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Qué ven mis ojos

No hace falta haber estado en la escena del crimen para haberlo cometido

Publicada 14/03/2017 a las 06:00 Actualizada 13/03/2017 a las 22:06    
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“La política es el arte de pasar de las palabras a los deshechos”.

Solemos decir que tenemos cinco sentidos, pero es nada más que por resumir y porque nos centramos exclusivamente en los que van de fuera a dentro: el olfato, la vista, el gusto, el tacto y el oído se despiertan sólo si hay algo que saborear, que escuchar, que acariciar, etcétera. Pero hay otros sentidos que van de dentro a fuera, a los que no puede darse una explicación física sino moral y que se pueden tener o no tener, según la condición de cada persona, sus niveles de inteligencia, honradez o  dignidad: el sentido común, el del deber, el de la proporción, el de la justicia o uno del que se habla mucho y sin embargo abunda poco: el sentido de la responsabilidad. Por haber, existen hasta los sinsentidos e incluso, según se nos dice con frecuencia, hay líderes políticos que tienen sentido de Estado. Aunque de estos últimos conviene no fiarse: cuando nos juran que si los seguimos llegaremos a un paraíso donde sean iguales las hipótesis / y las profecías, como dice en su último libro, O Futuro, recién publicado por la editorial Pre-Textos, el poeta Abraham Gragera, lo que en realidad quieren decir es que pase lo que pase, aunque eso sea justo lo contrario de lo que pronosticaron, ellos tendrán razón. El cinismo es el primer mandamiento de esa gente envuelta en una bandera.


En España, el sentido de la responsabilidad y el de Estado son muy populares, se invocan continuamente, sobre todo por parte de los partidos de toda la vida, que parecen creerse sus propietarios, y de vez en cuando son su as en la manga, su última bala: tengan cuidado, lo que van a elegir es entre nosotros o el caos, el sistema o su destrucción. Es normal: dejar las cosas tal y como están supone que sigan saqueando el país y salvándose de la cárcel, porque aquí el agua sucia se queda en los charcos de la calle, nunca crece hasta alcanzar los despachos más altos. De hecho, nunca llega ahí, la jefa o el jefe lo son a la hora de los discursos, cuando llega el tiempo de repartir las culpas, se quedan al margen, señalan con el dedo a sus subordinados y quedan impunes. ¿No es un poco raro que en un lugar donde se roban tantos millones de euros de dinero público haya tan pocos cargos públicos entre rejas? El dinero va a Suiza en línea recta, pero el camino a prisión de quienes se lo llevan está lleno de curvas.


La antigua alcaldesa de Valencia, tristemente fallecida, Rita Barberá, no se enriqueció personalmente, se afirma, pese a que lo hiciesen todos los que estaban bajo sus órdenes; su colega en la Generalitat, Francisco Camps, tampoco; Esperanza Aguirre, en la Comunidad de Madrid, lo mismo, y cuando alguien se atreve a sospechar de ella, se defiende jurando sobre una Biblia, si es necesario, que lo que pasó es que algunos colaboradores le salieron rana; y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tampoco: sus tesoreros vaciaban las cajas, su partido se financiaba ilegalmente, se hacían chanchullos por tierra, mar y aire, se otorgaban obras de forma fraudulenta y se cobraban comisiones… pero él no se enteró de nada. Ni él ni nadie. Claro, y Charles Manson no estuvo en la casa de Polanski y Sharon Tate en Beverly Hills, pero lleva cuarenta y cinco años en prisión, como líder de la banda satánica que le obedecía e inductor de los crímenes que allí se llevaron a cabo. No hace falta haber estado en el lugar del crimen, para haberlo cometido.


Ahora, el juez Eloy Velasco ha tomado la decisión de seguir investigando lo ocurrido en la Comunidad de Madrid durante el mandato de la condesa de Bornos, y va a llamar a declarar como imputados del caso Púnica a dos altos cargos del PP en esa época y a algunos empresarios que expliquen las irregularidades cometidas en Fundescam y el cobro de mordidas gracias a los contratos de publicidad que se hacían para vender diferentes obras que, en muchos casos, nunca llegaron a terminarse: en los solares de la famosa Ciudad de la Justicia saltan hoy felices las liebres, pero en su momento pasearon de norte a sur los maletines llenos de dinero negro. La caja B es una caja de Pandora, y si de verdad se abre, desencadenará una catástrofe en la calle Génova. “No se dejen asustar”, dicen los autores y los presuntos cómplices del desfalco, “otros lo habrían hecho aún peor y han venido a poner en peligro nuestra democracia, y ellos son el verdadero enemigo”. Aún hay quien les cree, de buena fe o porque son los suyos y, por lo tanto, el resto son el adversario. Tantos no caben / en la palabra prójimo, dice Abraham Gragera.

Las pesquisas que sigue de nuevo el tribunal van en uno de los sentidos que antes enumeraba y que, como suele decirse, es el menos fácil de encontrar en la mayoría de las personas: el sentido común. Porque es de cajón que lo único que hace falta para demostrar de qué modo funcionaba el mecanismo de la corrupción es relacionar las donaciones recibidas por el PP con las adjudicaciones de contratos públicos a quienes las realizaron. Se trata de establecer una simple relación de causa y efecto. Sin embargo, parece fácil y hasta hoy ha sido imposible. “Ellos nos daban los billetes a cambio de nada y nosotros les dábamos el trabajo con el que se enriquecían, pero sin que una cosa tuviera nada que ver con la otra”, repiten una y otra vez, quizá porque de tanto dedicarse a la construcción se les ha vuelto la cara de cemento.

