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Luces Rojas

Socialdemocracia, gran tema

 

Publicada el 26/06/2016 a las 06:00 Actualizada el 25/06/2016 a las 19:04
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Andan a vueltas unos y otros discutiendo quién tiene más pulcro el carné de socialdemócrata y ante ello se me ocurre un breve repaso histórico que puede aclarar los conceptos. La socialdemocracia tiene más de siglo y medio de historia y ha pasado por lo menos por tres fases: una marxista hasta la segunda guerra mundial, otra clásica o Edad de Oro (desde la posguerra hasta los años 90) y otra de corte más liberal que es en la que nos encontramos, pero puede ser suficiente trazar unas pocas pinceladas de los Gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero para entender qué contradicción se está dirimiendo en estos momentos.

En líneas generales podemos convenir que el primer periodo socialista fue protagonizado por un esfuerzo intenso y prolongado con el objetivo de ofrecer una cobertura universal de servicios asistenciales y de converger con el modelo de Estado de bienestar europeo. En 1982, cuando el PSOE llegó al poder, el gasto público se situaba en torno al 36%, muy lejos del 48,7% de media en la UE. En los catorce años de gobierno, hasta 1996, estos 12 puntos de diferencia se habían reducido a 5: España alcanzaba el 43% (Europa se hallaba en torno a los 48 puntos).

El gasto social había experimentado una evolución parecida, aunque el éxito en la convergencia con Europa no había sido tan grande: en 1982 el gasto social español partía del 16,5%, mientras que el europeo se situaba en el 23,5% (7 puntos de diferencia). Catorce años después, España alcanzaba el 21% y Europa el 27,5% (la diferencia ni siquiera se había acortado en un punto). Algo parecido le ocurría a los capítulos sectoriales de este gasto. La educación, por poner un ejemplo, partía de un 3% del PIB para en 1996 alcanzar el 4,3%. Naturalmente el crecimiento no son sólo cifras: se había mejorado el nivel de escolaridad, el gasto por alumno y el salario de los profesores.

Todo esto no fue posible sin una reforma fiscal agresiva. El índice de presión fiscal (esto es: la relación entre el total recaudado en impuestos y el PIB) de 1982 era de casi el 25%. En 1996 llegaba al 32,5%. El avance había sido notable, pero también hay que señalar que apenas había logrado recortar el diferencial con Europa (que en 1982 se situaba en el 37% y en 1996 en el 45%, es decir, continuaba siendo un 12% superior con una diferencia de décimas).

Si observamos las fases de esta evolución descubrimos algunos detalles significativos. El primero es que el esfuerzo había comenzado en todos los aspectos (gasto público, gasto social, presión fiscal) ya en la fase previa, es decir, desde 1978, con un salto cuantitativo, que también fue cualitativo, más que importante. Si el PSOE había mejorado la capacidad fiscal del país en 7 puntos en 14 años, UCD había realizado un logro similar pero en la mitad de tiempo. Conseguir pronto y rápido un Estado del bienestar europeo se había convertido en una empresa colectiva.

El segundo dato es que, ya propiamente durante el periodo socialista, se observan dos fases claramente diferenciadas: 1982-1993 y 1993-1996. Dicho de otra manera, en 1993 se produce un llamativo cambio de tendencia. Hasta esa fecha las cifras habían sido netamente ascendentes: el gasto público había llegado al 47%, el gasto social al 23% y la presión fiscal al 34%. Desde entonces el proceso, que continuará con Aznar, marcará una curva claramente descendente (el gasto público descenderá hasta el 43, el gasto social hasta el 21 y la presión fiscal hasta el 32,5%).

