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Les carnets libres

Una prenda como las demás

Publicada 21/08/2016 a las 06:00 Actualizada 20/08/2016 a las 17:52    
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La característica de épocas de transición como la nuestra, de desorden e incertidumbre cuando el viejo mundo va muriendo lentamente y uno nuevo tarda en aparecer, es la pérdida de los principios más elementales. Y, especialmente, el olvido de las libertades fundamentales. Estas libertades fundamentales por las cuales, desde 1789 (sin olvidar 1830, 1848, 1871, 1898, 1936, 1944, 1968…, fechas en las que vieron la luz revoluciones innovadoras), nuestro pueblo ha combatido contra los poderes al servicio de los poderosos y los dominantes, al servicio, al fin y al cabo, de las injusticias sociales. Entre estos principios, que son los propios de una República democrática y social, se encuentra la libertad individual: la igualdad de derechos, sin distinción entre el origen, la condición, la apariencia o la creencia, el sexo o el género; la libertad en la que el único límite es no imponer a los otros nuestra propia ley, la de una ideología (política) o un dogma (religioso).

Así, en una playa, cada uno de nosotros puede pensar lo que considere de las posturas elegidas por los otros turistas (según su cultura, sus convicciones, su religión, etcétera), pero ninguno de nosotros tiene el derecho de imponer de manera autoritaria su elección, como si se tratara de un uniforme obligatorio. Por lo tanto, de la misma manera que me opondría a cualquier poder que obligue a las mujeres a cubrir su cuerpo en el espacio público, me opongo, hoy, a aquellos que prohíben en las playas una vestimenta que cubre el cuerpo, por el simple hecho de guardar relación con una religión. En los dos casos, cedemos nuestras libertades individuales en beneficio de una lógica autoritaria y discriminatoria que, en el primer caso, oprime a las mujeres convirtiéndolas en una minoría política oprimida y, en el segundo caso, oprime a los musulmanes considerándoles como una minoría a la que excluir.

La libertad no se puede dividir; esta libertad pertenece también a aquellos con los que no compartimos ni ideas ni prejuicios. A condición, evidentemente, de que estos no traten, en su turno, de imponernos sus ideas de forma autoritaria –y este no es el caso de las mujeres musulmanas que, como han testimoniado en numerosos reportajes, van vestidas a la playa en compañía de amigas, quizás, incluso, con otras prendas, y muestran la diversidad y la pluralidad que acompaña a los musulmanes de Francia-. ¿Hay que recordar a los intolerantes de nuestros días que, en 1905, durante la votación sobre la ley de separación de la iglesia y el Estado, algunos republicanos conservadores trataron de prohibir la sotana en los espacios públicos? Y que, evidentemente, Aristide Briand (al cargo de la Justicia, y apoyado por Jean Jaurès) se opuso, en nombre de la libertad, a mostrar sus opiniones (también su creencia), con el apoyo de todos los republicanos progresistas (que, por desgracia, como los otros, olvidaron a las mujeres que, por aquel entonces, no tenían derecho a opinar, ni a votar –bajo el pretexto, al que no le falta ironía retrospectiva, de servir a proyectos de obscurantismo religioso).

Los defensores de la prohibición de "la vestimenta eclesiástica" (como los que hoy quieren prohibir cualquier "prenda islámica"), defendían que se trataba de un hábito de sumisión y que el deber del Estado republicano consistía en emancipar, a través de la ley (en definitiva, por la fuerza… de la ley), a los curas de la sotana. Aprovechando el debate, los machistas reafirmados, defendían que la sotana, que es un vestido, atentaba contra la "dignidad masculina". Aquí la respuesta de Aristide Briand, rechazando una ley que trataba de "instaurar un régimen de libertad" para imponer a los párrocos "la obligación de modificar la forma de sus prendas": "Vuestra comisión ha considerado que, en un régimen de separación, la cuestión de la vestimenta eclesiástica no se puede plantear. Si esta prenda no existe para nosotros con su carácter oficial (…). La sotana se convierte, el día después de la separación, en una prenda como las demás, accesible a todos los ciudadanos, curas o no".

