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Plaza Pública

BBVA, el gran beneficiado de la venta de Catalunya Banc

Carlos Berzosa
Publicada el 30/07/2014 a las 06:00 Actualizada el 29/07/2014 a las 20:34
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El Estado ha perdido 11.839 millones de euros al vender Catalunya Banc al BBVA. La cifra es algo menor que los recortes en educación y sanidad, que hasta 2013 sumaban la cantidad de 13.800 millones. Catalunya Banc es fruto de la fusión de Caixa Catalunya, Tarragona y Manresa el 7 de junio de 2011, consecuencia de decisiones que se tomaron para resolver la crisis de gran parte de las cajas de ahorro. Las fusiones, como se está poniendo de manifiesto, han sido un verdadero fracaso, pues no solamente no han contribuido a resolver el problema sino a agravarlo. La forma de afrontar el rescate y saneamiento de las entidades financieras está teniendo unos costes excesivamente elevados para la mayor parte de los ciudadanos, quienes con lo impuestos están financiando los errores cometidos por las decisiones equivocadas de los políticos con responsabilidad de gobernar y de los directivos de las cajas.

Un porcentaje mayoritario de la población está siendo doblemente víctima, como pagador de una crisis de la que no es responsable, y como sufridor de los recortes del gasto público que se están llevando a cabo en educación, sanidad, dependencia, investigación y cultura, en suma de políticas sociales, culturales y educativas. Esta operación ruinosa para el erario público es una muestra más de la política económica llevada a cabo en defensa de los intereses privados frente a los derechos sociales. El gran beneficiado en este caso ha sido el BBVA, pues se ha aprovechado de un saneamiento realizado con fondos públicos para comprar más barato de lo que ha costado el rescate de esta entidad financiera. Se refuerza encima su poder, pues aumenta su tamaño y cuota de mercado situándose en mejor posición en el oligopolio de la banca en un contexto caracterizado cada vez más, con la ayuda estatal, por la progresiva concentración y centralización de capital.

Con esta operación no solamente se ve con claridad a qué intereses sirve la política económica, sino que se ponen en cuestión las afirmaciones hechas reiteradamente por el presidente del Gobierno y por el ministro de Economía y Competitividad, de que al final el rescate de las cajas de ahorro y bancos no iba a costar nada al ciudadano pues con la venta se recuperaría lo que se había anticipado de fondos públicos. El engaño ha quedado claramente puesto de manifiesto con esta operación de venta y aún quedan varias para realizar y sobre todo la de Bankia.

La forma de abordar la crisis de las cajas de ahorro no solamente ha sido errónea, pues había otra forma de afrontarla, sino que se ha hecho con una orientación política clara de acabar con unas instituciones financieras que les resultaban incómodas a la banca, como indica que en 2007 mantenían el 57% de los depósitos y del 49,3% en concesión de créditos sobre el conjunto. Había que terminar, por tanto, con las cajas que le hacían una fuerte competencia en el mercado interior a los bancos. De modo que por está vía a la vez que se les ofrece baratas, una vez saneadas con fondos públicos, se está haciendo un gran servicio a las grandes corporaciones bancarias.

Se ha terminado por si fuera poco con unas instituciones que tienen siglos de vida, alguna de ellas más de trescientos años, y que eran muy apreciadas por los españoles, como indica el dato mencionado anteriormente sobre su importancia en la cuota de mercado, tanto en depósitos como en créditos. Se ha dado también por terminada la obra social que las cajas tenían la obligación estatutaria de desempeñar. Con ello se restringen aún más las atenciones sociales, culturales y deportivas, dañadas bastante con la política de austeridad. La desaparición de las cajas de ahorro es una pérdida para la sociedad, que no se puede evaluar solamente en términos de coste económico, sino que tiene consecuencias sociales mucho más profundas.

La crisis de las cajas se ha atribuido por parte de bastantes comentaristas y analistas a la mala gestión realizada, sobre todo a la intromisión de los políticos en la toma de decisiones. Esta argumentación se está utilizando a favor de la propiedad privada de la banca y en contra de cualquier tentación de nacionalización y de las cajas que no tenían un dueño claramente definido. El argumento que más se utiliza es el hecho de que la crisis financiera en España ha sido de las cajas de ahorro y no de los bancos y se atribuye esto a la gestión y propiedad. En el primer caso se considera que ha sido la principal responsable, por no tener las cajas de ahorro dueños y, como consecuencia los gestores no se responsabilizan ante nadie. En el segundo caso la banca ha sobrevivido a la situación de recesión por haber sido buena la gestión efectuada por tener dueño al que hay que rendir cuentas.

