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Los libros

Feminismo desde la cuna

  • La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie pone ejemplos sencillos de la vida cotidiana para mostrar esa desigualdad entre hombres y mujeres
  • Más que por su magnífica obra narrativa, la autora está dándose a conocer en España con Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele

Publicada 27/04/2018 a las 06:00 Actualizada 26/04/2018 a las 20:23    
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Todos deberíamos ser feministas y Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo
Chimamanda Ngozi Adichie

Literatura Random House
Barcelona

2015 / 2017

 
  Hay una joven escritora que me gusta mucho, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, siempre con ese punto de vista periférico, porque no hay nada más periférico para nuestra mentalidad occidental y eurocéntrica que escribir con el ojo puesto en su país, Nigeria, y en su continente, África. Pese a tres grandes novelas, La flor púrpura, Medio sol amarillo y Americanah y un magnífico libro de relatos titulado Algo alrededor de tu cuello, por lo que está siendo más conocida en nuestro país es por dos pequeños libros publicados en Literatura Randon House, como el resto de su obra. El primero tiene por título Todos deberíamos ser feministas.  El siguiente se titula Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.


En el primero parte de una premisa básica: el feminismo quiere la igualdad . No es, pues, lo contrario del machismo, es un movimiento transversal que beneficia a todos y todas. Si fuera lo contrario del machismo, implicaría que el feminismo aspira al dominio de las mujeres sobre los hombres. Nada más lejos. Bastante hemos probado esa medicina amarga como para dársela a otros. En este pequeño libro, transcripción al papel de una de sus charlas  que se pueden encontrar en el canal TED (la otra es El peligro de la historia única) se produjo a raíz de unos encuentros sobre el continente africano. Chimamanda pone ejemplos sencillos de la vida cotidiana en su país para mostrar esa desigualdad. Cuenta cómo su mejor amigo le llamó "feminista" como un insulto, cuando ella ni siquiera sabía lo que significaba siendo aún una cría. ¡A cuántas de nosotras nos ha pasado lo mismo!

Chimamanda lo cuenta con mucha gracia, como las anécdotas de la escuela y cómo vivía ella. También una vez le dijeron que estaba rabiosa. Y ella afirma que sí, que lo está: "Estoy rabiosa. Todos tendríamos que estar rabiosos. La rabia tiene una larga historia de propiciar cambios positivos".

Todos deberíamos ser feministas está basado en anécdotas y ejemplos concretos de la vida nigeriana, de su infancia y su juventud, pero, salvo alguna cuestión de matiz, en esencia es un planteamiento universal. Propongo, con el libro en la mano, hacer un ejercicio de recopilar anécdotas y casos concretos en nuestro país. Veremos que no hay tanta diferencia.

  El otro librito, Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, parte de otra premisa. Una amiga suya que ha tenido una hija le pide por carta que le cuente cómo la puede educar en la igualdad. Chimamanda, dentro del género epistolar, acepta el reto porque considera "una urgencia moral mantener conversaciones sinceras acerca de educar de otro modo a los hijos, de crear un mundo más justo para hombres y mujeres".

Plantea 15 sugerencias que se van desarrollando en cada capítulo, que van desde combinar maternidad y trabajo, compartir las tareas de casa y del cuidado de los niños, amar los libros y cuestionarse el lenguaje que es depositario de nuestros prejuicios, hasta abordar el cómo hay que huir del feminismo light, ese que es fácil de instaurar y aceptar por el heteropatriarcado para que todo siga igual; ese que dice "si yo ayudo" como si no fuera una obligación masculina el hogar, ese que opina que "cuando ella no está hago la cena a los niños…"; ese que se queda en la superficie. En nuestra versión más occidental, ese que llama "feminazi" enseguida o ese que opina estar hartos, ¡hartos! (como si nosotras no lo estuviéramos) de aguantar la matraca de los últimos años (frente a lo que hemos aguantado durante siglos).

Poner el dedo en la llaga sobre mujeres igualitarias que no educan igual a sus hijos, que transigen más a los varones que a las niñas a la hora de cocinar, recoger, barrer, fregar o hacer la cama, es el principio. Y ahí va este segundo libro de Chimamanda, que parte de una sutileza, de la dificultad de hacerlo, de que la educación es muy compleja y en ella siempre se cometen aciertos y errores.

Por eso recomiendo, más allá del mes de marzo, la lectura de estos dos pequeños libros, sobre todo para jóvenes, aunque no sean lo mejor de esta escritora. Se leen muy bien, de un tirón, arrancan sonrisas y hacen pensar. Ya que nos empoderamos, pensemos sobre todo ello, sobre todo en cómo educar en la igualdad, tanto a niños como a niñas, con especial cuidado con los juguetes, los roles caseros, la división del trabajo.

Y ahora, aprovechando este espacio, dado que es una revista literaria, aquí va mi dedicatoria especial, también más allá del mes de marzo:

A todas las mujeres que leen en cualquier lugar, sacando tiempo de la noche, en el metro, a las que cocinan con un libro entre manos, a las que palpan y besan los libros, a las que pasan los dedos por los estantes.

A todas las mujeres que escriben, exorcizan, plasman e interpretan el mundo. A las que escriben en el horario de la siesta de sus hijos o por las noches cuando todos duermen, o al alba, antes de que los fantasmas reales habiten las casas.

A todas las grandes escritoras que me han acompañado a lo largo de mi vida, de las que he aprendido y con quienes me he consolado.

A todas las mujeres agentes literarias, que cuidan, miman, protegen, ensalzan o promocionan la literatura hecha por mujeres. Esas agentes que están ahí en la sombra, peleándose por colocar la obra, por el contrato, por el anticipo y que ponen boca a nuestras reivindicaciones.

A todas las mujeres editoras que, siendo mayoría en un mundo patriarcal, son más cooperativas, ponen el ojo en la calidad y entienden la dificultad de la creación femenina.

A todas las mujeres que nos acompañan, nos pintan o sacan fotos  en las presentaciones para que tengamos un recuerdo del acto.

A todas las mujeres libreras que nos recomiendan, ponen nuestros  libros en los estantes, entre las novedades, arrancando hueco a los que menos lo necesitan.

A todas sin excepción, gracias por estar, por existir, por hacer la vida más fácil, por seguir.

*Carmen Peire es escritora. Su último libro, Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

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