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Desde la Tramoya

¿Y si en el fondo estuviera ganando el discurso de la izquierda?

Publicada 27/09/2013 a las 06:00 Actualizada 26/09/2013 a las 21:35    
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El presidente de Uruguay, José Mujica, durante su discurso ante la ONU.

El presidente de Uruguay, José Mujica, durante su discurso ante la ONU.

JUSTIN LANE
De los muchos discursos ya escuchados en la Asamblea General de Naciones Unidas, el que ha sorprendido más ha sido el de un presidente improbable: el más “pobre” del mundo. El presidente que vive en una modesta chacra en la que él mismo conduce un pequeño tractor. Lo vi pasar sin escolta ni comitiva cuando yo esperaba en la puerta de un hotel de Montevideo hace un par de años: Pepe Mujica, el presidente uruguayo, cruzó por delante como un huésped más, para sorpresa mía, pero no del portero del hotel, que me contó que “Mujica es así, siempre va como si nada”. Al terminar su discurso –inauguraba entonces un simposio del Banco Mundial sobre medios públicos– formó un corrito con algunos que estábamos allí y se fundió en el grupo con enorme naturalidad. 

Si el nivel de los líderes mundiales se puede medir por el número de mandatarios que se quedan en la sala neoyorquina de la ONU cuando hablan a la Asamblea, en el caso de Mujica no eran muchos, la verdad (más o menos los mismos que acompañaron a Rajoy). Pero el discurso del presidente de Uruguay sí fue el más comentado: con formas poéticas, renegó del “dios Mercado”, reclamó una autoridad mundial porque “hay que entender que los indigentes del mundo son de la humanidad toda”, y pidió un compromiso rotundo con ellos, mediante la acción de la política y la ciencia, que deberían subvertir el dominio de los grandes poderes financieros.

Que Mujica fuera escuchado por muy pocos y que sus palabras se olviden este mismo fin de semana, no quiere decir que sus ideas no estén cuajando por el mundo. Al terminar de escuchar su discurso, me preguntaba si ese mismo discurso habría sonado tan razonable hace treinta o cuarenta años, cuando quienes hablaban en Nueva York eran líderes como Fidel Castro y en la ONU había tres bloques estancos: el bloque occidental, el bloque soviético, y los no alineados. Cuando hablaba Mujica, en contraste, no hablaba el líder de un pequeño país símbolo en plena revolución socialista, sino el líder de otro pequeño país modesto y poco ruidoso, perfectamente homologable a cualquier democracia europea: un país plenamente democrático y con los mejores indicadores de América Latina en materia económica, social y política.

En América el predominio de gobiernos de izquierda es hoy abrumador. En Estados Unidos el discurso demócrata –en materia de reforma de salud, inmigración o incluso matrimonio homosexual o legalización de la marihuana– también domina entre la gente, y los republicanos llevan años a la búsqueda de su oremus, porque su programa político se ha quedado antiguo. Si hace tan solo unas semanas parecía que Obama no tendría más remedio que comportarse como un cowboy y atacar a Siria, sus siempre poco entendidas maniobras de compromiso han derivado en lo que podría ser una solución pacífica de la amenaza de El Asad (y quizá también de Irán). Hasta el papa adopta un discurso inédito de indiscutible sabor progresista, y de gran atractivo popular, que está dejando en mal lugar a las voces más conservadoras de la Iglesia Católica.

Por el mundo se han ido extendiendo las ideas de paz, cooperación y tolerancia típicamente defendidas por la izquierda. En Europa, aunque haya mayoría de gobiernos conservadores, la población da por incuestionables las conquistas de la izquierda, e incluso la idea últimamente más persuasiva de la derecha, la de la “austeridad”, empieza a cansar a buena parte de la población, que ha observado y ha sufrido las consecuencias de esa obsesión por el rigor presupuestario y la cicatería en el manejo de los fondos públicos, y ha visto cómo de estúpido, caprichoso y poco fiable puede ser el sacrosanto mercado.

En su monumental obra de 1.100 páginas Los ángeles que llevamos dentro, el prestigioso psicólogo evolucionista Steven Pinker demuestra con abundancia de datos y argumentos que vivimos en un mundo progresivamente más pacífico y tolerante. Y uno no puede sino sentirse orgulloso de que esa evolución de la humanidad hacia cotas de paz y bienestar cada vez mayores, haya tenido casi siempre como protagonistas a los pensadores y los líderes sociales progresistas, que fueron venciendo, a veces pagando con su propia vida, las resistencias tenaces de los conservadores.


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6 Comentarios
  • Bacante Bacante 19/12/14 11:05

     renegó del “dios Mercado”, reclamó una autoridad mundial porque “hay que entender que los indigentes del mundo son de la humanidad toda” ¿Cómo van a jalear estas palabras los líderes capitalistas? Espero que lo que dice Múgica penetre en nuestras neuronas y se grabe a fuego. Porque es cierto: Somos muchos más. Nos ponen (leyes) mordazas y se encuentran coches estampados contra sus sedes, ¿comprenden? Porque no podemos desentendernos de los dramas ajenos. Hoy eres tú, mañana soy yo, y y con estos ladrones gobernando el mundo, ni te digo.  Además, Múgica, como Mandela, son la inyección que necesitamos de fe en la especie humana.  Los Rajoy del mundo a la cárcel. 

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  • jose mora jose mora 28/09/13 23:28

    la propuesta de Jose Mugica, prexidente de Uruguay, parece retomar el principio esperanza, a pesar de las graves injusticias estructurales existentes en nuestro mundo economicamente globalizado. Lo importante es seguir sumando en esa direccion. 

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  • mrosa mrosa 27/09/13 16:11

    Estoy de acuerdo. Si ahora aparecen en los medios más casos de violencia de género, acoso escolar, corrupción , etc. no es porque haya más que antes (soy maestra y sé que el acoso escolar es más raro ahora que antes), lo que pasa es que ahora la sociedad es mucho menos tolerante con estos  temas. A mí esto me parece bueno.

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  • Sir Sir 27/09/13 11:05

    El mundo tiende hacia el progresismo (o izquierda como tú lo llamas aunque esa definición es cerrar espectros) y eso desde hace décadas, al menos desde la guerra de Vietnam: se nota en los movimientos sociales, en la conciencia social sobre los derechos humanos (mirad la opinión sobre el aborto, la guerra o los homosexuales a lo largo de los 70, 80, 90, 2000), etc. El que sea más progresista no quita que los espectros ideologicos no se reformen y adapten encerrando viejas aspiraciones en nuevos envoltorios. Pero, el que la socieda tienda a la izquierda no implica que el sistema si lo haga: este simplemente cede ante la presión cuando no es capaz de vencerla/someterla. Y es en esa lucha dónde debemos seguir empujando, que el sistema piense como la sociedad. Podríais leer Alvin Toffler, tiene mucho que decir a este respecto, y de esto ya hablaba en los 70 en su libro "Future Shock" o "El Shock del Futuro"

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  • clara clara 27/09/13 00:30

    Hace mucho tiempo que no leía una reflexión tan positiva. Gracias por plantar esta semilla de posibilidad en medio del páramo de la realidad actual.

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    • Bacante Bacante 19/12/14 11:16

      No puedo estar más de acuerdo. Estamos ahítos de porquería y de desencanto, cuando hay esperanza y hay muchísima gente decente. En "Cuatro", Cintora se desgañita; en la Sexta, García Ferreras no pasa una; tenemos a " la monja cojonera" dando la tabarra.  Sólo tenemos que sumarnos a cuantos dan la jeta y la exponen. 

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