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Los diablos azules

'Los inadaptados'

  • En su primera novela, publicada en 1909, Carmen de Burgos se remontaba medio siglo más atrás, a la segunda mitad del siglo XIX en Rodalquilar
  • La escritora y periodista convirtió su pueblo natal en el elemento que estructura internamente el grupo de novelas, sobre el que se construyó un universo completo, autónomo y cerrado al mundo exterior

Concepción Núñez Rey
Publicada el 19/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 18/04/2019 a las 11:37
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En su colección La mitad ignorada, coordinada por Jairo García Jaramillo, la editorial Cuadernos del Vigía ha recuperado Los inadaptados (1909), la primera novela de Carmen de Burgos, Colombine (Rodalquilar, Almeria, 1867-Madrid, 1932). Reproducimos aquí un extracto del prólogo de Concepción Núñez Rey, catedrática de Lengua y Literatura y especialista en la escritora y periodista almeriense. Publicamos también los primeros parrafos de la obra, que sucede en Rodalquilar, en el Cabo de Gata. 
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Rodalquilar, un espacio convertido en literatura


El Cabo de Gata es un espacio de naturaleza excepcional que hasta tiempos muy recientes se mantenía en su estado primigenio. También en un espacio con historia, y más aún, un espacio de literatura. 


Hace ahora poco más de un siglo, Carmen de Burgos, quien había gozado de aquellos parajes durante largos periodos de su infancia, dio comienzo a un ciclo narrativo1 en el que se remontaba medio siglo más atrás, a la segunda mitad del siglo XIX, para evocar la vida de Rodalquilar, el valle situado en el corazón del Cabo de Gata. El ciclo se inició en 1907 con el cuento "El tesoro del castillo", al que siguió Los inadaptados (1909), la primera novela larga de la autora. Se sumaron los relatos "En la paz del campo" o "Églogas" (1910), "Frasca, la tonta" o "Venganza" (1914). En 1918 publicó El último contrabandista, segunda novela larga y obra de plenitud. Vendría después La miniatura (1924), y cerró el ciclo Puñal de claveles (1931), obra que vino a significar un testamento literario. Aún localizamos a lo largo de la vida de la escritora algunos cuentos más, publicados en diversas revistas, que nos acercan a momentos o personajes reconocibles del ciclo novelesco. Y en todos ellos fue reconstruyendo el mundo mítico de su infancia, como un tema recurrente desplegado a lo largo de su vida de escritora. 

  Carmen de Burgos convirtió Rodalquilar en el elemento que estructura internamente el grupo de novelas, sobre el que se construyó un universo completo, autónomo y cerrado al mundo exterior. El espacio novelesco es delimitado por una rica toponimia (Cala del Carnaje, Cerro del Cinto, Escullos, Las Negras, cuesta de las Carihuelas, Peña Negra, punta Polacra, San Pedro, etc.), fiel al espacio geográfico, que al reiterarse a lo largo del ciclo adquiere resonancias poéticas. La naturaleza del lugar es descrita con objetividad y exactitud, para después tender sobre ella todo tipo de miradas subjetivas: emociones, sensaciones, juegos de perspectivas. Nos es ofrecida como imagen del paraíso. 

(...)

A ese mundo novelesco corresponde la amplitud de registros del lenguaje, que enriquecen su base objetiva: el lenguaje exaltado y heroico de los momentos épicos; el lenguaje revestido de desnudez clásica en algunos momentos dramáticos; el lenguaje sensual para expresar la naturaleza y los vínculos amorosos, impregnado de lirismo; y más intenso, un lenguaje inusual, que se aproxima a lo inefable y que deja en nosotros el efecto de un temblor ligado a los instintos, haciéndonos recordar con su latido interno el mundo lorquiano (avant la lettre). Por lo demás, la recuperación de ese compendio léxico es una labor regeneradora del castellano muy cercana a la realizada por la Generación del 98. 

