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Los diablos azules

Género y Gran Recesión

  • Los grandes relatos sobre la crisis y las políticas de austeridad se han revelado como ciegos al género, tanto en el análisis del sistema como de sus consecuencias
  • Las crisis y las políticas que se aplican para salir de ellas afectan a las personas de muy diversas formas por su diferente posición y funciones 

Lina Gálvez Muñoz Publicada 21/10/2016 a las 06:00 Actualizada 21/10/2016 a las 12:38    
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Trabajadoras del sector pesquero.

Trabajadoras del sector pesquero.

Las crisis económicas, y las políticas económicas que se aplican para intentar salir de estas, afectan a las personas de muy diversas formas debido a su diferente posición y funciones en la familia, en los mercados de trabajo o crediticios, en la sociedad, en el territorio y en función de su raza, etnia, clase social y, aunque haya sido generalmente más olvidado, también según sean mujeres u hombres, tal y como se puso de manifiesto en los pioneros trabajos de Rania Antonopoulus que han culminado en la publicación del libro editado por ella, Gender perspectives and gender impacts of the global economic crisis [Perspectivas de género e impactos de género de la crisis económica global] (Routledge), así como en el primer y más extenso análisis de género del origen y las consecuencias de la crisis que se ha publicado en España, escrito por Juan Torres y por mí, Desiguales. Mujeres y hombres en la crisis financiera (Icaria). 

Y otro gran número de textos y evidencias empíricas de gran relieve científico publicados en los últimos años han mostrado que la utilización del género como categoría analítica es esencial para profundizar en el conocimiento de la naturaleza, el origen y las implicaciones de crisis como la más reciente. De hecho, la vinculación entre las crisis económicas, las recesiones y las desigualdades de género han sido ampliamente estudiadas desde la economía feminista, sobre todo, en los procesos de ajuste estructural que sufrieron los países latinoamericanos y asiáticos en las décadas de 1980 y 1990, y sus conclusiones han sido decisivas para orientar el análisis de la crisis actual, a pesar de que ésta última ha tenido una dimensión sistémica mucho más acusada y una salida austericida ligeramente distinta a la de otras anteriores. Una síntesis de esos estudios y sus aportaciones al análisis actual de la crisis económica pueden verse en el capítulo de Diane Elson, “Economic crisis from the 1980s to the 2010s: a gender analysis” ["Crisis económicas desde los ochenta a la década de 2010: un análisis de género] en uno de los libros fundamentales del enfoque feminista de la macroeconomía y la política económica: el editado por Shirin Rai y Georgina Waylen, New frontiers in feminist political economy [Nuevas fronteras en la economía política feminista]  (Routledge). 

En paralelo al desarrollo de la crisis se han ido publicando numerosos trabajos (especialmente en la revista Feminist Economics, donde destaca un número especial sobre el tema ahora en formato libro editado por Sakiko Fukuda-Parr, James Heintz y Stephanie Seguino, Critical and feminist perspectives on financial and economic crises [Perspectivas críticas y feministas en la crisis económica y financiera]) que han permitido poner de relieve que su origen estaba claramente vinculado a la desigualdad de género y, en particular, a la enorme discriminación familiar, laboral y financiera sufrida por las mujeres en la práctica totalidad de los países y de modo muy singular en Estados Unidos durante el proceso de eclosión de la burbuja de las hipotecas basura.

Más adelante, se ha ido analizando también la directa y fuerte vinculación de la desigualdad de género con la llamada austeridad (en realidad una nueva versión de las viejas políticas deflacionistas que vienen desarrollándose desde los años ochenta como soporte de la respuesta neoliberal a la gran crisis estructural que se desencadenó en las economías capitalistas, incluso ya antes del comienzo de los años setenta del pasado siglo). Y de ahí han florecido los análisis que muestran claramente las conexiones entre la domesticidad, el trabajo no pagado y la macroeconomía; entre las desigualdades basadas en la identidad y las distributivas; entre las elecciones de los inversores —aparentemente neutras desde el punto de género— y la regulación pública de la economía; y entre los y las propietarias individuales de casas y los abstractos mercados financieros globales, tal y como han analizado Aida A. Hozic y Jacqui en True scandalous economics. Gender and the politics of financial crises [Economía realmente escandalosa. Género y la política de la crisis financiera] (Oxford University Press).

