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Los libros

La alegría inteligente

  • El filósofo se pregunta en La imagen de tu vida por cómo deberíamos vivir para que nuestra vida fuera digna y bella y recordada como tal por los que nos sobrevivirán
  • Si pensáramos en qué cosas merecen más perdurar, reflexiona, estas serían "las que son como el fuego, luminoso y cálido"

Ioana Gruia Publicada 09/06/2017 a las 06:00 Actualizada 08/06/2017 a las 20:12    
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La imagen de tu vida
Javier Gomá Lanzón

Galaxia Gutemberg
Barcelona

2017
  El último libro de Javier Gomá, La imagen de tu vida (Galaxia Gutemberg, 2017), tiene algunos puntos en común con El conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofía y literatura (1990) de Martha Nussbaum1. Ambos reflexionan sobre una pregunta fundamental y fundacional, a nivel vital y filosófico: ¿cómo se debería vivir? Si la autora americana afirma que nuestra tarea en la vida es vivir como los buenos personajes de un buen relato, el filósofo español lleva a cabo una profunda y bellísima meditación sobre la construcción de la imagen de nuestra vida. En el "Aviso" que precede los cuatro textos centrales, seguidos por una "Carta a mis hijos (para ser leída después de mi muerte)2, Gomá explica que la noción de "imagen de la vida" deriva de la "ejemplaridad" (núcleo de significación de su tetralogía), a la que fuerza a trascender la muerte. Es decir: ¿cómo deberíamos vivir para que nuestra vida fuera digna y bella y recordada como tal por los que nos sobrevivirán, qué imagen podemos construir y proyectar de nosotros mismos para que nuestra muerte parezca un acto de suprema injusticia?

"Humana perduración" avanza las dos modalidades de perduración de los seres humanos más allá del tiempo de su vida: la ejemplaridad, a la que todos podemos aspirar, y la obra artística sobresaliente, al alcance de pocas personas. Si pensáramos en qué cosas merecen más perdurar, estas serían "las que son como el fuego, luminoso y cálido", las cosas "cuya perfección posee el don doble de iluminar el entendimiento y encender el corazón". Esta íntima unión, de raíz unamuniana, entre pensamiento y sentimiento está atravesada por la luz y el fuego de "la alegría inteligente". Se trata de un arte de vivir que se distingue tanto de la tristeza, para la cual nunca faltan motivos en la vida, como de la candidez ñoña que lleva aparejada la falta de comprensión y lucidez. La alegría inteligente es una virtud cálida, profunda y generosa, situada bajo el signo de la luz y la claridad, nociones que aparecen en el siguiente texto, "La imagen de tu vida". Una capacidad, que puede aprenderse, para mantener a la vez iluminada la razón y encendido el corazón.

En La imagen de tu vida, el filósofo explica que la noción de sublime, que en la Antigüedad grecolatina se vinculaba estrechamente a la belleza, la luz, la armonía y la ejemplaridad moral, ha llegado hasta nosotros distorsionada por la tradición cultural, que en la modernidad la ha asociado más a las tinieblas. Y, si pensamos en la relación entre lo humano y lo sublime, una visión aristocrática sólo la atribuía a unos pocos, mientras que el Romanticismo la adjudicaba únicamente al artista, al genio y a sus excentricidades, a los aspectos que separaban a este del común de los mortales. La democracia, explica Gomá, al proporcionar otro enfoque de lo humano, puede hacer hincapié en el vínculo entre lo sublime y la normalidad. El autor subraya así que lo sublime, en apariencia anacrónico en nuestras sociedades, puede residir precisamente en aquello que nos une a todos, la posibilidad de una vida recta y bella.

