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Librepensadores

¿Por qué odian los hombres a las mujeres?

Antonio García Gómez
Publicada el 27/08/2019 a las 06:00 Actualizada el 26/08/2019 a las 20:24
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"En definitiva, algunos hombres no las perciben ni conciben como seres con humanidad: las cosifican y las poseen, las maltratan o las matan" (María Silvestre)

Desde el caso de La Manada, de los Sanfermines de 2.016, se han registrado policial y judicialmente más de 135 agresiones grupales sexuales, muchas de ellas violaciones, contra mujeres. En el País Vasco se ha registrado el pasado año un aumento de un 37% de agresiones sexuales. Muy preocupante.

Parece que últimamente se centra la razón de este crecimiento de la violencia machista en el fácil acceso a la pornografía desde las más jóvenes edades. Un factor, por descontado, que influye y mucho. Pero que no es el único: nos conduciría a un error grave pensar que es así.

En Andalucía en lo que vamos de año se han producido 10.700 denuncias por maltrato machista. Paralelamente un grupo político, para mi criterio deleznable, parece obsesionado con negar, empezando por nombrarla, esa evidente violencia de género. Desea llamarla "violencia intrafamiliar", con la cobarde complicidad de algunos conmilitones no precisamente de esa formación política.

Recuerdo con amargura con un debate que mantuve con alumnos de entre diecisiete y diecinueve años, en el que uno de ellos insistió en destacar que "él no se fiaba de su novia", y que "pensaba que todas las mujeres eran unas putas", casi, casi, viéndose medio obligado a incluir en esa calificación a su hermana y madre.

Desde que tengo noción de memoria siempre he recordado el recurso fácil al chiste "contra la mujer, la nuera, la cuñada, la suegra...", sin encontrar ningún rechazo ostensible en la concurrencia.

No entendía yo muy bien cuando de niño escuchaba aquello de que "casarse era un lotería", entendiendo que las de perder las tenía siempre la mujer… en el caso de que algo se torciera.

Es claro pues que siempre se ha entendido, de una manera u otra, que la que debía aguantar era la mujer.

Recuerdo cómo insistía mi madre en que ella jamás toleró que mi padre la nombrara como la parienta, una manera tan "chusca como despreciativa" que relegaba a la mujer a una posición secundaria.

Todo ello puede empezar a explicar que esa cosificación viene de atrás y desde muchos flancos.

Atendiendo además al actual caldo de cultivo en el que el individualismo es la gran baza para justificar ese afán amoral, mezquino, injustificable, por buscar el placer, renegando de la más mínima frustración, como sujetos incapaces de sentir empatía, respeto, compasión... Tal vez porque lo ven también en sus líderes, que dejaron de ser referentes morales desde el momento en que mostraron que sus tragaderas eran tan innobles como inmorales.

Sus discursos enfatizan y esparcen mentiras, inquinas y odios a cambio de una oferta inagotable de placer y más placer, aunque hayan de llevarse por delante a la mujer rodeada, agredida, violada por un grupo de miserables, sin opción a la disculpa. El ambiente social que nos llega de arriba es también muy miserable.
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5 Comentarios
  • Kovacs Kovacs 01/09/19 21:59

    Para ser profesor, parece dedicar poco tiempo a leer y contrastar. O demasiado tiempo a pregonar ideas acordes a tendencias políticas. Poner como ejemplo a un único alumno del total me parece sumamente ilustrativo.

    Aconsejaría, en cualquier caso, revisar las características de las "manadas" que refiere en el primer párrafo, antes de denunciar cuestiones como el individualismo del primer mundo. Igual encuentra alguna causa más, aparte del discurso imperante en estos medios.

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  • Rey cuervo Rey cuervo 28/08/19 11:15

    "Los hombres que odian a las mujeres" o "A ver que gilipollez políticamente correcta escribo para que me la cuelguen online" o "Demostración práctica de cómo convertir una ideología política en una verdad absoluta"

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  • jorgeplaza jorgeplaza 27/08/19 20:46

    Cuando usted dice que "los hombres odian a las mujeres", ¿qué quiere usted decir? ¿Que todos odian a todas las mujeres y, por tanto, usted también las odia a todas? ¿O son todos menos usted? ¿O son algunos que odian a todas o quizá algunos los que odian a algunas? ¿O, como en la frase "los hombres son más altos que las mujeres" lo que quiere decir es que, si se escogen un hombre y una mujer al azar, más de la mitad de las veces el hombre será más alto y un hombre aleatorio odia más de la mitad de las veces a una mujer estocástica?
    Puede que le entendiera mejor si, en vez de componer la figura tratando de quedsr bien con los lectores "progres", se hubiera usted esforzado en entender y hacernos entender algo concreto y verificable. Lástima.

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  • Ambon Ambon 27/08/19 12:32

    La sociedad entera, hombres y mujeres han ido reproduciendo en la educación de los vástagos la diferenciación de sexos frente a la igualdad, desde la ropa que se pone a niños o niñas, desde los juguetes, desde la responsabilidad en las tareas domésticas. Ya mayores hace no tantos años, la responsabilidad de "traer dinero a casa" recaía en el hombre mientras que la mujer debía mantenerla "como los chorros del oro", esos roles no han desaparecido y en el mantenimiento de ellos tenemos una responsabilidad compartida ambos sexos.

    El cambio se producirá por la educación, en casa, en la escuela y el colegio, en la vida social, en los clubs, en los grupos de amigos, en el trabajo, se conseguirá conociéndonos mutuamente, respetándonos, conviviendo con valores de tolerancia, de solidaridad, de cooperación, vamos justo lo contrario de los valores imperantes de individualismo, egoísmo e insolidaridad que se dan en nuestra sociedad actual.

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    • Kovacs Kovacs 01/09/19 21:53

      Suponiendo que todo eso de que los valores imperantes son el egoísmo y la insolidaridad sea verdad (que me parece una aseveración demasiado alegre), ¿qué tiene que ver eso con la suposición falaz que presenta el titular?
      ¿No nos odiaríamos, simplemente, todos a todos? Particularmente tanto el artículo como la opinión me resultan simplistas, al asociar una realidad compleja en una única causa (falta de formación), excluyendo otras, como que no hay sociedad perfecta, o que hay personas (por fortuna, una minoría) que nacen con patologías que impermeabilizan cualquier formación y comportamiento social tolerable.

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