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Verso Libre

Canto de amor a Barcelona

Publicada el 12/05/2019 a las 06:00 Actualizada el 11/05/2019 a las 13:54
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Pocos elogios de la hospitalidad son más hermosos que el que hace don Quijote al hablar de Barcelona. En esa rara mezcla de elocuencia, dignidad y sabiduría con la que Cervantes caracterizó las palabras de su personaje, el caballero andante agradeció el trato recibido en una ciudad en la que además descubrió el mar y el mundo de la imprenta. Así que viene de muy lejos la imagen de Barcelona como gran capital del libro hispánico. Por eso resulta tan lógico que la Feria del Libro de Buenos Aires se haya dedicado este año a la ciudad catalana.

Buenos Aires ha sido otra de las grandes ciudades del libro; y también un ejemplo significativo de que la hospitalidad enriquece al lugar que abre sus puertas para quien necesita un refugio. Cuando los totalitarismos incendiaron Europa en la mitad del siglo XX, a las orillas del Río de la Plata llegaron editores obligados a huir de España, Italia y Alemania. El poder cultural del Régimen franquista, por ejemplo, había empezado a ejercer la censura sobre las publicaciones de la editorial Espasa. La Imprenta López, fundada en Buenos Aires a principios de siglo por inmigrantes españoles, dejó de colaborar con Espasa y se unió al trabajo de los exiliados para poner en marcha Losada, Sudamericana y otros sellos que marcaron la gran transformación de la industria editorial en español a lo largo de los años 40.

La hospitalidad, querido Sancho, es una inversión en la dignidad humana que da grandes resultados en los cuentos que narran las experiencias de la vida y en las cuentas que sostienen los caminos económicos de una sociedad. No debiera olvidarlo la civilización Occidental que se traiciona hoy a sí misma con sus leyes y sus alambradas.

En un maravilloso soneto dedicado a Buenos Aires, Jorge Luis Borges confiesa: “No nos une el amor sino el espanto; / Será por eso que la quiero tanto”. Andaluz nacido al final de la década de los 50, algo parecido podría decir yo de mi amor por Barcelona, una ciudad que en mi infancia era el lugar de destino de muchas familias andaluzas, familias de mis amigos, que necesitaban huir de la pobreza. El dinero, la industria y la exigencia de mano de obra barata estaban allí. Una de las grandes manipulaciones del franquismo fue componer con la copla, las ganaderías, los trajes de gitana y el gracejo andaluz la caricatura cultural española, mientras humillaba y explotaba sin misericordia la verdadera realidad de Andalucía. Hay amores que matan.

Barcelona dejó de ser para mí únicamente la ciudad del dinero cuando me hice lector y empecé a estudiar literatura. Me encontré con don Quijote, y luego con las declaraciones de amor de Federico García Lorca a las floristas de las Ramblas, y luego con la construcción de la cultura democrática española que capitanearon Carlos Barral y Víctor Seix al unir la publicación de la mejor literatura universal con los sedimentos más activos de la conciencia antifranquista. Esa Barcelona, hermanada con el Buenos Aires parisino de Julio Cortázar, fue el corazón del boom latinoamericano al albergar a escritores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Jorge Edward, en una tradición que mantuvieron después Sergio Pitol, Cristina Peri Rossi, Juan Villoro o Juan Gabriel Vásquez en la ciudad de Lumen, Anagrama o Tusquets.

La capitalidad cultural de Barcelona hizo que de forma natural me interesase por la literatura escrita en catalán. Tuve la suerte de encontrar en ella algunos de mis primeros compañeros de viaje, de mis amigos más queridos, poetas de personalidad tan diversa como Joan Margarit, Pere Rovira o Alex Susanna. Compartimos reuniones, complicidades y viajes en los inicios de la España democrática. La amistad no se ha perdido, la cultura sigue teniendo unos vínculos más sólidos que las urgencias del griterío. Pero la dinámica de hermandad y cita frecuente sí se rompió. ¿En qué momento y quiénes han sido los responsables?