Dicho de otro modo (Brians provocó, además, a este grupo masculino, asegurando que cada individuo, en un régimen de libertad, tiene derecho a pasearse, si lo desea, con "un vestido"), si mañana algunos hombres (no importa quiénes) quieren ir a la playa vestidos con una sotana, bañarse con esta prenda, tienen derecho a hacerlo… Igualmente, como hemos podido ver ojeando el número de Paris Match de esta semana, un hombre desnudo se paseaba por una playa no naturista en Biarritz, se cruzó con Emmanuel Macron y su esposa, les saludó, un saludo al que el ministro respondió con una sonrisa. Sin embargo, aquellos que se alarman por las vestimentas de playa de los musulmanes no se inmutan frente a esta transgresión exactamente opuesta. En los dos casos, nos encontramos frente a dos elecciones relevantes de la libertad individual. Si su ejercicio no está acompañado de ningún proselitismo (tratando restringir la libertad de otros individuos), aceptar que una autoridad lo impida, es abrir la vía a esas morales de Estado que siempre han acompañado a los regímenes autoritarios, sean quienes sean y cualquiera que sea su intensidad.

Todas estas polémicas, cuyo resultado no es más que caer en la trampa tendida por Dáesh (estigmatizar a los musulmanes como cabezas de turco de nuestros miedos –ver más abajo-), son completamente ridículas cuando son confrontadas a un razonamiento lógico. ¿Impedirán, mañana, en nombre del rechazo de cualquier símbolo visible de convicciones religiosas en el espacio público, que religiosas católicas acudan a la playa con el hábito? ¿O que judíos practicantes se paseen con la kippa en la cabeza? ¿También prohibirán, mañana, en nombre de la "neutralidad" del espacio público, las camisetas que alegan opiniones supuestamente subversivas o las prendas juveniles consideradas propias de disidentes? ¿Irán a la caza y captura de las melenas largas, los piercings, los tatuajes, etcétera?

Cuando una libertad comienza a decaer, bajo el pretexto de una ideología que, en este caso, es secundaria, no solamente es difícil reconquistarla sino que, además, se pierde para todos, no solamente para aquellos a los que está destinada tal restricción. Mañana, según las decisiones de nuestra vida política, las municipalidades, los gobiernos, las empresas, utilizarán el pretexto de la restricción ideológica de una libertad para atacar los cuerpos y las apariencias, todo para arremeter contra actitudes que no se ajustan a sus prejuicios, sus dogmas o sus intereses. Defender nuestras libertades individuales (la libertad de nuestro cuerpo, nuestra vestimenta o nuestra desnudez), es defender la libertad de combatir por nuestros derechos y no someterse a la servidumbre del poder (ya sea estatal, económico, ideológico, religioso, sexual, etcétera).

La segunda Declaración de Derechos Humanos, la más desarrollada pero también la más efímera, del año I de la República (1793) anuncia en su artículo 6: "La libertad es el poder que pertenece al hombre para hacer aquello que no perjudique los derechos del otro; su principio es la naturaleza; su regla es la justicia; para protegerla existe la ley, su límite moral responde a este máximo: no hagas al otro lo que no quieras para ti".

PD: Adjunto a este billete de blog lo que publiqué recientemente en las redes sociales, una simple llamada a la razón cuando tantos temas (democráticos, sociales, ecológicos, geopolíticos, científicos, etcétera) deberían movilizar nuestras energías como lo demuestran las prioridades editoriales de Mediapart durante todo este verano:

En el verano de 2014 (hace ya dos años, antes de los atentados de 2015 y 2016), escribí el texto que sigue, en mi obra Por los musulmanes (Pour les musulmans) Éditions La Découverte, leer aquí). ¿Es necesario subrayar que esta advertencia es más importante hoy que nunca? ¿Es nuestro deber apoyar a todos aquellos y aquellas que son estigmatizados no sólo por lo que hayan podido hacer, sino por lo que son, en razón de su creencia o su apariencia? Aquí el extracto: "En todas las latitudes, el destino otorgado a las minorías habla del estado moral de una sociedad. (…) Más allá de mi país, yo escribo contra este tipo de mundos en los que se intenta sumir a los pueblos fabricando odios identitarios en los que la religión sirve de coartada. Pero yo estoy en Francia, donde vivo y trabajo, es aquí donde, entre nosotros, se juega este estallido de las conciencias. Jamás los crímenes cometidos por pretendidos musulmanes, habiendo sido ellos mismos víctimas de estas guerras sin fin, justificarán, a cambio, la persecución de los musulmanes de Francia. Jamás las derivas individuales o los lejanos conflictos autorizarán que, en nuestro país, se asimile en bloque a hombres, mujeres y niños, como una amenaza contra la integridad, la pureza de nuestra comunidad nacional, bajo el pretexto de su fe, su creencia su religión, su origen, su cultura, su pertenencia o su apariencia. Jamás el desorden del mundo podrá justificar el olvido del mundo. De su complejidad, su diversidad y su fragilidad".
________________________

Edwy Plenel es presidente de Mediapart, socio editorial de infoLibre.

Traducción y edición de la versión española: Irene Casado Sánchez.






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13 Comentarios
  • Angels Angels 27/08/16 13:08

    ...Y no vamos a condenar a un hombre o a una mujer que se quera vestir de lagarterana (un vestido muy digno) de fallera mayor, con armadura, de faralaes, con "sin vestido" para ir a la playa, por la calles o a trabajar. La libertad....a ver.

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  • vibebilbao vibebilbao 25/08/16 06:19

    Este articulo es pura demagogia. Parte de una premisa incierta. Los curas y monjas son adultos que han elegido servir a una religión. El burkini lo viste alguien por el único hecho de ser mujer en la religión musulmana, sea niña, adolescente o adulta. Lo que implica una discriminació sexista. Llevar rastas o piercings tienen un carácter reivindicativo en principio de alterar costumbres, hasta que se aceptan. Como en su tiempo llevar bikini o minifalda. Eso de que las mujeres son libres para llevar lo que quieran y cuando quieran no es verdad. Ni siquiera los hombres pueden hacerlo. En cuanto a higiene, bañarte con el cuerpo cubierto de ropa y permanece mojado durante un buen rato no parece ni siquiera cómodo.

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    • Visotsky Visotsky 29/08/16 22:12

      Completamente de acuerdo contigo.

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    • Sancho Sancho 26/08/16 23:14

      Por favor, vibebibao, no podemos condenar a una mujer que se pone un burkini porque quiere bañarse en sitio público y no quiere hacerlo desnuda, o en bikini. ¿Qué tiene de malo?. Pensemos que los radicales islamistas jamás aceptarán que las mujeres frecuenten lugares, piscinas, baños públicos, ya sea con burkini o abrigo tres cuartos, no seamos ciegos. ¿En qué nos afecta a los demás? Higiénicamente no tienen ningún problema, o al menos nadie ha hablado de eso, no es ese el debate, es evidente. En cuanto a la comodidad, pues sí, yo, acostumbrado a la desnudez, nunca me pondría esa prenda. Pero eso no es importante para quien se la pone. Seamos sensatos, amigo. Piense. Y sobre todo no caigamos en el asqueroso juego racista y fascista del señor Vals, que alega problemas de seguridad y de ir contra las normas y los conceptos republicanos...¡De vergüenza!.

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      • vibebilbao vibebilbao 30/08/16 00:50

        No se la condena. Simplemente en ese lugar no puede ir cubierta de esa manera. Segundo es un símbolo religioso y machista de dominación. Tercerola lucha feminista desde que nuestras abuelas tenían que bañarse vestidas hasta ahora ha sido el gran logro de la liberalización de la mujer, ellas también que vayan ensayando si quieren ir a la playa. Cuarto porque les obligan a sus hijas a llevarlo? Que culpa o capacidad de elegir tienen? Etc...