Guiada por un anhelo de tipo existencial, por la búsqueda de una vida absoluta que abarcara los espacios y los tiempos, Carmen de Burgos había descubierto en el Rodalquilar de su infancia un mundo de exaltado vitalismo, donde brotaban con gran fuerza la pasión amorosa y la pasión por la aventura, que por su afán de libertad frente a todo orden y a toda autoridad se convertían en transgresoras. Así la autora convirtió Rodalquilar en su paraíso perdido, hecho tanto de lo autobiográfico como de lo soñado. 


Los inadaptados, primera novela del ciclo de Rodalquilar

Un destacado significado acompaña a Los inadaptados por ser la primera novela larga de Carmen de Burgos dentro de su extensa obra narrativa. La ofreció como un acto eucarístico, según las citas iniciales que hacen paráfrasis del Evangelio. 

De la verdad que alimenta su novela nos da cuenta en el prólogo que la encabeza, donde la autora se refiere expresamente al modo de hablar de sus personajes. Pero no solo es cierta la afirmación sobre las hablas locales, que no pueden ser representadas, también lo es el accidente del vapor Valencia, que naufragó frente a las cosas de Rodalquilar en 1892, a causa de un gran temporal. Podemos confirmar que la autora presenció la lenta destrucción del barco tras el naufragio, pues su descripción responde a lo anunciado en la prensa. 

(...)
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Los inadaptados

Primera parte


Rodaron desgranándose en el aire, los sonidos de una bocina. Precipitados, roncos, poderosos, turbaban la quietud del valle con su angustiante voz de auxilio, y el eco parecía repetir con estremecimientos de asombro aquel ruido inusitado allí donde todos los sonidos eran siempre de isócrona persistencia. 

El oído avizor de los labriegos recogió entre el sueño el grito de alarma, y bien pronto brillaron luces en todos los cortijos y empezaron a chirriar sobre sus goznes, al abrirse, las desvencijadas puertas. 

Estaba en vuelto el aire en túnica de blanca neblina que velaba la clarisdad del amanecer. La luz había de venir del mar, de allí en donde la bruma se unía al agua, tornándose más densa, más pesada, en la gris coloración de la sombra. 

Los hombres salían prestos de las viviendas. La costumbre de dormir sin despojarse de más prendas que la faja de estambre, el chaquetón de paño y las esparteñas, les permitía estar listos en pocos momentos. Los que pasaban la noche cuidando las bestias, trabadas en los riciales2 tempraneros, tuvieron solo la necesidad de sacar los pies del cogujón3 de la manta de lana burda para aparecer vestidos y calzados. 

Todos se dirigían hacia las lomas más próximas desperezándose, con la mente mecida aún por los vapores del sueño y sin darse cuenta de qué cosa extraña sucedía. Poco después de ellos empezaron a salir las mujeres: descalzos los pies, mal sujetos los amarillos y rojos refajos de bayeta; apretados alrededor de las cabezas los pañuelos de grueso percal; algunas se arrebujaban con raídos mantoncillos y otras levantaban el borde inferior de sus faldas para taparse, el cuerpo y la cabeza. Muchas conducían, mal ocultos entre el escaso abrigo, muchachuelos de morros sucios y ojos asustados o los arrastraban asidos de sus faldas, casi rodando sobre los peñascales, sin preocuparse de ellos. 

Todos dirigían la mirada hacia el mar. De allí venía el clamor desesperado del socorro que lanzaba la voz ampulosa de la caracola con potencia de pulmón gigante. 

(...)

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1. En mis estudios de la obra de Carmen de Burgos lo he bautizado desde el principio como Ciclo de Rodalquilar. Ver La Flor de la Playa y otras novelas cortas, Madrid: Castalia (Biblioteca de Escritoras), 1989. Y ver también Carmen de Burgos "Colombine" (1867-1932). Biografía y obra literaria, Madrid: Universidad Complutense, 1992. 
2. "ricial": tierra sembrada de verde para alimento del ganado. 
3. "cogujón": cada una de las puntas que forman los colchones, las mantas, etc. 
 
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