Las cloacas del poder están arriba, en los despachos de la planta noble de los edificios; pero lo que ocurre una y otra vez es que la policía llega, en el mejor de los casos, hasta las puertas de los subjefes, nunca hasta las de quienes estaban por encima de ellos. Y después, cuando la cosa se pone fea, unos son la coartada de los otros y si se han visto, no se acuerdan. Será que son iguales que los protagonistas de otro de los poemas del libro de Abraham Grajera, y por eso se comportan lo mismo que ellos, como dos que soñaran / el uno con el otro / sueños distintos / y al mirarse dijeran / qué extraño / que sólo uno de los dos recuerde / lo que los dos hicimos.


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13 Comentarios
  • juan alvarez juan alvarez 17/03/17 08:40

    Siento respeto por lo que escribe, Benjamín. Su expresión, malas personas, como el prologo de Rayuela, vale más que 20 kilos de novela "casi perfecta"."El cinismo es el primer mandamiento de esa gente envuelta en una bandera". Cierto, el cinismo en la primera acepción de la RAE, es decir, la desfachatez en la mentira. Buen día.

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  • viceval viceval 16/03/17 07:24

    Benjamin, como la vida misma. Buena fotografía de todo lo relacionado, con los pperos, en los juzgados.

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  • Monterilla Monterilla 16/03/17 01:53

    Gracias Benjamín por el artículo, también para los comentaristas pues entre unos y otros me hacéis pasar unos ratos muy buenos.Agur

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  • El chipionero El chipionero 15/03/17 18:20

    ¡Buen artículo, Benjamín! En este país la causa efecto es tan evidente, y tan reiteradamente no relacionada, que no entienede uno cómo hay tanto ladrón de guante blanco paseando por las calles de España y de Suiza.

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  • Sancho Sancho 15/03/17 16:49

    Esto huele que apesta, pero preferimos dormir con la mierda al lado en vez de echarla "al cubo de la basura" (Elecciones); o saliendo a la calle a decir ¡basta!. Pues nada, a seguir oliendo a mierda. Gracias, Benjamín.

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  • frida56 frida56 14/03/17 23:56

    Habïa olvidado comentarle que los versos son preciosos!

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    • Acratador Acratador 15/03/17 08:32

      Coincido con Frida: preciosos versos. "Poesia necesaria como el aire que respiro..." En estos tiempos de tanta mediocridad.

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  • frida56 frida56 14/03/17 23:54

    No solo es tristemente cierto lo que dice,sino que,cuando,por fin,se les investiga e,incluso,se les juzga,salen de rositas,con penas y multas irrisorias.La corrupción de cuerpo y alma alcanza ya todos los estamentos,también el de una buena parte de la sociedad,por consentidora o por inhibirse.Hay complicidad en todos los sectores (unos más cómplices que otros,obviamente),por eso funciona como un reloj la máquina de la corrupción y,aún con la que está cayendo,se siguen atreviendo.

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  • ela ela 14/03/17 22:10

    Bravo Benjamin, absolutamente acertado tu trabajo, lástima que este no lo lean muchos mas, y cromwel, pienso lo mismo que Ud. estoy de acuerdo en todo.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 14/03/17 16:59

    «La política es el arte de pasar de las palabras a los deshechos.» Por ejemplo: «El Supremo niega que contratar con terceros en caso de huelga vulnere derechos»: http://www.teinteresa.es/tribunales/Supremo-defiende-empresa-subcontrate-huelga_0_1759024199.html – Era la guinda que le faltaba a la Ley de Esclavitud Laboral del Gobierno pepero para convertirla en la mejor tarta de regalo para la patronal. Desde luego que estamos en la era de la nueva política: no paran de recortarnos derechos, ¡y no pasa nada! Cada vez es más real la frase de Benjamín con la que inicio este comentario. Osasuna!

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    • MASEGOSO MASEGOSO 14/03/17 18:30

      Acabo de ver el artículo que indicas en tu comentario 44 y, ahora no se como se le llama a eso. En tú tiempo y, en el mío esa actitud empresarial estaba prohibida y, a los esquiroles se les aplicaba la mano del trabajador en huelga o piquetero. Salud y República Libertaria.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 14/03/17 18:45

        Pues ya lo ves: ahora se puede hacer de esquirol de forma legal; puede que hasta se premie o desgrave en la declaración de la renta. ¡Hay para apearse! Salud y República Libertaria.

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  • cromwell cromwell 14/03/17 16:55

    De total acuerdo Benjamín, los de arriba nunca son responsables de nada porque a los pobrecitos les engañan los que ellos mismos han elegido. En cualquier empresa, asociación, partido o sindicato los tesoreros se limitan a cobrar y pagar cumpliendo órdenes pero en el PP parece ser que montaban los negocios por su cuenta lo que ofende a la inteligencia. Como yo ya estoy harto de oír hablar de corrupción, ver juicios que se alargan hasta el infinito, delitos económicos que prescriben, etc. y que nunca se llega ni siquiera a imputar a los verdaderos responsables he llegado a la conclusión de que las leyes están hechas precisamente para que todo suceda así y solamente con un cambio radical que incluyese la devolución de lo robado para evitar la cadena perpetua volvería este pobre país a deshacerse de la mentalidad de que todo vale para enriquecerse y favorecer a los compadres de latrocinio. ¡Ah! y con jueces no elegidos por los mismos a quienes luego van a tener que juzgar.

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