¿A qué responde este cambio de tendencia? Varios factores se conjugan para que la presión fiscal afloje y la inversión social se debilite. Por un lado, el excesivo crecimiento del déficit público (que ha superado el 6%) hace necesarias políticas de ajuste. Por otro, el primer programa de convergencia ha sido un fracaso y España se ve obligada a hacer un esfuerzo adicional. Sin embargo, el cuadro no sería completo sin mencionar que también se empiezan a producir privatizaciones del sector público y que el cambio de tendencia es general en toda Europa: presión fiscal e inversión social comienzan a descender de manera generalizada. Si se observan los índices europeos asistimos a la inflexión de la curva durante el mismo año crítico: 1993. El impacto de la revolución liberal conservadora, nacida durante la década anterior bajo los auspicios de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, estaba llegando al continente y con él un nuevo paradigma de gestión económica. Ya nada será igual en España y en Europa de entonces en adelante.

Durante los siguientes años, Aznar profundiza en la tendencia. No tanto en la presión fiscal, que paradójicamente sube dos puntos hasta el 34,7%, sino en el gasto social que se derrumba desde el 43% hasta el 38,9%. Estas serán las cifras de las que partirá José Luis Rodríguez Zapatero.

Durante los primeros años al nuevo presidente del Gobierno le sucede lo mismo que a su predecesor: la presión fiscal sigue creciendo por efecto de la bonanza económica a pesar de los intentos para contenerla mediante bonificaciones fiscales. Primer dato a tener en cuenta: el PSOE de los años 2000 no pretende una subida de impuestos que permita sufragar un creciente Estado del bienestar hasta equipararse a la media europea (por entonces en cuanto a presión fiscal rondando el 41%, es decir, cuatro puntos más) y por supuesto ni de lejos a los elementos de cabeza como Suecia (52%), sino todo lo contrario. El objetivo es la contención fiscal.

¿He dicho contención? Tal vez este fue el primer objetivo. Sin embargo, a partir de 2007 se aboga directamente por la rebaja de impuestos. "Bajar impuestos es de izquierdas", sostuvo el presidente en una frase para la Historia (sin exagerar). En dos años, hasta 2009, la presión fiscal se desploma casi seis puntos, una rebaja brutal que situó la cifra en el 30,7%. Jamás nadie se había atrevido a tanto.

¿Y en cuanto al gasto público? Conviene repetir como un mantra las cifras de la evolución de la primera fase del Gobierno Zapatero, entre 2004 y 2007, cuando la economía española va viento en popa y todavía no ha estallado la crisis: 38,9%, 38,4%, 38,4%, 39,2%. Es decir, en plena fase expansiva de la economía, la socialdemocracia española estanca el porcentaje de gasto social, renuncia a profundizar en el Estado del bienestar y sólo los porcentajes empiezan a subir durante la crisis por el efecto estadístico que se produce al derrumbarse el PIB (de hecho el gasto público crecerá hasta el 45% de una manera artificial). En el año 2007, cuando se produce el cataclismo, España ha decidido no alcanzar la media europea en dicho gasto, que se columbra a más de 6 puntos de distancia, en el 45,6%.

Si observamos la evolución por sectores y atendemos a uno de ellos, como por ejemplo la educación, el desarrollo es idéntico, incluso se observa a la baja. En el año 2004 el gasto en educación se sitúa en el 4,46% del PIB. En el año 2007 en el 4,37%. Sólo Rumanía, Eslovaquia, Croacia o República Checa ostentan cifras peores. A años luz queda Dinamarca (8,30%) o incluso Chipre (6,9%). Se puede argumentar que, dentro de la lógica liberal, mientras la economía crece y no se toca el porcentaje de gasto, la inversión bruta y la inversión por alumno también aumentarán, lo cual es cierto. Entre 2004 y 2007 la inversión bruta en educación creció en 5.000 millones de euros y el gasto por alumno en secundaria casi 500 euros, pero también es cierto que la mejora económica por sí sola no dio para financiar avances más ambiciosos como la educación de 0 a 3 años, la gran cuenta pendiente del Estado del bienestar español, señalada no sólo como uno de los mecanismos predistributivos más efectivos para conseguir el objetivo de la igualdad de oportunidades sino también como un instrumento fundamental para lograr la igualdad de género.