"Cervantes. La imagen de su vida" elogia la "ingenuidad aprendida y cuidadosamente elegida" de Don Quijote en la segunda parte de la novela y desplaza los rasgos de la imagen de Don Quijote a la del propio Cervantes. Estrechamente emparentada con la alegría inteligente, la ingenuidad aprendida es una apuesta por la vida, el bien, la justicia y la belleza a pesar del "cansancio de la vida" y las inherentes adversidades que esta prodiga. Este cansancio puede desembocar en el cinismo y crear la ilusión de la aparente superioridad del cínico sobre el ingenuo; sin embargo, si la ingenuidad es aprendida y asumida como una estrategia vital "hay veces en que el mundo no reitera con monotonía lo consabido sino que innova la realidad y transforma lo dado". La alegría inteligente nace precisamente de la conciencia del desconsuelo. Gomá desplaza las cualidades de Don Quijote, idealismo, cortesía y humor (imprescindible para equilibrar las aristas más solemnes y severas del idealismo) al propio Cervantes y las convierte en un modelo vital. La imagen de la vida de Cervantes, explica el filósofo, es la más civilizadora de cuantas existen. "Si el Quijote fue el libro de la conciencia moderna, la perdurable imagen de su autor está llamada a valer de gran mito posmoderno. España sería mejor, más cívica, más urbana, si se asemejase más a Cervantes, si imitara su ejemplo, si fuera más cervantina. Y el resto del mundo también".

"Inconsolable" es un bellísimo y sobrecogedor monólogo dramático a partir de la muerte del padre del filósofo. Se trata de una reflexión profunda y sobria, iluminada por el entendimiento a la vez que por la congoja del corazón, sobre la imagen de la vida del padre y el dolor inconsolable que su muerte provoca en el hijo. A través de la evocación del padre, de su ejemplo y del duelo que lleva a cabo el hijo asistimos también a una gran lección de vida. Las vivencias elegidas para representar el itinerario del dolor son las vivencias personales, pero sólo las que pueden ser compartidas con los demás, lo que, explica Gomá, libera de la tentación del confesionalismo. El análisis de los sentimientos se realiza así desde la universalidad (todos somos hijos y más tarde o más temprano nos tendremos que enfrentar a la muerte de los padres) y la conciencia de que somos seres atencionales, hechos del tiempo y la atención que dedicamos a los demás y que también esperamos. La figura del padre sigue teniendo en la sociedad actual "el colosalismo del antaño". Si los seres humanos nos definimos esencialmente a través de las narraciones, los padres custodian nuestra narración entera. La muerte del padre desata grandes y a veces corrosivas preguntas: ¿fue el padre feliz? ¿Contribuyó el hijo a su felicidad? ¿Pudo hacer más por él? La paz y la armonía de las relaciones entre padre e hijo, no exentas de alguna sombra evocada con discreción, lleva a formular la sabiduría del duelo: "Quizá el duelo no sea otra cosa que aprender a pensar en la pérdida de la persona amada sin pena y sin culpa". El texto vuelve también a ofrecer la lección de vida de la alegría inteligente. El verdadero arte de vivir, nos enseña el autor, tal vez consista en "inventarse una ingenuidad de nuevo estilo, una ingenuidad sabia» después del desconsuelo, para evitar la trampa del cinismo. Por eso la voz del padre que recuerda el hijo suena cálida y alegre, y procura aliviar el sufrimiento: "Este cielo tan claro y tan limpio. Y el aire y la luz. Todo. Más fácil ahora. Más sencillo. (…) en realidad, todo es más sencillo".

La imagen de la vida está ligada a la verdad, aletheia, a lo que no se olvida, a-lethos. No se olvida una vida digna y bella, y todos podemos aspirar a ella. No se olvidan las lecciones de vida hechas desde la armoniosa y cálida conjunción de la razón y el corazón, desde la conciencia del dolor unida a la voluntad de una alegría inteligente.

*Ioana Gruia es escritora y profesora de Crítica literaria.

1. Hay dos ediciones de la traducción al español de Rocío Orsi Portalo y Juana María Inarejos Ortiz: Antonio Machado Libros, 2005, y La Balsa de la Medusa, 2016.
 
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