Esta argumentación no tiene ninguna base sólida en la que sustentarse. En primer lugar, porque no todas las cajas han sufrido un descalabro económico, como es el caso de La Caixa, IberCaja, BBK, y Unicaja. En segundo lugar, porque, como se ha dicho anteriormente, las cajas tienen siglos de existencia y han funcionado en épocas difíciles de crisis, subdesarrollo económico y precariedades diversas. Ha sido la voracidad del capitalismo financiero de los últimos tiempos lo que ha acabado con las cajas. Una mirada al pasado reciente hace ver las cosas de diferente manera. Así en la crisis bancaria desatada a finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado en nuestro país, se vieron afectados una gran cantidad de bancos y apenas unas pocas cajas. De modo que no solamente no fueron arrastradas por la situación adversa sino que se convirtieron en un firme baluarte, pues sin la resistencia que mostraron las cajas a sobrevivir en un tiempo tan difícil las cosas hubieran sido peor. Fue una crisis de los bancos y no de las cajas, no como ahora que ha sido al revés.

A los que consideran que la propiedad privada es una garantía para evitar la quiebra de la banca tal vez convenga recordarles que la crisis financiera que se inició en Estados Unidos lo fue por la gestión y propiedad privada, y se extendió a varios países europeos cuyo sistema bancario estuvo a punto de irse al traste si no llega a ser por las intervenciones de los gobiernos. Todos los bancos británicos, islandeses, alemanes, belgas y holandeses eran privados. En España, la banca se ha salvado, por dos razones: una de ellas es que ha estado sometida, en mayor medida que las cajas, sin que se sepa muy bien el por qué, a una regulación estricta del Banco de España, y la segunda a que los grandes bancos tienen internacionalizado gran parte de su negocio. Esto sin duda ha salvado a más de uno.

Las causas la crisis de las cajas tienen una razón fundamental en la mala gestión efectuada y en la utilización por parte de los políticos de las comunidades autónomas, sobre todo los que gobernaban, que las utilizaron como un instrumento de su gestión y como un medio de defender sus intereses electorales. Todas las acciones negativas que se han llevado a cabo han mostrado sus miserias cuando se ha desatado la crisis, con anterioridad quedaron ocultas en los años de euforia y de expansión de la burbuja inmobiliaria.

Estas políticas erróneas han contado con la complicidad de los partidos mayoritarios, pero también con CIU en Cataluña e Izquierda Unida en lo que fue Caja Madrid. Esta actitud de los partidos hay que entenderla en el marco de un contexto caracterizado por el deterioro de las instituciones, la elevada corrupción y las malas prácticas políticas llevadas a cabo. No en todos los casos la gestión profesional ha estado subordinada al poder político, como lo muestran los ejemplos de las cajas mencionadas anteriormente, o como fue el caso de Caja Madrid en la época de Jaime Terceiro como presidente. Ha sido la imposición, en bastantes casos, por parte del poder político de responsables no profesionales –amigos, compañeros de partido y leales– lo que ha conducido a la situación actual. Se ha impuesto el capitalismo de amigos y de casino.

Ahora bien, el hecho de que esto haya sido así en varios casos, no acaba con las explicaciones. La realidad es más compleja que la que busca en una sola razón la caída en el abismo de tantas cajas. Hay que remontarse sin duda a las sucesivas legislaciones que desde los años setenta han ido desnaturalizando la singularidad de las cajas, el origen y la razón de su existencia al convertirlas en unas entidades similares a los bancos en su operativa, al tiempo que se les permitía la expansión por todo el territorio español. El desafío que esto supuso para las cajas, para lo que no estaban preparadas, significó la entrada en una competencia entre ellas y con los bancos, de manera que lo que trajo no fue una mayor eficacia sino la incompetencia de la mayoría. La apuesta en exceso por el sector de la construcción, promotores y constructores básicamente, estaba contribuyendo a cavar su tumba. La excesiva expansión les crea necesidades de capital y la carrera competitiva les conduce a buscarlo más allá de la reinversión de los beneficios. El escándalo mayor se produce cuando, en esa necesidad de ampliación de capital, utilizan las preferentes, las cuales se convierten en instrumentos de engaño y de fraude a los clientes que tradicionalmente habían sido fieles y que confiaban, a veces ciegamente, en estas instituciones desde bastantes años atrás. Incluso había hasta una cierta tradición familiar que se mantenía durante generaciones.

De todo esto salen perdedores los de siempre, el pequeño ahorrador, los que recibían préstamos de las cajas y que no los obtenían de los bancos, los beneficiados de la obra social, las pequeñas y medianas empresas, entre otros, y salen ganando los grandes intereses financieros, causantes de la mayor crisis habida desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado.

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Carlos Berzosa es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense

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