Fruto de esta teoría según la cual el crecimiento económico y no la subida de impuestos es la que debe sufragar la cobertura de beneficios sociales se pudieron dar algunos pasos adelante en el Estado del bienestar: subida de las pensiones mínimas, ampliación del permiso de paternidad, ley de dependencia... Sin embargo, los resultados cabe calificarlos como muy limitados, poco ambiciosos y siempre asediados por la carestía. El más claro ejemplo es la ley de dependencia, desde el principio cercada por una insuficiente dotación presupuestaria e incapaz de crear una cobertura universal y completa del cuidado a los mayores. Mientras tanto el acceso a una residencia de ancianos pública en algunas partes de España seguía siendo imposible.

Por lo demás, los verdaderos avances del Gobierno Zapatero se dieron en leyes y políticas de nula o mínima necesidad presupuestaria: ley de matrimonio homosexual, ley de divorcio, ley de plazos (aborto), ley de violencia de género, ley de memoria histórica, ley de igualdad, ley de economía sostenible...

En definitiva, la última socialdemocracia europea ha aceptado varios dogmas neoliberales, algunos a la fuerza como la estabilidad macroeconómica (Pacto de Estabilidad europeo) y otros motu proprio (contención fiscal), diferenciándose poco en la concepción socioeconómica de su contrafigura liberal, pero descollando en políticas sociales de escaso coste y en reformas legislativas de nulo gasto presupuestario de corte moral progresista. El problema es que al diferenciarse poco o nada en la gestión económica de su oponente conservador y sólo desmarcarse de este en reformas de componente moral abre un tremendo campo potencial a su izquierda que más pronto o más tarde tenía que explotar.

Con este vuelo de pájaro a través de las recientes políticas socialdemócratas, en las que indudablemente me he dejado un sinfín de detalles, apunto a una posible causa de la crisis de credibilidad de la socialdemocracia en toda Europa que ha descrito recientemente Sánchez-Cuenca (aquí). Para una parte importante del electorado progresista, socialdemocracia es lo anterior, la estrategia socioeconómica correspondiente a la etapa clásica, de la que participó Felipe González al menos hasta el año 1993: políticas sociales ambiciosas basadas en una política fiscal agresiva que aboguen por reducir el todavía inmenso diferencial en gasto social que nos separa no ya de los países más avanzados de Europa sino de la media de todos ellos. La socialdemocracia del periodo Zapatero, enmarcada en lo que se ha dado en llamar la Tercera Vía, por el contrario, puede aparecer desdibujada y pacata para este sector electoral, percibida como una apuesta poco convencida y decidida por proveer de igualdad de oportunidades a toda la población y de converger con Europa.

El PSOE tiene todo el derecho a reivindicar su naturaleza socialdemócrata (no se equivoca: así es actualmente en la mayor parte de Europa). Lo que no debe extrañarle es que haya otros que, anhelando los tiempos de la etapa "clásica", se atrevan a disputarle el término

 
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23 Comentarios
  • Moneda Local Moneda Local 28/08/16 23:41

    Muy bien analizado la social democracia en europa. Ahora hablemos de la izquierda. todos sabemos que Carl Marx fundo las bases en la que se analiza la injusticia social y definió algunas soluciones, pero todos sabemos que la izquierda no se agota en Marx. Las ciencias sociales han evolucionado mucho. y la sociedad tambien, de modo que debemos encontrar soluciones a problemas actuales que no tomo en cuenta Marx en su momento porque no se producían o porque no los creyó decisorios. El mundo del trabajo y su estatus en el mundo deben comprender que existen mas formas de realizarlo que en la tradicional empresa: Capital mas trabajo, la gente de izquierdas debe comprender que el trabajo de cualquier modo es trabajo y hay que regularlo de una manera justa, así como comprendemos que hay trabajos que parecen capital ( por ejemplo los directivos de las grandes empresas, así hay capitales que parecen trabajo por ejemplo los trabajadores por cuenta propia. Mientras la izquierda no entienda que la vieja dicotomia entre capital y trabajo no lo abarca todo, no entenderemos la definición de izquierdas: la forma científica de buscar solución a las injusticias sociales.