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  • viceval viceval 22/08/16 12:51

    Bidebi, seguro que soy un iluso (lo digo yo) bien intencionado. Seguro. Asumiendo que la Libertad no existe, y si libertades. Quiero ratificar, que “de siempre” he mantenido la inequidad absoluta que es y supone que, a igualdad de trabajo la mujer gane un 30% menos que el hombre, los puestos de gestión son mayoritariamente cubiertos por hombres, los trabajos de soporte, cuidado y atención deben ser “atendidos” mayoritariamente por mujeres….. Con respecto a la superioridad de raza, cultura y/o condición de acuerdo en todo y para todo contigo, como he creído e intentado expresar en todos mis comentarios. No me gusta la prepotencia. Saludos.

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  • bidebi bidebi 22/08/16 11:11

    2/2 Lo que existe es algo llamado publicidad al servicio del mercado que nos dicta cómo tenemos que ser y cómo tenemos que vestir o peinar. ¿Qué decir de las imposiciones de la moda que las mujeres soportan?. ¿Qué decir del culto al cuerpo y las cirugías estéticas que vuelven locas a miles de mujeres?. ¿Qué decir de los modelos a imitar que nos presentan en los medios?. Hay mil casos mas a mencionar. Somos muy cretinos si nos creemos libres. Ellos tienen sus valores, mas o menos falsos, ¿pero cuáles son los nuestros que no parezcan ridículos?. Creo que ya lo he dicho y lo repito porque es importante : algunos no se dan cuenta que las imposiciones duraderas crean cultura de una forma de ser y estar. De tal manera que puede existir perfectamente mujeres musulmanas a las que no se les obligue a taparse y sin embargo lo hacen porque consideran que es su cultura, su identidad cultural. De la misma forma que a unas niñas parece que nadie les obliga a ingresar en un convento para vestir unos hábitos, salvo la educación fanatizada, pero se ponen los hábitos, su uniforme, porque constituye su identidad de siervas y esposas de un dios. En definitiva : Ellos tienen la religión como motivo de imposición de una norma social que crea una cultura identitaria, nosotros tenemos el mercado y la publicidad que aliena al personal sobre su forma de ser, vestir y comportarse, para construir un ser uniforme, idiotizado y manejable. ¿La diferencia?, que nosotros tenemos una serie de libertades formales, que nos hacen creernos libres (gran alucinación), porque somos ricos en comparación y ellos están en otro estadio de desarrollo porque son pobres y viven en dictaduras. ¿Y por qué ellos son pobres y nosotros ricos si ellos tienen mas materias primas de gran valor que las que tenemos nosotros?. ¿Verdad que todos sabemos la respuesta?. Pues eso, es cretino creernos superiores, es una alucinación de cretino.

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  • bidebi bidebi 22/08/16 11:09

    Viceval perdona, porque seguro que eres bienintencionado y crees en lo que dices, pero bajo mi punto de vista es imposible “ser libre independientemente de cualquier forma de opresión”. Nosotros, los guapos occidentales, no podemos ser libres dentro de un sistema económico injusto que nos hace creer que somos libres. El gran problema es que estamos tan acostumbrados a comprarles la burra de que vivimos en libertad que ya hay muchos que hasta se lo creen de buena fe. Y si no te saltan con la tontería de “no me compare usted nuestras democracias con los estados medievales actuales”. Nunca me resisto a citar aquella frase “si fuéramos libres y el votar sirviera para algo el votar estaría prohibido”. Frase que resume la ceguera en la que se encuentran algunos sobre nosotros mismos ya que no entienden que dentro de esto no puede existir democracia ni libertad, por definición. Claro que vivimos en mejores condiciones de libertad controlada y democracia controlada que otros, pero casi en exclusiva por un hecho : porque somos ricos con respecto a ellos. A nada que pienses un poco sobre el tema de las vestimentas y este caso ridículo del burkini, te asombra pensar lo burros que podemos llegar a ser al afirmar que a nosotros no se nos impone nada porque somos libres. La realidad : Tanto mujeres como hombres occidentales vamos prácticamente uniformados siguiendo los dictados de las morales y de las modas. No digamos nada en profesiones en las que el uniforme exige corbata. ¿Qué es más ridículo un burkini o una corbata?. Si nos fijamos todos vamos igualitos en períodos de tiempo. Pero no solamente en vestido, también en calzado (desde hace algún tiempo todos en deportivas), en peinado (desde hace algún tiempo todos rasurados en las orejas y con cresta), etc. ¿Dónde se encuentra nuestra libertad o es que todos nos ponemos de acuerdo a la vez?.

