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Los libros

Y vamos a perdernos para siempre

  • El libro de Francisco Díaz de Castro es una declaración de amor a la intensidad vital y a dos de sus grandes pasiones, el jazz y la fotografía
  • La reflexión del poeta se emparenta con la del añorado Margarit, siempre partidario del acercamiento poético a la verdad sin espejismos

Publicada el 14/05/2021 a las 06:00

Vamos a perdernos
Francisco Díaz de Castro
Fundación José Manuel Lara
Sevilla
2020

Vamos a perdernos (Fundación José Manuel Lara), el libro más reciente de Francisco Díaz de Castro, es una hermosa declaración de amor a la intensidad vital y a dos de las grandes pasiones del autor, el jazz y la fotografía. Se trata de poemas atravesados por la luz, aunque los temas sean muchas veces dolorosos. Hay una luz lúcida, si puedo decirlo así, en los versos de Vamos a perdernos, y recordamos que la claridad y el brillo están en la propia etimología de la palabra lúcido. En "Cabo de Gata", que abre el libro, leemos: "Que ni es piadosa aquí la luz solar/ ni el sonido del viento significa./ La cámara registra soledades,/ restos ingrávidos,/ piedras quemadas por el mediodía./ Qué importa si por la memoria cruza/ el cadáver de aquel que naufragó en la Isleta/ o tal vez mucho antes". La cegadora luz del sol no es piadosa, sino clarividente, deja ver las cosas como son, la verdad difícil, desgarradora. En este sentido la reflexión de Francisco Díaz de Castro se emparenta con la del añorado Margarit, siempre partidario del vitalismo de la lucidez, del acercamiento poético a la verdad sin espejismos. En el diálogo platónico Fedón, Sócrates habla de su miedo a mirar directamente el sol durante un eclipse por el temor de quedarse ciego y de su intento de procurarse unas herramientas adecuadas para la exploración de lo que no puede verse, porque entiende que esa parte invisible, sea el alma o el sol durante un eclipse, es fundamental y debemos conocerla. Como leemos al final de "Cabo de Gata": "El ámbito es aquí interior de una elipsis/ en que late la luz obscenamente,/ memoria sin revancha, sin distancias.// Quién sería capaz de fotografiarlo". Es eso lo que procuran los poemas de Vamos a perdernos, adentrarse a la vez en lo visible y en lo invisible que se corporeiza mediante imágenes de gran impacto visual y a través de los acordes de míticas melodías de jazz.

Lo invisible es el mar interior de la memoria, personal y colectiva, y de los recuerdos, sabiamente articulados entre el vitalismo y la lucidez, entre la verdad sin consuelo y los acordes irresistibles, envolventes, opiáceos, de Blood count, These foolish things, Strange fruits o Let’s get lost, que da título al libro. Un libro atravesado por una sabia escritura del tiempo, un libro por el que cruza crepuscular y clarividente "el vuelo aquel del mirlo que no vuelve" ("Lee Konitz en la Sala Europa"). Un libro en el que se oye el "ritmo lento/ de escobillas de blues dentro del corazón" ("After Hours") y en el que se vuelve corpórea, certera como un fogonazo, "la ausencia,/ esa ausencia sin nombre/ que sentimos a veces/ más allá de los sueños que se olvidan" ("Billie’s Blues"). ¿Qué hay más allá de los sueños que se olvidan, de las preguntas que nos desasosiegan? "¿Volveré a la ciudad de tantos viajes?/ ¿Habré de ver de nuevo a aquel amigo?/ ¿Responderé a un teléfono olvidado?/¿Cuándo y dónde se me perdió aquel nombre?/¿Cómo olvidé su voz, sus movimientos?/ ¿Es la última vez que nos besamos ?", se pregunta en "Laberintos". ¿Qué hay detrás de la "música leve de hojas muertas" de "Melancholia", un homenaje a Duke Ellington pero también, me atrevería a afirmar, a la canción francesa con versos de Prévert Les feuilles mortes? Hay un canto a la intensidad vital que no rehúye el dolor de la historia personal y colectiva. Y hay también una especial modulación, sutil y poderosa a la vez, del tema amoroso. Así, en "Historia", leemos: "Lo ignorado de ti me apresó el corazón,/ me desveló un secreto en la memoria/ que nunca puedo recordar/ pero que canta siempre sin palabra/ en el aire de cuanto nos rodea". Y, en el poema que cierra el libro, "Vamos a perdernos" suena "esta canción alegre" que es Let’s get lost de Chet Baker, y suena también la voluntad de vivir plenamente el brillo del instante, lo que la vida ofrece de esplendor amoroso: "Por la música, por el mar,/ por la luz y por nuestras noches,/ por todo lo que acabo de contarte,/ por todas esas cosas que tú y yo ya sabemos,/ que suene esta canción alegre, sí.// Y vamos a perdernos para siempre". Los lectores no nos podemos de ninguna manera perder Vamos a perdernos, un libro bellísimo y luminoso.

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Ioana Gruia es escritora y profesora de Literatura.

 

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