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  • Falín Falín 01/07/16 12:07

    Interesante artículo y bien encausado. Considero que a Marx se le define con cierta ligereza.

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  • Javier Paniagua Javier Paniagua 29/06/16 19:37

    Un buen artículo. No obstante en la última legislatura de Felipe González se hicieron los mayores esfuerzos en la protección social después de la recesión de 1992. La reforma de del mercado de trabajo en diciembre de 1993 y las medidas presupuestarias del mismo año fueron contestada por los sindicatos que supusieron una etapa de bloqueo de pactos en materia de política social. Pero aún así se consigue el Pacto de Toledo sobre las pensiones en abril de 1995. Es verdad que aumento el deficit pero se aumento los indices de desigualdad. se redujo la pobreza severa aunque no por igual la relativa. y el control de las prestaciones por desempleo. Y  la pensión media crece hasta el 85 % de la renta familiar media en 1995. Por eso puede ser esquematico hablar que el ciclo de la "etapa clásica" comienza en 1993. Zapatero no le llamó "Tercera Vía" cuando descubrió que Blair apoyó la guerra de Irak pero actuó en la misma dimensión con peor sentido, "desdibujado y pacato", y  con contradicciones en los relatos que acabaron con la desafección de muchos sectores que le habían apoyado, lo que supuso un descrédito para las políticas socialdemócratas. 

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  • jorgeplaza jorgeplaza 26/06/16 19:02

    A los marxistas habría que recordarles que Marx se equivocó prácticamente en todo y no al revés. El comunismo triunfó en un país fundamentalmente agrícola (Rusia) y no uno industrial. El éxito se repitió en países como China, aún más atrasados, pero nunca en países industriales avanzados como Inglaterra, Alemania o EE.UU. Con el tiempo, se demostró que era un sistema incapaz de proporcionar siquiera una vivienda digna (me río yo del actual problema de los desahucios en España, siendo grave, en comparación con el endémico problema de vivienda en los países comunistas) por no hablar de la monstruosa represión que fue responsable del exterminio de millones de personas, tanto en Rusia bajo Stalin como en China con Mao. De las bondades de los regímenes comunistas habla a las claras el muro de Berlín que, por si se les ha olvidado, no se construyó para evitar que las masas explotadas de occidente se pasaran a Berlín Este. El régimen ruso se desmoronó por su propio peso y el país acabó en manos de un hatajo de bandidos. En China, el régimen derivó en el actual capitalismo de estado que no creo que quiera seriamente para sí ninguno de los críticos de salón del capitalismo que por aquí proliferan. Todo lo cual no significa que el capitalismo neoliberal que domina la escena hoy día sea precisamente una bendición del cielo. El problema sigue siendo hacer simultáneamente posibles la libertad y la justicia. La socialdemocracia clásica lo consiguió durante un tiempo y, por suerte, muchos de sus logros se dan hoy por sentados en Europa hasta cuando el gobierno lo ocupan partidos de derecha. La globalización ha cambiado la situación (la "relación de fuerzas", que se dice) y vemos cómo crecen la desigualdad, el desempleo y hasta la pobreza en términos absolutos. Ni yo ni nadie tiene la solución, pero se puede estar seguro al menos de dos cosas. Uno: la solución individual de un país del tamaño de los europeos es quimérica (no digo nada de miniaturas como Padania o Cataluña); dos: la solución no será comunista. Hala, a votar si se les ha olvidado, pero acuérdense de que en el RU ya hay millones de arrepentidos.

