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El rincón de las lectoras

Ni Penélopes ni Medusas

  • En su nuevo libro, Mary Beard aborda las milenarias prácticas del patriarcado —desde los clásicos— para excluir a las mujeres del espacio público
  • Parte del texto fue escrito y pronunciado en 2014, pero leerlo hoy en pleno auge del movimiento #MeToo toma una uneva luz, relevancia y fuerza 

Lidia Fernández Montes
Publicada el 02/03/2018 a las 06:00 Actualizada el 05/03/2018 a las 14:49
La investigadora, divulgadora y ensayista Mary Beard.

La investigadora, divulgadora y ensayista Mary Beard.

EP
¿Cuáles son los mecanismos que silencian la voz de las mujeres, las ridiculizan y aíslan del poder? Mary Beard, catedrática de Clásicas en el Newnham College de Cambridge, aborda las milenarias prácticas del patriarcado —que ya podemos encontrar en los clásicos griegos y romanos— para excluir a las mujeres del espacio público en dos conferencias pronunciadas, en 2014 y 2017 bajo el auspicio del British Museum y la London Review of Books, que componen esta pequeña joya editada ahora por Crítica.

La primera, ‘La voz pública de las mujeres’, denuncia que éstas solo tienen voz para hablar de temas de mujeres o para hacerlo en condición de víctimas, que tienen múltiples obstáculos para hacerse oír. Para denunciar estas situaciones a menudo se acude a la misoginia, pero recurrir a ella no es lo mismo que explicarla, solo haciendo esto último podremos combatirla… y la explicación se encuentra, según la autora, en las raíces de nuestra cultura.

Así, inicia un recorrido desde que Telémaco manda callar a Penélope en la Odisea de Homero, primer momento documentado en el que un hombre silencia a una mujer, pasando por la conversión de Ío en vaca por parte de Júpiter para que no pudiera hablar, Lucrecia a la que se le concede la palabra para denunciar a su violador antes de suicidarse o Filomela a quien se cortó la lengua para que no denunciase a su violador… para llegar hasta nuestros días, en los que incluso en un espacio supuestamente democrático como es la Red los machistas quieren hacer enmudecer a las mujeres a través de constantes ataques misóginos, como bien conoce la autora.

El texto fue escrito y pronunciado en 2014, pero leerlo hoy en pleno auge del movimiento #MeToo, o con nuevos conceptos como el “mansplaining”, toma una luz, relevancia y fuerza que, posiblemente, el auditorio no encontrase en aquel momento.

En ‘Mujeres en el ejercicio del poder’, la autora pregunta: “¿Cómo hemos aprendido a mirar a las mujeres que ejercen el poder o que tratan de ejercerlo? ¿Cuál es el sustrato cultural que alimenta la misoginia en la política o en los puestos de trabajo y cuáles son sus formas (qué clase de misoginia, a quién o a qué va destinada, qué palabras o imágenes utiliza y con qué efectos)? ¿Cómo y por qué excluyen a las mujeres las definiciones convencionales de “poder” (o lo que es lo mismo, de “conocimiento”, “pericia” y “autoridad”) que llevamos a cuestas?”.

Beard recuerda como Theresa May, Dilma Rousseff, Angela Merkel o Hillary Clinton han sido caracterizadas como figuras de Medusa, la decapitación frente al poder de las mujeres. Uno de los ejemplos más gráficos lo encuentra en la campaña presidencial de 2016 en los Estados Unidos, cuando una representación de Donald Trump como triunfante Perseo alzando la cabeza de la decapitada Medusa con los rasgos de Clinton circuló por todo el país en forma de camisetas, bolsos, tazas de café y fundas para portátiles.

¿Por qué entrenar nuestras voces para hacerlas más graves y ganar autoridad como hizo Margaret Thatcher? ¿Por qué adoptar los códigos masculinos en las formas de vestir como Merkel o Clinton? Si las mujeres no están incluidas en las estructuras del poder, es el poder y no las mujeres lo que debe cambiar. Para ello, sugiere revisar la palabra en sí misma: “Pensar en el poder como un atributo o incluso un verbo ('empoderar'), no como una propiedad”.

Un libro muy breve pero que contiene una larga historia, la larga historia de la misoginia. “Cuando se trata de silenciar a las mujeres, la cultura occidental ha tenido miles de años de práctica”, pero las mujeres ya han dicho basta. No se lo pierdan.

*Lidia Fernández Montes es miembro del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. 

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