El análisis de género de la crisis también ha puesto de manifiesto que el impacto de la austeridad ha sido mucho mayor y más dañino en las personas con menos recursos –donde hay más mujeres—, tal y como hemos mostrado Paula Rodríguez Modroño y yo en varios trabajos, o el libro editado por Maria Karamessini y Jill Rubery, Women and austerity [Mujeres y austeridad] (Routledge). Algo por otra parte lógico si se tiene en cuenta que las mujeres sufren también en mayor medida los recortes en gasto público social. Bien porque son las principales usuarias de estos servicios –ya sea directamente o como intermediarias para otros miembros de la familia—, las principales empleadas en ellos y, sobre todo, porque son las “sustitutas naturales”, es decir, sobre quienes recae la provisión de los servicios que las administraciones públicas ya no dan, encarecen. Un fenómeno que se da en los distintos contextos nacionales, aunque sea con distintas intensidades y características dependiendo principalmente de los modelos de bienestar y de género.

A diferencia de estos enfoques, los grandes relatos sobre la crisis y las políticas de austeridad se han revelado como ciegos al género, tanto en el análisis del sistema capitalista –como por ejemplo el libro de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura)—, que además es heteropatriarcal, como en lo relativo a las consecuencias desiguales que la crisis ha tenido en hombres y mujeres, y entre las propias mujeres y los propios hombres.

De hecho, si analizamos algunos de los títulos más leídos sobre la Gran Recesión y su salida austeritaria, podemos fácilmente comprobar que el análisis de género está totalmente ausente, como en el por otra parte magnífico libro de Mark Blyth, Austerity. The History of a dangerous idea [Austeridad. La historia de una idea peligrosa] (Oxford University Press), o el de Daniel Dreszner, The system worked [El sistema funcionaba] (Oxford University Press), que analiza todo el sistema que dio origen a la crisis pero sin reparar cómo sus orígenes vinculados con la titulización de las hipotecas basura se cebó en el último escalón del mercado, especialmente en las mujeres y en las minorías raciales, tal y como analizábamos en Desiguales. Estos autores mostraban cómo las mujeres afroamericanas, que solo suponen el 6% de la población estadounidense, suscribieron casi la mitad de todas las subprime, que con la investigación posterior de las causas de la crisis se revelaron como una práctica engañosa y predatoria por parte de los bancos, que de esa manera se aprovecharon de la situación de exclusión económica de esas mujeres, sus menores conocimientos financieros y sobre todo, de que por socialización se mostraban más confiadas a las propuestas de los comerciales.

La relación podría seguir con los libros de Yanis Varoufakis, Martin Wolf o Joseph Stiglitz, donde el análisis de género brilla por su ausencia. De hecho, los grandes relatos de la crisis y sobre todo la interpretación de las instituciones internacionales solo se han acercado a este tema para ahondar en la división por género de la sociedad como con el mantra manidamente repetido –y no empíricamente demostrado—, de que las mujeres tienen mayor aversión al riesgo y que si Lehman Brothers hubiera sido Lehman Sisters la crisis no se habría producido. Sin tener en cuenta que un mundo en el que hubiera existido una Lehman Sisters estaría tan estratosféricamente alejado de la realidad que no merece la pena realizar ejercicios contrafactuales tan imaginativos.

Afortunadamente, y como se ha tratado de poner de manifiesto, hay una pujante literatura de economía feminista que está sacando a la luz cómo el new normal de la sexualizada y racializada desigualdad y la violencia contra las mujeres forma parte, complejiza y enriquece el relato de la Gran Recesión y el austericidio que la ha sucedido.

*Lina Gálvez Muñoz es es catedrática de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla). 

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