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    • viaje_itaca viaje_itaca 27/06/16 18:23

      Marx sigue siendo un capítulo importante en cualquier historia de la filosofía, de modo que no se puede despachar tan fácilmente, pero evidentemente sí ha cometido errores. Quizás los más graves, y que arrastran otros en cadena son, ante todo, su metafísica de la historia, que hace que vea todo como camino directo a un final feliz, con lo que, con seguir su curso con la propiedad de los medios de producción, se creía que aparecía automáticamente el paraíso, y en el excesivo relieve dado a la economía, que es tremendamente importante, pero como una de las cuatro grandes fuentes de poder social, que no se pueden obviar así. Por ejemplo, la Edad Media se basaba simplemente en el poder militar, y se acabó realmente cuando se encontraron métodos para bajar a los caballeros de su caballo y para tirar sus torres, básicamente con picas y pólvora. Curiosamente, en esto no se diferencia mucho del liberalismo, al revés en algunas ocasiones. Pero su pensamiento ha dado lugar a múltiples estudios sociales, empezando por la denuncia de la ideología. Hasta entre los asesores de Bush II había muchos ex-marxistas, que utilizaban un conocimiento pensado para liberar, dado la vuelta (los extremos se tocan) para dominar mejor. Y para muchas cosas, no funcionan nada mal.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 26/06/16 14:36

    Yo no digo absolutamente nada de lo que usted dice que digo. Relea. No digo "que vienen los rojos". Digo que no me creo (ni ellos tampoco) que Podemos sea socialdemócrata ni de los de ZP ni de los de Olof Palme, y ya no hay más clases. No me gusta la gente que me intenta engañar, incluidos el PP y el PSOE, pero desconfío especialmente de gente tan veleidosa (una ideología por semana, como poco) como Pablo Manuel y sus adláteres. No van a venir pero, si vinieran, serían los comunistas, no los socialdemócratas, los que vendrían. Efectivamente: no me gusta un pelo el comunismo, al que considero una secta religiosa, aunque reconozco la abnegación y la valentía de muchos comunistas (ninguno de ellos en Podemos, por cierto), igual que se la reconozco a muchos católicos pero a pesar de detestar a la Iglesia y su doctrina. El paralelismo es grande porque se trata de dos sectas (el cristianismo y el comunismo) rivales y en decadencia.

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    • irreligionproletaria irreligionproletaria 26/06/16 15:12

      "La crisis de la socialdemocracia" Rosa Luxemburgo: "...los lazos que unían a Prusia con la Rusia parecían tan sólidos que era insensato pensar, ni por un instante siquiera, que la Rusia autocrática pudiera aliarse con la Francia republicana. Los defensores de esta concepción eran considerados simplemente como locos de atar. Y, sin embargo, todo lo que predijo Marx se cumplió al pie de la letra. "Esto es precisamente lo que diferencia -dice Auer en sus Fiestas de Sedán- la política socialdemócrata, que ve claramente lo que ocurre, y la política vulgar, que no ve mas allá de sus narices ante cualquier éxito". Avanzando el texto, encontramos: IV. La Unión sagrada. "El otro aspecto de la actitud de la socialdemocracia fue la aceptación oficial de la Unión Sagrada, es decir, la paralización de la lucha de clases durante la duración de la guerra. La declaración de la fracción leída en el Reichstag el 4 de agosto, fue el primer acto e la renuncia a la lucha de clases". El artículo de R. Feijoo, desarrolla -salvo apreciaciones de valor- perfectamente los acontecimientos y el "encogimiento" del PSOE ante la presión sobre las partes pudendas, por capitales financieros nacionales e internacionales. El siglo XX ha representado el avance del neoliberalismo (competencia/Mercados en detrimento de la regulación/competencias de los Estados) Es lo que ha habido y, de todos los ciudadanos depende, que las premisas liberales del XIX (políticas/sociales) Locke: Vida, Dignidad/libertad de los individuos y, propiedad privada, vuelvan al orden que fundamento ese "liberalismo" aceptado y recogido en los DD.HH. y no, la "etiqueta que manejan algunos "neoliberalismo vg.socialdemocracia; repetido hasta la nausea, cuando la realidad consecuente ES, neoliberalismo siglo XXI versus socialdemocracia.