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  • manuel ralo manuel ralo 22/08/16 00:49

    Si decidiese bañarme con una determinada prenda de vestir… digamos esa prenda que apodan “burkini”, por capricho etílico, por una apuesta, porque es carnaval, por asegurarme el divorcio, por ligar, por dinero… nadie debería coartar mi libertad de hacerlo. Si lo hiciese por motivos religiosos y por decisión propia bien meditada, pues tampoco. Si lo hiciera porque temo el castigo y la humillación de los míos, querría decir que tengo un problema con “los míos” y quizá agradecería la ayuda de otros para liberarme de su opresión. Si la ayuda consistiese en prohibir el uso de esa prenda, eso sería tan inteligente como quedarse mirando al dedo que señala la luna. Podría ser que mi madre, que lo usa y quiere que yo lo haga, se viese proscrita y rechazada por una sociedad que supuestamente defiende su libertad. También porque eso no impediría en absoluto la opresión. Además ya no podría bañarme con mi familia, como si fuese un activista nudista en una playa "normal". Es entrar al trapo. Es no ver el bosque. Es dar razones a la sinrazón.

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  • vibebilbao vibebilbao 21/08/16 23:29

    Pues creo que la poligamia está prohibida, por lo que, si lo descubres lo puedes denunciar. Es esto también coartar la libertad de alguien? La sociedad tiene que marcar unos limites, o no?

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  • Rogerio Rogerio 21/08/16 15:13

    Completamente de acuerdo con el articulo. Me molesta estos pseudo defensores de la libertad, que defienden su prohibicion por que, a su modo de ver, es una imposicion de una religion machista. Me pregunto ¿quienes son ellos al hablar en nombre de esas mujeres? Seguramente estarian de acuerdo con la imposicion de la federacion internacional de voleybol en el año 1999 de que las feminas llevaran un bikini no superior a 7 cm, supongo que para masturbacion mental de los espectadores. En ambos casos se utiza el cuerpo de la mujer y no dejan que ellas sean las verdaderas protagonistas que vestir, utilizar su cuerpo como a ellas les plazca.

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  • viceval viceval 21/08/16 13:37

    Excelente artículo. Mi objetivo ha sido, es y espero será para que la mujer alcance la libertad e igualdad reales, y que esto sea independiente de cualquier hombre, religión y forma de opresión, tanto laboral como social. Cuando, en defensa de la Libertad recortamos libertades, siempre se empieza por las de otros, que no nos importa o nos importa poco. Pero al final, cuando nos quitan las nuestras, nadie queda para defendernos. Ni siquiera nosotros mismos . Miremos a nuestro alrededor. A fecha de hoy.

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  • Marion Marion 21/08/16 13:12

    Se puede entender actuar con libertad cuando no hay más de una opción? Han llegado a tener las mujeres musulmanas la experiencia de mostrar su cuerpo de manera diferente para poder comparar o elegir? Las mujeres españolas nacidas en los 50 sabemos mucho sobre la losa que pesaba en nosotras cuando dudabamos si ibamos adecuadamente vestidas o no, en relación a lo que la costumbre del momento dictaba. La lbertad suele estar marcada por la moda, la cultura, el entorno...

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