El viernes pasado tuve la oportunidad de hablar en Buenos Aires de mi amor por Barcelona. Mi formación literaria le debe mucho a la historia del emigrante andaluz que nos contó Juan Marsé en Últimas tardes con Teresa o a los versos de Carlos Barral, José Agustín Goytisolo y Jaime Gil de Biedma. Pocos poemas tan hospitalarios como “Barcelona ja no es bona o mi paseo solitario en primavera”, un canto de amor a su ciudad en el que Jaime se puso de parte de los emigrantes humillados en los años 60 por la estirpe soberbia del dinero: “Sean ellos sin más preparación / que su instinto de vida / más fuertes al final que el patrón que les paga / y que el salta-taulells que les desprecia: / que la ciudad les pertenezca un día. / Como les pertenece esta montaña, /este despedazado anfiteatro / de las nostalgias de una burguesía.
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19 Comentarios
  • ARVA44 ARVA44 15/05/19 21:33

    ¡Cuanto amor! ¿Alguien de por ahí muestra su amor por la Barcelona de la cultura catalana?

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  • Francisca Sol Francisca Sol 14/05/19 16:03

    Sobre el juicio del Supremo. Por favor difundid este vídeo


    https://www.dailymotion.com/video/x78a4ji

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  • Hammurabi Hammurabi 13/05/19 05:08

    Me he impregnado de vuestras vivencias y no puedo hacer otra cosa que unirme a ese canto.

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  • Pacoescolano Pacoescolano 12/05/19 21:32

    Totalmente de acuerdo contigo. A la gente nos une más lo común que compartimos que las diferencias. Pero a veces es difícil verlo y hacerlo ver. Salut. Una cosa, de aquí a dos semanas hay que volver a votar. No nos quedemos en casa, porque después no nos podremos quejar

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  • itnas itnas 12/05/19 18:14

    Parece un pensamiento bastante extendido el que puede expresarse resumidamente como 'entre los de ciencias no hay otras razones que las que derivan de la sesuda deducción lógica'. Otra forma de decir lo mismo es 'hay razones que la razón (deductiva) no entiende'. Me decía esta mañana una amiga que de vez en cuando escribe en estos foros y que de estas cosas entiende, que la poesía no es más que la expresión escrita (o vocal) del subjetivismo del poeta. Probablemente nada nuevo salvo cuando se olvida con cierta frecuencia, pero me ha hecho recordar dos cosas: 1) creyendo tal afirmación, ¿puede un poeta hablar de 'la verdad'?, y 2) ¿acaso vivimos en un mundo de estructura social racional? La primera pregunta la resuelve perfectamente el prof. Gª Montero cuando expresa que la verdad es la búsqueda democrática de las diferentes verdades existentes y su convergencia en acuerdos mayoritarios; el artículo presente es un ejemplo digno de aplauso por la sutilidad mostrada para hacer converger diferentes sensibilidades sobre el 'problema catalán'. La segunda cuestión debe contestarse negativamente, con pesar porque la razón no es sinónimo de desalmada y fría rigidez; al contrario, pues a) no adivino cuál puede ser la diferencia entre la belleza de una obra como la 'mona lisa' o 'el quijote' y el enunciado y demostración de un teorema como el central del límite o la identidad de Euler, y b) ¿dónde puede encontrarse la razón humanitaria, deductiva o no, que permite la explotación de un semejante o la imposición de una específica estructura social?

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  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 12/05/19 17:13

    Por fin encuentro aquí un artículo de García Montero que no es una acumulación de sentimentalismo, un artículo con contenido y no un desahogo del autor que no me satisface, por muy poeta que sea.

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  • El chipionero El chipionero 12/05/19 11:24