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  • StanislavPetrov StanislavPetrov 26/06/16 14:08

    Extraordinario, señor Feijoo. Ha conseguido resumirnos el devenir histórico de la social democracia en Europa sin hablarnos de la GLOBALIZACIÓN y de la etapa europea POSINDUSTRIAL. ¡Bravo!, analiza usted un fenómeno social sin hablar de lo que le ha pasado a la gente. Eso sí, se centra en describirnos la crisis de la socialdemocracia en base a lo que distintos gobiernos han invertido en asuntos sociales (ojalá a usted no le dé por analizar las migraciones de los pájaros basándose en el número de individuos que vuelan, en lugar de hacerlo en base a factores climáticos). Parece que el resto del universo tenemos que aceptar que usted haga extensiva la socialdemocracia a quien le plazca lucirla en la solapa (aunque ni la haya puesto en práctica ni por lo que postula se pueda identificar de tal modo), y también tendremos que aceptar que usted nos venga a contar un nosequé indeterminado sobre la socialdemocracia "clásica". ¿Estará usted hablando del peronismo? ¿del chavismo? ¿de la socialdemoracia sueca cuyas políticas económicas son puramente liberales? ¿o nos habla del comunismo, señor Feijoo? Realmente no acierto a imaginarme cual de esas opciones es peor o más anacrónica. ¿Sabe usted lo que realmente nos separa de Europa? EL PARO. -Se lo escribiré de nuevo, por si acaso pretende pensar que lo conveniente es cargar a la ciudadanía que apenas subsiste con más impuestos- EL PARO. Y mientras usted va rumiando cómo paliar EL PARO de este país (en el marco del euro y del libre mercado) sin cargarse la economía sumergida (que es la que evita que haya gente muriendo de hambre por las calles) yo me siguiré preguntando porqué en Podemos hay tanto inteletual de despacho con tan pocas luces y excesiva rojez.

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  • TOTOFREDO TOTOFREDO 26/06/16 12:37

    En España durante los gobiernos socialistas lo que se ha practicado es la "SOCIAL-MEMOCRACIA". Todos los que hemos regalado el voto, yo el primero, hemos sido demasiado confiados y así nos ha ido. Esperemos que cambien hoy las cosas.

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  • lapulga lapulga 26/06/16 11:56

    El psoe lleva años pareciéndose social-fascista, al menos desde que lo cogió ISIDORO que muchos socialistas de base saben quien es se puede dar alguna pista mas, como Lasa y Zabala incluso un poco mas CAL VIVA.

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    • jorgeplaza jorgeplaza 26/06/16 14:24

      Se ha equivocado usted de insecto al escoger apodo. Le sugiero "la chinche", que también pica pero es más desagradable aún.

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  • viaje_itaca viaje_itaca 26/06/16 11:19

    Las cifras que muestran las razones que tenemos para estar encabronados con el PSOE. Y pone en su sitio a Zapatero: las leyes sociales que no requieren inversión fueron (algunas) muy buenas: aborto, RTVE (su intervención en este campo fue muy buena de cara a la independencia, pero siempre se le echó en cara que había obviado una correcta financiación...). El PSOE actualmente es socialdemócrata en el sentido de la evolución del término que pone arriba: en la actualidad los partidos que se denominan socialdemócratas son en realidad neoliberales. Hace de poli bueno con el poli malo el PP. Otra cosa significativa: el hundimiento de la URSS marcó el cambio a políticas neoliberales por los partidos socialistas, a lomos de la tendencia que se intensificó entonces.

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  • Angels Angels 26/06/16 10:10

    Un articulo "inocente" para el dia de elecciones. Nada es casual. Publicidad subliminal a...

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    • TOTOFREDO TOTOFREDO 26/06/16 12:38

      No sufras.........ya queda poco !!.

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