas alturas, el llamado por ellos a ser líder de la regeneración política española sabe que si abandona la cama redonda que promiscuamente comparte ya con Casado y Abascal  (reducido su papel al de segundón y comparsa que tanto odia) quemaría la escasa o casi nula credibilidad que le queda en España y en Europa.

Pero más desconcierta a estas alturas que Juan Luis Cebrián (presidente emérito de Prisa) siga proclamando “erre que erre” la virtuosa necesidad de entendimiento de su antes vituperado Pedro Sánchez (que, apoyado por las bases del partido, resistió a las presiones alentadas desde fuera, pero también desde dentro del PSOE) con este “veleta naranja” (un acierto metafórico el de Abascal) carente de dogmas. En realidad, y él lo sabe, un engreído, veleidoso y servil “corre ve y dile” del poder, que ha hecho de la “ética de la oportunidad” su paradigma.

Apelan coincidentes en el objetivo Cebrián y Francesc de Carreras al ultimo recurso: el conflicto territorial. Un perenne subterfugio (tan rentable políticamente como argamasa de tantos patriotismos y tantos patrioteros) que exalta los más viscerales e irracionales apasionamientos ciudadanos. Un nudo gordiano que impide el reencaje de las legítimas reivindicaciones de ambos nacionalismos atrapados dentro de la exigencia de respeto de los márgenes legales y constitucionales hoy inamovibles.

Pero esta última exigencia reiterada hasta la saciedad ya aburre. De nada sirve si no se pone la mínima voluntad política por parte de todos los involucrados para llevar a término de forma consensuada y dialogante el proceso de reforma constitucional. Un paso previo imprescindible para alcanzar un objetivo hoy imposible, bloqueado como está de entrada por los nacionalismos catalán y español, excluyentes ambos el uno del otro.

Reformar la Constitución —“La Intocable”— es una prioridad. Hay que aliviar la tensión y falta de entendimiento entre la mitad social de Cataluña y la de una parte importante (que no toda) de España. No todos compartimos la exaltación del sentimiento patriótico y menos del patrioterismo barato de algunos canallas que hacen exhibición impúdica del mismo.

Un sentimiento que tristemente algunos utilizan de forma irresponsable alimentando irracionales y excluyentes patrioterismos españoles y catalanes. Sólo ha servido para cronificar jurídicamente un problema político, endemoniado donde los haya, pero no irresoluble políticamente.

Y acabo con tres preguntas a Francesc de Carreras y Juan Luis Cebrián, a los que Rivera, su apadrinado, les ha salido rana: ¿Consideran creíble para una parte no despreciable de ciudadanos la opción de Albert Rivera tras su reconversión ideológica recurriendo a su trilera “ética de la oportunidad”?  ¿Creen de verdad que esos mismos ciudadanos entre los que me incluyo estamos dispuestos a comulgar con las ruedas de molino del oportunista y caprichoso “veleta naranja” patrocinado hasta hoy por ustedes?.

Y la última: ¿Ignoraban ese proverbio tan español que dice: 'quien con niños se acuesta, mojado se levanta'”?
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Amador Ramos Martos es socio de infoLibre
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3 Comentarios
  • @tierry_precioso @tierry_precioso 25/06/19 22:00

    Si Podemos no apoya, la primera investidura no saldrá adelante y Sanchez probablemente deberá ofrecer un gobierno de coalición a Ciudadanos que da los números sin problema alguno. De conseguirlo, en Francia se convertirá en una estrella por haber parado los pies a la derecha extrema de Vox. Macron felicitarâ calurosamente a "Monsieur Sanchez" e imagino como posible portada de magacines la siguiente: "Pedro Sanchez, l'homme qui a sorti Ciudadanos des griffes de Vox."
    Que Ciudadanos no accederá? Bueno, no serâ fácil pero al final Sanchez ofrecerá algo fuerte. Por ejemplo Maria Chivite podría estar obligada a renunciar y el Psoe de Navarra apoyaría un gobierno de Navarra Suma.

    Para mi, lo que acabo de imaginar es una pesadilla. Estoy a favor de la cooperación con UP pero serîa irresponsable por parte de Podemos no apoyar la investidura de Sanchez.

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  • AMP AMP 25/06/19 09:56

    El problema de este chaval no solo es político, que también, fundamentalmente es psicológico.

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  • subeChico subeChico 25/06/19 07:09

    Pero ¿Cebrián no era ya un cadáver embalsamado?
    Lo del niño cagón ha quedado claro.
    Y lo del señor de las Carreras ¿Qué relación tiene con titOliu?
    Francesc Carreras : Querido Albert/Opinión/El Pais en https//el país.com

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