    En mi casa de vecinos andaluzada, de un pueblecito del norte de Sevilla, vivía mi familia ( dos hermanas, nacidas en el 1934 y en el 36. Tres hermanos, nacidos en el 1943, 45 y 46. Mi madre y mi padre que, por haber sido republicano, cuando no estaba en la cárcel tenía que estar escondido). En aquella casa se colaba el hambre antes que el día, pues nuestros escasos ingresos procedían de trabajos agrícolas (muy precarios), que mis dos hermanas y yo hacíamos en cuadrillas de niños, pues mi padre trabajaba de panadero en sus cortos periodos de libertad vigilada. En 1959, mi padre (entre el cansancio de tanta persecución y cárcel, además del hambre), se fue a Barcelona y encontró un trabajo fijo de panadero. Le dieron un adelanto para comprar una barraca en Montjuic, más pequeña aún que el cuchitril que teníamos en mi pueblo, y pagar los billetes de la familia de Sevilla a Barcelona. 
    El viaje, en el "catalán", con gente hasta en los estribos, duró 42 horas. Recuerdo cuando llegamos a aquella barraca a mi hermana pequeña (la mayor se casó y se quedó en el pueblo), sentarse en la maleta, amarrada con cuerdas, y estar toda la tarde llorando. A los pocos días encontramos (mi hermana, yo y unos días más tarde entró mi hermano como aprendiz), un trabajo en un taller de tornos    
     automáticos. Empezamos a los contrarios felicidad porque, en principio, comenzamos a saciar el hambre atrasada, pues hacia mucho tiempo que no soplábamos una cuchara con una comida como Dios manda. ¡Aquellas barras de pan! Al poco tiempo, la empresa donde trabajábamos, nos facilitó un adelanto para la entrada de un piso en "La Florida" de Hospitalet. Me di cuenta de la cantidad de andaluces (y también de otras partes de España), que había allí. También me di cuenta de la diferencia de trato que había entre el patrón andaluz y el patrón catalán. Pues en Cataluña me encontré con una patronal que te hablaba con educación, te trataba de igual a igual y te ayudaba en tus problemas. A diferencia del patrón andaluz, generalmente terrateniente, que te trataba con la punta del pié y te    miraba por encima del hombro. Por todo ello no puedo consentir que se hable mal de los catalanea.

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    • Isabelle0651 Isabelle0651 12/05/19 12:33

      Estoy emocionada con vuestros relatos de vida, Chipionero, Paco, subeChico. Sois para mi una generación importantísima como lo fue mi padre, con ellos me reafirmo en mi admiración al Pueblo Catalán que pudieron sacar la cabeza gracias a los dirigentes que tuvieron y a la beligerancia en tiempos de postguerras, todo lo contrario a esta España profunda, hambrienta y maleada que aún sigue coleando en la incultura y odio al diferente, sigo creyendo que nos llevan años luz de ahí el odio vertido de la derecha en sus diferentes vertientes. El Canto de amor a Barcelona, un bello reconocimiento, don Luis. Un placer.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 12/05/19 19:35


        Isabelle0651: A mí me emocionaban los relatos de aquellas personas que he citado en mis comentarios y el de tantas otras que conocí, castigados por ser rojos y perdedores, y algunos ni por eso, sino solo por pillarles el golpe militar en la zona que no se levantó con los golpistas.

        Además, en aquel año 1958 yo llegaba a Barcelona procedente de Pamplona, una tierra en aquellos tiempos dominada por franquistas y por curas y monjas católicos. Llegar a Catalunya, conocer a aquellas excelentes personas (que en la clases de historia recibidas en la escuela me habían dicho que eran verdaderos demonios), y avanzados los años 60 hasta iniciados los 80 poder participar en la movida que hubo en aquella sociedad exigiendo libertad y mejoras sociales para todos, fueron unas vivencias de las más bonitas de mi vida. Barcelona, Catalunya, son unos de mis cariños vitales.

        Me sumo a lo que dices: «El Canto de amor a Barcelona, un bello reconocimiento, don Luis. Un placer.» Osasuna2 salu2.

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  • subeChico subeChico 12/05/19 08:51

    Mi primera Barcelona fue la que me contó padre que, con sus dieciocho añitos, trabajó todo un año en la galería de una línea de metro. Se le truncó el terminar de catalán de adopción con la llamada urgente para enterrar a su madre y unos amoríos desdichados que le retuvieron después. Yo llegué con 16 en mi primer viaje de autostop con mi compa recientemente exclaustrado y admiramos su puerto sus Ramblas y la estatua de Colón. Visitamos la catedral gótica. Quisimos dormir al raso bajo un banco pero el relente nos obligó a buscar un camastro. Al día siguiente salimos a dedo a recorrer Europa. 30 días después volvía solo y sin un marco ni un franco francés o suizo. Me acogí a la caridad de mi familiar, el peluquero Abad, que me dio cobijo por una noche y dos billetes de 100 para continuar regresos. De mañanita por La Diagonal alante, pasé la Monumental y al tiempo apercibí los tubos de Órgano de Montserrat pero , tal una mujer de Lot sabia, no me volví a decir adiós a las torres del templo expiatorio de Gaudí. Bajé corriendo el Tambor del Bruch y subí sudoroso las rampas de Fraga. En El Pilar, ya muy barbado, me recibieron con cariño otros brazos amigos. Y así hasta Valvanera, a quien mi madre rogaba por su hijo pródigo, que no se había dignado enviar ni una sola carta postal. Najerilla arriba y Arlanza abajo llegué una tarde y luego fue todo un mes de soñar aventuras y preparar la maleta para el Preu de Madrid.
    Después nunca he vuelto a visitarla. Siempre nos desviábamos en el Llobregat caminito de Aviñones. Y luego el 92 se debió llevar el resto de mis recuerdos aunque ahora veo el castillo de Montjuic y el avión del Tibidabo, y un hotel con habitaciones separadas acompañando a la hermana recién casada. Y a Copito de Nieve!!!
    Ay esta memoria! Que hay que ir sacando los recuerdos como cerezas del cesto.

