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Retablo de ilustres, pícaros y fantasmas

  • En La subasta, de Rafael Borrás, la historia narrada, sustanciosa e interesante en todos los aspectos, a veces parece increíble y literaria
  • El relato se cimenta en un espacio y un tiempo definidos: la Feria del Libro de Frankfurt celebrada en el año 1982

Alejandro López Andrada
Publicada el 01/11/2019 a las 06:00
La subasta. Casi una novela
Rafael Borrás
Berenice
Córdoba
2019

 
  No queda muy claro en algunos libros narrativos, de materia enjundiosa y sólido argumento (ambas cosas resaltan en este que vamos a comentar), dónde queda el límite entre el ensayo y la novela, pues dentro de ellos se mezcla el ángulo creativo, intuitivo o poético, con la sustancia rígida, objetiva e inflexible, que brota de la realidad, de lo que es pura vida. No es fácil discernir dentro de una novela como esta, de tipo ensayístico, dónde acaba lo verdaderamente cierto, lo que ocurrió en un tiempo y un espacio, de aquello que es puramente literario, materia imaginativa del autor. Saber mezclar ambas cosas con acierto, lo objetivo y lo onírico, lo real y lo inventado, no es fácil de conseguir en cualquier caso, pero cuando se logra el resultado es magistral y el texto destella por todos sus rincones ensanchando las lindes de la imaginación, sublimando el espacio histórico relatado.

Es lo que, al final, sucede en este libro, en esta “casi una novela”, La subasta, del prestigioso escritor Rafael Borrás (Barcelona, 1935), donde la historia narrada, sustanciosa e interesante en todos los aspectos, a veces parece increíble y literaria, pues la realidad que en ella se dibuja supera con creces lo imaginativo del relato. La historia que aquí se nos narra se cimenta en un espacio y un tiempo definidos: la Feria del Libro de Frankfurt celebrada en el año 1982, y así, por las cálidas páginas del libro —la obra en su esencia tiene algo de entrañable— van desfilando personas o personajes de reconocido prestigio literario (Caballero Bonald, Juan Benet, Vázquez Montalbán…), que resultan familiares para el lector, aunque, en cambio, otros aparezcan más desdibujados o camuflados en la costra de un seudónimo o un nombre ficticio difícil de reconocer.

El autor de esta inmensa y lúdica novela había publicado antes otra titulada Cuando tú ya estés muerto (2016), pero donde más destella su prestigio es dentro de su faceta de ensayista, habiendo dado a la luz libros tan importantes como El rey de los rojos. Don Juan Carlos de Borbón, una figura tergiversada (1996 y 2005), o El rey de los cruzados. Juan Carlos I la monarquía prodigiosa (2007). Antes de esto, Borrás fue el fundador y director de la mítica colección de libros de historia Espejo de España, donde aparecieron obras fundamentales inspiradas en la historia más reciente de nuestro país. Por otro lado, el autor que nos ocupa ha recibido distinciones tan importantes como la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, en el año 2004. Ahora, después de su enjundiosa trayectoria como ensayista, publica esta “casi novela”, que es mucho más que eso, pues no en balde lo que destaca en esta obra es el maravilloso tono narrativo que despliega su autor y el majestuoso espacio novelesco que, aunque se basa en la pura realidad, nos parece cosido por el pulso literario de un novelista enorme y esencial.

Asistido por una pasmosa habilidad y sirviéndose, en muchos casos, de un humor nada corrosivo, tierno incluso, iridiscente, inyectado de una sutilísima ironía, Borrás idealiza y poetiza un foro narrativo por el que deambulan narradores de altos vuelos, ensayistas de fuste, poetas engolados, displicentes, pícaros del negocio literario, además de muchos políticos famosos que, en su día, tuvieron un prestigio exacerbado y ahora son  polvo gris de un vano ayer que alcanzó su cenit en los años de la transición: "Cuando Guerra ya haya sido cesado por Felipe González, Manuel Campo Vidal le entrevistará en Televisión Española… Campo Vidal se interesará por la posibilidad de que escriba sus memorias… Guerra se amurallará en remilgos de abadesa, pero al final explicará que, si acaso, hará una edición facsímil para sus amigos". Este breve fragmento pertenece a una parte muy sustanciosa del libro donde se dibuja con unas breves pinceladas el perfil casi humano del político pseudointelectual, quien se confesaba gran lector de poesía, aunque confundiese, como el texto nos demuestra, el significado de una edición facsímil con el de una edición pequeña o no venal.

Otro pasaje muy ameno de esta obra es aquel que dibuja el regreso de Tarradellas a Cataluña con la anécdota de la visita a un baño de la Generalitat junto a Portabella, donde el expresidente catalán, de carácter sencillo, tan distinto al gran Pujol, deslumbrado por la exuberancia de mármoles y espejos, comenta: "Parece el cuarto de baño de una casa de putas". La maestría y límpida intuición de Rafael Borrás a la hora de narrar con singular condimento literario y aliño esperpéntico cada página del libro, hace que, al final, este sea más que una novela, un genuino y valiente ensayo narrativo que, además de contar una parte esencial de nuestra historia, nos dibuja con un desparpajo singular un curioso retablo de autores memorables (Josep Pla, Pere Gimferrer, Eduardo Pons Prades, Camilo José Cela) que deambulan a lo largo y ancho del relato, junto a otros autores de un rango más pequeño, como, por ejemplo, Jimmy Giménez-Arnau, y algunos escritores pedantes, fantasmones que ilustran con su presencia singular el olor picaresco de un parnasillo literario donde todo es fachada, decorado de cartón piedra, como cuando el autor nos describe el ambiente falso, engolado, displicente, de la rancia y altiva burguesía catalana que asiste al Liceo solo para aparentar, sin sentir ni un mínimo apego a la Cultura: "Dentro de unos años, Terenci Moix escribirá que en el Liceo, el catalán era la lengua de los últimos pisos; en el resto, la burguesía que se pretendía refinada se expresaba en castellano, lo cual no quita que, a la muerte de Franco, todos se volviesen separatistas".

En otros instantes y estancias de esta obra, Rafael Borrás, con sutilísima ironía dibuja el espíritu de esa Cataluña errática, tan llena de olvidos, fallas morales y contradicciones de tipo político, ético e ideológico. Solo ya por esta audacia literaria y esta intrepidez y valentía moral, reforzada por un fulgor sereno e irónico, al que, anteriormente, hemos hecho referencia, merece la pena adentrarse en este libro, esta magistral novela literaria donde su argumento central (la gran subasta de unas falsas memorias del Insigne Difunto, el dictador Generalísimo, cuyo desenlace sorprenderá al lector) es casi un pretexto para desplegar con garra un hermoso y dorado espacio narrativo que nos acaba atrapando y seduciendo por su atmósfera lírica y su aliento literario, cuando la historia, la pura realidad (esa efímera hoguera de las vanidades de las grandes ferias del libro internacionales) acaba al final siendo superada por la melancolía sustanciosa del tiempo oxidado, la magia, la ironía y el humor sosegado, limpio, iridiscente que transforma lo oscuro y grotesco de la historia en un libro tocado por la herida de un fulgor.
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Alejandro López Andrada es escritor. Su último libro es Los perros de la eternidad.

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