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    • lebp lebp 12/05/19 11:04

      Un gran placer volver a verte por aquestos lares.
      Suerte compañero, ya sabes ....

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    • M.T M.T 12/05/19 09:29

      ¡ Chapeau por este relato de tus andanzas en 1a persona, Baja y Sube Chico! Chapeau por esa memoria y tan espléndida escritura. La aplaudo.
      Buen día.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 12/05/19 08:00


    «Canto de amor a Barcelona», a Catalunya. En el año que nacía Luis García Montero llegaba yo a Barcelona a trabajar en el sector de imprentas en la sección de tipografía, alguna de editoriales hoy en manos de multinacionales.

    En mis diferentes lugares de trabajo tuve conocí republicanos que habían sufrido la guerra, que habían participado en ella por ideales, y que la habían perdido, aunque en esa pérdida no dejaron sus sentimientos republicanos, comunistas, anarquistas. Tengo mucho que agradecer a aquellos magníficos compañeros, algunos también fueron amigos (casi todos han muerto) todo lo que me enseñaron tanto en humanidad como en lo relacionado con la tipografía.

    Barcelona, Catalunya, fueron para mí lugares de aprendizaje del vivir y siempre me acuerdo de aquellas tierras con gratitud. En aquellos tiempos en los ambientes de mi trabajo había gran inquietud cultural, también política (esta creció muchísimo a finales de los años 60) y también ganas de disfrutar de la vida.

    Debo manifestar que en mi trabajo coincidí con personas de casi toda España y que las relaciones entre todos nosotros, incluidos los que eran catalanes de nacimiento, fueron muy satisfactorias (las circunstancias políticas que se vivieron en aquellos difíciles tiempos, las ansias de libertad y justicia nos unían mucho), y no había problemas importantes con quienes no conocían el idioma. «Llibertat, amnistia i estatut d'autonomia», era la consigna que en los años 70 se repetía en Catalunya en las manifestaciones de todo tipo, principalmente en las reivindicaciones laborales; y se consiguieron buena parte de aquellas exigencias.

    Hoy en día lo que no entiendo de Catalunya es esa alianza de ERC con el partido de Pujol (fundado en 1974) que para mí, y para muchos catalanes, identificábamos entonces con un partido muy de derechas (hasta el 3 % y otras importantes mamandurrias les asemejan).

    Manifiesto mi gratitud a Catalunya y ojalá su sociedad sepa elegir lo mejor para TODA su población. Salut i república llibertària.

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    • paco arbillaga paco arbillaga 12/05/19 19:11


      Quiero recordar que varios compañeros de mi sección de trabajo en una imprenta catalana estuvieron varios años condenados en la cárcel por ser rojos y haber perdido la guerra, y recorrieron varios penales de diferentes sitios de España a donde eran trasladados cada varios meses; al principio de trabajar con ellos, cuando les oía hablar de tantos lugares diferentes pensaba que habían hecho mucho turismo, hasta que un día, riéndose, me aclararon «sus viajes».

      Uno de ellos estuvo condenado a muerte durante varios años esperando cada día la ejecución de la sentencia y al final la intervención de un obispo le salvó de que lo ejecutaran. Estos compañeros, todos catalanes, han sido de las personas más honestas que he conocido en mi vida. Mi recuerdo y gratitud a ellos por lo que me enseñaron con su actitud ante la vida. Osasuna.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 12/05/19 07:26

    Como cada tres semanas, señalo que se puede leer libremente un cincuenta por cien de mi libro El desorden de los toldos. El espíritu del viaje habita esta novela!...
    En: https://www.amazon.com/El-desorden-los-toldos-Spanish/dp/1521301034
    Buen día!

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